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lunes, 11 de febrero de 2019

Presagios

Pedro Salinas. Presagios.

1

Suelo. Nada más.
Suelo. Nada menos.
Y que te baste con eso.
Porque en el suelo los pies hincados,
en los pies torso derecho,
en el torso la testa firme,
y allá, al socaire de la frente,
la idea pura, y en la idea pura
el mañana, la llave
—mañana— de lo eterno.
Suelo. Ni más ni menos,
y que te baste con eso.

Presagios (1923)
Pedro Salinas

Presagios

Pedro Salinas. Presagios.

1

Suelo. Nada más.
Suelo. Nada menos.
Y que te baste con eso.
Porque en el suelo los pies hincados,
en los pies torso derecho,
en el torso la testa firme,
y allá, al socaire de la frente,
la idea pura, y en la idea pura
el mañana, la llave
—mañana— de lo eterno.
Suelo. Ni más ni menos,
y que te baste con eso.

Presagios (1923)
Pedro Salinas

viernes, 3 de marzo de 2017

Razón de amor

Pedro Salinas. Razón de amor.

¡Pasmo de lo distinto!
¡Ojos azules, nunca
igual a ojos azules!
La luz del día este
no es aquella de ayer,
ni alumbrará mañana.
En infinitos árboles
del mundo, cada hoja
vence al follaje anónimo,
por un imperceptible
modo de no ser otra.
Las olas,
unánimes en playas,
hermanas, se parecen
en el mirar azul,
en el color del pelo,
o gris, sí. Pero todas
tienen letra distinta
cuando cuentan sus breves
amores en la arena.

¡Qué gozo, que no sean
nunca iguales las cosas,
que son las mismas! ¡Toda,
toda la vida es única!
Y aunque no las acusen
cristales ni balanzas,
diferencias minúsculas
aseguran a un ala
de mariposa, a un grano
de arena, la alegría
inmensa de ser otras.
Si el vasto tiempo entero
—río oscuro— se escapa,
en las manos nos deja
prendas inmarcesibles
llamadas días, horas
en que fuimos felices.

Razón de amor (1936)
Pedro Salinas

jueves, 19 de marzo de 2015

Fe mía

Pedro Salinas. Seguro azar.

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

Seguro azar (1929)
Pedro Salinas

sábado, 25 de junio de 2011

Lo que debemos a Don Quijote

Gustavo Doré. Don Quijote y Sancho.

Este individuo dual, este Don Quijote y Sancho ya lanzados al mundo y a la vida, ¿cómo van a vivir? He aquí otra cosa que Cervantes nos trae en el Quijote; la franca y clara decisión de que el hombre debe vivir con normas, conforme a principios; que no puede rodar por el mundo a la deriva, al garete, caprichosa ni frívolamente; que debe ir movido por una serie de normas de conciencia que sean los motivos de todos sus pasos y de todas sus hazañas.
Dice Georg Simmel que el hombre contemporáneo casi siempre sustituye las finalidades por los objetivos; esto es, casi todo el mundo vive pensando en objetivos; estos objetivos son, por ejemplo, ir al teatro el sábado por la noche, terminar la carrera dentro de dos años, encontrar un empleo después, hacer un viaje. Todos objetivos localizados, todos ellos de radio corto. Y se va viviendo así, de objetivo en objetivo, como el saltamontes (el hombre moderno es muy parecido al saltamontes, a pesar de que vayamos por los aires en los aviones). Saltamontes de una semana a otra, de un mes a otro, de año en año, objetivos limitados y delimitados, interesados todos por referencia al bienestar del propio individuo. Pero, ¿y los fines? ¿Y las finalidades? La acción que no termina en la semana que viene ni en la otra, eso que llama Unamuno "ultratumberías", eso que se llama la acción por encima de nosotros, de nuestro expreso interés personal la acción desinteresada, ésa es la acción quijotesca. Porque la norma de vida de Don Quijote es el servicio de la bondad. Unamuno que ha dicho de Don Quijote acaso las mejores cosas que se han dicho, Unamuno le ha llamado el "Caballero de la Bondad". Esa es la virtud excelsa de Don Quijote, el ser bueno. Y no sólo el ser bueno, sino el tener la pretensión extraordinaria e insólita de que todos los hombres sean buenos como él.

Lo que debemos a Don Quijote (1947)
Pedro Salinas

lunes, 8 de febrero de 2010

Te busqué la puerta estrecha del alma, pero no tenía, de franca que era, entrada tu alma.

 
Ray Caesar:power and glory. Fuente:Ray Caesar
El alma tenías...

El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles...
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
-soñaba altos muros
guardándote el alma-,
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entrada tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.
(La poesía de Pedro Salinas)
Pedro Salinas