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jueves, 27 de enero de 2022

Odisea III

William Blake. Homero.

Yo no inventé ninguna de esas cosas,
ni la guerra de Ilión ni los naufragios
de Ulises el ladino ni el amor
tenebroso de Circe;
ni aquel ir y venir entre gigantes,
sirenas y otros monstruos de la vida.
Todo lo oí cantar,
yo solo urdí la trama de palabras
a las que quise dar alas o música,
para decir que la aventura existe.
Mi nombre preferí que lo ignorarais;
contesté "Homero, el ciego"
si alguien quiso saber quién era yo.
¿Sucedió lo que cuentas?,
me preguntan siempre. Siempre respondo:
"Para mí es tan verdad como la luz".

Los aventureros (1996)
Carlos Pujol 

Odisea III

William Blake. Homero.

Yo no inventé ninguna de esas cosas,
ni la guerra de Ilión ni los naufragios
de Ulises el ladino ni el amor
tenebroso de Circe;
ni aquel ir y venir entre gigantes,
sirenas y otros monstruos de la vida.
Todo lo oí cantar,
yo solo urdí la trama de palabras
a las que quise dar alas o música,
para decir que la aventura existe.
Mi nombre preferí que lo ignorarais;
contesté "Homero, el ciego"
si alguien quiso saber quién era yo.
¿Sucedió lo que cuentas?,
me preguntan siempre. Siempre respondo:
"Para mí es tan verdad como la luz".

Los aventureros (1996)
Carlos Pujol 

martes, 9 de junio de 2020

Cuaderno de escritura

Walter Helfenbein. Ex libris de Karl Astor.

3

Hay que escribir como un sonámbulo. Lo demás es oficio, necesario, pero que no basta.

31

Sustituir lo natural por lo inventado, la realidad por la quimera.

33

Comentario de una escritora: Al terminar la jornada, si veo la papelera rebosante me digo. ¡Qué bien he trabajado hoy!

56

Si uno se mira en el espejo y no ve sus fantasmas interiores no ve nada.

85

Es idiota pensar que en la literatura se pone lo mejor de uno mismo (aunque la idea es frecuente porque al parecer mitiga sensaciones de fracaso). Se pone lo más secreto o lo más brillante, todo convenientemente disfrazado, extrañas materias por las que resulta que nos van a conocer los demás.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

Cuaderno de escritura

Walter Helfenbein. Ex libris de Karl Astor.

3

Hay que escribir como un sonámbulo. Lo demás es oficio, necesario, pero que no basta.

31

Sustituir lo natural por lo inventado, la realidad por la quimera.

33

Comentario de una escritora: Al terminar la jornada, si veo la papelera rebosante me digo. ¡Qué bien he trabajado hoy!

56

Si uno se mira en el espejo y no ve sus fantasmas interiores no ve nada.

85

Es idiota pensar que en la literatura se pone lo mejor de uno mismo (aunque la idea es frecuente porque al parecer mitiga sensaciones de fracaso). Se pone lo más secreto o lo más brillante, todo convenientemente disfrazado, extrañas materias por las que resulta que nos van a conocer los demás.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

lunes, 20 de enero de 2020

Cuaderno de escritura

Rudolph Palais. El escritor.

100
Leer y escribir

Pero ¿y si al que lee no le basta con las invenciones fabulosas que otros le dan? ¿Y si no se conforma con el mundo vivido y soñado por los demás, que cada cual adapta a sus necesidades de ilusión? Entonces, no sólo participa en el juego prodigioso de la lectura e inventa unas reglas nuevas a su medida. Es decir, se convierte en escritor, lo cual ya es casi —a pesar de su relativa abundancia— una anomalía de la naturaleza.
Cada escritor, bueno o malo, remeda modestamente la creación y se siente un poco como si añadiera un octavo día al relato del Génesis. No ya en un ambicioso poema o en un gran ciclo novelesco, incluso en lo que pudiera ser la más trivial de las cartas familiares (y Madame de Sévigné no nos dejará mentir) el que escribe nombra las cosas y los sentimientos, no sacándolos de la nada, claro está, pero si haciendo que todo renazca según el orden de las palabras que emplea.
Donde había la confusión, el caos de lo desconocido o de lo demasiado conocido, da igual, el diminuto creador que está manejando la pluma o la máquina de escribir instaura un orden propio que ordena la mescolanza anárquica de lo natural; como un descubridor de Américas, de nuevos continentes, que da nombres a las selvas y a los ríos, urbaniza lo amorfo, construye y funda, bautiza, inspiradamente o no, las tierras ignotas; es decir, rehace el mundo a su imagen.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

Cuaderno de escritura

Rudolph Palais. El escritor.

100
Leer y escribir

Pero ¿y si al que lee no le basta con las invenciones fabulosas que otros le dan? ¿Y si no se conforma con el mundo vivido y soñado por los demás, que cada cual adapta a sus necesidades de ilusión? Entonces, no sólo participa en el juego prodigioso de la lectura e inventa unas reglas nuevas a su medida. Es decir, se convierte en escritor, lo cual ya es casi —a pesar de su relativa abundancia— una anomalía de la naturaleza.
Cada escritor, bueno o malo, remeda modestamente la creación y se siente un poco como si añadiera un octavo día al relato del Génesis. No ya en un ambicioso poema o en un gran ciclo novelesco, incluso en lo que pudiera ser la más trivial de las cartas familiares (y Madame de Sévigné no nos dejará mentir) el que escribe nombra las cosas y los sentimientos, no sacándolos de la nada, claro está, pero si haciendo que todo renazca según el orden de las palabras que emplea.
Donde había la confusión, el caos de lo desconocido o de lo demasiado conocido, da igual, el diminuto creador que está manejando la pluma o la máquina de escribir instaura un orden propio que ordena la mescolanza anárquica de lo natural; como un descubridor de Américas, de nuevos continentes, que da nombres a las selvas y a los ríos, urbaniza lo amorfo, construye y funda, bautiza, inspiradamente o no, las tierras ignotas; es decir, rehace el mundo a su imagen.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

lunes, 28 de noviembre de 2016

Cuaderno de escritura

Carlos Pujol. Cuaderno de escritura.

26
Lo que solemos llamar escribir bien no es más que irresistible capacidad persuasiva.

39
Establecer con palabras un orden misterioso, subjetivo y necesario, el único orden personal y universal que le es dado a cada uno.

73
Escribir enriquece y disipa, agiganta trozos de la existencia y deja vacíos dentro de uno, como fragmentos de vida que se interrumpió durante un largo viaje por tierras extrañas.

98
La invención literaria se hace y se deshace en el fondo de uno mismo de manera misteriosa, hasta que al fin cuaja en palabras en las que casi no nos reconocemos porque tienen su propia vida.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

miércoles, 27 de julio de 2016

Arte poética

Carlos Pujol. Vidas de los poetas.

La perfección tal vez, o el simulacro
que sirve de consuelo por su ausencia,
no depende jamás del añadir
tal o cual adjetivo,
seguramente todos extravían,
sino de la cordura de no usar
las palabras sobrantes. Casi todas.
Aludiendo a razones
desconocidas, pero imprescindibles,
un poema se teje con silencios
que la voz reconoce como suyos.
Para poder contar lo que sabemos
acerca del amor, de cómo pasa
el tiempo por las vidas.

Vidas de los poetas (1995)
Carlos Pujol

miércoles, 29 de junio de 2016

Vidas de los poetas

Ilustración de Caspar David Friedrich.

Del pillaje del tiempo sobrevive
lo que casi no cuenta,
una remota habitación cerrada,
la ciudad que es oscura
y fantasmas antiguos,
nosotros, que podemos recordar.

Vidas de los poetas (1995)
Carlos Pujol

domingo, 7 de diciembre de 2014

Cuaderno de escritura

Ilustración de Christopher Scott.

9
En el fondo la literatura es ciega, pero antes el escritor ha visto y olvidado una ifinidad de cosas.

20
El verdadero escritor se juega la vida en cada palabra.

21
El poeta está para ver lo que no se ve, para lo que se ve ya está el resto de la gente.

57
Nuestra verdad no lo es del todo hasta que no encontramos las palabras exactas para decirla.

64
Un asunto es bueno en la medida en que nos resuene dentro de un modo inexplicable y clamoroso.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

sábado, 6 de abril de 2013

Cuaderno de escritura

Carlos Pujol. Cuaderno de escritura.

7
Norma de la menor cantidad posible. En algunos casos eso puede significar mil páginas.

10
Se escribe para oír la música de dentro.

36
Cada personaje somos nosotros o es un error, cada palabra es nuestra o nos equivocamos.

37
Escribir lo que no se sabe de la mejor manera que se sepa.

71
No hay que ser comprensivo o tolerante con lo que uno mismo escribe.

78
Lo que se escribe es nuestro, pero no somos nosotros.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

miércoles, 4 de julio de 2012

Hai-kais del abanico japonés

Carlos Pujol. Hai-kais del abanico japonés.

XII
Esas pisadas
de todo lo invisible
que nos rodea.

XXX
Ahora lo sé,
la mayor certidumbre,
don del silencio.

XXXVI
En la memoria
ya están todos los versos
aún no escritos.

Hai-kais del abanico japonés (1998)
Carlos Pujol

viernes, 20 de enero de 2012

Cuaderno de escritura

Carlos Pujol. Foto: Elena Carrera.

8
Todo argumento es banal, sólo la manera de contarlo puede darle vida propia.

12
Tener todo el tiempo disponible para escribir debe de ser un exceso pecaminoso en sí mismo. Y como todo lo pecaminoso, muy tentador.

37
Escribir lo que no se sabe de la mejor manera que se sepa.

78
Lo que se escribe es nuestro, pero no somos nosotros.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Cuaderno de escritura

Ernest Bieler. Retrato del escritor Edouard Rod, 1909.

Imaginar cómo puede ser el otro que llevamos dentro, el que sabe escribir pero sólo dicta cuando le da la gana. Caprichoso e intratable, avasallador, imprevisible y sobre todo oscuro. Un tipo de muy difícil convivencia, a veces indigno de confianza, de quien vivimos parasitariamente sin querer confesarlo. Su simple existencia humilla, su voz desconcierta, pero su silencio es una de las mayores torturas de este mundo.

No hay más que una cosa que decir, en el fondo ni el más variado de los escritores puede decir dos. El asunto es único, limitación y grandeza de cada cual. Todo está en vestirlo.

Lo que se escribe es nuestro, pero no somos nosotros.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

martes, 24 de mayo de 2011

Cuaderno de escritura

Hanns Bastanier. Ex Libris de Lisa Stransky.

Escribimos lo que deciden las palabras.

El único tema es uno mismo, deformado y manifiesto como en una caricatura.

Creer ciegamente en lo que se lee puede engendrar Quijotes, locos, ilusos. ¿Y creer ciegamente en lo que se escribe?

Escribir todos los días aunque no apetezca, aunque estemos cansados o distraídos, aunque no se tenga nada que decir. A la larga, no se sabe cómo ni por qué, el hábito hará al monje.

Sólo tiene verdadero interés lo inexplicable, lo que puede explicarse enseguida resulta banal.

Cuaderno de escritura
Carlos Pujol

domingo, 15 de febrero de 2009

El escritor y los escritores

E. O. Hoppe. Henry James
Henry James ha pasado a la historia como uno de los escritores más exclusivamente interesados por la literatura. En él los estímulos comunes de la vida se subordinan a esta pasión casi religiosa: saber escribir, bien, y todo lo demás se dará por añadidura.

Pero puede haber más aún. No conformarse con disimular la vida artísticamente en el acto de escribir, sino incluso escribir sobre los que escriben. Indicio quizá de monomanía excluyente: uno es literatura y vive haciéndola, pero también tiene que serlo la historia contada, también tiene que hacerla y vivirla el personaje. Nada escapa al ámbito de escribir.

Los papeles de Aspern (1888) es lo mejor que escribió James sobre este tema. En su origen hubo una estancia en el norte de Italia (1886-1887), sobre todo en Florencia y Venecia, y dos anécdotas que en la imaginación del escritor se complementaron: Claire Clairmont, antigua amante del poeta Byron y madre de su hija Allegra, había vivido en Florencia hasta una edad muy avanzada, y el propio James había pasado muchas veces sin saberlo ante la puerta de su casa de Via Romana. Oportunidad perdida de conocer personalmente a quien formaba parte de un remotísimo mito literario. Estaba además la historia de un capitán de barco bostoniano gran admirador de Shelley, que se enteró de que Claire Clairmont conservaba papeles íntimos relacionados con Shelley y Byron, y que para conseguirlos se introdujo en su casa en calidad de huésped.
De ahí salió la trama de la novela de Henry James, que tiene por centro una de esas situaciones asombrosamente artificiales, o si se quiere fútiles, que tanto le atraían, y en las que acertaba a poner un dramatismo matizado por un toque de absurdo. El protagonista vive en función de la literatura, pero no para cultivarla, sino para averiguar cosas de escritores ya muertos y consagrados; en suma, es un erudito capaz de sacrificarlo todo a la imperiosa necesidad de descubrir aspectos desconocidos de un gran escritor. Otra sustitución aún más retorcida, más indirecta, del fenómeno sustitutorio del hombre por la literatura; no se trata de escribir libros sobre cosas reales, sino libros sobre libros, libros sobre gente que escribió libros.

El escritor y los escritores
Carlos Pujol