Mostrando entradas con la etiqueta Juan Carlos Onetti. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Carlos Onetti. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de septiembre de 2020

Infancia

Sofía Gandarias. Retrato de Onetti. Serie Presencias.

Sí, fue una infancia feliz. Pero tal vez no exista ningún período de la vida tan profundamente personal, tan íntimo, tan mentiroso en el recuerdo como éste. Hay decenas de libros autobiográficos sobre el tema: la experiencia me ha enseñado a saltearlos. Ningún niño puede contarnos su paulatino y sorpresivo, desconcertante, maravilloso, repulsivo descubrimiento de su mundo particular. (Dispongo de más adjetivos, espero que no sean necesarios).
Y los adultos que lo han intentado —salvo cuando engañan con talento literario— padece siempre de un exceso de perspectiva. El niño inapresable se diluye; lo reconstruyen con piezas difuntas, inconvincentes y chirriantes. En primer plano, inevitable, está siempre el rostro ajetreado del mayor, hombre o mujer.
Decir la infancia implica sin remedio un fracaso equivalente a contar los sueños. Como decía un amigo, no habrá jamás comprensión verdadera entre Oriente y Occidente.
Yo fui un niño conversador, lector, y organizador de guerrillas a pedradas entre mi barrio y otros. La reiteración del «or, or» pertenece a usted y a Poe. Recuerdo que mis padres estaban enamorados. Él era un caballero esclavista y ella una dama del sur de Brasil.
Y lo demás es secreto. Se trata de un santuario (W.F.) sagrado (T.E.M.).

Miscelánea 
Juan Carlos Onetti

Infancia

Sofía Gandarias. Retrato de Onetti. Serie Presencias.

Sí, fue una infancia feliz. Pero tal vez no exista ningún período de la vida tan profundamente personal, tan íntimo, tan mentiroso en el recuerdo como éste. Hay decenas de libros autobiográficos sobre el tema: la experiencia me ha enseñado a saltearlos. Ningún niño puede contarnos su paulatino y sorpresivo, desconcertante, maravilloso, repulsivo descubrimiento de su mundo particular. (Dispongo de más adjetivos, espero que no sean necesarios).
Y los adultos que lo han intentado —salvo cuando engañan con talento literario— padece siempre de un exceso de perspectiva. El niño inapresable se diluye; lo reconstruyen con piezas difuntas, inconvincentes y chirriantes. En primer plano, inevitable, está siempre el rostro ajetreado del mayor, hombre o mujer.
Decir la infancia implica sin remedio un fracaso equivalente a contar los sueños. Como decía un amigo, no habrá jamás comprensión verdadera entre Oriente y Occidente.
Yo fui un niño conversador, lector, y organizador de guerrillas a pedradas entre mi barrio y otros. La reiteración del «or, or» pertenece a usted y a Poe. Recuerdo que mis padres estaban enamorados. Él era un caballero esclavista y ella una dama del sur de Brasil.
Y lo demás es secreto. Se trata de un santuario (W.F.) sagrado (T.E.M.).

Miscelánea 
Juan Carlos Onetti

lunes, 24 de junio de 2019

La literatura: ida y vuelta

Juan Carlos Onetti retratado por Nelson Romero. 

Creo que toda la gente tiene una zona de pureza. A veces, se le murió para siempre. A veces, misteriosamente, renace.

El destino del artista es vivir una vida imperfecta: el triunfo, como un episodio; el fracaso, como verdadero y supremo fin.

No creo que un hombre llegue a saber que le importa una determinada cosa en especial. Los objetos y los objetivos importantes van surgiendo a través de la vida misma.

No desciende una musa del cielo, pero podría decir que (al escribir) sucede lo mismo que cuando uno se enamora. De pronto uno necesita escribir. Uno se enamora y no sabe por qué. 

Nunca me ha importado la crítica ni ha influido en mi obra. Creo que ésta es el producto de mí mismo, y aunque reconociera que el crítico tiene razón no podría cambiarla. Los errores, en este sentido, son como la cara que tengo. No se pueden cambiar.

El que pretende dirigirse a la humanidad, o es un tramposo o está equivocado. La pretendida comunicación se cumple o no; el autor no es responsable, ella se da o no por añadidura. El que quiera enviar un mensaje —como se ha reiterado ya tantas veces—, que encargue esta tarea a una mensajería.

Para mí, escribir es como un vicio, una manía. Me hace feliz escribir, me siento desdichado cuando no. 

Yo no sé quién me va a leer, y cuando escribo no pienso en quién me lea. Creo que sería un error terrible del escritor tener presente al lector en el momento de escribir. 

La literatura jamás debe ser «comprometida». Simplemente debe ser buena literatura. La mía sólo está comprometida conmigo mismo. Que no me gusta que exista la pobreza es un problema aparte. 

Opiniones de Juan Carlos Onetti, seleccionadas por Jorge Ruffinelli
En Cuadernos Hispanoamericanos Madrid Octubre-Diciembre 1974

La literatura: ida y vuelta
Juan Carlos Onetti

La literatura: ida y vuelta

Juan Carlos Onetti retratado por Nelson Romero. 

Creo que toda la gente tiene una zona de pureza. A veces, se le murió para siempre. A veces, misteriosamente, renace.

El destino del artista es vivir una vida imperfecta: el triunfo, como un episodio; el fracaso, como verdadero y supremo fin.

No creo que un hombre llegue a saber que le importa una determinada cosa en especial. Los objetos y los objetivos importantes van surgiendo a través de la vida misma.

No desciende una musa del cielo, pero podría decir que (al escribir) sucede lo mismo que cuando uno se enamora. De pronto uno necesita escribir. Uno se enamora y no sabe por qué. 

Nunca me ha importado la crítica ni ha influido en mi obra. Creo que ésta es el producto de mí mismo, y aunque reconociera que el crítico tiene razón no podría cambiarla. Los errores, en este sentido, son como la cara que tengo. No se pueden cambiar.

El que pretende dirigirse a la humanidad, o es un tramposo o está equivocado. La pretendida comunicación se cumple o no; el autor no es responsable, ella se da o no por añadidura. El que quiera enviar un mensaje —como se ha reiterado ya tantas veces—, que encargue esta tarea a una mensajería.

Para mí, escribir es como un vicio, una manía. Me hace feliz escribir, me siento desdichado cuando no. 

Yo no sé quién me va a leer, y cuando escribo no pienso en quién me lea. Creo que sería un error terrible del escritor tener presente al lector en el momento de escribir. 

La literatura jamás debe ser «comprometida». Simplemente debe ser buena literatura. La mía sólo está comprometida conmigo mismo. Que no me gusta que exista la pobreza es un problema aparte. 

Opiniones de Juan Carlos Onetti, seleccionadas por Jorge Ruffinelli
En Cuadernos Hispanoamericanos Madrid Octubre-Diciembre 1974

La literatura: ida y vuelta
Juan Carlos Onetti

domingo, 11 de noviembre de 2018

Decálogo

Juan Carlos Onetti. Decálogo.

I
No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

II
No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III
No traten de complicar al lector. Ni buscar ni reclamar su ayuda.

IV
No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

V
No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI
No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

VII
No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

VIII
No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?

IX
No desdeñen temas con extrañas narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

X
Mientan siempre.

XI
No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer.

Decálogo
Juan Carlos Onetti

Decálogo

Juan Carlos Onetti. Decálogo.

I
No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

II
No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III
No traten de complicar al lector. Ni buscar ni reclamar su ayuda.

IV
No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

V
No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI
No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

VII
No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

VIII
No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?

IX
No desdeñen temas con extrañas narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

X
Mientan siempre.

XI
No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer.

Decálogo
Juan Carlos Onetti

lunes, 8 de mayo de 2017

La novia robada

Juan Carlos Onetti. La novia robada.

Santa María tiene un río,
tiene barcos.
Si tiene un río tiene niebla. Los barcos
usan bocinas, sirenas. Avisan,
están, pobre bañista y mirador de agua
dulce. Con su sombrilla, su bata, su traje
de baño, canasta de alimentos,
esposa y niños, usted, en un instante
en seguida olvidado de imaginación
o debilidad, puede, pudo, podría
pensar en el tierno y bronco gemido
del ballenato llamando a su madre,
en el bronco, temeroso llamado
de la ballena madre. Está bien;
así, más o menos, sucede en Santa María
cuando la niebla apaga el río.

La novia robada (1968)
Juan Carlos Onetti

La novia robada

Juan Carlos Onetti. La novia robada.

Santa María tiene un río,
tiene barcos.
Si tiene un río tiene niebla. Los barcos
usan bocinas, sirenas. Avisan,
están, pobre bañista y mirador de agua
dulce. Con su sombrilla, su bata, su traje
de baño, canasta de alimentos,
esposa y niños, usted, en un instante
en seguida olvidado de imaginación
o debilidad, puede, pudo, podría
pensar en el tierno y bronco gemido
del ballenato llamando a su madre,
en el bronco, temeroso llamado
de la ballena madre. Está bien;
así, más o menos, sucede en Santa María
cuando la niebla apaga el río.

La novia robada (1968)
Juan Carlos Onetti

viernes, 4 de marzo de 2016

Onetti por Onetti

Juan Carlos Onetti. Foto:  Archivo El País.

Onetti por Onetti
Prólogo al cuento La novia robada

Por información directa sé que, por ejemplo, Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez, se imponen una disciplina de trabajo, tantas horas por día, pase lo que pase, se fracase o no. Esto no es una crítica, apenas una tenue manifestación de envidia. Pero yo no puedo. Falta de carácter o falta de la fe necesaria para hacer sacrificios. Me digo, un suponer, que Dostoievski escribió veinte novelas. No tenemos la veintiuna, que no pasó de proyecto, plan, apuntes, borradores y reflexiones. Y esta ausencia, ¿qué importancia tiene? El sol se empecina en continuar apareciendo por el este. Por otra parte, siempre me abandoné a lo que saliera. Dios o la vida se encargan de mí y yo acepto. Cuando llega el ataque, y sólo he podido sospechar vagamente el porqué, escribo horas, días, me extenúo y termino el cuento o el capítulo. Nunca sé, después, si volveré a escribir; siempre supongo que sí. En cuanto a los personajes creo que nacieron de los fantasmas que son puertas, que pueden ser atravesadas para confesiones parciales.

Montevideo, 31 de mayo de 1970 

Onetti por Onetti
Juan Carlos Onetti (1909-1994)