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martes, 12 de junio de 2018

Ortodoxia y heterodoxia

Fernando Savater y Luis Antonio de Villena. Heterodoxias y contracultura.

En cada hombre, en cada uno de nosotros, sea cual fuere la ocupación o los intereses que le atareen, hay dos tendencias: la primera de ellas nos impulsa a adherirnos a las opiniones establecidas, a actuar como la mayoría de los que nos rodean, a venerar lo que ellos veneran, a temer lo que ellos temen y a despreciar lo que les vemos despreciar; la otra nos lleva a desmentir las convicciones vigentes, a dudar de lo más firme, a buscar otros modos de conducta, nuevos conocimientos y nuevas técnicas, a escupir sobre lo comúnmente respetado y a buscar la compañía de los réprobos y los descarriados. En todos y cada cual están presentes ambas tendencias, aunque en proporción sumamente variable y cambiante a lo largo de la vida.
La primera tendencia comentada da origen  a lo que podemos llamar ortodoxia en el más amplio sentido de la palabra; la segunda es madre de las heterodoxias, así, en plural, porque hay una sola forma de estar de acuerdo pero muchas de discrepar.

Heterodoxias y contracultura (1982)
Fernando Savater, Luis Antonio de Villena

Ortodoxia y heterodoxia

Fernando Savater y Luis Antonio de Villena. Heterodoxias y contracultura.

En cada hombre, en cada uno de nosotros, sea cual fuere la ocupación o los intereses que le atareen, hay dos tendencias: la primera de ellas nos impulsa a adherirnos a las opiniones establecidas, a actuar como la mayoría de los que nos rodean, a venerar lo que ellos veneran, a temer lo que ellos temen y a despreciar lo que les vemos despreciar; la otra nos lleva a desmentir las convicciones vigentes, a dudar de lo más firme, a buscar otros modos de conducta, nuevos conocimientos y nuevas técnicas, a escupir sobre lo comúnmente respetado y a buscar la compañía de los réprobos y los descarriados. En todos y cada cual están presentes ambas tendencias, aunque en proporción sumamente variable y cambiante a lo largo de la vida.
La primera tendencia comentada da origen  a lo que podemos llamar ortodoxia en el más amplio sentido de la palabra; la segunda es madre de las heterodoxias, así, en plural, porque hay una sola forma de estar de acuerdo pero muchas de discrepar.

Heterodoxias y contracultura (1982)
Fernando Savater, Luis Antonio de Villena

martes, 20 de mayo de 2014

Ponte en su lugar

H. L. Bacon. Robinson Crusoe (1993).

¿De quién será? ¿Amigo o enemigo? ¿Quizá un enemigo al que puede convertir en amigo? ¿Hombre o mujer? ¿Cómo se entenderá con él o ella? ¿Qué trato le dará? Robinson está ya acostumbrado a hacerse preguntas desde que llegó a la isla y a resolver los problemas del modo más ingenioso posible: ¿qué comeré?, ¿dónde me refugiaré?, ¿cómo me protegeré del sol? Pero ahora la situación no es igual porque ya no tiene que vérselas con acontecimientos naturales, como el hambre o la lluvia, ni con fieras salvajes, sino con otro ser humano: es decir, con otros Robinsones o Robinsonas. Ante los elementos o las bestias, Robinson ha podido comportarse sin atender a nada más que a su necesidad de supervivencia. Se trataba de ver si podía con ellos o ellos podían con él, sin otras complicaciones. Pero ante seres humanos la cosa ya no es tan simple. Debe sobrevivir, desde luego, pero ya no de cualquier modo. Si Robinson se ha convertido en una fiera como las demás que rondan por la selva, a causa de su soledad y su desventura, no se preocupará más que de si el desconocido causante de la huella es un enemigo a eliminar o una presa a devorar. Pero si aún quiere seguir siendo un hombre...  Entonces se las va a ver no ya con una presa o un simple enemigo, sino con un rival o un posible compañero; en cualquier caso con un semejante.
Mientras está solo, Robinson se enfrenta a cuestiones técnicas, mecánicas, higiénicas, incluso científicas, si me apuras. De lo que se trata es de salvar la vida en un medio hostil y desconocido. Pero cuando encuentra la huella de Viernes en la arena de la playa empiezan sus problemas éticos. Ya no se trata solamente de sobrevivir, como una fiera o como una alcachofa, perdido en la naturaleza; Ahora tiene que empezar a vivir humanamente, es decir, con otros o contra otros hombres, pero entre hombres. Lo que hace "humana" a la vida es el transcurrir en compañía de humanos, hablando con ellos, pactando y mintiendo, siendo respetado o traicionado, amando, haciendo proyectos y recordando el pasado, desafiándose, organizando juntos las cosas comunes, jugando, intercambiando símbolos... La ética no se ocupa de cómo alimentarse mejor o de cuál es la manera más recomendable de protegerse del frío ni de qué hay que hacer para vadear un río sin ahogarse, cuestiones todas ellas sin duda muy importantes para sobrevivir en determinadas circunstancias; lo que a la ética le interesa, lo que constituye su especialidad, es cómo vivir bien la vida humana, la vida que transcurre entre humanos. Si uno no sabe cómo arreglárselas para sobrevivir en los peligros naturales, pierde la vida, lo cual sin duda es un fastidio grande; pero si uno no tiene ni idea de ética, lo que pierde o malgasta es lo humano de su vida, y eso, francamente, tampoco tiene ninguna gracia.

Ética para Amador (1991)
Fernando Savater

sábado, 18 de octubre de 2008

La historia más hermosa que jamás me han contado

La infancia recuperada 
Capítulo segundo 
Un tesoro de ambigüedad
"Mis ojos juveniles se extasiaron en el mar
infinito..."

La narración más pura que conozco, la que reúne con perfección más singular lo iniciático y lo épico, las sombras de la violencia y lo macabro con el fulgor incomparable de la audacia victoriosa, el perfume de la aventura marinera-que siempre es la aventura más perfecta, la aventura absoluta- con la sutil complejidad de la primera y decisiva elección moral, en una palabra, la historia más hermosa que jamás me han contado es La isla del tesoro.Raro es el año que no la releo al menos una vez; y nunca pasan más de seis meses sin haber pensado o soñado con ella. No es fácil acertar a señalar la raíz de la magia inagotable de este libro, pues como toda buena narración sólo quiere ser contada y vuelta a contar, no explicada o comentada. Recalco que no digo que sea imposible comentarla o explicarla, sino que afirmo que no es eso lo que ella quiere, lo que pide a la generosidad de su oyente o lector. Nada más sencillo, empero, que señalar algunos de sus evidentes encantos parciales: la impecable sobriedad del estilo, el ritmo narrativo que parece resumir la perfección misma del arte de contar, el vigoroso diseño de los personajes, la sabia complejidad de una intriga extremadamente simple...Una primera lectura podría dar la impresión de que es la historia de una figura fabulosa, John Silver; pero después se advierte que el personaje realmente desconcertante, el héroe en todos los sentidos del relato, es Jim Hawkins, cuya mirada fija en Silver es la que da a éste todo su enigma.
La infancia recuperada