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sábado, 31 de julio de 2021

Elogio de lo mismo

Gabriel Zaid. Reloj de sol.

¡Qué extraño es lo mismo!
Descubrir lo mismo.
Llegar a lo mismo.

¡Cielos de lo mismo!
Perderse en lo mismo.
Encontrarse en lo mismo.

¡Oh, mismo inagotable!
Danos siempre lo mismo.

Reloj de sol (1995)
Gabriez Zaid  

Elogio de lo mismo

Gabriel Zaid. Reloj de sol.

¡Qué extraño es lo mismo!
Descubrir lo mismo.
Llegar a lo mismo.

¡Cielos de lo mismo!
Perderse en lo mismo.
Encontrarse en lo mismo.

¡Oh, mismo inagotable!
Danos siempre lo mismo.

Reloj de sol (1995)
Gabriez Zaid  

viernes, 31 de mayo de 2013

Los demasiados libros

Ilustración de Gregorio Sciltian.

Se puede tener renombre de escritor sin haber escrito un libro, o, en caso de haberlo escrito, sin que se venda, o, en caso de que se venda, sin que se lea, o, en caso de que se lea, sin que nada cambie. Se puede vender mucho sin tener renombre. O se puede influir mucho sin haber escrito. Se trata de una constelación de fenómenos próximos, pero distintos.
Y todo está por estudiarse. ¿Sirve realmente la "poesía comprometida? ¿Daña realmente la literatura pornográfica? Los suicidas wertherianos, de no leer el Werther, ¿se hubieran suicidado? La lectura de Marx, ¿produjo el 26 de julio en Cuba? La lectura de los evangelios, ¿produjo el bombardeo de Hiroshima?

Creer en los libros como medios de acción o no creer es ante todo eso: creer o no creer.

Los demasiados libros (1996)
Gabriel Zaid

sábado, 31 de diciembre de 2011

Los demasiados libros

John Frederick Peto. Escoge el que quieras.

Nos sentimos molestos de no encontrar un libro: ese que debería estar ahí, en ese preciso momento. Acusamos a los libreros de ineptos, sino de conspiradores contra ese libro maravilloso que debería estar en todo punto del universo. En alguna librería que llegué a saberme de memoria, me daba una satisfacción absurda señalarle a un cliente dónde estaba un libro que "no había", según acababan de decirle. Hasta que, a fuerza de observar a los libreros, de hacerme amigo de algunos y de reflexionar en sus problemas, caí en la cuenta de que su papel es imposible. Habiendo, como hay, libreros admirables y libreros ineptos, el problema de fondo rebasa la capacidad personal. Enojarse porque no hay un libro es enojarse con el azar. El problema de fondo es que los libros son sumamente baratos y que por eso hay demasiados libros, aunque la inmensa mayoría tiene una demanda exigua y, lo que es peor, impredecible
Más bien hay que alegrarse por el azar: salir a su encuentro, celebrarlo; explorar las librerías a la expectativa de un milagro. Si no esperas lo inesperado, dijo Heráclito, no lo encontrarás. En las travesías por islas de anaqueles sobrecargados, en las playas desiertas y hasta en los basureros flotantes que oscilan en los muelles, puede venir nadando el encuentro feliz: esa botella al mar que estabas esperando.

Los demasiados libros (1996)
Gabriel Zaid

martes, 4 de octubre de 2011

Los demasiados libros

Ellen de Groot. Hannah y Dante.

¿Y para qúe leer? ¿Y para qué escribir? Después de leer cien, mil, diez mil libros en la vida, ¿qué se ha leído? Nada. Decir: Yo sólo sé que no he leído nada, después de leer miles de libros, no es un acto de fingida modestia: es rigurosamente exacto, hasta la primera decimal de cero por ciento. Pero ¿no es quizá eso, exactamente, socráticamente, lo que los muchos libros deberían enseñarnos? Ser ignorantes a sabiendas, con plena aceptación. Dejar de ser simplemente ignorantes, para llegar a ser ignorantes inteligentes.
Quizá la experiencia de la finitud es el único acceso que tenemos a la totalidad que nos llama, y nos pierde, con desmedidas ambiciones totalitarias. Quizá toda experiencia de infinitud es ilusoria, si no es, precisamente, experiencia de finitud. Quizá por eso la medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan.
¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales.

Los demasiados libros (1996)
Gabriel Zaid