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jueves, 18 de diciembre de 2008

Ciudades perdidas

Mark Daffey. Machu Picchu. Perú
¿Qué viajero no soñó alguna vez con descubrir otro Machu Picchu? ¿Cuántos exploradores no han partido en pos de una ciudad perdida? Francisco Vázquez de Coronado lo hizo en 1540 para buscar las siete ciudades de Cibola y Quivira de las leyendas indias y en vez de ellas sus hombres hallaron la Montañas Rocosas y el Gran Cañón del Colorado. Todo el mundo consideró loco a Heinrich Schliemann cuando buscaba la Troya de Homero, y sin embargo, la encontró. Adam Renders en 1867 y Carl Mauch en 1871 se adentraron en lo desconocido y el peligro para ver con sus ojos si existía de verdad la ciudad de piedra perdida en el corazón del África austral de la que hablaban algunos nativos, y sus ojos vieron el Gran Zimbabue. Aurel Stein y Sven Hedin desenterraron de las orillas del desierto de Takla Makan ciudades perdidas de la ruta de la seda que luego el tiempo y la arena han vuelto a ocultar...

Ciudades perdidas
Jaume Bartrolí

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Thule

En los días de mi infancia, Thule era la isla natal de la reina Sigrid, la eterna novia vikinga del capitán Trueno, héroe de mi tebeo favorito. Con los años, descubrí que no estaba en los mapas, pero era algo más que un cuento: era un símbolo de lo frío y lejano, aquello que no podemos alcanzar.
Quien primero habló de Thule fue Piteas. Había nacido en el siglo IV en Masalia (Marsella), que entonces era la colonia griega más próspera del Mediterráneo occidental. Sin embargo, Piteas tenía más del valiente Ulises de Ítaca que de mercader heleno. Se propuso cruzar los límites del mundo conocido y llegar hasta el lugar de donde procedían el estaño y el ámbar, el preciado mineral y la resina fósil que los griegos compraban a intermediarios. Pero no lo animaba la riqueza, sino el descubrimiento científico. Hacia el año 340 a.C., fletó su propio navío y viajó por donde ningún otro griego había llegado antes.

Thule, la isla soñada por Piteas
Jaume Bartrolí