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jueves, 30 de diciembre de 2010

Sherlock Holmes

Sherlock Holmes y el doctor Watson. Ilustración de Sidney Paget.

La aventura de la finca de Copper Beeches

Tengo el convencimiento fundado en mi experiencia, Watson, de que los callejones más infames y repugnantes de Londres no presentan un registro de pecados peor que el del sonriente y hermoso entorno campestre.

Las aventuras de Sherlock Holmes
Arthur Conan Doyle

martes, 12 de enero de 2010

Un caso de identidad

-Querido amigo-dijo Sherlock Holmes mientras nos sentábamos a uno y otro lado de la chimenea en sus aposentos de Baker Street-. La vida es infinitamente más extraña que cualquier cosa que pueda inventar la mente humana. No nos atreveríamos a imaginar ciertas cosas que en realidad son de lo más corriente. Si pudiéramos salir volando por esa ventana, cogidos de la mano, sobrevolar esta gran ciudad, levantar con cuidado los tejados y espiar todas las cosa raras que pasan, las extrañas coincidencias, las intrigas, los engaños, los prodigiosos encadenamientos de circunstancias que se extienden de generación en generación y acaban conduciendo a los resultados más extravagantes, nos parecería que las historias de ficción, con sus convencionalismos y sus conclusiones sabidas de antemano, son algo trasnochado e insípido.

domingo, 21 de diciembre de 2008

El misterio del valle de Boscombe

Frank Willes. Sherlock Holmes
Estábamos mi esposa y yo desayunando una mañana, cuando la doncella entró con un telegrama. Era de Sherlock Holmes, y decía:
"¿Puede usted disponer de un par de días? Acaban de telegrafiarme desde el oeste de Inglaterra en relación con la tragedia del valle de Boscombe. Me alegraría de que usted me acompañase. Aires y panoramas estupendos. Salgo de Paddington en el tren de las 11.15.".
-¿Qué me dices, cariño? -me preguntó mi esposa, mirándome por encima de la mesa-. ¿Irás?
-La verdad es que no sé qué decir. Mi lista de clientes es ya bastante larga.
-Bueno, Anstruther los atendería por ti. Te has puesto algo pálido en estos últimos tiempos. Creo que el cambio te beneficiará, y además, siempre te interesan muchísimo los casos del señor Sherlock Holmes.
-Demostraría desagradecimiento si no me interesasen, en vista de lo que yo gané a consecuencia de uno de ellos -le contesté-. pero si quiero ir es preciso que haga la maleta inmediatamente, pues sólo falta media hora.
De mis experiencias de la vida de campamento en el Afganistán había sacado, por lo menos, el convertirme en un viajero siempre rápido y dispuesto. Mis necesidades eran pocas y sencillas, de modo que en menos tiempo que el indicado estaba ya dentro de un coche de alquiler con mi maleta, rodando camino de la estación de Paddington. Sherlock Holmes se paseaba de un lado para otro por el andén, y su figura alta y enjuta parecíalo todavía más por el efecto de su larga capa gris de viaje y de su gorra de paño ajustado.
-Ha sido usted verdaderamente bondadoso viniendo, Watson -me dijo-. Para mí supone notable diferencia en tener de compañero a un hombre en el que puedo confiar plenamente. La ayuda de personas del lugar mismo suele ser o inútil o influida en un sentido determinado. Instálese usted y reserve los dos asientos rinconeros, que yo sacaré mientras tanto los billetes.

El misterio del valle de Boscombe
Arthur Conan Doyle

lunes, 26 de mayo de 2008

El signo de los cuatro

The Sign of the Four
Chapter 1
The Science of Deduction

Sherlock Holmes took his bottle from the corner of the mantel- piece and his hypodermic syringe from its neat morocco case. With his long, white, nervous fingers he adjusted the delicate needle, and rolled back his left shirt-cuff. For some little time his eyes rested thoughtfully upon the sinewy forearm and wrist all dotted and scarred with innumerable puncture-marks. Finally he thrust the sharp point home, pressed down the tiny piston, and sank back into the velvet-lined arm-chair with a long sigh of satisfaction.
Three times a day for many months I had witnessed this performance, but custom had not reconciled my mind to it. On the contrary, from day to day I had become more irritable at the sight, and my conscience swelled nightly within me at the thought that I had lacked the courage to protest. Again and again I had registered a vow that I should deliver my soul upon the subject, but there was that in the cool, nonchalant air of my companion which made him the last man with whom one would care to take anything approaching to a liberty. His great powers, his masterly manner, and the experience which I had had of his many extraordinary qualities, all made me diffident and backward in crossing him.
Yet upon that afternoon, whether it was the Beaune which I had taken with my lunch, or the additional exasperation produced by the extreme deliberation of his manner, I suddenly felt that I could hold out no longer.
"Which is it to-day?" I asked,--"morphine or cocaine?"
He raised his eyes languidly from the old black-letter volume which he had opened. "It is cocaine," he said,--"a seven-per- cent. solution. Would you care to try it?"

El signo de los cuatro
Capítulo I
La ciencia de la deducción

Sherlock Holmes extrajo un frasco de un anaquel y la jeringa hipodérmica de su estuche. Con sus dedos largos, blancos y nerviosos, ajustó la delicada aguja y se enrolló la manga izquierda de su camisa. Durante un momento sus ojos se apoyaron pensativamente en su brazo nervudo, lleno de manchas y con innumerables cicatrices, causadas por las frecuentes inyecciones. Finalmente se introdujo la aguja delgada, presionó el pequeño pistón, se la sacó, y se dejó caer en un sillón forrado de terciopelo, con un profundo suspiro de satisfacción.
Tres veces al día, durante muchos meses, había sido yo testigo de este espectáculo, pero, a pesar de ello, no me resignaba a seguir viéndolo. Por el contrario, día con día me sentía más irritado a su vista. El remordimiento me quitaba el sueño al pensar que me faltaba valor suficiente para protestar. Una y otra vez me había prometido abordar aquel tema escabroso, pero había algo en el aire frío y tranquilo de mi compañero, que me impedía decidirme a hacerlo. Sus facultades casi adivinatorias, su disciplina mental y sus cualidades extraordinarias, me inhibían y me hacían sentir inferior y torpe.
Sin embargo, aquella tarde, sea a causa del vino que había tomado en el almuerzo, o a la exasperación que me produjo su actitud exageradamente deliberada, sentí que no podía resistir más tiempo.
-¿Qué es ahora? -pregunté-. ¿Morfina o cocaína?
Levantó los ojos lánguidamente del viejo volumen recubierto de negro que había abierto.
-Es cocaína -me dijo-, una solución al 7 por ciento. ¿Quiere usted probarla?

El signo de los cuatro
Arthur Conan Doyle

jueves, 1 de mayo de 2008

El mundo perdido

The Lost World
CHAPTER I
"There Are Heroisms All Round Us"
Mr. Hungerton, her father, really was the most tactless person upon earth,--a fluffy,feathery, untidy cockatoo of a man,perfectly good-natured, but absolutely centered upon his ownsilly self. If anything could have driven me from Gladys, itwould have been the thought of such a father-in-law. I amconvinced that he really believed in his heart that I came roundto the Chestnuts three days a week for the pleasure of hiscompany, and very especially to hear his views upon bimetallism,a subject upon which he was by way of being an authority.
For an hour or more that evening I listened to his monotonous chirrup about bad money driving out good, the token value ofsilver, the depreciation of the rupee, and the true standards of exchange.

El mundo perdido
Capítulo I
"Estamos rodeados de posibles heroísmos"

Su padre, el señor Hungerton, era verdaderamente la persona de menor tacto que pudiese hallarse en el mundo; una especie de papagayo pomposo y desaliñado; muy amable, pero absolutamente encerrado en su propio y estúpido ego. La única cosa capaz de alejarme de Gladys hubiera sido el imaginar un suegro como aquél. Estoy convencido de que creía, en el fondo de su corazón, que mis tres visitas semanales a Los Nogales se debían al placer que yo encontraba en su compañía, y de manera muy especial al de escuchar sus opiniones sobre el bimetalismo, materia en la que llevaba camino de convertirse en una autoridad.
Aquella noche tuve que soportar durante una hora o más su monótono parloteo acerca de cómo la moneda sin respaldo disipa la seguridad del ahorro sobre el valor simbólico de la plata, la devaluación del la rupia y los verdaderos patrones de cambio.

El mundo perdido
Arthur Conan Doyle