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lunes, 30 de julio de 2018

Rosa

Pierre-Joseph Redouté. Rosa Inermis.

Rosa, oh contradicción pura, alegría
de ser sueño de nadie bajo tantos
párpados.

Traducción de José María Valverde

Obras
Rainer Maria Rilke

Rosa

Pierre-Joseph Redouté. Rosa Inermis.

Rosa, oh contradicción pura, alegría
de ser sueño de nadie bajo tantos
párpados.

Traducción de José María Valverde

Obras
Rainer Maria Rilke

domingo, 16 de septiembre de 2012

Los apuntes de Malte Laurids Brigge

Rainer Maria Rilke. Los apuntes de Malte Laurids Brigge.

¡Ay, pero con los versos se ha hecho muy poco cuando se escriben pronto! Se debería esperar para ello, y reunir sentido y dulzura a lo largo de toda una vida, posiblemente una larga vida, y luego, hacia el final, quizá se podrían escribir diez líneas que fueran buenas. Porque los versos no son como cree la gente, sentimientos (estos se tiene bastante pronto): son experiencias. Para un solo verso se deben ver muchas ciudades, hombres y cosas; se deben conocer los animales, se debe sentir cómo vuelan los pájaros, y saber con qué ademanes se abren las florecillas por la mañana. Se debe poder pensar otra vez en lugares desconocidos, en encuentros inesperados y en despedidas que se vieron venir durante mucho tiempo; en días de infancia, que todavía siguen sin explicar; en los padres, a los que hacíamos daño cuando nos traían una alegría que no comprendíamos (era una alegría para otros); en las enfermedades de niño, que empiezan tan extrañamente, con tan hondas y difíciles transformaciones; en días en cuartos quietos y recogidos, y en mañanas en el mar; en el mar, sobre todo, en mares, en noches de viaje, que corrían altas y volaban con todas las estrellas; y todavía no es bastante el poder pensar en todo esto. Hay que tener recuerdos de muchas noches de amor, ninguna de las cuales se parecía a otra; de gritos de parturientas, y de leves, blancas paridas dormidas, que se cierran. Pero también hay que haber estado con agonizantes; hay que haber estado sentado entre muertos, en el cuarto con la ventana abierta y los ruidos a golpes. Y tampoco bastan que se tengan recuerdo. Es preciso poderlos olvidar, cuando son muchos, y es preciso tener la gran paciencia de esperar a que vuelvan. Porque los recuerdos mismos aún no son eso. Sólo cuando se hacen sangre en nosostros, mirada y gesto, sin nombre, y ya no distinguibles de nosotros mismos, sólo entonces, puede ocurrir que en una hora muy extraña brote en su centro la primera palabra de un verso, y parta de ellos.

Traducción de José María Valverde

Los apuntes de Malte Laurids Brigge
Rainer Maria Rilke

lunes, 4 de junio de 2012

Cartas a un joven poeta

Rilke en Moscú, retratado por Leonid Pasternak en 1928.

París, 17 de febrero de 1903

Pregunta usted si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Antes se lo ha preguntado a otros. Los envía a revistas. Los compara con otros poemas, y le preocupa que ciertas redacciones rechacen sus trabajos. Pues bien, ya que me autoriza a aconsejarle, le ruego que deje de hacer todas esas cosas. Usted mira hacia fuera, y eso es algo que de ningún modo debe hacer ahora. Nadie puede aconsejarle y ayudarle, nadie. Sólo hay un medio . Entre en sí mismo. Investigue el motivo que lo impulsa a escribir; compruebe si extiende sus raíces hasta el rincón más hondo de su corazón, y dígase sinceramente a sí mismo si moriría en caso de que le estuviera vedado escribir. Sobre todo eso: pregúntese, en la hora más serena de la noche: "¿Tengo que escribir?". Escarbe en su interior hasta encontrar una respuesta profunda. Y si ésta es afirmativa, si puede usted replicar a esa grave pregunta con un fuerte y sencillo "Sí", no dude en plantearse su vida en razón de esa necesidad, porque en ese caso su vida habrá de ser, hasta en su hora más indiferente y nimia, manifestación y testimonio de esa necesidad.

Traducción de Joan Parra

Cartas a un joven poeta
Rainer Maria Rilke

viernes, 24 de febrero de 2012

Los apuntes de Malte Laurids Brigge

Stop Wengenroth. Her Majesty. Su Majestad (1975).

¡Oh, qué suerte feliz, sentarse en el cuarto tranquilo de una casa heredada entre cosas claras, tranquilas, bien posadas y escuchar fuera, en el jardín ligero, verde-claro, los primeros pájaros que se ensayan y, en la lejanía, el reloj de la aldea! Sentarse y mirar un tibio trecho del sol de la tarde y saber mucho de las muchachas antiguas y ser poeta. Y pensar que yo también hubiera sido un poeta así, si hubiera podido vivir en algún sitio, en alguna parte del mundo, en una de las muchas casas de campo cerradas, de las que nadie se preocupa. Hubiera necesitado un solo cuarto (el cuarto claro en la torre). Allí dentro, hubiera vivido con mis viejas cosas, los libros. Y habría tenido una butaca y flores y perros y un bastón fuerte para el camino pedregoso. Y nada más. Sólo un libro encuadernado en cuero amarillento, marfileño, con un viejo dibujo de flores en el forro; en él habría escrito. Habría escrito mucho, porque habría tenido muchos pensamientos y recuerdos de muchos.
Pero ha sido de otro modo, Dios sabrá por qué. Mis viejos muebles se pudren en un granero, donde los he podido dejar, y yo mismo, sí, Dios mío, no tengo techo encima de mí, y me llueve en los ojos.

Traducción de José Mª Valverde

Los apuntes de Malte Laurids Brigge
Rainer Maria Rilke

lunes, 18 de mayo de 2009

Carta a Lou Andreas-Salomé

Luis Romero. Divisando Ronda.
Ronda, España, Hotel Reina Victoria, 19 de Dbre. 1912.
Querida Lou:
... Emprendí viaje hacia el sur, me detuve asombrado ante Córdoba, tuve tiempo para percatarme que Sevilla no me decía nada, y algo me llevó a Ronda. Y heme aquí ahora donde, en un ambiente no menos increíble espero tan sólo una mejor repartición de la sangre bajo la influencia del aire puro de altura que, procedente de las montañas abiertas en círculo, acaricia por todas partes esta ciudad encaramada también sobre rocas escarpadas.
Cuando despierto por las mañanas aparece ante mi ventana abierta la montaña tranquila, tendida en el espacio puro. ¿Cómo me las arreglo para que esto no me conmueva lo más mínimo? Hace cuatro o cinco años nada más, un amanecer, durante la travesía de Capri en dirección a Nápoles, era capaz de transformarme de arriba abajo en puro gozo, en un gozo completamente nuevo, nunca antes experimentado, un gozo que brotaba de mí y llegaba a todos los seres como el hallazgo de una fuente. Y ahora estoy sentado aquí y miro y miro hasta dolerme los ojos, y trato de grabarme lo que estoy viendo y me lo repito como si tuviera que aprenderlo de memoria, y, a pesar de todo, no lo hago mío y soy sencillamante como uno cualquiera al que esto le estuviera vedado.

Debo decirte, Lou, que tengo la sensación como si lo que a mí tal vez me podría ayudar fuese un ambiente semejante al que he tenido a tu lado en Schmagendorf: largos paseos por el bosque, correr descalzo y dejar crecer la barba día y noche, un cuarto templado, y la luna tantas veces como se digne salir, y las estrellas, si es que las hay, de lo contrario arrellanarse cómodamente en el asiento y oir la lluvia o la tempestad como si eso fuese Dios mismo.
Cuando hagas algún viaje, querida Lou, acuérdate y toma nota por si ves algún lugar donde esto pudiera ser factible. A veces pienso en la Selva Negra, en la comarca de Triberg, en Rippoldsau; otras veces pienso de nuevo en Suecia, como, por ejemplo, en casa de Ellen Key (pero mejor quisiera no estar "en casa" de nadie), o en su cercanía junto a un lago en medio de los bosques, o en la proximidad de una pequeña ciudad universitaria alemana, pues tener libros, o mejor todavía, una persona con quien se pudiera aprender, eso sería, naturalmente, ideal.

Carta a Lou Andreas-Salomé
Rainer Maria Rilke