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viernes, 20 de agosto de 2021

Sendas de Oku

Matsuo Basho. Sendas de Oku.

Sosiego en un templo de la montaña

En el Señorío de Yumagata hay un templo en la montaña llamado Ryusyaku. Lo fundó el gran maestro Jikaku y es un lugar famoso por su silencio. Como me recomendaron que fuésemos a verlo, tuvimos que regresar de Obanazawa y caminar cerca de siete ri. El sol no se ocultaba aún y pedimos hospitalidad en uno de los asilos para los peregrinos que se encuentran en las estribaciones del monte. Después subimos al santuario, que está en la cumbre. La montaña es un hacinamiento de rocas y peñas, entre las que crecen pinos y robles envejecidos; la tierra y las piedras estaban cubiertas por un musgo suave y todo parecía antiquísimo. El templo está construido sobre la roca; sus puertas estaban cerradas y no se oía ningún ruido. Di la vuelta por un risco, trepé por los peñascos y llegué al santuario. Frente a la hermosura tranquila del paisaje, mi corazón se aquietó:

                                                                   Tregua de vidrio:
                                                                   el son de la cigarra
                                                                   taladra rocas.

Traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya

Sendas de Oku
Matsuo Basho (1644-1694) 

Sendas de Oku

Matsuo Basho. Sendas de Oku.

Sosiego en un templo de la montaña

En el Señorío de Yumagata hay un templo en la montaña llamado Ryusyaku. Lo fundó el gran maestro Jikaku y es un lugar famoso por su silencio. Como me recomendaron que fuésemos a verlo, tuvimos que regresar de Obanazawa y caminar cerca de siete ri. El sol no se ocultaba aún y pedimos hospitalidad en uno de los asilos para los peregrinos que se encuentran en las estribaciones del monte. Después subimos al santuario, que está en la cumbre. La montaña es un hacinamiento de rocas y peñas, entre las que crecen pinos y robles envejecidos; la tierra y las piedras estaban cubiertas por un musgo suave y todo parecía antiquísimo. El templo está construido sobre la roca; sus puertas estaban cerradas y no se oía ningún ruido. Di la vuelta por un risco, trepé por los peñascos y llegué al santuario. Frente a la hermosura tranquila del paisaje, mi corazón se aquietó:

                                                                   Tregua de vidrio:
                                                                   el son de la cigarra
                                                                   taladra rocas.

Traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya

Sendas de Oku
Matsuo Basho (1644-1694) 

domingo, 3 de mayo de 2020

La posada de Soka


Shuho. Barcas bajo la luna.

Sin muchas cavilaciones decidí, en el segundo año de la Era de Genroku (1689), emprender mi larga peregrinación por tierras de Oou. Me amedrentaba pensar que, por las penalidades del viaje, mis canas se multiplicarían en lugares tan lejanos y tan conocidos de oídas, aunque nunca vistos; pero la violencia misma del deseo de verlos disipaba esa idea y me decía ¡he de regresar vivo! Ese día llegué a la posada de Soka. Me dolían los huesos, molidos por el peso de la carga que soportaban. Para viajar debería bastarnos sólo con nuestro cuerpo; pero las noches reclaman un abrigo; la lluvia, una capa; el baño, un traje limpio; el pensamiento, tinta y pinceles. Y los regalos que no se pueden rehusar... Las dádivas estorban a los viajeros.

Versión de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya

Sendas de Oku
Matsuo Basho (1644-1694)

La posada de Soka


Shuho. Barcas bajo la luna.

Sin muchas cavilaciones decidí, en el segundo año de la Era de Genroku (1689), emprender mi larga peregrinación por tierras de Oou. Me amedrentaba pensar que, por las penalidades del viaje, mis canas se multiplicarían en lugares tan lejanos y tan conocidos de oídas, aunque nunca vistos; pero la violencia misma del deseo de verlos disipaba esa idea y me decía ¡he de regresar vivo! Ese día llegué a la posada de Soka. Me dolían los huesos, molidos por el peso de la carga que soportaban. Para viajar debería bastarnos sólo con nuestro cuerpo; pero las noches reclaman un abrigo; la lluvia, una capa; el baño, un traje limpio; el pensamiento, tinta y pinceles. Y los regalos que no se pueden rehusar... Las dádivas estorban a los viajeros.

Versión de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya

Sendas de Oku
Matsuo Basho (1644-1694)

sábado, 24 de diciembre de 2016

Por sendas de montaña

Matsuo Basho. Por sendas de montaña.

Por sendas de montaña
encontré algo sublime:
la silvestre violeta.

En mi vida viajera
arar, yendo y viniendo,
una parcela.

Al olor del ciruelo,
sale de pronto el sol
por sendas de montaña.

Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Por sendas de montaña
Matsuo Basho (1644-1694)

martes, 12 de abril de 2016

El monte Ooyama

Matsuo Basho. Sendas de Oku.

El dueño de la posada nos advirtió que el camino hacia la provincia de Dewa no era muy seguro, pues había que cruzar el monte Ooyama, y nos recomendó que contratásemos un guía. Como asintiésemos, él mismo se encargó de conseguirlo y al poco tiempo se presentó con un rollizo joven, daga curva al cinto y en la diestra un grueso bastón de roble. El mocetón marchaba adelante de nosotros. Mientras trotaba a su zaga, me decía: "ahora si de seguro nos acecha un percance ". Según lo había anunciado el posadero, la montaña era abrupta y hostil. Ni el grito de un pájaro atravesaba el silencio ominoso; al caminar bajo los árboles la espesura del follaje era tal que de veras andábamos entre tinieblas; a veces parecía caer tierra desde las nubes. Hollamos matas de bambú enano, vadeamos riachuelos, tropezamos con peñascos y, con el sudor helado en el cuerpo, culebreamos sin parar hasta llegar a la villa de Mogami. Al despedirse, el guía nos dijo sonriendo: "en este camino siempre suceden cosas inesperadas y ha sido una fortuna traerlos hasta aquí sin contratiempos". Aún me dan frío sus palabras.

Versión de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya

Sendas de Oku
Matsuo Basho (1644-1694)

viernes, 12 de diciembre de 2014

Haikus

Matsuo Basho, retratado por Katsushika Hokusai.

Un viejo estanque
salta una rana ¡zas!
chapaleteo.

Quietud:
los cantos de la cigarra
penetran en las rocas.

El mar ya obscuro:
los gritos de los patos
apenas blancos.

Versión de Octavio Paz.

Haikus
Matsuo Basho (1644-1694)

sábado, 28 de diciembre de 2013

Por sendas de montaña

Matsuo Basho. Por sendas de montaña.

Al olor del ciruelo,
sale de pronto el sol
por sendas de montaña.

Brilla un relámpago
y entra en la sombra el grito
de la garza nocturna.

En mi vida viajera
arar, yendo y viniendo,
una parcela.

Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Por sendas de montaña
Matsuo Basho

jueves, 27 de junio de 2013

El monte Ooyama

Matsuo Basho. Sendas de Oku.

El dueño de la posada nos advirtió que el camino hacia la provincia de Dewa no era muy seguro, pues había que cruzar el monte Ooyama, y nos recomendó que contratásemos un guía. Como asintiésemos, él mismo se encargó de conseguirlo y al poco tiempo se presentó con un rollizo joven, daga curva al cinto y en la diestra un grueso bastón de roble. El mocetón marchaba adelante de nosotros. Mientras trotaba a su zaga, me decía: "ahora si de seguro nos acecha un percance ". Según lo había anunciado el posadero, la montaña era abrupta y hostil. Ni el grito de un pájaro atravesaba el silencio ominoso; al caminar bajo los árboles la espesura del follaje era tal que de veras andábamos entre tinieblas; a veces parecía caer tierra desde las nubes. Hollamos matas de bambú enano, vadeamos riachuelos, tropezamos con peñascos y, con el sudor helado en el cuerpo, culebreamos sin parar hasta llegar a la villa de Mogami. Al despedirse, el guía nos dijo sonriendo: "en este camino siempre suceden cosas inesperadas y ha sido una fortuna traerlos hasta aquí sin contratiempos". Aún me dan frío sus palabras.

Traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya

Sendas de Oku
Matsuo Basho (1644-1694) 

domingo, 25 de marzo de 2012

La salida

Matsuo Basho. Sendas de Oku.

Los meses y los días son viajeros de la eternidad. El año que se va y el que viene también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de los barcos o envejecen conduciendo caballos, todos los días son viaje y su casa misma es viaje. Entre los antiguos, muchos murieron en plena ruta. A mí mismo, desde hace mucho, como girón de nube arrastrado por el viento, me turbaban pensamientos de vagabundeo. Después de haber recorrido la costa durante el otoño pasado, volví a mi choza a orillas del río y barrí sus telarañas. Allí me sorprendió el término del año; entonces me nacieron las ganas de cruzar el paso de Shirakawa y llegar a Oku cuando la niebla cubre cielo y campos. Todo lo que veía me invitaba al viaje; tan poseído estaba por los dioses que no podía dominar mis pensamientos; los espíritus del camino me hacían señas y no podía fijar mi mente ni ocuparme en nada. Remendé mis pantalones rotos, cambié las cintas a mi sombrero de paja y unté moka quemada en mis piernas, para fortalecerlas. La idea de la Luna en la isla de Matsushima llenaba todas mis horas. Cedí mi cabaña y me fui a la casa de Sampu, para esperar ahí el día de la salida.

Traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya.

Sendas de Oku
Matsuo Basho

martes, 3 de enero de 2012

Matsushima

Matsushima. Archivo LIFE.

Ya es un lugar común decirlo: el paisaje de Matsushima es el más hermoso del Japón. No es inferior a los de Doteiko y Seiko, en China. El mar, desde el sureste, entra en una bahía de aproximadamente tres ri, desbordante como el río Sekiko de China. Es imposible contar el número de las islas: una se levanta como un índice que señala al cielo; otra se tiende boca abajo sobre las olas; aquélla parece desdoblarse en otra; la de más allá se vuelve triple; algunas, vistas desde la derecha, semejan ser una sola y vistas del lado contrario, se multiplican. Hay unas que parecen llevar un niño a la espalda; otras como si lo llevaran en el pecho; algunas parecen mujeres acariciando a su hijo. El verde de los pinos es sombrío y el viento salado tuerce sin cesar sus ramas de modo que sus líneas curvas parecen obra de un jardinero. La escena tiene la fascinación distante de un rostro hermoso. Dicen que este paisaje fue creado en la época de los dioses impetuosos, las divinidades de las montañas. Ni pincel de pintor ni pluma de poeta pueden copiar las maravillas del demiurgo.

Traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya.

Sendas de Oku
Matsuo Basho

martes, 14 de junio de 2011

Haiku

Feng Jiang. Sendero.

Por este camino
ni un solo hombre va;
tarde de otoño.

Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Haiku
Matsuo Basho

sábado, 6 de febrero de 2010

Partida

Li Kan. Bambú y rocas.
Salimos el veintisiete del Tercer Mes. El cielo del alba envuelto en vapores; la luna en menguante y ya sin brillo; se veía vagamente el monte Fuji. La imagen de los ramos de los cerezos en flor de Ueno y Yanaka me entristeció y me pregunté si alguna vez volvería a verlos. Desde la noche anterior mis amigos se habían reunido en casa de Sampu, para acompañarme el corto trecho del viaje que haría por agua. Cuando desembarcamos en el lugar llamado Senju, pensé en los tres mil ri de viaje que me aguardaban y se me encogió el corazón. Mientras veía el camino que acaso iba a separarnos para siempre en esta existencia irreal, lloré lágrimas de adios:

Se va la primavera,
quejas de pájaros, lágrimas
en los ojos de los peces.

Este poema fue el primero de mi viaje. Me pareció que no avanzaba al caminar; tampoco la gente que había ido a despedirme se marchaba, como si no hubieran querido moverse hasta no verme desaparecer.

Sendas de Oku
Matsuo Basho

viernes, 19 de junio de 2009

Haikus

Liao Ming. Montañas lejanas.
Un mar revuelto:
sobre la isla de Sado,
la Vía Láctea.

Sólo viajero
quisiera ser llamado:
primer chubasco.

Haikus
Matsuo Basho

martes, 23 de diciembre de 2008

Haikus

Chu Ming. Ermitaño
Este camino
nadie ya lo recorre,
salvo el crepúsculo.

Caído en el viaje:
mis sueños en el llano
dan vueltas y vueltas.

Haikus
Matsuo Basho

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Haikus

Viajando por el mundo,
De aquí a allá, de aquí a allá,
Allanando el pequeño campo.

La primera lluvia del invierno,
Y mi nombre debería ser,
"Viajero".

Haikus
Matsuo Basho

miércoles, 25 de junio de 2008

La ensenada de Yoshizaki

En la frontera de Echizen me embarqué para visitar la ensenada de Yoshizaki y ver los pinos de Shiogoshi. El maestro Saigyo compuso un poema sobre este lugar:

Toda la noche
amotina las olas
el viento en cólera.
Y los pinos chorrean
húmeda luz de luna.

El poema dice todo sobre este paisaje. Si añado algo más sería como añadir otro dedo a la mano.
Sendas de Oku
Matsuo Basho

viernes, 25 de enero de 2008

El monte Ooyama

El dueño de la posada nos advirtió que el camino hacia la provincia de Dewa no era muy seguro, pues había que cruzar el monte Ooyama, y nos recomendó que contratásemos un guía. Como asintiésemos, él mismo se encargó de conseguirlo y al poco tiempo se presentó con un rollizo joven, daga curva al cinto y en la diestra un grueso bastón de roble. El mocetón marchaba adelante de nosotros. Mientras trotaba a su zaga, me decía: "ahora si de seguro nos acecha un percance ". Según lo había anunciado el posadero, la montaña era abrupta y hostil. Ni el grito de un pájaro atravesaba el silencio ominoso; al caminar bajo los árboles la espesura del follaje era tal que de veras andábamos entre tinieblas; a veces parecía caer tierra desde las nubes. Hollamos matas de bambú enano, vadeamos riachuelos, tropezamos con peñascos y, con el sudor helado en el cuerpo, culebreamos sin parar hasta llegar a la villa de Mogami. Al despedirse, el guía nos dijo sonriendo: "en este camino siempre suceden cosas inesperadas y ha sido una fortuna traerlos hasta aquí sin contratiempos". Aún me dan frío sus palabras.
Sendas de Oku
Matsuo Basho