Alexander Mann. El camino solitario.
El mundo es finito, el mundo es redondo, el mundo es cerrado, cerrado sobre Vasili Mijaílovich.
A los sesenta años la pelliza es pesada, los peldaños empinados, y el corazón está día y noche contigo. Había andado mucho, sin parar, de montaña en montaña, junto a lagos brillantes, junto a islas claras, con pájaros blancos sobre la cabeza, con serpientes abigarradas bajo los pies, y finalmente había llegado aquí, se encontraba aquí, un lugar sombrío y perdido. El cuello de la camisa le ahogaba, la sangre circulaba roncamente. Aquí eran los sesenta años.
A los sesenta años la pelliza es pesada, los peldaños empinados, y el corazón está día y noche contigo. Había andado mucho, sin parar, de montaña en montaña, junto a lagos brillantes, junto a islas claras, con pájaros blancos sobre la cabeza, con serpientes abigarradas bajo los pies, y finalmente había llegado aquí, se encontraba aquí, un lugar sombrío y perdido. El cuello de la camisa le ahogaba, la sangre circulaba roncamente. Aquí eran los sesenta años.
Traducción de Josep Maria Güell
Fuego y polvo
Tatiana Tolstoi


