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jueves, 30 de abril de 2015

El secreto de Joe Gould

Joe Gould, retratado por E.E. Cummings.

Vine a Nueva York con la idea de conseguir trabajo como crítico de teatro, pues pensaba que así me quedaría tiempo para escribir novelas, obras, poemas, canciones, artículos y alguna monografía científica sobre cuestiones relativas a eugenesia, y al cabo logré encontrar empleo en el Evening Mail como una especie de mitad recadero, mitad aprendiz de cronista en la jefatura de policía. Una mañana del verano de 1917, mientras me recobraba de una resaca, me senté al sol en la escalinata trasera del edificio. Poco tiempo antes, en una librería de viejo, había hojeado un libro de cuentos de William Carleton, el gran escritor irlandés, publicado en Londres en la década de 1880 con un prólogo de William Butler Yeats, y una frase de Yeats hizo mella en mí: "La historia de una nación no está en los parlamentos ni en los campos de batalla, sino en lo que las gentes se dicen en días de fiesta y de trabajo, y en cómo cultivan, se pelean y van en peregrinación". Y de repente se me ocurrió la idea de la Historia oral: me pasaría el resto de la vida recorriendo la ciudad, escuchando a la gente- sin su permiso, si hacía falta- y apuntando todo lo que a mí me pareciese revelador, por muy idiota, vulgar u obsceno que pudiera sonarles a otros. Mentalmente lo vi todo: conversaciones larguísimas y conversaciones breves y vivaces, conversaciones brillantes y conversaciones bobas, insultos, réplicas, comentarios groseros, retazos de discusiones, el parloteo de los borrachos y los locos, los ruegos de los pordioseros y los vagabundos, las proposiciones de las prostitutas, las peroratas de los charlatanes y los vendedores ambulantes, los sermones de los predicadores callejeros, los gritos nocturnos, los rumores violentos, los gritos del corazón. Allí mismo decidí que no me era posible mantener mi puesto, porque me robaría el tiempo que debía consagrar a la Historia oral, y decidí no aceptar nunca más empleos estables, salvo por cuestión de vida o muerte, recortar mis necesidades a lo más básico y sobrevivir con la ayuda de amigos y almas caritativas. La idea de la Historia oral se me ocurrió alrededor de las diez y media. A eso de las once me levanté, fui a una cabina telefónica y renuncié a mi empleo.

Traducción de Marcelo Cohen

El secreto de Joe Gould
Joseph Mitchell

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El secreto de Joe Gould

Joseph Mitchell. El secreto de Joe Gould.

Gould llamaba a su libro "Una historia oral", título al que a veces añadía "de nuestro tiempo". Según la describía él, la Historia oral consistía en cosas que había oído y, por considerarlas significativas, había ido apuntando, bien literalmente, bien resumiéndolas -estas historias versaban sobre cualquier cosa, desde una observación captada en la calle hasta una inacabable conversación en una sala llena de gente-, así como en textos que las comentaban. Algunas cosas dichas tenían un significado evidente y nada más, decía Gould, pero en otras, a menudo sin que el propio sujeto los sospechara, subyacían otros significados bajo el primero. Lo que la Historia oral recogía era esto último. Él profesaba la creencia de que tenían una gran significación histórica oculta. Decía que acaso contuvieran señales premonitorias -señales premonitorias de cataclismos, como los escritos en los muros antes de la caída de un reino- y le gustaba citar un pareado de los "Augurios de inocencia" de William Blake:

El grito de la ramera de calle en calle
tejerá la mortaja de Inglaterra.

Según él, todo dependía de cómo se interpretase lo que la gente dice, y no todo el mundo estaba en condiciones de interpretarlo. "Sí, tiene razón", le replicó una vez a un detractor de la Historia oral , "son cosas que oigo decir a la gente, nada más, pero a lo mejor yo tengo una capacidad peculiar; quizá entiendo el significado de lo que dicen, puedo leer por dentro. Puede que usted oiga conversar a dos viejos en un bar o a dos damas en un parque y piense que son pamplinas, pero tal vez en la misma conversación yo encuentre un significado histórico profundo".
Y en otra ocasión dijo: "Tal vez, así como se lee a Gibbons para saber por qué cayó el Imperio Romano, un día se lea la Historia oral de Gould para saber qué nos pasó a nosotros".

Traducción de Marcelo Cohen

El secreto de Joe Gould
Joseph Mitchell