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domingo, 22 de marzo de 2020

Felices sin un ferrari

Ilustración de Osamu Obi.

La agradable sensación de utilizar el dinero para las cosas adecuadas

En el mundo existen personas que dedican tiempo y esfuerzo a producir ropa, alimentos, artículos de papelería, muebles, vajillas o libros de buena calidad que además son útiles. Si nos esforzamos por comprar productos mejores, podremos pensar que estamos entregando nuestro dinero a personas que fabrican productos de calidad y eso nos dará serenidad interior.
Quiero que os alejéis de esa mentalidad avara que reprime vuestras necesidades materiales, que os hace obsesionaros con el dinero y contentaros con cosas baratas solo para poder satisfacer vuestros deseos.

Glosario

Adhimana: término sánscrito que puede traducirse como «orgullo de sentirse superior a quien es nuestro igual».

Hikikomori: jóvenes que han decidido retirarse de la vida social y que a menudo alcanzan niveles extremos de aislamiento y reclusión. Viven encerrados en su casa o en su habitación, sin contacto alguno con el exterior, ni con familiares ni con amigos.

Unamana: término sánscrito que podría traducirse como «orgullo de no sentirse demasiado inferior a quien es claramente superior».

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari (2009)
Ryunosuke Koike

Felices sin un ferrari

Ilustración de Osamu Obi.

La agradable sensación de utilizar el dinero para las cosas adecuadas

En el mundo existen personas que dedican tiempo y esfuerzo a producir ropa, alimentos, artículos de papelería, muebles, vajillas o libros de buena calidad que además son útiles. Si nos esforzamos por comprar productos mejores, podremos pensar que estamos entregando nuestro dinero a personas que fabrican productos de calidad y eso nos dará serenidad interior.
Quiero que os alejéis de esa mentalidad avara que reprime vuestras necesidades materiales, que os hace obsesionaros con el dinero y contentaros con cosas baratas solo para poder satisfacer vuestros deseos.

Glosario

Adhimana: término sánscrito que puede traducirse como «orgullo de sentirse superior a quien es nuestro igual».

Hikikomori: jóvenes que han decidido retirarse de la vida social y que a menudo alcanzan niveles extremos de aislamiento y reclusión. Viven encerrados en su casa o en su habitación, sin contacto alguno con el exterior, ni con familiares ni con amigos.

Unamana: término sánscrito que podría traducirse como «orgullo de no sentirse demasiado inferior a quien es claramente superior».

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari (2009)
Ryunosuke Koike

lunes, 6 de agosto de 2018

Felices sin un ferrari

Ryunosuke Koike. Felices sin un ferrari.

Las reglas para concentrarse en la vida cotidiana

Si lo intentáis entenderéis que hasta que no tengáis la disposición de ánimo necesaria para concentraros, escuchar y observar atentamente, os perderéis continuamente en pensamientos vagos. La mente tiende a distraerse continuamente porque está programada para aumentar el deseo y la rabia.
En realidad por mucho que os esforcéis en concentraros, de cada segundo pasáis cerca de ocho décimas pensando en otras cosas. Tratándose solo de un segundo, no hacéis demasiado caso y seguís aspirando a concentraros.
Pero por mucho que penséis que estáis concentrados y absortos, y que os sintáis cómodos al hacerlo, en realidad de cada segundo que pasa vuestra concentración no ocupa más de dos o tres décimas. Y, sin embargo, es suficiente para permitiros saborear una sensación de alegría. Puesto que normalmente no se alcanza ni siquiera ese nivel de concentración, es natural sentirse infeliz.

Cuando consigáis razonar en esos términos, habréis entendido que para ser feliz no hace falta «comprar». Poned un poco de orden en lo que coméis, en lo que poseéis y en la casa en la que vivís, y luego añadidle la concentración mental: solo así conseguiréis ser felices.

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari (2009)
Ryunosuke Koike

Felices sin un ferrari

Ryunosuke Koike. Felices sin un ferrari.

Las reglas para concentrarse en la vida cotidiana

Si lo intentáis entenderéis que hasta que no tengáis la disposición de ánimo necesaria para concentraros, escuchar y observar atentamente, os perderéis continuamente en pensamientos vagos. La mente tiende a distraerse continuamente porque está programada para aumentar el deseo y la rabia.
En realidad por mucho que os esforcéis en concentraros, de cada segundo pasáis cerca de ocho décimas pensando en otras cosas. Tratándose solo de un segundo, no hacéis demasiado caso y seguís aspirando a concentraros.
Pero por mucho que penséis que estáis concentrados y absortos, y que os sintáis cómodos al hacerlo, en realidad de cada segundo que pasa vuestra concentración no ocupa más de dos o tres décimas. Y, sin embargo, es suficiente para permitiros saborear una sensación de alegría. Puesto que normalmente no se alcanza ni siquiera ese nivel de concentración, es natural sentirse infeliz.

Cuando consigáis razonar en esos términos, habréis entendido que para ser feliz no hace falta «comprar». Poned un poco de orden en lo que coméis, en lo que poseéis y en la casa en la que vivís, y luego añadidle la concentración mental: solo así conseguiréis ser felices.

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari (2009)
Ryunosuke Koike

domingo, 17 de diciembre de 2017

El arte de tirar

Antonio Capel. El desván.

Las cosas que debéis tirar en primer lugar –por lo general, las más fáciles– son las que no usáis. Seleccionadlas, elegid de entre ellas las que sois claramente capaces de tirar y hacedlo sin vacilar.
Se sigue conservando una cosa, aunque de hecho no se use, porque se cree que un día u otro se presentará la ocasión de utilizarla, ¿no es cierto? Lógicamente, entre diez o veinte objetos, es posible que tarde o temprano os entren ganas de usar uno de ellos. Tenéis dos opciones: seguir conservando los veinte, en nombre de ese único objeto que tal vez decidáis usar una única vez en el transcurso de varios años; o tirarlos todos y cuando se presente esa única vez en que os haga falta el objeto en cuestión, volver a comprarlo o pedirlo prestado. ¿Cuál de esas dos opciones os parece una aptitud más racional?
Empeñarse en conservar las cosas solo porque «algún día pueden resultar útiles», aumenta el ruido de fondo de la mente y no os aporta más que desorden e inquietud. No vale la pena correr el riesgo de apegarse a un objeto durante diez años por la posibilidad remota de poder usarlo otros diez años después.
Tiradlo. Y si diez años más tarde lo necesitáis de verdad, volver a comprarlo será mucho menos dañino para vuestra salud mental.

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari (2009)
Ryunosuke Koike

El arte de tirar

Antonio Capel. El desván.

Las cosas que debéis tirar en primer lugar –por lo general, las más fáciles– son las que no usáis. Seleccionadlas, elegid de entre ellas las que sois claramente capaces de tirar y hacedlo sin vacilar.
Se sigue conservando una cosa, aunque de hecho no se use, porque se cree que un día u otro se presentará la ocasión de utilizarla, ¿no es cierto? Lógicamente, entre diez o veinte objetos, es posible que tarde o temprano os entren ganas de usar uno de ellos. Tenéis dos opciones: seguir conservando los veinte, en nombre de ese único objeto que tal vez decidáis usar una única vez en el transcurso de varios años; o tirarlos todos y cuando se presente esa única vez en que os haga falta el objeto en cuestión, volver a comprarlo o pedirlo prestado. ¿Cuál de esas dos opciones os parece una aptitud más racional?
Empeñarse en conservar las cosas solo porque «algún día pueden resultar útiles», aumenta el ruido de fondo de la mente y no os aporta más que desorden e inquietud. No vale la pena correr el riesgo de apegarse a un objeto durante diez años por la posibilidad remota de poder usarlo otros diez años después.
Tiradlo. Y si diez años más tarde lo necesitáis de verdad, volver a comprarlo será mucho menos dañino para vuestra salud mental.

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari (2009)
Ryunosuke Koike

viernes, 27 de octubre de 2017

El arte de tirar

Ricardo Renedo. Embalaje.

Si tiráis las cosas que son fáciles de eliminar, saborearéis la agradable sensación que se obtiene al hacerlo.

Los individuos contemporáneos solo sabemos, por lo general, qué significa aumentar la cantidad de cosas que poseemos. No solemos enfrentarnos al «reducir». De vez en cuando, limitamos un poco lo que tenemos, pero básicamente siempre poseemos algo. Para nosotros, esa es una condición que damos por sentada: por mucho que sea también la causa de nuestra confusión y por mucho que nos suponga un peso en el corazón, en realidad no nos damos cuenta. Si, por el contrario, intentamos reducir de forma considerable la cantidad de pertenencias, percibiremos claramente que nuestro pensamiento se vuelve más lúcido. A los distintos beneficios que obtendremos, se añadirá también el hecho de que seremos capaces de desarrollar casi cualquier atribución de una forma mucho más satisfactoria. 
Por eso, es ante todo necesario que os desembaracéis de aquellas cosas que resulta relativamente fácil tirar, sea lo que sea. Vuestra mente saboreará de inmediato una sensación nueva de «ligereza». Empezad, pues, a tirar las cosas de las que os parece más fácil desprenderos; luego ya procederéis a eliminar las que pertenecen a una categoría de dificultad superior, y así sucesivamente. Si al principio pensabais que nunca seríais capaces de tirar aquellos objetos, lo conseguiréis contra todo pronóstico, porque tras haber eliminado todo lo que pertenece al nivel más simple, descubriréis un placer tal al sentir que se os ha aligerado el corazón, que vuestra mente se ocupará activamente de liberarse de todo aquello que realmente no os sirve.

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari
Ryunosuke Koike 

El arte de tirar

Ricardo Renedo. Embalaje.

Si tiráis las cosas que son fáciles de eliminar, saborearéis la agradable sensación que se obtiene al hacerlo.

Los individuos contemporáneos solo sabemos, por lo general, qué significa aumentar la cantidad de cosas que poseemos. No solemos enfrentarnos al «reducir». De vez en cuando, limitamos un poco lo que tenemos, pero básicamente siempre poseemos algo. Para nosotros, esa es una condición que damos por sentada: por mucho que sea también la causa de nuestra confusión y por mucho que nos suponga un peso en el corazón, en realidad no nos damos cuenta. Si, por el contrario, intentamos reducir de forma considerable la cantidad de pertenencias, percibiremos claramente que nuestro pensamiento se vuelve más lúcido. A los distintos beneficios que obtendremos, se añadirá también el hecho de que seremos capaces de desarrollar casi cualquier atribución de una forma mucho más satisfactoria. 
Por eso, es ante todo necesario que os desembaracéis de aquellas cosas que resulta relativamente fácil tirar, sea lo que sea. Vuestra mente saboreará de inmediato una sensación nueva de «ligereza». Empezad, pues, a tirar las cosas de las que os parece más fácil desprenderos; luego ya procederéis a eliminar las que pertenecen a una categoría de dificultad superior, y así sucesivamente. Si al principio pensabais que nunca seríais capaces de tirar aquellos objetos, lo conseguiréis contra todo pronóstico, porque tras haber eliminado todo lo que pertenece al nivel más simple, descubriréis un placer tal al sentir que se os ha aligerado el corazón, que vuestra mente se ocupará activamente de liberarse de todo aquello que realmente no os sirve.

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari
Ryunosuke Koike