Mostrando entradas con la etiqueta Julio Torri. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Julio Torri. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de septiembre de 2021

Ensayos y fantasías

Julio Torri. Ensayos y fantasías.

El abuelo

El abuelo —un viejecito de lustrosa y roja tez, ojos azules y barbas de plata, que quiere a toda costa ser amigo nuestro— preside la cena de innumerables nietos y nietas, amigos y amigas. (Una vieja familia que tuvo antepasados en Trafalgar).
Hablamos de Darío y Lugones y él cita a don Antonio de Solís y a Moratín; de tenis y de flirt y él desentierra sus lozanas mocedades de hijo de gobernador, en no sé qué ciudad de provincia, allá por el año de treinta.
En el comedor resuenan las risas y los gritos alegres. Todos hablamos en voz alta. Las gentiles primas sonríen llenas de benevolencia, dicen propósitos agudos, o amenazan con dengues y melindres al atrevido que respondió certeramente.
Alguien pide un cuento al viejecito. Todos aplauden y prestan atención. Y las caras se encienden por el rubor o la malicia, porque nuestro olvidadizo abuelo nos relata plácidamente un cuento picaresco de antaño, en el que todas las cosas son llamadas por su nombre, a la sana usanza antigua.

Ensayos y fantasías
Julio Torri (1889-1970) 

Ensayos y fantasías

Julio Torri. Ensayos y fantasías.

El abuelo

El abuelo —un viejecito de lustrosa y roja tez, ojos azules y barbas de plata, que quiere a toda costa ser amigo nuestro— preside la cena de innumerables nietos y nietas, amigos y amigas. (Una vieja familia que tuvo antepasados en Trafalgar).
Hablamos de Darío y Lugones y él cita a don Antonio de Solís y a Moratín; de tenis y de flirt y él desentierra sus lozanas mocedades de hijo de gobernador, en no sé qué ciudad de provincia, allá por el año de treinta.
En el comedor resuenan las risas y los gritos alegres. Todos hablamos en voz alta. Las gentiles primas sonríen llenas de benevolencia, dicen propósitos agudos, o amenazan con dengues y melindres al atrevido que respondió certeramente.
Alguien pide un cuento al viejecito. Todos aplauden y prestan atención. Y las caras se encienden por el rubor o la malicia, porque nuestro olvidadizo abuelo nos relata plácidamente un cuento picaresco de antaño, en el que todas las cosas son llamadas por su nombre, a la sana usanza antigua.

Ensayos y fantasías
Julio Torri (1889-1970) 

jueves, 8 de julio de 2021

Almanaque de las horas

Julio Torri. De fusilamientos.

Toda la historia de la vida de un hombre está en su actitud.

Somos más nuestras intuiciones que nuestra propia vida. Éstas y aquéllas están en planos lejanos. Mi vida no es mía sino en una pequeña medida; a los demás pertenece el resto, a las gentes que me rodean, a los dioses o fuerzas locos y misteriosos que presiden nuestros sucesos. La mayor parte de mis acciones está gobernada por exigencias e instintos biológicos que desdeño cuando medito y existo realmente.

El saludar y el despedirse son como la puntuación del trato social. Corresponden a una concepción poemática del comercio humano. Despedirse al partir de una fiesta equivale a confesar que se pone punto y final a un espacio de tiempo que tiene valor y significación en sí.

De fusilamientos (1940)
Julio Torri

Almanaque de las horas

Julio Torri. De fusilamientos.

Toda la historia de la vida de un hombre está en su actitud.

Somos más nuestras intuiciones que nuestra propia vida. Éstas y aquéllas están en planos lejanos. Mi vida no es mía sino en una pequeña medida; a los demás pertenece el resto, a las gentes que me rodean, a los dioses o fuerzas locos y misteriosos que presiden nuestros sucesos. La mayor parte de mis acciones está gobernada por exigencias e instintos biológicos que desdeño cuando medito y existo realmente.

El saludar y el despedirse son como la puntuación del trato social. Corresponden a una concepción poemática del comercio humano. Despedirse al partir de una fiesta equivale a confesar que se pone punto y final a un espacio de tiempo que tiene valor y significación en sí.

De fusilamientos (1940)
Julio Torri

miércoles, 8 de abril de 2020

Prosas dispersas

Julio Torri. Foto de autor anónimo.


Lucubraciones de medianoche

En el diálogo interior, no hay que emplear la retórica ni las grandes frases. Nada de discursos ni sermones, sino el lenguaje llano de las plazas y mercados, aun cuando esto nos vuelva un poco cínicos.

Los sueños nos crean un pasado.

Una hada le había concedido el don de abrir cualquier diccionario justamente en la página donde se hallaba la palabra buscada.

El heroísmo verdadero es el que no obtiene galardón, ni lo busca, ni lo espera; el callado, el escondido, el que con frecuencia ni sospechan los demás.

Prosas dispersas
Julio Torri 

Prosas dispersas

Julio Torri. Foto de autor anónimo.


Lucubraciones de medianoche

En el diálogo interior, no hay que emplear la retórica ni las grandes frases. Nada de discursos ni sermones, sino el lenguaje llano de las plazas y mercados, aun cuando esto nos vuelva un poco cínicos.

Los sueños nos crean un pasado.

Una hada le había concedido el don de abrir cualquier diccionario justamente en la página donde se hallaba la palabra buscada.

El heroísmo verdadero es el que no obtiene galardón, ni lo busca, ni lo espera; el callado, el escondido, el que con frecuencia ni sospechan los demás.

Prosas dispersas
Julio Torri 

jueves, 16 de enero de 2020

El descubridor

Julio Torri. De fusilamientos.

A semejanza del minero es el escritor: explota cada intuición como una cantera. A menudo dejará la dura faena pronto, pues la veta no es profunda. Otras veces dará con rico yacimiento del mejor metal, del oro más esmerado. ¡Qué penoso espectáculo cuando seguimos ocupándonos en un manto que acabó ha mucho! En cambio, ¡qué fuerza la del pensador que no llega ávidamente hasta colegir la última conclusión posible de su verdad, esterilizándola; sino que se complace en mostrarnos que es ante todo un descubridor de filones y no mísero barretero al servicio de codiciosos accionistas!

De fusilamientos (1940)
Julio Torri

El descubridor

Julio Torri. De fusilamientos.

A semejanza del minero es el escritor: explota cada intuición como una cantera. A menudo dejará la dura faena pronto, pues la veta no es profunda. Otras veces dará con rico yacimiento del mejor metal, del oro más esmerado. ¡Qué penoso espectáculo cuando seguimos ocupándonos en un manto que acabó ha mucho! En cambio, ¡qué fuerza la del pensador que no llega ávidamente hasta colegir la última conclusión posible de su verdad, esterilizándola; sino que se complace en mostrarnos que es ante todo un descubridor de filones y no mísero barretero al servicio de codiciosos accionistas!

De fusilamientos (1940)
Julio Torri

martes, 4 de septiembre de 2018

La balada de las hojas más altas

Alberto Durero. Tilo.

Nos mecemos suavemente en lo alto de los tilos de la carretera blanca. Nos mecemos levemente por sobre la caravana de los que parten y los que retornan. Unos van riendo y festejando, otros caminan en silencio. Peregrinos y mercaderes, juglares y leprosos, judíos y hombres de guerra: pasan con premura y hasta nosotros llega a veces su canción.
Hablan de sus cuitas de todos los días, y sus cuitas podrían acabarse con sólo un puñado de doblones o un milagro de Nuestra Señora de Rocamador. No son bellas sus desventuras. Nada saben, los afanosos, de las matinales sinfonías en rosa y perla; del sedante añil del cielo, en el mediodía; de las tonalidades sorprendentes de las puestas del sol, cuando los lujuriosos carmesíes y los cinabrios opulentos se disuelven en cobaltos desvaídos y en el verde ultraterrestre en que se hastían los monstruo marinos de Böcklin. 
En la región superior, por sobre sus trabajos y anhelos, el viento de la tarde nos mece levemente.

Ensayos y poemas (1917)
Julio Torri

La balada de las hojas más altas

Alberto Durero. Tilo.

Nos mecemos suavemente en lo alto de los tilos de la carretera blanca. Nos mecemos levemente por sobre la caravana de los que parten y los que retornan. Unos van riendo y festejando, otros caminan en silencio. Peregrinos y mercaderes, juglares y leprosos, judíos y hombres de guerra: pasan con premura y hasta nosotros llega a veces su canción.
Hablan de sus cuitas de todos los días, y sus cuitas podrían acabarse con sólo un puñado de doblones o un milagro de Nuestra Señora de Rocamador. No son bellas sus desventuras. Nada saben, los afanosos, de las matinales sinfonías en rosa y perla; del sedante añil del cielo, en el mediodía; de las tonalidades sorprendentes de las puestas del sol, cuando los lujuriosos carmesíes y los cinabrios opulentos se disuelven en cobaltos desvaídos y en el verde ultraterrestre en que se hastían los monstruo marinos de Böcklin. 
En la región superior, por sobre sus trabajos y anhelos, el viento de la tarde nos mece levemente.

Ensayos y poemas (1917)
Julio Torri

jueves, 17 de agosto de 2017

Prosas dispersas

Vita Di Milano. Reparando la bicicleta.

La bicicleta

Es un deporte que para practicarlo no necesita uno de compañeros. Propio pues para misántropos, para orgullosos, para insociables de toda laya. El ciclista es un aprendiz de suicida. Entre los peligros que lo amenazan los menores no son para desestimarse: los perros, enemigos encarnizados de quien anda aprisa y al desgaire; y los guardias que sin gran cortesía recuerdan disposiciones municipales quebrantadas involuntariamente.
Desde que se han multiplicado los automóviles por nuestras calles, he perdido la admiración con que se veía antes a los toreros y la he reservado para los aficionados a la bicicleta.
En ella va uno como suspendido en el aire. Quien vuela en aeroplano se desliga del mundo. El que se desliza por su superficie sostenido por dos puntos de contacto no rompe amarras con el planeta.
El avión y el auto no guardan proporción por su velocidad con el hombre, que es mayor de la que él necesita. No así la bicicleta.
Raro deporte que se ejercita sentado como el remar. Todos los intentos para compartirlos con otros han sido frustráneos. 
Lo exclusivo de su disfrute lo hace apreciable a los egoístas.
Llegamos a profesarle sentimientos verdaderamente afectuosos. Adivinamos sus pequeños contratiempos, sus bajas necesidades de aire y aceite, un leve chirrido en la biela o en el buje ilustra suficientemente nuestra solícita atención de hombres sensibles, comedidos, bien educados. Sé de quienes han extremado estos miramientos por su máquina, incurriendo en afecciones que sólo suelen despertar seres humanos. Las bicicletas son también útiles, discretas, económicas.

Lucubraciones de medianoche

¡Cuántos millares de parejas tenemos en nuestra ascendencia que viene desde la aparición del hombre en el planeta! ¡Cuántas casualidades han ocurrido para que cada uno de nosotros exista y en este instante se dé cuenta de que su ser reposa sobre un altísimo edificio de cartas! ¡Somos juguetes e hijos de la contingencia infinita!

Tres libros (1964) (Incluye: Ensayos y poemas; De fusilamientos; Prosas dispersas)
Julio Torri

Prosas dispersas

Vita Di Milano. Reparando la bicicleta.

La bicicleta

Es un deporte que para practicarlo no necesita uno de compañeros. Propio pues para misántropos, para orgullosos, para insociables de toda laya. El ciclista es un aprendiz de suicida. Entre los peligros que lo amenazan los menores no son para desestimarse: los perros, enemigos encarnizados de quien anda aprisa y al desgaire; y los guardias que sin gran cortesía recuerdan disposiciones municipales quebrantadas involuntariamente.
Desde que se han multiplicado los automóviles por nuestras calles, he perdido la admiración con que se veía antes a los toreros y la he reservado para los aficionados a la bicicleta.
En ella va uno como suspendido en el aire. Quien vuela en aeroplano se desliga del mundo. El que se desliza por su superficie sostenido por dos puntos de contacto no rompe amarras con el planeta.
El avión y el auto no guardan proporción por su velocidad con el hombre, que es mayor de la que él necesita. No así la bicicleta.
Raro deporte que se ejercita sentado como el remar. Todos los intentos para compartirlos con otros han sido frustráneos. 
Lo exclusivo de su disfrute lo hace apreciable a los egoístas.
Llegamos a profesarle sentimientos verdaderamente afectuosos. Adivinamos sus pequeños contratiempos, sus bajas necesidades de aire y aceite, un leve chirrido en la biela o en el buje ilustra suficientemente nuestra solícita atención de hombres sensibles, comedidos, bien educados. Sé de quienes han extremado estos miramientos por su máquina, incurriendo en afecciones que sólo suelen despertar seres humanos. Las bicicletas son también útiles, discretas, económicas.

Lucubraciones de medianoche

¡Cuántos millares de parejas tenemos en nuestra ascendencia que viene desde la aparición del hombre en el planeta! ¡Cuántas casualidades han ocurrido para que cada uno de nosotros exista y en este instante se dé cuenta de que su ser reposa sobre un altísimo edificio de cartas! ¡Somos juguetes e hijos de la contingencia infinita!

Tres libros (1964) (Incluye: Ensayos y poemas; De fusilamientos; Prosas dispersas)
Julio Torri

martes, 18 de julio de 2017

De fusilamientos

Julio Torri, retratado por Salvador Pruneda, 1950.

Le poète maudit

Muy poco grata era su compañía y evitada hábilmente por todos. Había perpetrado un latrocinio hacía mucho, y lo que es peor no conservaba nada del mal habido dinero. De las dos razas humanas, pertenecía a la que pide prestado. Era un fatuo sin igual que no hallaba en Darío sino un admirable virtuoso de las palabras, y en Lugones un imitador genial sin originalidad verdadera. Su vida era completamente irregular. Notoria su mala educación; y nadie extrañará que deliberadamente le hayamos olvidado cuando redactamos la lista de socios de la Agrupación Ariel. Su ilustración era muy desigual, y desde luego nada académica. De latín no sabía ni los rudimentos, ni leía a los humoristas ingleses del tiempo de la reina Ana, ni poseía la principesca edición de los cuentos de Lafontaine, que engalanaron Eisen  y Chauffard, ni había oído hablar del Pseudo Calístenes, del Pseudo Turpino, ni del Pseudo Pamphilus.
Pero a pesar de todo, y por raro capricho de la Fortuna... hacía mejores versos que nosotros. No cabe duda que los dones poéticos se reparten de modo arbitrario y a veces tocan en suerte a los peores sujetos (de que se pueden aducir tantos ejemplos ilustres).
—Se suele admirar hasta la idolatría a un poeta —nos decíamos en nuestras amables cenas de la Agrupación Ariel—, y no apetecerlo para compañero en el paraíso.
Tras propinarnos interminables acertijos rimados nos consolábamos considerando que si la poesía tiene curiosas virtudes como la de mover los árboles y detener la corriente de los ríos, no dignifica por sí sola a los que la cultivan ni los dota de autoridad en letras.

De fusilamientos (1940)
Julio Torri

De fusilamientos

Julio Torri, retratado por Salvador Pruneda, 1950.

Le poète maudit

Muy poco grata era su compañía y evitada hábilmente por todos. Había perpetrado un latrocinio hacía mucho, y lo que es peor no conservaba nada del mal habido dinero. De las dos razas humanas, pertenecía a la que pide prestado. Era un fatuo sin igual que no hallaba en Darío sino un admirable virtuoso de las palabras, y en Lugones un imitador genial sin originalidad verdadera. Su vida era completamente irregular. Notoria su mala educación; y nadie extrañará que deliberadamente le hayamos olvidado cuando redactamos la lista de socios de la Agrupación Ariel. Su ilustración era muy desigual, y desde luego nada académica. De latín no sabía ni los rudimentos, ni leía a los humoristas ingleses del tiempo de la reina Ana, ni poseía la principesca edición de los cuentos de Lafontaine, que engalanaron Eisen  y Chauffard, ni había oído hablar del Pseudo Calístenes, del Pseudo Turpino, ni del Pseudo Pamphilus.
Pero a pesar de todo, y por raro capricho de la Fortuna... hacía mejores versos que nosotros. No cabe duda que los dones poéticos se reparten de modo arbitrario y a veces tocan en suerte a los peores sujetos (de que se pueden aducir tantos ejemplos ilustres).
—Se suele admirar hasta la idolatría a un poeta —nos decíamos en nuestras amables cenas de la Agrupación Ariel—, y no apetecerlo para compañero en el paraíso.
Tras propinarnos interminables acertijos rimados nos consolábamos considerando que si la poesía tiene curiosas virtudes como la de mover los árboles y detener la corriente de los ríos, no dignifica por sí sola a los que la cultivan ni los dota de autoridad en letras.

De fusilamientos (1940)
Julio Torri

miércoles, 22 de marzo de 2017

La conquista de la Luna

Ilustración de Al Feldstein.

Después de establecer un servicio de viajes de ida y vuelta a la Luna, de aprovechar las excelencias de su clima para la curación de los sanguíneos, y de publicar bajo el patronato de la Smithosonian Institution la poesía popular de los lunáticos (Les Complaintes de Laforgue, tal vez) los habitantes de la Tierra emprendieron la conquista del satélite, polo de las más nobles y vagas displicencias.
La guerra fue breve. Los lunáticos, seres los más suaves, no opusieron resistencia. Sin discusiones en café, sin ediciones extraordinarias de El matiz imperceptible, se dejaron gobernar por los terrestres. Los cuales, a fuer de vencedores, padecieron la ilusión óptica de rigor —clásica en los tratados de Físico-Historia— y se pusieron a imitar las modas y usanzas de los vencidos. Por Francia comenzó tal imitación, como adivinaréis.
Todo el mundo se dio a las elegancias opacas y silenciosas. Los tísicos eran muy solicitados en sociedad, y los moribundos decían frases excelentes. Hasta las señoras conversaban intrincadamente, y los reglamentos de policía y buen gobierno estaban escritos en estilo tan elaborado y sutil que eran incomprensibles de todo punto aun para los delincuentes más ilustrados.
Los literatos vivían en la séptima esfera de la insinuación vaga, de la imagen torturada. Anunciaron los críticos el retorno de Mallarmé, pero pronto salieron de su error. Pronto se dejó también de escribir porque la literatura no había sido sino una imperfección terrestre anterior a la conquista de la Luna.

Ensayos y poemas (1917)
Julio Torri

martes, 11 de marzo de 2014

A Circe

Henrietta Rae. Las sirenas, 1903.

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.
¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

Ensayos y poemas (1917)
Julio Torri (1889 - 1970)

domingo, 23 de mayo de 2010

Literatura

Severino Baraldi. Piratas.

El novelista, en mangas de camisa, metió en la máquina de escribir una hoja de papel, la numeró, y se dispuso a relatar un abordaje de piratas. No conocía el mar y sin embargo iba a pintar los mares del Sur, turbulentos y misteriosos; no había tratado en su vida más que a empleados sin prestigio romántico y a vecinos pacíficos y oscuros, pero tenía que decir ahora cómo son los piratas; oía gorjear a los jilgueros de su mujer, y poblaba en esos instantes de albatros y grandes aves marinas los cielos sombríos y empavorecedores.
La lucha que sostenía con editores rapaces y con un público indiferente se le antojó el abordaje; y la miseria que amenazaba su hogar, el mar bravío. Y al escribir las olas en que se mecían cadáveres y mástiles rotos, el mísero escritor pensó en su vida sin triunfo, gobernada por fuerzas sordas y fatales, y a pesar de todo fascinante, mágica, sobrenatural.

Meditaciones críticas, Prosas dispersas
Julio Torri