jueves, 9 de octubre de 2008

El collar del neandertal

El collar del neandertal
En busca de los primeros pensadores
PRIMERA PARTE. Sombras del pasado.
CAPITULO 1.
La especie solitaria.
El Hombre tal como la Ciencia consigue hoy reconstruirlo, es un animal como
los demás, tan poco diferenciable por su Anatomía, de los Antropoides,
que las modernas clasificaciones de la Zoología, volviendo al punto de vista
de Linneo, la incluyen junto con aquéllos en la misma superfamilia de los
Hominoides. Ahora bien: a juzgar por los resultados biológicos de su
aparición, ¿no es justamente algo muy diferente?

Pierre Teilhard de Chardin, El fenómeno humano

Tan semejantes, tan diferentes
Nos hemos quedado solos en el mundo. No hay ninguna especie animal que se parezca verdaderamente a la nuestra, ya que somos únicos. Un abismo nos separa en cuerpo y sobre todo en mente del resto de las criaturas vivientes. Ningún otro mamífero es bípedo, ninguno controla y utiliza el fuego, ninguno escribe libros, ninguno viaja por el espacio, ninguno pinta cuadros, y ninguno reza. Y no se trata únicamente de una cuestión de matiz, sino de todo o nada: es decir que no hay animales que sean medio bípedos, hagan pequeños fuegos, escriban frases cortas, construyan rudimentarias naves espaciales, dibujen un poco o recen de vez en cuando. Si somos tan diferentes del resto de los mamíferos, ¿quiere eso decir que llevamos mucho tiempo evolucionando por separado? En absoluto. Nuestra estirpe no es, ni muchísimo menos, de las más viejas: no pasa de unos escasos cinco o seis millones de años. Por aquel entonces se separaron las líneas que dieron lugar a los chimpacés por un lado y a nuestra especie por el otro. La escisión de la línea de los gorilas se produjo muy poco antes. ¿Cómo se explica entonces el profundo foso que nos separa de las demás criaturas? La respuesta es doble: por un lado, en algunas características hemos evolucionado muy deprisa, cambiando mucho en poco tiempo; por otro lado, todas las formas intermedias entre nosotros y los chimpacés han desaparecido.

El collar del neandertal
Juan Luis Arsuaga