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sábado, 30 de mayo de 2009

Viajando por el extranjero

Francis Alexander. Charles Dickens.

Bienvenido otra vez el gran hechizo de Francia en las curiosas posadas del campo llenas de jarrones de flores y relojes, en los pueblecitos aburridos y su escasa población no tan aburrida en el pequeño boulevard por la tarde, bajo los diminutos árboles. ¡Sea bienvenido el señor cura que pasea solo por la mañana temprano a una corta distancia del pueblo, leyendo ese eterno breviario suyo que seguramente puede leer sin necesidad del libro en este momento! Bienvenida al señor cura que, avanzando el día, irá brincando sobre el polvo de la carretera -como si ya hubiera ascendido a la región de las nubes- en un cabriolé de toldo grande y con el barro seco de una docena de inviernos. ¡Bienvenido, otra vez, señor cura! Mientras cambiamos saludos, tú yergues la espalda para mirar al carruaje alemán mientras escoges de tu pequeño jardín aldeano un vegetal o dos para la sopa del día. ¡Yo, mirando por la ventanilla del carruaje alemán, en ese delicioso trance del viajero que no conoce preocupaciones, ni recuerdos de antaño, ni mañanas, nada, salvo los objetos y los olores y los sonidos que pasan!

Traducción de Betty Curtis

Cuentos sobrenaturales
Charles Dickens

miércoles, 14 de enero de 2009

Viajando por el extranjero

Retrato anónimo de Charles Dickens

Por regla general hubiese preferido que mi mulo se hubiese mantenido al caminar un poco más hacia dentro y que no viajara siempre con una pezuña o dos por el precipicio, aunque me consolaba la explicación que lo atribuía a su gran sagacidad -lo cierto es que en otros tiempos había llevado cargas de madera muy ancha y el mulo no tenía claro si yo era de la misma especie y requería tanto sitio como ellas. Me condujo sin peligro, a su sabia manera, entre los puertos de los Alpes, y disfruté de una docena de climas cada día; estuve -como Don Quijote a lomos del caballo de madera- en la región del viento, ahora en la del fuego, después en la región del hielo y de la nieve que nunca se derrite. Aquí pasé sobre temblorosas cúpulas de hielo mientras debajo se oía el estruendo de la catarata; fui recibido bajo arcos de carámbanos de indecible belleza y, en las paradas, el dulce aire era tan vigorizante y ligero que me invitó a revolcarme en la nieve cuando veía hacerlo a mi mulo, pensando que sabía hacer mejor que yo lo que convenía. Llegamos a mediodía y a media hora del deshielo al tosco refugio de montaña que se encontraba en una isla de barro rodeada de un mar de nieve mientras la reata de los mulos y de los carros, repletos de toneles y fardos que habían estado en condiciones árticas a una milla de distancia, desprendían vapor de nuevo.
Dormí en casas religiosas y refugios inhóspitos de muchos tipos durante este viaje y, al lado de la estufa por la noche, escuché historias de viajeros que habían muerto enterrados por la nieve cuando estaban muy cerca de ser oídos...

Traducción de Betty Curtis

Cuentos sobrenaturales
Charles Dickens

viernes, 19 de diciembre de 2008

El primero de los tres Espíritus

Charles Dickens
A Christmas Carol
Stave Two
The First Of The Three Spirits.
When Scrooge awoke, it was so dark, that looking out of bed, he could scarcely distinguish the transparent window from the opaque walls of his chamber. He was endeavouring to pierce the darkness with his ferret eyes, when the chimes of a neighbouring church struck the four quarters. So he listened for the hour.
To his great astonishment the heavy bell went on from six to seven, and from seven to eight, and regularly up to twelve; then stopped. Twelve! It was past two when he went to bed. The clock was wrong. An icicle must have got into the works. Twelve!
He touched the spring of his repeater, to correct this most preposterous clock. Its rapid little pulse beat twelve: and stopped.
"Why, it isn't possible", said Scrooge, "that I can have slept through a whole day and far into another night. It isn't possible that anything has happened to the sun, and this is twelve at noon!"
The idea being an alarming one, he scrambled out of bed, and groped his way to the window. He was obliged to rub the frost off with the sleeve of his dressing–gown before he could see anything; and could see very little then. All he could make out was, that it was still very foggy and extremely cold, and that there was no noise of people running to and fro, and making a great stir, as there unquestionably would have been if night had beaten off bright day, and taken possession of the world. This was a great relief because "three days after sight of this First of Exchange pay to Mr. Ebenezer Scrooge or his order", and so forth, would have become a mere United States' security if there were no days to count by.
Scrooge went to bed again, and thought, and thought, and thought it over and over, and over, and could make nothing of it. The more he thought, the more perplexed he was; and, the more he endeavoured not to think, the more he thought.

Canción de Navidad
II- El primero de los tres Espíritus
Cuando Scrooge despertó, había tanta obscuridad que, al mirar desde la cama. apenas podía distinguir la transparente ventana de las opacas paredes del dormitorio. Hallábase haciendo esfuerzos para atravesar la obscuridad con sus ojos de hurón. cuando el. reloj de la iglesia vecina dio cuatro campanadas que significaban otros tantos cuartos. Entonces escuchó para saber la hora.
Con gran admiración suya, la pesada campana pasó de seis campanadas a siete. y de siete a ocho y así sucesivamente. hasta doce; y se detuvo. ¡Las doce! Eran más de las dos cuando se acostó. El reloj andaba mal. Algún pedazo de hielo debía haberse introducido en la máquina. ¡Las doce!
Tocó el resorte de su reloj de repetición para rectificar aquella hora equivocada. Su rápida pulsación sonó doce veces, y se detuvo.
-¡Vaya -dijo Scrooge-, no es posible que yo haya dormido un día entero y aun parte de otra noche! A no ser que haya ocurrido algo al sol y que a las doce de la noche sean las doce del día.
Como la idea era alarmante. se arrojó del lecho y a tientas dirigióse a la ventana. Tuvo necesidad de frotar el vidrio con la manga de la bata para quitar la escarcha y conseguir ver algo, aunque pudo ver muy poco. Todo lo que pudo distinguir fue que aun había espesísima niebla, que hacía un frío exagerado y que no se percibía el ruido de la gente yendo y viniendo en continua agitación, como si la noche, ahuyentando al luciente día, se hubiera posesionado del mundo. Esto fue para él gran alivio, porque si todo era noche, ¿qué valor tenían las palabras: "A tres días vista esta primera de cambio, pagaréis a Mr. Ebenezer Scrooge o a su orden", etc., puesto que no había días que contar?
Scrooge se acostó de nuevo, y pensó, y pensó, y pensó en ello repetidamente, y no pudo sacar nada en limpio. Cuanto más pensaba, sentíase más perplejo: y cuanto más se esforzaba para no pensar, más pensaba.
Canción de Navidad
Charles Dickens

martes, 12 de agosto de 2008

El espectro de Marley

A Christmas Carol
Stave One
Marley's Ghost.
Scrooge took his melancholy dinner in his usual melancholy tavern; and having read all the newspapers, and beguiled the rest of the evening with his banker's–book, went home to bed. He lived in chambers which had once belonged to his deceased partner. They were a gloomy suite of rooms, in a lowering pile of a building up a yard, where it had so little business to be, that one could scarcely help fancying it must have run there when it was a young house, playing at hide–and–seek with other houses, and forgotten the way out again. It was old enough now, and dreary enough, for nobody lived in it but Scrooge, the other rooms being all let out as offices. The yard was so dark that even Scrooge, who knew its every stone, was fain to grope with his hands. The fog and frost so hung about the black old gateway of the house, that it seemed as if the Genius of the Weather sat in mournful meditation on the threshold.
Now, it is a fact, that there was nothing at all particular about the knocker on the door, except that it was very large. It is also a fact, that Scrooge had seen it, night and morning, during his whole residence in that place; also that Scrooge had as little of what is called fancy about him as any man in the city of London, even including—which is a bold word—the corporation, aldermen, and livery. Let it also be borne in mind that Scrooge had not bestowed one thought on Marley, since his last mention of his seven years' dead partner that afternoon. And then let any man explain to me, if he can, how it happened that Scrooge, having his key in the lock of the door, saw in the knocker, without its undergoing any intermediate process of change—not a knocker, but Marley's face.

Canción de Navidad
1. El espectro de Marley
Scrooge cenó melancólicamente en su melancólica taberna habitual; y después de leer todos los periódicos, se entretuvo el resto de la noche con los libros comerciales. y se fue a acostar. Ocupaba las habitaciones que habían pertenecido anteriormente a su difunto socio. Eran una serie de cuartos lóbregos en un sombrío edificio al final de una calleja, y en el cual había tan poco movimiento, que no se podía menos de imaginar que había llegado allí corriendo, cuando era una casa de pocos años, mientras jugaba al escondite con las otras casas, y había olvidado el camino para salir. Era ésta entonces bastante vieja y bastante lúgubre; sólo Scrooge vivía en ella, pues los otros cuartos estaban alquilados para oficinas. La calleja era tan obscura. que el .mismo Scrooge, que la conocía piedra por piedra, veíase obligado a cruzarla a tientas. La niebla y la helada se agolpaban de tal modo ante la negra entrada de la casa, que parecía como si el Genio del Invierno se hallase en triste meditación sentado en el umbral.
Hay que advertir que no había absolutamente nada de particular en el llamador de la puerta, salvo que era de gran tamaño: hay que hacer notar también que Scrooge lo había visto, de día y de noche, durante toda su residencia en aquel lugar, y también que Scrooge poseía tan poca cantidad de lo que se llama fantasía como otro cualquier hombre de la ciudad de Londres, aun incluyendo -la frase es algo atrevida- las Corporaciones, los miembros del Concejo municipal y los de los Gremios. Téngase también en cuenta que Scrooge no había dedicado un solo pensamiento a Marley desde que aquella tarde hizo mención de los siete años transcurridas desde su muerte. Y ahora, que me explique alguien, si puede, cómo sucedió que Scrooge, al meter la llave en la cerradura, vio en el llamador -sin mediar ninguna mágica influencia-no un llamador, sino la cara de Marley.

Canción de Navidad
Charles Dickens