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sábado, 3 de septiembre de 2022

Más lejos

Robert Walser, retratado por Guy Davenport.

Quise quedarme quieto,
y me empujaron más,
pasé entre negros árboles,
y bajo aquellos árboles,
quise quedarme quieto,
y me empujaron más,
pasé por verdes prados,
y junto a su verdor,
quise quedarme quieto,
y me empujaron más,
pasé por casas pobres,
y en una de estas casas
quisiera yo quedarme,
quedarme un rato largo
mirando su pobreza,
y cómo asciende al cielo
el humo de su lumbre.
Dije esto y me reí,
rió también el verde,
y el humo humeante
y me empujaron más.

Traducción de Carlos Ortega

Poemas & Blancanieves (1909)
Robert Walser

lunes, 24 de enero de 2022

Hora matinal

Ilustración de Cornelis Kloos.

Poco antes de despertar soñé algo extrañamente bello de lo que media hora más tarde apenas sabía nada. Al levantarme, sólo me vino a la mente la imagen de una hermosa mujer a la que adoraba rebosante de sentimiento juvenil. Me sentía maravillosamente renovado y excitado por la floreciente juventud del bonito sueño. Me vestí deprisa, todavía estaba oscuro. El aire invernal se abatió sobre mí desde la ventana abierta. Los colores era tan serios, tan nítidos... Un verdor frío y noble luchaba con el incipiente azul; el cielo estaba repleto de nubes rosáceas. El día que despertaba aún llevaba al cuello a la luna  como una joya de plata y se me antojaba de una celestial belleza. Me apresuré a salir al aire libre, a la calle, alegre, emocionado y animado por el bonito sueño y el hermoso día. Invadido por un deseo y una esperanza juvenil, había adquirido una delicada y al tiempo ilimitada confianza en mí mismo. No quería pensar en nada, en nada más, ni indagar qué me alegraba tanto. Caminé monte arriba, feliz. Qué sublime te sientes cuando estás alegre, qué feliz te sientes con una confianza renovada, y qué bien estás cuando la cabeza y el corazón rebosan de esperanzas renacidas.

Traducción de Rosa Pilar Blanco

Sueños. Prosa de la época de Biel (1913-1920)
Robert Walser

Hora matinal

Ilustración de Cornelis Kloos.

Poco antes de despertar soñé algo extrañamente bello de lo que media hora más tarde apenas sabía nada. Al levantarme, sólo me vino a la mente la imagen de una hermosa mujer a la que adoraba rebosante de sentimiento juvenil. Me sentía maravillosamente renovado y excitado por la floreciente juventud del bonito sueño. Me vestí deprisa, todavía estaba oscuro. El aire invernal se abatió sobre mí desde la ventana abierta. Los colores era tan serios, tan nítidos... Un verdor frío y noble luchaba con el incipiente azul; el cielo estaba repleto de nubes rosáceas. El día que despertaba aún llevaba al cuello a la luna  como una joya de plata y se me antojaba de una celestial belleza. Me apresuré a salir al aire libre, a la calle, alegre, emocionado y animado por el bonito sueño y el hermoso día. Invadido por un deseo y una esperanza juvenil, había adquirido una delicada y al tiempo ilimitada confianza en mí mismo. No quería pensar en nada, en nada más, ni indagar qué me alegraba tanto. Caminé monte arriba, feliz. Qué sublime te sientes cuando estás alegre, qué feliz te sientes con una confianza renovada, y qué bien estás cuando la cabeza y el corazón rebosan de esperanzas renacidas.

Traducción de Rosa Pilar Blanco

Sueños. Prosa de la época de Biel (1913-1920)
Robert Walser

sábado, 15 de agosto de 2015

Las ovejitas

Johann Baptist Hofner. La pastora.

Durante un paseo que me llevó por el campo llano recuerdo haber visto y oído a dos tipos de niños, es decir, campesinos y de ciudad. El espectáculo, aunque modesto, me cautivó y me dio que pensar. Unos chiquillos de campo conducían a golpe de vara por la carretera a unas ovejitas para llevarlas a la ciudad. Unos niños de ciudad de la más tierna edad estaban en ese momento junto al camino y, al ver aproximarse a la tropa campesina, exclamaron con ingenuo entusiasmo:
—Oh, qué ovejitas tan preciosas!
Y saltaron hacia los animales para contemplarlos más de cerca y acariciarlos. Entonces reparé de pronto en la enorme diferencia que existe entre la juventud campesina y la urbana, entre dos diferentes tipos de niños. Los chicos campesinos sólo pensaban en la despiadada conducción de las ovejas, mientras que a los niños de ciudad únicamente les llamó la atención la belleza conmovedora y el encanto de los pobres animales. La escena me emocionó sobremanera y mientras me dirigía a casa me propuse no sepultarla en el olvido. 

Traducción de Rosa Pilar Blanco

Sueños. Prosa de la época de Biel (1913-1920)
Robert Walser

jueves, 18 de junio de 2015

Pequeño paseo

Jhon MacWhirter. Verano en el Tirol.

He caminado hoy por las montañas. Hacía un tiempo húmedo y toda la región estaba gris. Pero el camino era suave y, a trechos, muy limpio. Al principio llevaba mi abrigo puesto, pero pronto me lo quité, lo doblé y me lo colgué del brazo. Andar por aquel maravilloso camino me producía cada vez más placer; tan pronto echaba cuesta arriba como volvía a bajar bruscamente. Las montañas eran enormes y parecían girar sobre sí mismas. Todo aquel mundo montañoso se me antojaba un gigantesco teatro. El camino se iba amoldando espléndidamente a las laderas. De pronto bajé a un profundo desfiladero, a mis pies murmuraba un río, un tren pasó volando a mi lado, entre una magnífica nube de humo blanco. Como una corriente lisa y blanca avanzaba el camino por la garganta, y al caminar crecía en mí la impresión de que el angosto valle serpenteaba y se enroscaba en torno a sí mismo. Nubes grises se habían posado sobre las montañas, como si fuera aquel su lugar de reposo. Me crucé con un joven excursionista que llevaba una mochila a la espalda y me preguntó si había visto a otros dos muchachos. No, le dije. Que si venía de muy lejos. Sí, dije, y seguí mi camino. Al poco rato vi y oí pasar a los dos jóvenes excursionistas, que iban con música. Una aldea se veía particularmente hermosa con sus casitas bajas justo al pie de las blancas paredes de roca. Me crucé con unos cuantos carruajes, nada más, y en el camino comarcal vi algunos niños. No hace falta ver nada extraordinario. Ya es mucho lo que se ve.

Traducción de Juan José del Solar

Pequeño paseo
Robert Walser

lunes, 11 de mayo de 2015

La ceniza

Robert Walser. Foto: Fundación Carl Seelig, Zúrich, Suiza.

Una vez escribí un ensayo sobre la ceniza, que me granjeó no pocos aplausos y en el que saqué a la luz un montón de cuestiones muy curiosas, entre otras la observación de que la ceniza no posee consistencia digna de mención. De hecho, sobre este objeto en apariencia tan poco interesante, cabe decir, tras un análisis más profundo, algunas cosas que en absoluto carecen de interés, como por ejemplo lo que sigue: Cuando se sopla la ceniza, no existe nada en ella que se niegue a dispersarse instantáneamente. La ceniza es la humildad, la insignificancia y la nimiedad mismas, y lo que es más bonito: está transida por la creencia de que no sirve para nada. ¿Se puede ser más inconsistente, débil y pobre que la ceniza? No es fácil. ¿Hay alguna cosa más dúctil y tolerante que ella? No. La ceniza no tiene carácter, y está más alejada de cualquier tipo de madera que el abatimiento de la alegría desbordante. Donde hay ceniza, en realidad no hay nada en absoluto. Pon tu pie encima de la ceniza y apenas notarás que has pisado algo. Sí, sí, así es, y no creo equivocarme mucho si me atrevo a manifestar la convicción de que basta abrir los ojos y mirar en derredor con atención para ver cosas que merecen que se las contemple con cierto sentimiento y cuidado.

Traducción de Rosa Pilar Blanco

Sueños
Robert Walser

domingo, 17 de febrero de 2013

Widmann

François Schuiten. El libro definitivo.

Todavía recuerdo que una mañana de marzo salí de Thun, donde estaba trabajando, rumbo a Berna, para encontrarme con Widmann (*). A los veinte años uno suele ser aún bastante excéntrico, por eso llevaba puesto un desaliñado traje estival de color amarillo claro, unos zapatos de baile ligeros, un sombrero intencionadamante feo, absurdo, atrevido para no hablar de la total ausencia de un cuello duro normal.
Era un día tormentoso y frío. Oscuras nubes cubrían el cielo, pero el camino comarcal estaba, al menos, muy limpio. Iba de aldea en aldea con paso rápido, elástico. Como era domingo y temprano, casi no había tráfico en la comarcal. Empezaron a caer gotas frías y punzantes, pero como a los veinte años no se es nada sensible, presté poquísima atención a la inclemencia del tiempo. El mundo se veía oscuro, malo, duro, pero yo nunca he compartido la opinión de que algo áspero y rudo no pueda tener cierta particular belleza.
Al llegar a un silencioso bosque de abetos creí poder aminorar mi ritmo esforzado y riguroso. Arriba, entre las ramas, mugía el viento. Aquello era música para el juvenil excursionista y literato en ciernes. Saqué del bolsillo lápiz y bloc de notas y, de pie, atento el oído al teatro de la naturaleza, escribí unos cuantos versos buenos o malos, felices y logrados o infelices y fallidos. Luego seguí caminando muy alegre y resuelto.

(*) El poeta y narrador Joseph Viktor Widmann (1842-1911) fue el descubridos y primer promotor del talento literario de Walser. (N. del T.)

Traducción de Juan José del Solar

Vida de poeta (1918)
Robert Walser

martes, 7 de agosto de 2012

Würzburg

Rockwell Kent. Amanecer sobre la montaña Bare (Groenlandia).

En la época tal o cual, es decir, hace algunos años, un día de verano, inicié un viaje a pie, según creo recordar, de Munich a Würburg. Era un jovenzuelo ágil, tonto e inexperto el que así hechó a volar, vale decir yo mismo.

En Munich había conocido bastante bien a varias personalidades literarias de categoría, pero las reuniones artísticas y literarias me habían provocado sensaciones extrañas y opresivas para las que yo no estaba hecho. No sabría decir nada más preciso al respecto; sólo sé una cosa: algo tendía a alejarme de todos los salones donde reinan los refinamientos y disculpas y llevarme hacia el mundo abierto, donde imperan el viento, la intemperie, las palabrotas y los modales indelicados y burdos, además de toda suerte de irreverencias y tosquedades. Siendo yo, como era, joven e impaciente, no lograba soportar aquellos aires de distinguida madurez. Todo comportamiento impecable, perfecto, intachable o elegante sólo me infundía pesar y una especie de temor. ¡Gran Dios todopoderoso y bueno: qué hermoso es caminar en verano por tu cálida, ancha y tranquila tierra, con la sed y el hambre honestamente unidos a todo aquello! Todo tan calmo y luminoso, y el mundo tan vasto.
 
Traducción Juan José del Solar
 
Vida de poeta
Robert Walser

sábado, 19 de mayo de 2012

En el margen

Robert Walser, dibujado por Guy Davenport.

Yo me hago mi camino,
que lleva cerca y lejos;
sin voz y sin palabra,
en el margen estoy.

Traducción de Carlos Ortega

Poemas
Robert Walser

domingo, 4 de marzo de 2012

El paseo

Robert Walser. El paseo.

Declaro que una hermosa mañana, ya no sé exactamente a qué hora, como me vino en gana dar un paseo, me planté el sombrero en la cabeza, abandoné el cuarto de los escritos o de los espíritus, y bajé la escalera para salir a buen paso a la calle.

El mundo matinal que se extendía ante mis ojos me parecía tan bello como si lo viera por primera vez. Todo lo que veía me daba la agradable impresión de cordialidad, bondad y juventud. Olvidé con rapidez que arriba en mi cuarto había estado hacía un momento incubando, sombrío, sobre una hoja de papel en blanco.

Traducción de Carlos Fortea

El paseo
Robert Walser

viernes, 13 de enero de 2012

Würzburg

Robert Walser. Ilustración de Guy Davenport.

" Una ciudad así me favorecerá y a la vez me frenará. Una ciudad así me hará tomar conciencia de que quizá no esté del todo desprovisto de atributos positivos. Tarde o temprano, en Berlín, averiguaré con auténtico placer lo que el mundo quiere de mí y lo que yo, a mi vez, puedo esperar de él. Es algo que veo y presiento ya a medias, pero que aún me resulta oscuro. Allí, en Berlín, se me aclarará; allí, en Berlín, lo veré con la deseada claridad alguna tarde o una mañana a primera hora. ¡Es preciso actuar, atreverse! En Berlín, en medio del remolino y del tumulto, entre toda la agitación de la vida en una metrópolis, entre los esfuerzos y actividades propios de ella, encontraré mi tranquilidad. Estoy seguro de lo que digo ahora aquí, y viviré lo que estoy hablando".
Por más que Dauthendey intentara amigablemente convencerme de que no viajara, a la mañana siguiente estaba yo sentado, pese a todos sus consejos, en el vagón de ferrocarril que me transportaría hacia lo incierto.
¡ Ah, qué estupendo es tomar una decisión y, lleno de confianza, salir al encuentro de lo desconocido!

Traducción de Juan José del Solar.

Vida de poeta
Robert Walser

viernes, 30 de diciembre de 2011

El paseo

Quint Buchholz. El saludo.

Paisaje y gente, sonidos y colores, rostros y figuras, nubes y sol giran como sombras a su alrededor, y ha de preguntarse: "¿Dónde estoy?". Tierra y cielo fluyen y se precipitan de golpe en una niebla relampagueante, brillante, apelotonada, imprecisa; el caos empieza y los órdenes desaparecen. Trabajosamente, el conmocionado intenta mantener su sano conocimiento; lo consigue, y sigue paseando confiado. ¿Considera usted del todo imposible que en un suave y paciente paseo encuentre gigantes, tenga el honor de ver a profesores, trate al pasar con libreros y empleados de banca, hable con futuras jóvenes cantantes y antiguas actrices, coma con ingeniosas damas, pasee por los bosques, envíe peligrosas cartas y me bata violentamente con insidiosos e irónicos sastres? Todo esto puede suceder, y creo que de hecho ha sucedido. Al paseante le acompaña siempre algo curioso, reflexivo y fantástico...

Traducción de Carlos Fortea

El paseo
Robert Walser

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El paseo

Pablo Gallo. Retrato de Robert Walser, 2009.

A la vista de un fino y envarado caballero, que paseaba en extremo arreglado con arrogante contoneo, tuve el melancólico pensamiento: "¿Y los pobres niños pequeños, abandonados y mal vestidos? ¿Es posible que un caballero tan bien vestido, magníficamente arreglado, brillantemente equipado y tapizado, cubierto de anillos y adornos, vestido de punta en blanco, no piense un instante en las pobres criaturas que a menudo andan vestidas de harapos, revelan triste falta de cuidado y limpieza y están lamentablemente abandonadas? ¿No se avergüenza ni un poquito el pavo? ¿No se siente afectado en absoluto el señor adulto que tan elegante camina a la vista de los sucios y manchados pequeños? Tengo para mí que ningún adulto debería mostrar placer en presentarse arreglado mientras haya niños a los que falte todo adorno exterior".
Pero se podría decir, con la misma razón, que nadie debería ir a un concierto o a una representación teatral o gozar de cualquier otra diversión mientras haya en el mundo cárceles e institutos penitenciarios con desdichados presos. Naturalmente, esto es ir demasiado lejos. Y si alguien quisiera aplazar el goce y toda alegría de vivir hasta que el mundo no tuviera por fin gente pobre y desdichada, tendría que esperar hasta el gris e impensable Día del Juicio y hasta el gélido y yermo Fin del Mundo, y para entonces puede que el placer y la vida misma se le hubieran pasado por completo.

El paseo
Robert Walser

viernes, 29 de enero de 2010

La ceniza

Robert Walser. Fuente: Fundación Carl Seelig, Zurich.
De hecho sólo con una penetración algo profunda de ese objeto aparentemente tan poco interesante pueden decirse muchas cosas, por ejemplo que, si se sopla la ceniza, no hay en ella lo más mínimo que se niegue a dispersarse al instante volando. La ceniza es la humildad, la intrascendencia y la falta de valor mismas y, lo que es más hermoso, ella misma está obsesionada con la creencia de no valer para nada. ¿Se puede ser más inconsistente, más débil y más insignificante que la ceniza? Sin duda no es fácil. ¿Hay alguna cosa que pueda ser más transigente y paciente que ella? No, desde luego. La ceniza no tiene carácter y está más alejada de todo tipo de madera de lo que lo está la depresión de la alegría desbordante. Donde hay ceniza, en realidad no hay nada. Pon tu pie sobre la ceniza y apenas notarás que has pisado algo.

Microgramas
Robert walser

viernes, 5 de diciembre de 2008

La bella durmiente

José Luis Corella. La bella durmiente
Ya en mis años juveniles empecé a interesarme por La bella durmiente. Cuando retrocedo atentamente con el pensamiento y reavivo el recuerdo de mis primeros esfuerzos y tentativas, me viene a la mente el sincero empeño con que, a menudo, intentaba aproximarme al delicioso y encantador personaje del cuento con versos delicados o burdos, húmedos o secos, frondosos o escuálidos, finos o duros. No lograba quitarme de la cabeza su maravilloso sueño de cien años. Un sopor profundo y centenario no es, sin duda, una nimiedad. ¡Veamos la cosa un poco más de cerca!
Durante aquellos cien años, más de un aventurero o caballero temerario, valiente y enamorado tuvo que pagar su temeridad, osadía, valentía y enamoramiento con la propia vida. Entre las espinas perecían todos aquellos ilustres caballeros, barones, condes, nobles donceles y retoños aristocráticos que con mejillas frescas, teñidas de rubor juvenil, con labios florecientes y rizos rubios, con ardientes ojos azules, imaginación fogosa, una frente serena, bella y valerosa, con miembros ágiles y flexibles, espada en mano, caballeresca pluma en el sombrero, a pie o a caballo, el juvenil corazón rebosante de juveniles fantasías, recorrían parajes oscuros y luminosos para calmar su impetuoso, desenfrenado deseo de arrancar el encanto y la felicidad del seno misterioso de la existencia y de la vida. Muchos fueron los hermosos y entrañables jóvenes, muchos los buenos, audaces y valerosos hombres que, debido a la dulce doncella dormida de cuya belleza se hablaba en todos los parajes, se asfixiaron y encontraron una precoz muerte en el despiadado abrazo de los inmisericordes matorrales.

Vida de Poeta
Robert Walser