Mostrando entradas con la etiqueta Justo Jorge Padrón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Justo Jorge Padrón. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de abril de 2014

Escandinavia

Massimo Leardini. Escandinavia.

EN el fragor del viento de mi patria,
un nombre a veces me conmueve.
Resplandeciente llega como un ave salvaje,
como un peligro del futuro.
Surca mi rostro con su arado de agua,
con el aroma suave de los fiordos,
y me llena los ojos, la memoria,
con la luz boreal de su perenne nieve.
Se extiende por mi cuerpo
como unos labios ciegos de ternura
que me han buscado durante años,
y en la hermosura plena de la tarde
inunda en el silencio
la resonancia viva de tu nombre.

El abedul en llamas (1974-1978)
Justo Jorge Padrón

miércoles, 29 de agosto de 2012

Mujeres nórdicas

Hans Fredik Dahl. En el fiordo.

CUERPOS de diosas, cuerpos densos de oro,
cuerpos donde se incendia el nácar y la luz,
con destellos de cisne y luna y mar en calma.
Cuerpos en los que se alza la juventud del cielo,
la altivez de la nieve cegadora.
Cuerpos de ardido mármol,
de indeleble frescor, resplandecientes
como ramajes de agua y sol de arena.
Cuerpos con un aliento cristalino,
transparencia de frondas,
pasando por mis noches, deslumbrando mis días.

Cuerpos duros de nórdicas mujeres
que conocí en lugares que me dieron
el esplendor del bosque,
las olas del centeno, aulas, trenes,
basaltos de neblina y cavidades,
o en las tardes desnudas del verano
bajo la clara umbría del serbal.
Cuerpos de la tersura nacidos de la brisa,
con la dicha veloz de cascadas y ríos
cruzando por mi piel, amando en mi memoria.

El abedul en llamas (1974-1978)
Justo Jorge Padrón

lunes, 26 de septiembre de 2011

El poeta

Carl Spitzweg. El poeta pobre, 1839.

SABERSE trasterrado
sin pensar el motivo,
lejos del juego inútil
de fama y jerarquías.
Sintiendo que a ninguno
quita o estorba el aire,
estar solo, aplicado
al diáfano oficio
de un arte minucioso,
con la mansa paciencia
de empezar cada día
trenzando las palabras
en columnas de luz.
Acordar el pasado
y el dudoso futuro
con la imagen o el sueño
que tuvimos entonces,
amando los vocablos,
percibiendo en sus signos
nuestra voz más profunda,
y aceptar la elección
de este adverso destino:
el fracaso y la llama.

El abedul en llamas (1978)
Justo Jorge Padrón