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martes, 13 de agosto de 2024

Sátiras y aforismos

Jonathan Swift. Sátiras y aforismos.

6
No hay nada tan extravagante e irracional que no haya sido considerado verdadero por algún filósofo.

13
No recuerdo si los buenos consejos son una de las cosas perdidas que, según dice Ariosto, se hallan en la Luna; allí es donde deben encontrarse tanto ellos como el tiempo.

35
Nadie debe avergonzarse de reconocer que estaba equivocado, puesto que al hacerlo demuestra ser hoy más prudente que ayer.

43
Podemos admitir que el gusto de las naciones no es siempre el mismo, pero nos sentimos inclinados a creer que el buen gusto es idéntico en todas partes donde haya personas de ingenio, buen juicio y erudición.

Traduccíón de José Luis Gil Aristu

Sátiras y aforismos
Jonathan Swift (1667-1745)

sábado, 8 de marzo de 2014

La política y otros conflictos

Harry Kwinkelenberg. Cómo romper un huevo.

189
Nuestras historias de las seis mil lunas no mencionan más regiones que los dos grandes imperios de Liliput y Blefuscu. Esas dos poderosas potencias, según iba a contarle, han mantenido durante las últimas treinta y seis lunas una guerra de lo más empecinado. La cosa comenzó por la razón siguiente. Todo el mundo admite que la manera primitiva de romper los huevos antes de comerlos consistía en abrirlos por el extremos más ancho. Pero, siendo un muchacho, el abuelo de Su Majestad actualmente reinante, al disponerse a comer un huevo y cascarlo según la práctica antigua, se cortó por casuaidad un dedo. Entonces, el emperador, su padre, publicó un edicto por el que ordenaba a todos sus súbditos romper los huevos por el extremo más estrecho bajo pena de grandes castigos. A la gente le sentó tan mal aquella ley que, según cuentan nuestras crónicas, estallaron por tal motivo seis sublevaciones en las que un emperador perdió la vida, y otro la corona.

190
Se ha calculado que once mil personas sufrieron muerte en distintas fechas, antes que acceder a cascar los huevos por el extremo estrecho.

Traducción de José Luis Gil Aristu

Sátiras y aforismos
Jonathan Swift

domingo, 26 de agosto de 2012

Sobre literatura

Jonathan Swift, retratado por Charles Jervas (Detalle).

248
Nada es tan habitual entre los comentaristas como imponer una interpretación no pensada por el autor.

253
los mismos vicios y las mismas necedades imperan por doquier, al menos en todos los países civilizados de Europa. Y el autor que sólo escribe para una ciudad, una provincia, un reino o, incluso, una época, merece tan poco que le traduzcan como que lleguen a leerle.

Traducción de José Luis Gil Aristu

Sátiras y aforismos
Jonathan Swift

sábado, 26 de marzo de 2011

Sátiras y aforismos

Jonathan Swift, retratado por Francis Bindon.

17
Cuando aparezca en el mundo un auténtico genio lo reconoceremos por esta señal: la conjura universal de los necios contra él.

56
Los ancianos y los cometas son respetados por idéntica razón: sus largas barbas y la pretensión de predecir acontecimientos.

131
El ser humano tiene sólo tres formas de vengarse de los reproches del mundo: desestimarlos, pagarlos con la misma moneda o esforzarse en llevar una vida que los evite. La gente suele aparentar que recurre al primero; el último es casi imposible de aplicar; la práctica universal se decide por el segundo.

Traducción de José Luis Gil Aristu

Sátiras y aforismos
Jonathan Swift

miércoles, 26 de enero de 2011

Sátiras y aforismos

Jonathan Swift. Imagen de Wikimedia Commons.

Se han dado casos en que un príncipe ha atacado a otro por miedo a ser atacado por él.

Las naciones pobres son hambrientas y las ricas orgullosas; y el orgullo y el hambre estarán siempre en desacuerdo.

El soldado es alguien contratado para matar a sangre fría al mayor número posible de miembros de su especie que nunca le han causado ningún daño.

Traducción de José Luis Gil Aristu

Sátiras y aforismos
Jonathan Swift

domingo, 10 de octubre de 2010

Sátiras y aforismos

Jonathan Swift. Retratado por Charles Jervas.

El primer objetivo de un viajero debería ser hacer más sabias y mejores a las personas y perfeccionar sus mentes con ejemplos, tanto buenos como malos, de lo que cuenta sobre tierras extranjeras.

Si una persona pusiera por escrito todas sus opiniones sobre el amor, la política, la religión, la enseñanza, etcétera, desde su juventud hasta su vejez, ¡qué cúmulo de incoherencias y contradicciones acabaría apareciendo!

Nada es tan habitual entre los comentaristas como imponer una interpretación no pensada jamás por el autor.

Traducción de José Luis Gil Aristu

Sátiras y aforismos
Jonathan Swift

sábado, 5 de junio de 2010

Esta chiquilla era tan mañosa que después de haberme desvestido una o dos veces ante ella fue capaz de ponerme y quitarme la ropa


Milo Manara:Gulliveriana. Fuente de la imagen:dreamers.com
Viajes de Gulliver
Capítulo II
Tenía mi ama una hija de nueve años con rasgos precoces para su edad, muy habilidosa con la aguja y desenvuelta a la hora de vestir su muñeca.En la cuna de ésta, metida en una gaveta de armario, se arreglaron madre e hija para prepararme la cama, colocando la gaveta sobre una repisa por miedo a las ratas. Y éste fue mi lecho todo el tiempo que pasé con aquella gente, aunque mejorado gradualmente, conforme iba aprendiendo su lengua y les hacía saber mis necesidades. Esta chiquilla era tan mañosa que después de haberme desvestido una o dos veces ante ella fue capaz de ponerme y quitarme la ropa, aunque yo procurara evitarle esta molestia siempre que me dejaba hacerlo solo.
Viajes de Gulliver
(Traducción de Emilio Lorenzo)

Jonathan Swift

domingo, 5 de octubre de 2008

Meditación sobre el palo de una escoba

A MEDITATION UPON A BROOMSTICK.
ACCORDING TO THE STYLE AND MANNER OF THE HON. ROBERT
BOYLE’S MEDITATIONS.

THIS single stick, which you now behold ingloriously lying in that neglected corner, I once knew in a flourishing state in a forest. It was full of sap, full of leaves, and full of boughs; but now in vain does the busy art of man pretend to vie with nature, by tying that withered bundle of twigs to its sapless trunk; it is now at best but the reverse of what it was, a tree turned upside-down, the branches on the earth, and the root in the air; it is now handled by every dirty wench, condemned to do her drudgery, and, by a capricious kind of fate, destined to make other things clean, and be nasty itself; at length, worn to the stumps in the service of the maids, it is either thrown out of doors or condemned to the last use — of kindling a fire. When I behold this I sighed, and said within myself, “Surely mortal man is a broomstick!”

Meditación sobre el palo de una escoba
A LA MANERA Y EL ESTILO DE LAS MEDITATIONS DEL HONORABLE ROBERT
BOYLE, OBRA ESCRITA EN EL AÑO 1703

Este palo suelto que ahora contempláis tendido en ignominia en ese rincón descuidado, yo lo conocí vigoroso en un bosque, lleno de savia, de hojas y de ramas. Pero ahora la diligente habilidad del hombre en vano trata de competir con la naturaleza al atar el marchito haz de ramitas a un palo reseco. En el mejor de los casos se trata de lo contrario de lo que fue: un árbol patas arriba, con las ramas en el suelo y las raíces en el aire, manejado ahora por cualquier maritornes ensuciada, condenado al trabajo esclavo de ésta, y, destinado por una especie de hados caprichosos, a limpiar otras cosas y a ensuciarse a sí mismo. A la larga, reducido a puro muñón al servicio de las criadas, lo arrojan a la calle o lo condenan a su último empleo de atizar una lumbre. Al contemplar esto suspiré y dije para mí: No hay duda de que el hombre es un palo de escoba.


Meditación sobre el palo de una escoba
(Traducción de Emilio Lorenzo)
Jonathan Swift

viernes, 6 de junio de 2008

Epitafio a un astrólogo

EPITAPH
Here, five Foot deep, lies on his Back
A Cobler, Starmonger, and Quack;
Who to the Stars in pure Good-will
Does to his best look upward still.
Weep, all you Customers that use

His
Pills, his Almanacks, or Shoes:
And you that did your Fortunes seek
Step to his Grave but once a Week
This Earth, which bears his Body's Print,
You'll find has so much Vertue in't
That I durst pawn my Ears 'twill tell
Whate'er concerns you full as well,
In Physick, Stolen Goods, or Love,
As he himself could, when above.

EPITAFIO
Aquí yace boca arriba, cinco pies mas abajo,
Un zapatero, astrólogo, y curandero,
Que las estrellas con la mejor voluntad
Sigue contemplando con la mirada alzada.
LLorad, clientes todos que usáis
Sus píldoras, almanaques o zapatos:
Y los que buscabais vuestra fortuna
Acercaos a su tumba al menos cada semana,
Este suelo que guarda la huella de su cuerpo
Veréis que posee tantas virtudes
Que apostaría la cabeza a que os contará también
Por entero todo aquello que os concierne
En medicina, robos o amores,
Como lo hizo cuando no estaba enterrado.

The Bickerstaff-Partridge Papers
(trad. Emilio Lorenzo)
Jonathan Swift

lunes, 18 de febrero de 2008

Aforismos

El primer objetivo de un viajero debería ser hacer más sabias y mejores a las personas y perfeccionar sus mentes con ejemplos,tanto buenos como malos, de lo que cuenta sobre tierras extranjeras.

Sátiras y Aforismos
Jonathan Swift

jueves, 14 de febrero de 2008

Los viajes de Gulliver

PART III:
A VOYAGE TO LAPUTA, BALNIBARBI, LUGGNAGG, GLUBBDUBDRIB, AND JAPAN
CHAPTER I
I walked a while among the Rocks, the Sky was perfectly clear, and the Sun so hot, that I was forced to turn my Face from it: When all of a Sudden it became obscured, as I thought, in a Manner very different from what happens by the Interposition of a Cloud. I turned back, and perceived a vast Opake Body between me and the Sun, moving forwards towards the Island: It seemed to be about two Miles high, and hid the Sun six or seven Minutes, but I did not observe the Air to be much colder, or the Sky more darkned, than if I had stood under the shade of a Mountain. As it approached nearer over the Place where I was, it appeared to be a firm Substance, the Bottom flat, smooth, and shining very bright from the Reflexion of the Sea below. I stood upon a Height about two Hundred Yards from the Shoar, and saw this vast Body descending almost to a Parallel with me, at less than an English Mile Distance. I took out my Pocket-Perspective, and could plainly discover Numbers of People moving up and down the Sides of it, which appeared to be sloping, but what those People were doing, I was not able to distinguish.

The natural Love of Life gave me some inward Motions of Joy; and I was ready to entertain a Hope, that this Adventure might some Way or other help to deliver me from the desolate Place and Condition I was in. But, at the same Time, the Reader can hardly conceive my Astonishment, to behold an Island in the Air, inhabited by Men, who were able (as it should seem) to raise or sink, or put it into a progressive Motion, as they pleased. But not being, at that Time, in a Disposition to philosophise upon this Phaenomenon, I rather chose to observe what Course the Island would take; because it seemed for a while to stand still. Yet, soon after it advanced nearer; and I could see the Sides of it, encompassed with several Gradations of Galleries and Stairs, at certain Intervals, to descend from one to the other. In the lowest Gallery, I beheld some People fishing with long Angling Rods, and others looking on. I waved my Cap, (for my Hat was long since worn out,) and my Handkerchief towards the Island; and upon its nearer approach, I called and shouted with the utmost Strength of my Voice; and then looking circumspectly, I beheld a Crowd gather to that Side which was most in my View. I found by their pointing towards me and to each other, that they plainly discovered me, although they made no Return to my Shouting. But I could see four or five Men running in great Haste up the Stairs to the top of the Island, who then disappeared. I happened rightly to conjecture, that these were sent for Orders to some Person in Authority upon this Occasion.

Tercera parte
Un viaje a Laputa, Balnibarbi, Luggnagg, Glubbdubdrib y el Japón.
Capítulo I
Paseé un rato entre las rocas; el cielo estaba raso completamente, y el sol quemaba de tal modo, que me hizo desviar la cara de sus rayos; cuando, de repente, se hizo una obscuridad, muy distinta, según me pareció, de la que se produce por la interposición de una nube. Me volví y percibí un vasto cuerpo opaco entre el sol y yo, que se movía avanzando hacia la isla. Juzgué que estaría a unas dos millas de altura, y ocultó el sol por seis o siete minutos; pero, al modo que si me encontrase a la sombra de una montaña. no noté que el aire fuese mucho más frío ni el cielo estuviese más obscuro. Conforme se acercaba al sitio en que estaba yo, me fue pareciendo un cuerpo sólido, de fondo plano, liso y que brillaba con gran intensidad al reflejarse el mar en él. Yo me hallaba de pie en una altura separada unas doscientas yardas de la costa, y vi que este vasto cuerpo descendía casi hasta ponerse en la misma línea horizontal que yo, a menos de una milla inglesa de distancia. Saqué mi anteojo de bolsillo y pude claramente divisar multitud de gentes subiendo y bajando por los bordes, que parecían estar en declive; pero lo que hicieran aquellas gentes no podía distinguirlo.

El natural cariño a la vida despertó en mi interior algunos movimientos de alegría, y me veía pronto a acariciar la esperanza de que aquel suceso viniese de algún modo en mi ayuda para librarme del lugar desolado y la triste situación en que me hallaba. Pero, al mismo tiempo, difícilmente podrá concebir el lector mi asombro al contemplar una isla en el aire, habitada por hombres que podían -por lo que aparentaba- hacerla subir o bajar, o ponerse en movimiehto progresivo, a medida de su deseo. Pero, poco en disposición entonces de darme a filosofías sobre este fenómeno, preferí más bien observar qué ruta tomaba la isla, que parecía llevar quieta un rato. Al poco tiempo se acercó más, y pude distinguir los lados de ella circundados de varias series de galerías y escaleras, con determinados intervalos, como para bajar de unas a otras. En la galería inferior advertí que había algunas personas pescando con caña y otras mirando. Agité la gorra -el sombrero se me había roto hacía mucho tiempo- y el pañuelo hacia la isla; cuando se hubo acercado más aún, llamé y grité con toda la fuerza de mis pulmones, y entonces vi, mirando atentamente, que se reunía gentío en aquel lado que estaba enfrente de mí. Por el modo en que me señalaban y en que me indicaban unos a otros conocí que me percibían claramente, aunque no daban respuesta ninguna a mis voces. Después pude ver que cuatro o cinco hombres corrían apresuradamente escaleras arriba, a la parte superior de la isla, y desaparecían luego. Supuse inmediatamente que iban a recibir órdenes de alguna persona con autoridad para proceder en el caso.

Los viajes de Gulliver
Jonathan Swift

sábado, 9 de febrero de 2008

Un modesta proposición

Peter Paul Rubens: Saturno devorando a uno de sus hijos
A Modest Proposal: For Preventing the Children of Poor People in Ireland from Being a Burden to Their Parents or Country, and for Making Them Beneficial to the Public .
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I have too long digressed, and therefore shall return to my subject. I think the advantages by the proposal which I have made are obvious and many, as well as of the highest importance.
For first, as I have already observed, it would greatly lessen the number of papists, with whom we are yearly overrun, being the principal breeders of the nation as well as our most dangerous enemies; and who stay at home on purpose with a design to deliver the kingdom to the Pretender, hoping to take their advantage by the absence of so many good protestants, who have chosen rather to leave their country than stay at home and pay tithes against their conscience to an episcopal curate.
Secondly, The poorer tenants will have something valuable of their own, which by law may be made liable to distress and help to pay their landlord's rent, their corn and cattle being already seized, and money a thing unknown.
Thirdly, Whereas the maintenance of an hundred thousand children, from two years old and upward, cannot be computed at less than ten shillings a-piece per annum, the nation's stock will be thereby increased fifty thousand pounds per annum, beside the profit of a new dish introduced to the tables of all gentlemen of fortune in the kingdom who have any refinement in taste. And the money will circulate among ourselves, the goods being entirely of our own growth and manufacture.
Fourthly, The constant breeders, beside the gain of eight shillings sterling per annum by the sale of their children, will be rid of the charge of maintaining them after the first year.
Fifthly, This food would likewise bring great custom to taverns; where the vintners will certainly be so prudent as to procure the best receipts for dressing it to perfection, and consequently have their houses frequented by all the fine gentlemen, who justly value themselves upon their knowledge in good eating: and a skilful cook, who understands how to oblige his guests, will contrive to make it as expensive as they please.
Sixthly, This would be a great inducement to marriage, which all wise nations have either encouraged by rewards or enforced by laws and penalties. It would increase the care and tenderness of mothers toward their children, when they were sure of a settlement for life to the poor babes, provided in some sort by the public, to their annual profit instead of expense. We should see an honest emulation among the married women, which of them could bring the fattest child to the market. Men would become as fond of their wives during the time of their pregnancy as they are now of their mares in foal, their cows in calf, their sows when they are ready to farrow; nor offer to beat or kick them (as is too frequent a practice) for fear of a miscarriage.
Many other advantages might be enumerated. For instance, the addition of some thousand carcasses in our exportation of barreled beef, the propagation of swine's flesh, and improvement in the art of making good bacon, so much wanted among us by the great destruction of pigs, too frequent at our tables; which are no way comparable in taste or magnificence to a well-grown, fat, yearling child, which roasted whole will make a considerable figure at a lord mayor's feast or any other public entertainment. But this and many others I omit, being studious of brevity.
Supposing that one thousand families in this city, would be constant customers for infants flesh, besides others who might have it at merry meetings, particularly at weddings and christenings, I compute that Dublin would take off annually about twenty thousand carcasses; and the rest of the kingdom (where probably they will be sold somewhat cheaper) the remaining eighty thousand.
I can think of no one objection, that will possibly be raised against this proposal, unless it should be urged, that the number of people will be thereby much lessened in the kingdom. This I freely own, and 'twas indeed one principal design in offering it to the world. I desire the reader will observe, that I calculate my remedy for this one individual Kingdom of Ireland, and for no other that ever was, is, or, I think, ever can be upon Earth. Therefore let no man talk to me of other expedients: Of taxing our absentees at five shillings a pound: Of using neither cloaths, nor houshold furniture, except what is of our own growth and manufacture: Of utterly rejecting the materials and instruments that promote foreign luxury: Of curing the expensiveness of pride, vanity, idleness, and gaming in our women: Of introducing a vein of parsimony, prudence and temperance: Of learning to love our country, wherein we differ even from Laplanders, and the inhabitants of Topinamboo: Of quitting our animosities and factions, nor acting any longer like the Jews, who were murdering one another at the very moment their city was taken: Of being a little cautious not to sell our country and consciences for nothing: Of teaching landlords to have at least one degree of mercy towards their tenants. Lastly, of putting a spirit of honesty, industry, and skill into our shop-keepers, who, if a resolution could now be taken to buy only our native goods, would immediately unite to cheat and exact upon us in the price, the measure, and the goodness, nor could ever yet be brought to make one fair proposal of just dealing, though often and earnestly invited to it.
Therefore I repeat, let no man talk to me of these and the like expedients, 'till he hath at least some glympse of hope, that there will ever be some hearty and sincere attempt to put them into practice.
But, as to my self, having been wearied out for many years with offering vain, idle, visionary thoughts, and at length utterly despairing of success, I fortunately fell upon this proposal, which, as it is wholly new, so it hath something solid and real, of no expence and little trouble, full in our own power, and whereby we can incur no danger in disobliging England. For this kind of commodity will not bear exportation, and flesh being of too tender a consistence, to admit a long continuance in salt, although perhaps I could name a country, which would be glad to eat up our whole nation without it.
After all, I am not so violently bent upon my own opinion as to reject any offer proposed by wise men, which shall be found equally innocent, cheap, easy, and effectual. But before something of that kind shall be advanced in contradiction to my scheme, and offering a better, I desire the author or authors will be pleased maturely to consider two points. First, as things now stand, how they will be able to find food and raiment for an hundred thousand useless mouths and backs. And secondly, there being a round million of creatures in human figure throughout this kingdom, whose whole subsistence put into a common stock would leave them in debt two millions of pounds sterling, adding those who are beggars by profession to the bulk of farmers, cottagers, and laborers, with their wives and children who are beggars in effect: I desire those politicians who dislike my overture, and may perhaps be so bold as to attempt an answer, that they will first ask the parents of these mortals, whether they would not at this day think it a great happiness to have been sold for food, at a year old in the manner I prescribe, and thereby have avoided such a perpetual scene of misfortunes as they have since gone through by the oppression of landlords, the impossibility of paying rent without money or trade, the want of common sustenance, with neither house nor clothes to cover them from the inclemencies of the weather, and the most inevitable prospect of entailing the like or greater miseries upon their breed for ever.
I profess, in the sincerity of my heart, that I have not the least personal interest in endeavoring to promote this necessary work, having no other motive than the public good of my country, by advancing our trade, providing for infants, relieving the poor, and giving some pleasure to the rich. I have no children by which I can propose to get a single penny; the youngest being nine years old, and my wife past child-bearing.



Una modesta proposición:Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público.
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He divagado excesivamente, de manera que volveré al tema. Me parece que las ventajas de la proposición que he enunciado son obvias y muchas, así como de la mayor importancia.
En primer lugar, como ya he observado, disminuiría grandemente el número de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la nación y nuestros enemigos más peligrosos; y que se quedan en el país con el propósito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el país antes que quedarse en él pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal.
Segundo, los más pobres arrendatarios poseerán algo de valor que la ley podrá hacer embargable y que les ayudará a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos.
Tercero, puesto que la manutención de cien mil niños, de dos años para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se verá incrementado en cincuenta mil libras por año, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan algún refinamiento en el gusto. Y el dinero circulará sólo entre nosotros, ya que los bienes serán enteramente producidos y manufacturados por nosotros.
Cuarto, las reproductoras constantes, además de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus niños, se quitarán de encima la obligación de mantenerlos después del primer año.
Quinto, este manjar atraerá una gran clientela a las tabernas, donde los venteros serán seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfección, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa cómo agradar a sus huéspedes, se las ingeniará para hacerlo tan caro como a ellos les plazca.
Sexto: esto constituirá un gran estímulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres niños tendrían una colocación de por vida, provista de algún modo por el público, y que les daría una ganancia anual en vez de gastos. Pronto veríamos una honesta emulación entre las mujeres casadas para mostrar cuál de ellas lleva al mercado al niño más gordo. Los hombres atenderían a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando están por parir; y no las amenazarían con golpearlas o patearlas (práctica tan frecuente) por temor a un aborto.
Muchas otras ventajas podrían enumerarse. Por ejemplo, la adición de algunos miles de reses a nuestra exportación de carne en barricas, la difusión de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucción de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un niño de un año, gordo y bien desarrollado, que hará un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite público. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas.
Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño, además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil.
No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.
Por consiguiente, repito, que ningún hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se hará alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en práctica. Pero en lo que a mí concierne, habiéndome fatigado durante muchos años ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de éxito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de sólido y real, trae además poco gasto y pocos problemas, está completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercancía no soportará la exportación, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quizá yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar toda nuestra nación aún sin ella.
Después de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opinión como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, cómodo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicción con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como están las cosas, cómo se las arreglarán para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas inútiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un millón de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejaría debiendo dos millones de libras esterlinas, añadiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, cabañeros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos políticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestación, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habría sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al año de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la más inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.
Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda.

Una modesta proposición
Jonathan Swift

lunes, 4 de febrero de 2008

Los viajes de Gulliver


Mi reconciliación con la especie yahoo en general no sería tan difícil si ellos se contentaran sólo con los vicios y las insensateces que la Naturaleza les ha otorgado. No me causa el más pequeño enojo la vista de un abogado, un ratero, un coronel, un necio, un lord, un tahur, un político, un médico, un delator, un cohechador, un procurador, un traidor y otros parecidos; todo ello está en el curso natural de las cosas. Pero cuando contemplo una masa informe de fealdades y enfermedades, así del cuerpo como del espíritu, forjada a golpes de orgullo, ello excede los límites de mi paciencia, y jamás comprenderé cómo tal animal y tal vicio pueden ajustarse. Los sabios y virtuosos houyhnhnms, que abundan en todas las excelencias que pueden adornar a un ser racional, no tienen en su idioma término para designar este vicio, como no lo tienen para expresar nada que signifique el mal, excepto aquellos con que califican las detestables cualidades de sus yahoos, y entre ellas no pueden distinguir ésta del orgullo por falta de completo conocimiento de la naturaleza humana, según se muestra en otros países en que este animal gobierna. Pero yo, con mi mayor experiencia pude claramente reconocer algunos rudimentos de ella en los yahoos silvestres. Los houyhnhnms, que viven bajo el gobierno de la razón, no se encuentran más orgullosos de las buenas cualidades que poseen que puedo estarlo yo de que no me falte un brazo o una pierna, lo que no puede constituir motivo de jactancia para ningún hombre en su juicio, aunque sería desdichado si le faltaran. Insisto particularmente sobre este punto, llevado del deseo de hacer por todos los medios posibles la sociedad del yahoo inglés no insoportable, y, de consiguiente, conjuro desde aquí a quienes tengan algún atisbo de este vicio absurdo para que no se atrevan a comparecer ante mi vista.

FIN

Los Viajes de Gulliver
Jonathan Swift