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domingo, 22 de agosto de 2010

Escribir

John Cheever en 1979, en su casa de Ossining, N.Y. Foto de Paul Hosefros.

Escribir sobre las cosas más cercanas a nuestro dolor, a nuestra felicidad. Escribir sobre los necios sufrimientos de la angustia, la renovación de nuestras fuerzas cuando aquéllos pasan, escribir sobre la penosa búsqueda del yo, amenazado por un extraño en correos, un rostro apenas entrevisto en la ventanilla de un tren, escribir sobre los continentes y las poblaciones de nuestros sueños, sobre el amor y la muerte, el bien y el mal, el fin del mundo.

Diarios
John Cheever

miércoles, 3 de marzo de 2010

Diarios

Edwar Hopper
Cuando la destrucción entra en el corazón, al principio parece un grano de arena. Es como una jaqueca, una indigestión leve, un dedo infectado; pero pierdes el tren de las ocho y veinte y llegas tarde para solicitar un aumento. El viejo amigo con quien vas a comer de repente agota tu paciencia y para mostrarte amable te tomas tres copas, pero el día ya ha perdido forma, sentido y significado. Para recuperar cierto propósito y belleza bebes demasiado en las fiestas y te propasas con la mujer de otro, acabas por hacer algo tonto y obsceno y a la mañana siguiente desearías estar muerto. Pero cuando tratas de repasar el camino que te ha conducido a esta abismo, sólo encuentras un grano de arena.

Diarios
John Cheever

lunes, 2 de junio de 2008

La geometría del amor (Prólogo)

La ficción es experimentación; cuando deja de ser eso sencillamente deja de ser ficción. Uno nunca escribe una oración sin sentir que jamás ha sido escrita de esa manera y que, tal vez, hasta la sustancia de esa oración jamás ha sido percibida así. Cada linea es una innovación. Cuando estoy escribiendo un cuento que me gusta es realmente como si... es..., bueno, es algo maravilloso. Esto es lo que puedo hacer y amo hacerlo. Puedo darme cuenta de que es algo bueno. Le digo a Mary y los niños: De acuerdo, me voy de viaje, dejadme solo, vuelvo en dos o tres días. Y, no, jamás me he sentido como un Dios a la hora de escribir. No, la sensación es de total y completa utilidad. Todos nosotros tenemos un poder que controlamos, es parte de nuestras vidas: lo tenemos en el amor y en el trabajo que amamos hacer. Es una sensación de éxtasis, tan simple como eso. La sensación de que ésta es mi utilidad y puedo llevarla a cabo hasta el final. Algo que siempre te deja sintiéndote muy bien. En resumen: tu vida tiene un sentido después de todo... No conozco quiénes son mis lectores pero son gente maravillosas y parecen vivir vidas independientes y apartadas de los prejuicios de la publicidad, el periodismo y el irritante mundo académico. La habitación donde yo trabajo tiene una ventana que da a un bosque, y a mí me gusta imaginarme que todos ellos -estos entusiastas, adorables y misteriosos lectores- están allí, escondidos detrás de los áboles, mientras yo escribo un cuento más, un cuento menos. Bienvenidos al bosque.

"La geometría del amor"
John Cheever