Disputaba un eunuco con un malvado, el cual, luego de cubrirle de injurias y desvergüenzas, le echó en cara la mutilación que había disminuido su cuerpo.
- ¡Ay -dijo el eunuco-, eso es lo que más siento, porque me faltan los testigos de mi integridad! Pero tú, insensato, ¿cómo me reprochas una falta debida a la suerte? Sólo es para el hombre una afrenta aquello que él mismo ha merecido.
Fábulas
Fedro

