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sábado, 3 de febrero de 2018

Servicio de correos

Orlando Van Bredam en el patio de su casa. Foto de Palabra abierta.

Mi natural desconfianza del servicio de correos me llevó a probar la eficacia del sistema. Me envié cartas a mí mismo para saber si llegaban a tiempo. Nada más particular que la cara del cartero cuando descubría que el destinatario y el remitente eran la misma persona.
En una oportunidad, el texto me resultaba extraño. Supuse que se trataba de una broma de los empleados o de mi vieja costumbre de pensar una cosa y escribir absolutamente lo contrario. 
Lo cierto es que nada me proporcionaba más placer que recibir mis propias cartas. Eso tenía sus ventajas; en primer lugar, nunca había sorpresas desagradables; en segundo lugar, eran líneas sinceras, nunca trataba de engañarme con adulaciones hipócritas, y tercero: en caso de que la carta se extraviara del correo a mi casa, no importaba, ya sabía de qué se trataba.

La armas que carga el diablo (1996)
Orlando Van Bredam

Servicio de correos

Orlando Van Bredam en el patio de su casa. Foto de Palabra abierta.

Mi natural desconfianza del servicio de correos me llevó a probar la eficacia del sistema. Me envié cartas a mí mismo para saber si llegaban a tiempo. Nada más particular que la cara del cartero cuando descubría que el destinatario y el remitente eran la misma persona.
En una oportunidad, el texto me resultaba extraño. Supuse que se trataba de una broma de los empleados o de mi vieja costumbre de pensar una cosa y escribir absolutamente lo contrario. 
Lo cierto es que nada me proporcionaba más placer que recibir mis propias cartas. Eso tenía sus ventajas; en primer lugar, nunca había sorpresas desagradables; en segundo lugar, eran líneas sinceras, nunca trataba de engañarme con adulaciones hipócritas, y tercero: en caso de que la carta se extraviara del correo a mi casa, no importaba, ya sabía de qué se trataba.

La armas que carga el diablo (1996)
Orlando Van Bredam

sábado, 6 de mayo de 2017

La vida te cambia los planes

Orlando Van Bredam. La vida te cambia los planes.

Zumbidos de siesta

En la siesta pueblerina se oye el zumbido de los altavoces callejeros sobre un viejo rámbler;
"¡Esta noche en Cine Ambassador vea 'La Biblia'! ¡La película de todos los tiempos! ¡No se la pierda! ¿Matará Caín a Abel? Sépalo esta noche a las 21 en Cine Ambassador.

Preocupación

—No se preocupe. Todo saldrá bien—dijo el verdugo.
—Eso es lo que me preocupa—respondió el condenado.

La vida te cambia los planes (1994)
Orlando Van Bredam

La vida te cambia los planes

Orlando Van Bredam. La vida te cambia los planes.

Zumbidos de siesta

En la siesta pueblerina se oye el zumbido de los altavoces callejeros sobre un viejo rámbler;
"¡Esta noche en Cine Ambassador vea 'La Biblia'! ¡La película de todos los tiempos! ¡No se la pierda! ¿Matará Caín a Abel? Sépalo esta noche a las 21 en Cine Ambassador.

Preocupación

—No se preocupe. Todo saldrá bien—dijo el verdugo.
—Eso es lo que me preocupa—respondió el condenado.

La vida te cambia los planes (1994)
Orlando Van Bredam