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jueves, 9 de mayo de 2013

El círculo

Alexander Mann. El camino solitario.

El mundo es finito, el mundo es redondo, el mundo es cerrado, cerrado sobre Vasili Mijaílovich.
A los sesenta años la pelliza es pesada, los peldaños empinados, y el corazón está día y noche contigo. Había andado mucho, sin parar, de montaña en montaña, junto a lagos brillantes, junto a islas claras, con pájaros blancos sobre la cabeza, con serpientes abigarradas bajo los pies, y finalmente había llegado aquí, se encontraba aquí, un lugar sombrío y perdido. El cuello de la camisa le ahogaba, la sangre circulaba roncamente. Aquí eran los sesenta años.

Traducción de Josep Maria Güell

Fuego y polvo
Tatiana Tolstoi

sábado, 22 de octubre de 2011

Limpopo

Milo Manara. Muchacha y caballo.

En la víspera de la llegada de los tulumbuses, Olga Jristofórovna cruzó la ciudad de R. montada en un caballo del koljós con una bandera negra en la mano derecha y un ultimátum en la izquierda. Exigía la abolición del dinero, de los privilegios alimenticios, de las mesas de encargos, de los exámenes en las universidades y escuelas, reclamaba libertad para los perros, caballos y loros siempre que fueran propiedad personal de los habitantes de la ciudad de R. Exigía que se destruyeran las vallas, los candados, las llaves, los visillos, las alfombras, fundas con costura y sin ella, almohadas, colchones, zapatillas de casa, ropa interior, pañuelos de nariz, anillos, broches, pendientes, manteles, tenedores, cucharas, servicios de café y té -a excepción de los vasos tallados-, corbatas, sombreros, bolsos, artículos de lana, seda, sintéticos, de nylon y viscosa. Olga Jristofórovna permitía a los ciudadanos de R. poseer no más de una mesa, dos taburetes, un cubo de cinc, tres jarritas de latón con asas, dos cuchillos plegables, un hornillo de keroseno mensualmente controlado, un metro cúbico y medio por familia, una manta per cápita y encendedores ad libitum.
Olga Jristofórovna declaraba, además, que por disposición suya la naturaleza cambiaba de nombre de ahora para siempre en escala mundial: la ciudad de R., así como el resto del mundo, recibirían en adelante las lluvias otoñales llamadas de Augusto Bebel, amaneceres brumosos Vera Slútzkaia, nubes de Noguin, amaneceres de Uritzki y ventiscas condecoradas con la bandera roja que llevarían el nombre de "El despertar de las mujeres de Transcaucasia".
Y en conclusión, Olga Jristofórovna afirmaba que su doctrina era justa porque era correcta.

Traducción de Lydia Kúper

Sonámbulo en la niebla
Tatiana Tolstoi

viernes, 29 de agosto de 2008

Encuentro con un pájaro

Hasta entonces, Petia había vivido su vida, una vida sencilla: cepillaba palitos, se revolvía en la arena, leía libros de aventuras; sentado en la cama, escuchaba a los árboles nocturnos, que gemían y se agitaban más allá de la ventana, y pensaba que las maravillas sólo estaban en lejanas islas, en junglas llenas de papagayos, o en la inmensa América del Sur, que se va estrechando hacia abajo, con sus indios de plástico y sus cocodrilos de goma. Pero el mundo, por lo que se ve, está empapado de cuanto hay de misterioso, de triste, de mágico, de susurrante en las ramas de los árboles y ondulante en las aguas oscuras.

Fuego y Polvo
Tatiana Tolstoi