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viernes, 26 de agosto de 2022

Las grullas, el tiempo y la política

Tsugouharu Foujita. Retrato de Alfonso Reyes, 1932.

Para terminar esta divagación, quiero hablar de los perseguidores de la charla política; quiero quejarme en nombre de ellos. Hay hombres que están como señalados por un hado travieso para sufrir este género de contratiempos, las charlas políticas. Quien los topa por la calle parece que se considera obligado a importunarlos y, aunque nada tenga que decirles, les habla. Si van deprisa y como urgidos por algún quehacer, no importa: se les detiene al paso, aunque sea para darse el gusto de proferir ante ellos tres o cuatro interjecciones sobre la «situación actual», el tema periodístico. Y eso, cuando no quiere su mala estrella que las gentes los supongan enterados de las más profundas arcanidades políticas, y se empeñen, en mitad de la plaza, en averiguar de ellos los secretos de palacio. Por huir de tales calamidades, Horacio se escondía en su casa de campo. Como lo sabían amigo del poderoso Mecenas, querían penetrar por su conducto todos los misterios de la república, los últimos acuerdos del César, si las tierras prometidas a las tropas romanas serían sicilianas o itálicas, y qué cosa  se decía de los dacios. Hace ocho años —cuenta el orgulloso poeta de la sátira VI del libro II— que Mecenas me ha recibido entre los suyos; apenas nos ven juntos en el teatro o en el campo de Marte, y todos exclaman: ¡Oh, afortunado! Me creen poseedor de los secretos públicos, y atribuyen a discreción mi ignorancia. Se imaginan que Mecenas me tiene al tanto de todos los grandes asuntos. 
Y, a todo esto, ¿sabéis de qué hablaba Mecenas con Horacio, durante los ocho años que dice? ¡Del tiempo y solamente del tiempo! Es decir: de nada. Se inclinaba a su oído, y le dejaba caer cosas tan sustanciales como ésta:
—¿Qué hora es?... ¡Vaya una mañanita fría que nos ha amanecido!

El cazador (Ensayos y divagaciones), 1921
Alfonso Reyes

domingo, 30 de julio de 2017

Calendario

Alfonso Reyes. Calendario.

EL BUEN IMPRESOR

El sino del impresor amateur es la desdicha.
Tenía que imprimir una Doctrina Cristiana que empezaba con la frase "Dios hizo el mundo en siete días"; y quería a toda costa emplear en el libro sagrado la mejor capitular que tenía: una hermosa mayúscula de misal, vestida de rojos y oros vivos, con ángeles azules y festones de flores, bandas y columnas simbólicas, pájaros vistosos.
Ahora bien, el libro empezaba por "D", y la mayúscula historiada era una "F".
El editor se decidió a tocar levemente el original, e imprimió así:
"Francamente, Dios hizo el mundo en siete días."
(Y es lástima que no fuera erudito en doctrinas heterodoxas, porque pudo haber puesto, con mayor sentido: "Finalmente, Dios hizo el mundo en siete días." ¡El principio del fin!)

Calendario (1924)
Alfonso Reyes

Calendario

Alfonso Reyes. Calendario.

EL BUEN IMPRESOR

El sino del impresor amateur es la desdicha.
Tenía que imprimir una Doctrina Cristiana que empezaba con la frase "Dios hizo el mundo en siete días"; y quería a toda costa emplear en el libro sagrado la mejor capitular que tenía: una hermosa mayúscula de misal, vestida de rojos y oros vivos, con ángeles azules y festones de flores, bandas y columnas simbólicas, pájaros vistosos.
Ahora bien, el libro empezaba por "D", y la mayúscula historiada era una "F".
El editor se decidió a tocar levemente el original, e imprimió así:
"Francamente, Dios hizo el mundo en siete días."
(Y es lástima que no fuera erudito en doctrinas heterodoxas, porque pudo haber puesto, con mayor sentido: "Finalmente, Dios hizo el mundo en siete días." ¡El principio del fin!)

Calendario (1924)
Alfonso Reyes