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domingo, 27 de abril de 2014

Lista de locos

Bernardo Atxaga. Lista de locos y otros alfabetos.

Esteban, un profesor de lengua que empezó a escribir textos tan incomprensibles como éste: "Fueron agotados hipotéticamente los que pudieron en una constatación agotada siendo que eran agotados y lo fueron los que agotados podrían serlo según la trama". "¿Qué has escrito aquí, Esteban?", le decían sus alumnos, "no se entiende nada". Esteban declaraba: "Algún día lo entenderéis". Pero no fue así, los alumnos nunca llegaron a entenderlo. "¿Por dónde anda Esteban?", pregunta ahora alguno de ellos en la cena anual de antiguos compañeros de colegio. Escucha entonces la verdad: que Esteban ya no habla con nadie, que se pasa la vida en un pretil de la carretera con un libro, que nunca abre, bajo el brazo.

Koldo, que corre incansablemente por las calles de su pequeña ciudad de 30.000 habitantes gritando: "¡Dejadme en paz, dejadme en paz!".

Lorenzo, primo de Esteban, que a los 20 años colaboraba en revistas literarias de vanguardia y que a los 25 acuchilló a su mujer y se tiró al tren.

Yolanda, que declaraba: "Si fuera rica, todos me considerarían una excéntica. Desgraciadamente, no tengo dinero para pagar mi rescate. Ingresar en el manicomio es la única manera de hacer frente a las deudas".

Zoilo, que se negaba a levantarse de la cama, y que, como yo, se pasaba los días haciendo alfabetos.

Lista de locos y otros alfabetos (1998)
Bernardo Atxaga

sábado, 20 de octubre de 2012

Memorias de una vaca

Lowell Herrero. Vaca entre girasoles.

"Hace un año que llegamos aquí"- pensé un día al notar que el sol volvía a picar con fuerza. Me sorprendió reparar en ello. ¿Un año? ¿Y en qué se me había ido aquel año? Ni lo supe entonces, ni lo sé ahora. Como dice el refrán: 
Vaca dichosa no tiene historia.
Eso es lo que me pasa con la temporada que viví en pleno monte, que fui feliz y me ha quedado en la memoria como una nube. Me acuerdo, eso sí, de que la mayor parte del tiempo la pasábamos andando, yendo de un lado para otro.
¿Por qué no atravesamos ese gran bosque? -decía una de nosotras, y al momento siguiente ya nos habíamos puesto de camino, ya trotábamos. Claro que no trotábamos con la elegancia de los caballos, pero sí mejor que cualquier otra vaca del mundo. Y en ese trotar, en ese vivir como vagabundas, residía el secreto de nuestra felicidad.

Traducción de Aránzazu Sabán

Memorias de una vaca
Bernardo Atxaga

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Saldría a pasear todas las noches

Paul Delvaux. Solitude. Soledad (1955).

Saldría a pasear todas las noches, pero me da miedo, no me atrevo. A veces, cuando estoy un poco animada, bajo hasta el portal de mi casa y me pongo a caminar hacia la estación, y voy todo el tiempo diciéndome Katharina no seas tonta, no importa que las calles estén vacías, tú sigue caminando tranquila y no pienses en esas cosas que aparecen en el periódico, porque los periódicos exageran mucho y parece como que les gustara hablar de mujeres asesinadas y todo eso. Pero no he acabado de pensar en esas cosas y ya me he echado a atrás, ya estoy de vuelta.

Obabakoak
Bernardo Atxaga

sábado, 16 de julio de 2011

Horas extras

Andrzej Malinowski. Catedral verde

Camino de la casa donde nos alojábamos, pensé en lo tónico y vivificante de los viajes. En cuanto uno se alejaba de sus lugares de costumbre, las neuronas que supuestamente gobiernan la vida intelectual despertaban y se ponían a trabajar. Ya no había rutina, ya no era posible responder con lo de siempre a los estímulos de siempre; los estímulos -el paisaje, la gente- eran ahora otros, y las respuestas de repertorio no valían. De donde se deducía que para seguir vivo, para seguir despierto, era necesario moverse. Ya en la cama, con el libro de Stephen Spender entre las manos -Un mundo dentro del mundo-, encontré un lema que él atribuye a Malraux y que resumía lo que yo sentía en esos momentos: il faut agir. Sí, había que moverse, había que actuar. Era bueno andar de un lado para otro.

Horas extras
Bernardo Atxaga

martes, 23 de febrero de 2010

Las gaviotas

Bernardo Atxaga. Fotografía de Ernesto Valverde.

Todas las tardes
se reúnen las gaviotas
frente a la estación del tren:
Allí repasan sus amores.

En su libro de memorias
dos flores de sándalo:
una señala la página de los puentes,
otra la de los suicidas.

Y también guardan una fotografía
del mendigo que, hace tiempo, transportaba
los despojos del mercado.

Pero su pequeño corazón
-que es el de los equilibristas-
por nada suspira tanto
como por esa lluvia tonta
que casi siempre trae el viento,
que casi siempre trae el sol.

Por nada suspira tanto
como por el inacabable
(cabalé, cabalá)
continuo mudar
del cielo y de los días.

Las gaviotas
Bernardo Atxaga

sábado, 22 de marzo de 2008

Yo, Jean Baptiste Hargous

Bernardo Atxaga
Yo, Jean Baptiste Hargous, soldado desde que tenía unos trece años, dejé mi ciudad de Nancy el día quinto del mes de diciembre del año después de la Encarnación de Nuestro Señor de ochocientos sesenta y siete, y partí a luchar contra el ejército de los normandos bajo el estandarte de Lorena, que era azul y blanco. Pues los normandos habían saqueado las ciudades de Blois y Orleáns, que nos eran muy hermanas, y el conde Lotario, dueño del reino y de nuestras vidas, hombre de poca paciencia, decidió no quedarse al resguardo de las murallas. Partimos, pues, como he dicho, el quinto día de diciembre, en número de dos mil hombres y setecientos caballos.
Obabakoak
Bernardo Atxaga