Nací en Mauzé, departamento de Deux-Sévres, de padres pobres, que tuve la desgracia de perder siendo niño. Como educación sólo recibí la que se daba en la escuela gratuita de mi pueblo. En cuanto supe leer y escribir, me enseñaron un oficio por el que pronto perdí todo gusto a causa de la lectura de relatos de viajes a la que dedicaba todos mis momentos de ocio. La historia de Robinson, sobre todo inflamaba mi imaginación juvenil; ardía por tener aventuras como él; e incluso sentía ya nacer en mi corazón la ambición de distinguirme con algún descubrimiento importante.
Me prestaron libros de geografía y mapas; el de África, donde sólo veía países desérticos o con la indicación de desconocidos, despertó particularmente mi interés. Por último, esta afición terminó convirtiéndose en una pasión por la que renuncié a todo: dejé de participar en los juegos y diversiones de mis compañeros; me encerraba en casa todos los domingos para leer relatos y todos los libros de viajes que podía agenciarme...Le hablé a mi tío, que era mi tutor, de mi deseo de viajar; él desaprobó mi intención, me pintó con rigor los peligros que correría en el mar y la nostalgia que sentiría lejos de mi país y de mi familia; y, en resumidas cuentas, no olvidó nada que pudiera apartarme de mi proyecto. Pero mi decisión era irrevocable. Insistí pues para que me dejara partir y él cesó de oponerse.
Toda mi fortuna se reducía a sesenta francos. Con tan magro tesoro me trasladé en 1816 a Rochefort. Allí me embarqué en la gabarra La Loire que puso rumbo al Senegal. Una vez allí, me encaminé, sin tardanza, hacia la misteriosa Tombuctú.
Diario de un viaje a Tombuctú
René Caillié