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viernes, 22 de noviembre de 2019

Animales y minerales

Ana María Shua. Casa de geishas.

Los fósforos

Los fósforos en nada se parecen a las hormigas. Tienen hábitos reverberantes y nocturnos, apenas gregarios, y se resisten a constituir una sociedad colectiva en la que la vida de cada miembro importa poco. Cada vez que se enciende uno, es una personalidad individual la que se apaga. Sólo te admitirán entre ellos si estás dispuesto a que tu cabeza estalle en un instante absoluto, orgásmico, final, cuyo presumible éxtasis es imposible de asegurar de antemano.

Los granos de arena

Los granos de arena no tienen rey. Actúan por impulso, desorganizadamente, movilizados por caudillos menores, por lo general de mica o madreperla. El viento, las pisadas, las mareas, provocan disturbios en sus comunicaciones. Basta una ráfaga para separar indefinidamente a dos interlocutores. Sus científicos investigan un sistema de reproducción que haga innecesario el contacto prolongado entre sus sexos. Ojalá no lo encuentren.

Casa de geishas (1992)
Ana María Shua

Animales y minerales

Ana María Shua. Casa de geishas.

Los fósforos

Los fósforos en nada se parecen a las hormigas. Tienen hábitos reverberantes y nocturnos, apenas gregarios, y se resisten a constituir una sociedad colectiva en la que la vida de cada miembro importa poco. Cada vez que se enciende uno, es una personalidad individual la que se apaga. Sólo te admitirán entre ellos si estás dispuesto a que tu cabeza estalle en un instante absoluto, orgásmico, final, cuyo presumible éxtasis es imposible de asegurar de antemano.

Los granos de arena

Los granos de arena no tienen rey. Actúan por impulso, desorganizadamente, movilizados por caudillos menores, por lo general de mica o madreperla. El viento, las pisadas, las mareas, provocan disturbios en sus comunicaciones. Basta una ráfaga para separar indefinidamente a dos interlocutores. Sus científicos investigan un sistema de reproducción que haga innecesario el contacto prolongado entre sus sexos. Ojalá no lo encuentren.

Casa de geishas (1992)
Ana María Shua

lunes, 14 de octubre de 2019

Botánica del Caos

Kant. Litografía de Heinrich Wolff (1924).

Puntualidad de los filósofos I

El profesor Kant es tan regular en sus costumbres que cada día esperamos su paso para poner en hora nuestros relojes. Cruza la calle siempre por esta esquina a las cuatro en punto de la tarde. El resto del universo, en cambio, es irregular, confuso, impredecible. A las cuatro en punto de la tarde a veces brilla un sol violento y a veces es de noche. Hay días en recién acabamos de cenar y otros en que las cuatro de la tarde llegan inmediatamente después del desayuno. Los peores son esos días de infierno en que las cuatro en punto vuelven una y otra vez, casi a cada momento. Imagínese usted en qué horrible caos viviríamos si no nos informara el profesor Kant, con su paso regular y confiable, cuando están empezando a ser otra vez esas veleidosas cuatro de la tarde.

Botánica del Caos (2000)
Ana María Shua

Botánica del Caos

Kant. Litografía de Heinrich Wolff (1924).

Puntualidad de los filósofos I

El profesor Kant es tan regular en sus costumbres que cada día esperamos su paso para poner en hora nuestros relojes. Cruza la calle siempre por esta esquina a las cuatro en punto de la tarde. El resto del universo, en cambio, es irregular, confuso, impredecible. A las cuatro en punto de la tarde a veces brilla un sol violento y a veces es de noche. Hay días en recién acabamos de cenar y otros en que las cuatro de la tarde llegan inmediatamente después del desayuno. Los peores son esos días de infierno en que las cuatro en punto vuelven una y otra vez, casi a cada momento. Imagínese usted en qué horrible caos viviríamos si no nos informara el profesor Kant, con su paso regular y confiable, cuando están empezando a ser otra vez esas veleidosas cuatro de la tarde.

Botánica del Caos (2000)
Ana María Shua

jueves, 18 de octubre de 2018

La sueñera

Ana María Shua. La sueñera.

70
Con una mueca feroz, chorreando sangre y baba, el hombre lobo separa las mandíbulas y desnuda los colmillos amarillos. Un curioso zumbido perfora el aire. El hombre lobo tiene miedo. El dentista también.

215
Compra esta lámpara: puedo realizar todos los deseos de mi amo, dice secretamente el genio al asombrado cliente del negocio de antigüedades, que se apresura a obedecerlo sin saber que el genio ya tiene amo (el dueño del negocio) y un deseo que cumplir (incrementar la venta de lámparas).

La sueñera (1984)
Ana María Shua

La sueñera

Ana María Shua. La sueñera.

70
Con una mueca feroz, chorreando sangre y baba, el hombre lobo separa las mandíbulas y desnuda los colmillos amarillos. Un curioso zumbido perfora el aire. El hombre lobo tiene miedo. El dentista también.

215
Compra esta lámpara: puedo realizar todos los deseos de mi amo, dice secretamente el genio al asombrado cliente del negocio de antigüedades, que se apresura a obedecerlo sin saber que el genio ya tiene amo (el dueño del negocio) y un deseo que cumplir (incrementar la venta de lámparas).

La sueñera (1984)
Ana María Shua

jueves, 16 de junio de 2016

Botánica del caos

Ana María Shua. Botánica del caos.

Por falta de pruebas

Saltos enormes, de veinte o treinta metros de largo en los que me elevo por encima de las copas de los árboles y sin embargo son solo eso, saltos: la prueba cruel de que no levanto vuelo.

El mapa del tesoro

Dos pícaros le venden a un tonto el mapa de un tesoro. El tonto cava en el lugar indicado y no encuentra nada. Los pícaros apuestan el dinero en el casino y ganan una fortuna.
La mujer del tonto lo abandona y se va con uno de los pícaros o quizás con los dos. El tonto se sienta a la puerta de su choza a lamentarse de la ruptura de los códigos tradicionales y cada vez que pasa un autor contemporáneo le tira piedras. Por suerte, además de ser tonto, tiene mala puntería.

Botánica del caos (2000)
Ana María Shua

sábado, 6 de febrero de 2016

Botánica del caos

Ana Maía Shua. Botánica del caos.

El coleccionista ambicioso

Un hombre ambicioso se propone coleccionarlo todo. Reúne en su casa, convertida en sala de exposiciones, una colección de semillas, otra de objetos encontrados en la calle, otra de agua de la canilla (brotada de diversas canillas, a diversas horas del día). Colecciona pulóveres, pensamientos célebres y banales, boletos de colectivo, hojas de diarios elegidas rigurosamente al azar. Colecciona agujeros, panes, envases de desodorantes vacíos. Cada año se ve obligado a mudarse a una casa más grande y luego cada seis meses. Finalmente comprende que sólo renunciando a toda clasificación podrá obtener la colección más completa, la colección de colecciones. La exhibe en el mundo entero.

Nunca contarlo antes

Un escritor cuenta la idea de un relato que está a punto de escribir. La cuenta en una mesa de café y la idea es buena, el aire se tensa alrededor de las palabras, el relato se hace a tal punto tangible que el humo del cigarrillo no lo atraviesa, las volutas describen su contorno transparente. Pero después, cuando trata de transformarlo en letras, percibe grietas antes ignoradas por donde las palabras se deslizan, hay campos minados, una bruma de rutina invade el texto y los Dioses rechazan la ofrenda de una víctima que ya no es pura, que otros antes que Ellos han gozado.

Botánica del caos (2000)
Ana María Shua

domingo, 30 de noviembre de 2014

El caballo volador

Ana María Shua. Temporada de fantasmas.

En todas las versiones de este cuento clásico el caballo es de madera o de metal. La princesa es siempre bellísima y está encerrada más allá de las nubes. Su lujosa mansión suele ser un palacio que flota en aire por arte de magia y otras veces una torre muy alta.
Un príncipe es el héroe: monta en el caballo volador y se gana el amor de la princesa. En algunas versiones el caballo despliega sus alas. En otras, vuela llenando la tripa de aire.
Curiosamente, el inventor de semejante prodigio es un sabio feo, insignificante, en ocasiones malvado, que entregaría con gusto la facultad de inventar caballos voladores a cambio de ser hermoso y valiente, a cambio de ser el príncipe, a cambio de lograr el imposible amor de la princesa.
Exactamente lo mismo le pasa al autor del cuento.

Temporada de fantasmas (2004)
Ana María Shua

domingo, 10 de marzo de 2013

Programa de entretenimientos

Ana María Shua. Casa de geishas.

Es un programa de juegos por la tele. Los niños se ponen zapatillas de la marca que auspicia el programa. Cada madre debe reconocer a su hijo mirando solamente las piernitas a través de una ventana en el decorado. El país es pobre, los premios son importantes. Los participantes se ponen de acuerdo para ganar siempre. Si alguna madre se equivoca, no lo dice. Después, cada uno se lleva al hijo que eligió, aunque no sea el mismo que traía al llegar. Es necesario mantener la farsa largamente porque la empresa controla con visitadoras sociales los hogares de los concursantes. Hay hijos que salen perdiendo, pero a otros el cambio les conviene. También se dice que algunas madres hacen trampa, que se equivocan adrede.

Casa de geishas (1992)
Ana María Shua

sábado, 5 de enero de 2013

La sueñera

Ana María Shua. La sueñera.

69
Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.

100
Mientras Aladino duerme, su mujer frota dulcemente su lámpara maravillosa. En esas condiciones, ¿qué genio podría resistirse?

La sueñera (1984)
Ana María Shua

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La sueñera

Ana María Shua, fotografiada por Álvaro Valverde.

2
Un grito entra por la ventana. Si lo dejo salir, volverá a molestarme. Rápidamente bajo las persianas y me entiendo con él. Le propongo sonar libremente en los horarios que prevé el reglamento. El es frugal. Yo soy generosa. Sin embargo, la convivencia resulta imposible. A la larga, dormir toda la noche con un grito reprimido suele traer dolores de cabeza.

16
En la oscuridad confundo un montón de ropa sobre una silla con un animal informe que se apresta a devorarme. Cuando prendo la luz, me tranquilizo, pero ya estoy desvelada. Lamentablemente, ni siquiera puedo leer. Con la camisa celeste clavándome los dientes en el cuello me resulta imposible concentrarme.

La sueñera (1984)
Ana María Shua

sábado, 5 de mayo de 2012

La sueñera, 117

Montague Dawson. Temporal.

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

La sueñera (1984)
Ana María Shua

miércoles, 12 de octubre de 2011

La Que No Está

Siegfried Zademack. In Gedanken verloren. Ensimismada en sus pensamientos.

Ninguna tiene tanto éxito como La Que No Está. Aunque todavía es joven, muchos años de práctica consciente la han perfeccionado en el sutilísimo arte de la ausencia. Los que preguntan por ella terminan por conformarse con otra cualquiera, a la que toman distraídos, tratando de imaginar que tienen entre sus brazos a la mejor, a la única, a La Que No Está.

Casa de Geishas
Ana María Shua

viernes, 13 de noviembre de 2009

Robinsón desafortunado

Antonio Cazorla. Sonidos del mar.
Corro hacia la playa. Si las olas hubieran dejado sobre la arena un pequeño barril de pólvora, aunque estuviese mojada, una navaja, algunos clavos, incluso una colección de pipas o unas simples tablas de madera, yo podría utilizar esos objetos para construir una novela. Qué hacer en cambio con estos párrafos mojados, con estas metáforas cubiertas de lapas y mejillones, con estos restos de otro triste naufragio literario.

Casa de geishas
Ana María Shua