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domingo, 21 de junio de 2020

Memoria de la nieve

Julio Llamazares. Memoria de la nieve.

1

Mi memoria es la memoria de la nieve. Mi corazón está blanco como un campo de urces.

En labios amarillos la negación florece. Pero existe un nogal donde habita el invierno.

Un lejano nogal, doblado sobre el agua, a donde acuden a morir los guerreros más viejos.

En un mismo exterior se deshacen los días y la desolación corroe los signos del suicidio: globos entre las ramas del silencio y un animal sin nombre que se espesa en mi rostro.

2

No existe otra espiral que el bramido del tiempo.

Amasar la memoria es bondad de alfareros, lentitud de veranos en fabulación.

Las grosellas derraman granates en la nieve y los silencios más antiguos en humo y humildad se desvanecen.

¿Dónde encontrar ahora el amargor del muérdago y el agua?

¿Dónde la ocultación de las leyendas y los bardos?

Memoria de la nieve (1982)
Julio Llamazares

Memoria de la nieve

Julio Llamazares. Memoria de la nieve.

1

Mi memoria es la memoria de la nieve. Mi corazón está blanco como un campo de urces.

En labios amarillos la negación florece. Pero existe un nogal donde habita el invierno.

Un lejano nogal, doblado sobre el agua, a donde acuden a morir los guerreros más viejos.

En un mismo exterior se deshacen los días y la desolación corroe los signos del suicidio: globos entre las ramas del silencio y un animal sin nombre que se espesa en mi rostro.

2

No existe otra espiral que el bramido del tiempo.

Amasar la memoria es bondad de alfareros, lentitud de veranos en fabulación.

Las grosellas derraman granates en la nieve y los silencios más antiguos en humo y humildad se desvanecen.

¿Dónde encontrar ahora el amargor del muérdago y el agua?

¿Dónde la ocultación de las leyendas y los bardos?

Memoria de la nieve (1982)
Julio Llamazares

sábado, 27 de mayo de 2017

Memoria de la nieve

C. F. William Mielatz. El viejo caserón.

21
Inútil es volver a los lugares olvidados y perdidos, a los paisajes
y símbolos sin dueño.

No hay allí ya liturgias milenarias. Ni aceites fermentado en ánforas de barro.

Los ancianos han muerto. Los animales vagan bajo la lluvia negra.

No hay allí sino la lenta elipsis del río de los muertos,

la mansedumbre helada del muérdago cortado, de los paisajes abrasados
por el tiempo.

Memoria de la nieve (1982)
Julio Llamazares

Memoria de la nieve

C. F. William Mielatz. El viejo caserón.

21
Inútil es volver a los lugares olvidados y perdidos, a los paisajes
y símbolos sin dueño.

No hay allí ya liturgias milenarias. Ni aceites fermentado en ánforas de barro.

Los ancianos han muerto. Los animales vagan bajo la lluvia negra.

No hay allí sino la lenta elipsis del río de los muertos,

la mansedumbre helada del muérdago cortado, de los paisajes abrasados
por el tiempo.

Memoria de la nieve (1982)
Julio Llamazares

viernes, 19 de abril de 2013

Nuestra quietud es dulce y azul y torturada en esta hora

Julio Llamazares. Foto: Editorial Alfaguara

Nuestra quietud es dulce y azul y torturada en esta hora.

Todo es tan lento como el pasar de un buey sobre la nieve. Todo tan blando
como las bayas rojas del acebo.

Nuestro abandono es grande como la existencia, profundo como el sabor
de las frutas machacadas. Nuestro abandono no termina con el cansancio.

No es un error la lentitud, ni habitan nuestra alma las oquedades del conocimiento.

En algún zarzal lejano anida un pájaro de aceite que nace con el día. Siento su sed
granate algunas veces. Su abandono es tan dulce como el nuestro.

Su lentitud no está desposeída de costumbre.

La lentitud de los bueyes (1979)
Julio Llamazares