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jueves, 22 de abril de 2010

«Aptus, puritas, perspicuitas, ornatus»

La práctica del relato
Manual de estilo literario para narradores
DE LA NORMA A LA PRÁCTICA
La retórica tradicional llama «estilo» al modo peculiar de expresarse un escritor o una escritora. Naturalmente, este carácter peculiar no ha de entenderse como una bula para la extravagancia, y por eso las retóricas clásicas establecían como virtudes cardinales del buen estilo la de adecuarse a su asunto (aptus), la corrección léxica y sintáctica (puritas), la claridad (perspicuitas), y también un cierto grado de adorno en la expresión (ornatus). Respetando estas normas venerables hay una alta probabilidad de que nuestros textos no se conviertan en un galimatías, lo que de momento es un buen principio. Por eso es verdad que las reglas son útiles... Y en cambio todos sabemos por experiencia que dejan muy desamparado a la hora de enfrentarse al papel. Instruyen, qué duda cabe, aunque al final ayudan poco. En el terreno de la escritura hay un trecho demasiado grande entre una norma y su aplicación, y es frecuente que las preceptivas al uso enseñen al aprendiz de escritor qué debe evitar, qué debe hacer, pero no la manera de hacerlo.
La práctica del relato
Manual de estilo literario para narradores

Ángel Zapata

martes, 19 de enero de 2010

«La fiebre tifoidea es algo terrible: o te mata o te deja idiota. Lo sé bien porque la tuve.»


La práctica del relato
Manual de estilo literario para narradores
Introducción

Lo que los censores de todas las épocas han temido siempre en la palabra escrita es su poder de persuasión... y sólo un exceso de celo explica el que a veces se haya censurado a escritores francamente plomos, incapaces de convencer a nadie. Se mire por donde se mire, eso que llamamos persuadir es una tarea bastante difícil. Incluso de palabra. Porque lejos de portarse como una materia dócil, no es raro que las palabras lleguen a convertirse en un arma de dos filos. Así le ocurrió al Mariscal de Mac-Mahon, quien tratando de convencer a su auditorio sobre los estragos de la fiebre tifoidea, dio la siguiente explicación, merecidamente célebre:

    «La fiebre tifoidea es algo terrible: o te mata o te deja idiota. Lo sé bien porque la tuve.»
La práctica del relato
Manual de estilo literario para narradores

Ángel Zapata

sábado, 2 de enero de 2010

«entusiasmo»

Fuente de la imagen: Sex and the University
La práctica del relato
Manual de estilo literario para narradores
Introducción
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También el arte de contar historias tiene sus pentagramas y su solfeo. Mezclar colores, en la paleta o sobre el
lienzo, no es más fácil ni más difícil que combinar palabras. Es otra cosa, aunque las dos operaciones siguen procedimientos muy parecidos. Ni el pintor versado en su oficio mezcla colores al azar (aunque a veces le ayuden las manos sigilosas de la lluvia), ni el escritor consciente de su arte da por buena cualquier combinación de palabras. Más bien al contrario: las elige cuidadosamente, y hace y deshace hasta encontrar la fórmula que va a influir en sus lectores de un modo más intenso y más seguro.
Al resultado de este proceso de selección lo llamamos estilo literario. Por regla general, el buen estilo literario consiste en una mezcla entre destreza, personalidad, y un último ingrediente sin nombre fijo, que los teóricos más rigurosos no han conseguido explicar hasta ahora. El filósofo Platón lo llamaba «entusiasmo» (del griego «enthousiasmos», que significa «estar poseído por un dios o un genio»), lo que de entrada es una idea tan válida como la «Inspiración» que veneraban los románticos; o esa relación fluida con los procesos inconscientes de la que hablaríamos hoy, y que es otra forma de poner nombre a lo desconocido.
La práctica del relato
(La práctica del relato)
Ángel Zapata

miércoles, 25 de noviembre de 2009

...y monstruos y naves espaciales

ALEXANDER LEYDENFROST (1888-1961): Fuente:illustrationart.blogspot
La práctica del relato
Manual de estilo literario para narradores
2.Visibilidad
Gozos de la vista
Por lo que a mí respecta, yo diría que un relato ha capturado mi atención a partir de ese momento en que comienza  proyectarse en mi mente una especie de "película" ininterrumpida. Claro que igual es cosa mía. Yo pertenezco ya a la generación de la televisión, y os confieso que empecé a leer por pura necesidad. Me acuerdo que fue durante un catarro. Hasta entonces, aquellos paquetes de libros que me echaba por Reyes mi primo Jesús me parecían un verdadero desperdicio. Me gustaba, eso sí, el olor de la tinta reciente. Pero todo el colorín de las portadas, con piratas y monstruos y naves espaciales, me frustraba, en cambio, todavía más. Hubiera dado lo que fuese por ver aquellas historias. Pero en vez de corsarios y galeones, los libros tenían dentro hileras e hileras de hormigas odiosas, y a mí me daba igual lo que las letras contasen si no podía verlo con mis propios ojos.
Ángel Zapata

sábado, 14 de noviembre de 2009

La práctica del relato

René Magritte:Le château des Pyrénées. Fuente de la Imagen:telefonica

También en los discursos estará la expresión apropiada en concentrar o amplificar; por eso habrá de hacerse sin que la gente se dé cuenta, y no parecer que se habla artificiosamente, sino con naturalidad (ya que esto es persuasivo y aquello lo contrario; porque se sospecha del orador que tiene asechanzas, igual que de los vinos mezclados).
Aristóteles, RETÓRICA,III, 2

Tal como yo lo veo, la primera precaución que ha de tomar el escritor que empieza es no hacerse las cosas más difíciles de lo que son. Esto suena a consejo de Pero Grullo, ya lo sé; y sin embargo en mi trabajo con escritores y escritoras principiantes me enfrento muy a menudo a una labor previa de desbroce. Por expresarlo de algún modo:mi primera tarea consiste en advertir a los alumnos contra el exceso de "literatura" en los textos.
Ángel Zapata