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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Anatomía de la melancolía

Robert Burton. Anatomía de la melancolía.

La mejor manera para curar la melancolía, la más rápida y segura, de todos aceptada, es loci mutatio (cambio de lugar), enviarlos a lugares diversos, para que no puedan oír, ver, ni tengan oportunidad de buscarse de nuevo unos a otros, ni vivir juntos, soli cum sola (completamente aislados), como tantos gilbertinos. Elongatio a patria (salir al extranjero), es la norma de Savonarola, y el precepto de Gordonio, distrahatur ad loginquas regiones, embarcadlo en un viaje.

Anatomía de la melancolía
Robert Burton

martes, 9 de diciembre de 2008

Anatomía De La Melancolía

Dino Valls. Hieros Gamos (Matrimonio Sagrado)
En su Vida de Apolonio, refiere Filostrato que un mancebo de veinticinco años, Menipio Licio, encontró en el camino de Corinto a una hermosa mujer, que tomándolo de la mano, lo llevó a su casa y le dijo que era fenicia de origen y que si él se demoraba con ella, la vería bailar y cantar y que beberían un vino incomparable y que nadie estorbaría su amor. Asimismo le dijo que siendo ella placentera y hermosa, como lo era él, vivirían y morirían juntos. El mancebo, que era un filósofo, sabía moderar sus pasiones, pero no ésta del amor, y se quedó con la fenicia y por último se casaron. Entre los invitados a la boda estaba Apolonio de Tiana, que comprendió en el acto que la mujer era una serpiente, una lamia, y que su palacio y sus muebles no eran más que ilusiones. Al verse descubierta, ella se echó a llorar y le rogó a Apolonio que no revelara el secreto. Apolonio habló; ella y el palacio desaparecieron.

Anatomía De La Melancolía
Robert Burton

jueves, 7 de febrero de 2008

Anatomía de la melancolía

Alberto Durero: La melancolía
“Temor y temblor por doquier, terror por doquier, por doquier temor.
Miedos, temores y terrores por todas partes, en cualquier tiempo y esta­ción”.

Al igual que los zapateros, cuando llevan los zapatos a casa, se lamentan siempre de que el cuero esta cada vez más caro, otro tanto podría yo hacer con estos síntomas melancólicos, pues los que provoca la desesperación son sumamente violentos, trágicos y graves, superiores a todos los otros,y sólo puede describírseles en forma negativa, como privación de toda felicidad y, por tanto, insoportables.
«Pues ¿quién sostendrá el ánimo abatido?» ¿Qué otra cosa hizo Timantes en su retrato de Ifigenia, sino representar el momento en que iba a ser sacrificada? Cuando ya había pintado el duelo de Calcas, la tristeza de Ulises y el sumo pesar de Menelao, cuando había mostrado todo su arte en la expresión de una gran variedad de afectos, «cubrió con un velo la cabeza de Agamenón, el padre de la muchacha, y dejó que cada espectador imaginase sus sentimientos», pues ese padecimiento auténtico y ese dolor extremo que el padre sentía, ningún arte podría describirlos. Lo que el pin­tor hizo con su retrato es lo que yo quiero hacer al describir los síntomas de la desesperación.

Imagina lo que puedas: miedo, pesar, rabia, padecimiento, dolor, terror, angustia lóbrega, horrible, tediosa, irritante, etc., nada será sufi­ciente, todo será poco, no hay lengua que pueda describirlo, no hay corazón que pueda concebirlo.

Es un epítome del infierno, un extracto, una quinta­esencia, un compuesto y una mezcla de todas las enfermedades mortales, de todas las torturas tiránicas, de todas las plagas y perplejidades.

No hay apenas enfermedad a la que no procure algún remedio la medicina.

Para cualquier llaga, la cirugía proporciona una cura. La amistad ayuda en la pobreza; con­fiar en obtener libertad alivia en la prisión; la petición de ayuda y protección pone fin a los destierros, y la autoridad y el tiempo hacen desaparecer los reproches.

Pero ¿qué medicina, qué cirugía, qué fortuna, favor o autoridad pueden aliviar, ayudar a soportar, amenguar o eliminar una conciencia ator­mentada?

Un espíritu en paz lo cura todo, pero no puede confortar un alma abatida.

¿Quién puede acallar la voz de la desesperación?
Anatomía de la melancolía
Robert Burton