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martes, 25 de enero de 2022

El viajero

Carlos Clementson. Archipiélagos.

Ha venido esta noche.
El perro había ladrado por un rato en la sombra,
y luego extrañamente se calló en el silencio.

Pobre y casi desnudo, el mar había labrado
hondos surcos de tiempo sobre su enjuto rostro
de marino o pastor, quemado por los soles,
y dejado en sus párpados un rojor de salitre.

Nadie le conocía. Quizá estuviera loco.
En su delirio hablaba de sirenas y monstruos
de un solo ojo enorme, de héroes y de naufragios,
de aventuras horribles en las que él tuvo parte.

Decía que en un tiempo él fue rey de esta isla.

Aquí ni a los más viejos les sonaba su nombre.

Quizá no fuera nadie:
el viento que del mar sopla en las largas noches.

Se ha vuelto con las sombras.

Archipiélagos (1995)
Carlos Clementson

El viajero

Carlos Clementson. Archipiélagos.

Ha venido esta noche.
El perro había ladrado por un rato en la sombra,
y luego extrañamente se calló en el silencio.

Pobre y casi desnudo, el mar había labrado
hondos surcos de tiempo sobre su enjuto rostro
de marino o pastor, quemado por los soles,
y dejado en sus párpados un rojor de salitre.

Nadie le conocía. Quizá estuviera loco.
En su delirio hablaba de sirenas y monstruos
de un solo ojo enorme, de héroes y de naufragios,
de aventuras horribles en las que él tuvo parte.

Decía que en un tiempo él fue rey de esta isla.

Aquí ni a los más viejos les sonaba su nombre.

Quizá no fuera nadie:
el viento que del mar sopla en las largas noches.

Se ha vuelto con las sombras.

Archipiélagos (1995)
Carlos Clementson

martes, 28 de enero de 2020

Muchachas a caballo

Ekaterina Vladi a caballo, foto de Vladimir Lapshin.

Y sobre las monturas, desnudas las muchachas,
liberado el cabello en el espacio extenso,
carnales armaduras al trote de la vida,
traspasadas por un rayo de sol como una música,
ciñendo el mundo con sus muslos prietos,
la vida confirmando con un tajo de risa
y núbil vocerío.

Tembló la tarde toda de azul mitología.

Borrando fue la espuma la huella de los cascos
por el húmedo estero en tanto se alejaban
las grupas poderosas, los femeninos cuerpos
tatuados en oro contra el confín del cielo.

Aquel fulgor sonoro fue absorbido en el agua.
Perdióse su galope, quedó su movimiento,
vibrando luego el aire en colas de caballo
y un eco de muchachas, flameantes cabelleras
en la gloria del tiempo y el cielo de la tarde.

De aquel día de tu infancia
estival por el sueño,
sobre el vítreo silencio azul de tu memoria,
tu corazón aún guarda la luz de los caballos.
(fragmento)

Los argonautas y otros poemas (1975)
Carlos Clementson

Muchachas a caballo

Ekaterina Vladi a caballo, foto de Vladimir Lapshin.

Y sobre las monturas, desnudas las muchachas,
liberado el cabello en el espacio extenso,
carnales armaduras al trote de la vida,
traspasadas por un rayo de sol como una música,
ciñendo el mundo con sus muslos prietos,
la vida confirmando con un tajo de risa
y núbil vocerío.

Tembló la tarde toda de azul mitología.

Borrando fue la espuma la huella de los cascos
por el húmedo estero en tanto se alejaban
las grupas poderosas, los femeninos cuerpos
tatuados en oro contra el confín del cielo.

Aquel fulgor sonoro fue absorbido en el agua.
Perdióse su galope, quedó su movimiento,
vibrando luego el aire en colas de caballo
y un eco de muchachas, flameantes cabelleras
en la gloria del tiempo y el cielo de la tarde.

De aquel día de tu infancia
estival por el sueño,
sobre el vítreo silencio azul de tu memoria,
tu corazón aún guarda la luz de los caballos.
(fragmento)

Los argonautas y otros poemas (1975)
Carlos Clementson