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miércoles, 14 de diciembre de 2022

El cuento de nunca acabar

Carmen Martín Gaite. El cuento de nunca acabar.

IV
Río revuelto

El preámbulo

Lo mismo para contar que para tirarle de la lengua a otro, no se puede ir en plan de «aquí te pillo, aquí te mato», sino poquito a poquito. Eugenio me ha contado que en Pobladura de Aliste, cuando andaban tratando de sonsacarle a la gente de allí cuentos de la región, Cortés, que había hecho estudios de dialectología por aquella zona, les advirtió: «Que no lo noten. Tenéis que meterlos en esas preguntas con preámbulo».

Lo fugaz

Ninguna conversación buena, de esas que surgen al salto y sin la amenaza del reloj por delante, se puede repetir.
Cuanto más improvisadas, más asombran por su rigor, más necesarias. Parece como si no hubieran podido producirse de otra manera más que de aquella. 

Letreros

Hay muchas veces que lo que se va a vivir ya se decide de antemano que será excitante o divertido y se cuenta uno a sí mismo ese cuento de la diversión, le pone el letrero antes de vivirlo. Por eso vienen las decepciones. No hay nada más contraproducente.

El cuento de nunca acabar (1983)
Carmen Martín Gaite 

viernes, 14 de febrero de 2014

Los apuntes

Cuadernos Rubio.

El respeto por la letra escrita ya se inició en la infancia con aquello de "pasar a limpio" los apuntes. Los cuadernos de limpio tenían de bueno el esfuerzo que requerían de nuestra pereza para estructurar la idea esbozada, pero de malo la sensación de todo compacto e inalterable que daba esa estructura. Eso ya no se toca, ya no cría nada nuevo, no lo manches, tienes que aprendértelo así. Y si lo prestabas a una compañera el cuaderno de limpio, ella lo copiaba igual, no ponía nada de su cosecha. Es como estrenar un vestido, no va uno cómodo ni tiene libertad de movimientos -que no me ensucie, que no se me arrugue-, y en cambio con la ropa de diario, como da igual que se rasgue, se sobe o se desabroche, pueden ocurrir toda clase de aventuras. Porque no cohibe.

El cuento de nunca acabar (1983)
Carmen Martín Gaite (1925-2000)

viernes, 29 de abril de 2011

El cuento de nunca acabar

Theophile Steinten. Gato al claro de luna.

Convertir en excepcional lo cotidiano y en cotidiano lo excepcional, éste es el reto del escritor. A ningún lector le gusta que lo cotidiano sea prosaico y lo extraordinario excepcional, porque lo primero aburre y lo segundo suena a "fantasmada". "Lo importante es que quien las experimentó (las historias que cuenta) consiguiera fijarlas, transformando en infinito su fugaz y confuso acontecer, dando rostro y figura a lo impalpable mediante el recurso de la palabra".

El cuento de nunca acabar
Carmen Martín Gaite