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viernes, 22 de julio de 2016

Lisboa, 26 de septiembre de 1982

Howard Fogg. Tren.

Viaje en tren. Y aquí estoy, dándole alegría a mi espíritu y lamentando los perjuicios y las desgracias que el automóvil y el avión nos han causado. La velocidad terrestre o aérea de estos inquietantes medios de transporte de nuestra prisa y de nuestra soledad nunca me proporcionó momentos tan placenteros, tan cordiales y tan ricos como éstos de ahora. Un compartimento oscurecido por la presencia de cinco tipos sombríos y bastó que entrara aquel hombre aparentemente anodino, para que todo cambiase de color. A pesar de no conocer a nadie, se puso a hablar con todos, y en cosa de minutos aquel pequeño cubículo parecía un hogar feliz. No tardamos mucho en comer y beber totalmente confraternizados. Llevaba whisky en la bolsa de viaje, fue a comprar pasteles y refrescos, nos habló de su existencia aventurera de viajante de comercio e hizo reir hasta a los más serios. Y, mientras yo iba aportando también  mi chispita de gracia, pensaba en el milagro de que existan personas así, que rezuman humanidad por los cuatro costados. Que no se rinden a ese absurdo que es la vida. Que son felices en todas las circunstancias. Que animan los momentos más penosos con la irresponsabilidad de su entusiasmo. Que no han leído nunca, ni saben siquiera que fue escrito, el Eclesiastés.

Traducción de Eloísa Álvarez

Diario (1932-1987)
Miguel Torga

lunes, 2 de marzo de 2015

Oaxaca, Méjico, 7 de marzo de 1984

Katriona Chapman. Hieroglifos.

Ha valido la pena venir en peregrinación desde tan lejos a esta acrópolis extraña, perturbadora, de Monte Albán, preservada del mundo por horizontes ilimitados y tan cerca del cielo que parece tocarlo, en que la emoción se tropieza a cada paso con el enigma de cada templo y nuestra comprensión se limita a comprobar que la fe ha sido siempre absurda y que la serenidad hierática de las cariátides helénicas ha dejado aquí sitio a la inquietud retorcida de decenas de figuras humanas en bajorrelieves, poseídas por no sé qué delirio gestual. Personajes vigorosos, rudos, arrebatados, en un ballet trágico-cómico que permanece oscuro hasta para los especialistas. El guía nos lo explica. De nada vale. Lo que me gustaría es ver descifrados estos glifos, que él señala al lado de imágenes insólitas, y que confiesa indescifrables, convencido como estoy que los bailarines intentan con su voz de piedra decirnos que ya sabían de la vida y de la muerte por lo menos tanto como nosotros. Y permanezco solo, alejado de mis compañeros, mirando el vasto recinto inundado de sol y de misterio, dándole vueltas a un viejo pensamiento: ¡Qué lucha ha entablado el hombre siempre con sus fantasmas! ¡Y la ironía con que los llama dioses!

Traducción de Eloísa Alvarez

Diario (1932-1987)
Miguel Torga

jueves, 29 de noviembre de 2012

Lisboa, 26 de septiembre de 1982

Howard Fogg. Bordeando el río Ánimas.

Viaje en tren. Y aquí estoy, dándole alegría a mi espíritu y lamentando los perjuicios y desgracias que el automóvil y el avión nos han causado. La velocidad terrestre o aérea de estos inquietantes medios de transporte de nuestra prisa y de nuestra soledad nunca me proporcionó momentos tan placenteros, tan cordiales y tan ricos como éstos de ahora. Un compartimento oscurecido por la presencia de cinco tipos sombríos y bastó que entrara aquel hombre aparentemente anodino, para que todo cambiase de color. A pesar de no conocer a nadie, se puso a hablar con todos, y en cosa de minutos aquel pequeño cubículo parecía un hogar feliz. No tardamos mucho en comer y beber totalmente confraternizados. LLevaba whisky en la bolsa de viaje, fue a comprar pasteles y refrescos, nos habló de su existencia aventurera de viajante de comercio e hizo reir hasta a los más serios. Y, mientras yo iba aportando también mi chispita de gracia, pensaba en el milagro de que existan personas así, que rezuman humanidad por los cuatro costados. Que no se rinden a ese absurdo que es la vida. Que son felices en todas las circunstancias. Que animan los momentos más penosos con la irresponsabilidad de su entusiasmo. Que no han leído nunca, ni saben siquiera que fue escrito, el Eclesiastés.

Traducción de Eloísa Álvarez

 Diario (1932-1987)
Miguel Torga

lunes, 1 de octubre de 2012

Milán, 28 de diciembre de 1937

Miguel Torga, retratado por Bottelho.

Una de las perspectivas más reducidas que puede adoptar el que pasa por una ciudad como ésta, es seguir como un perro las huellas de los grandes hombres.
Por aquí pasó Julio César... Por aquí pasó Napoleón...
Terminan siendo ellos los caminos, los puentes, las casas y el paisaje.
No es que el culto a los grandes hombres sea un mal. No lo es. Pero me parece una exageración sacarlos de su papel de estrellas en una noche de hielo, y hacer de ellos sombras de un cálido día de sol.
Pero muy pocos consiguen resistirse a esta tentación. Yo mismo, y hoy, en la Biblioteca Ambrosiana, no he podido evitar este estremecimiento imbécil: en este mismo lugar estuvo Sthendal, estuvo Byron...
Y esto me produjo la sensación de que se había enturbiado el agua pura que estaba bebiendo. Ya no era como en mi región de Trás-os-Montes, esa alegría virgen de estar yo solo y sentirme puro ante una hiniesta en flor.

Traducción de Eloísa Álvarez

Diario (1932-1987)
Miguel Torga

lunes, 12 de marzo de 2012

Coimbra, 26 de octubre de 1984

Miguel Torga, retratado por Carlos Botelho (2003).

El hombre, lo quiera o no, tiene dos vidas. Una que se ve y otra que no se ve. La primera le permite vivir de acuerdo con la sociedad; la segunda vivir de acuerdo consigo mismo. Y por ambas será condenado el Día del Juicio. Porque en ambas ha pecado. Contra sí mismo y contra sus semejantes.

Traducción de Eloísa Alvarez

Diario (1932-1987)
Miguel Torga

sábado, 21 de enero de 2012

Portel, 10 de diciembre de 1966


Miguel Torga. Diario (1932-1987).

Soy un andarín incansable y las impresiones más profundas de los lugares que visito son precisamente las de las personas que en ellos encuentro. Estoy pensando, por ejemplo, en la dueña de una pensión de La Carolina, en España, que ensanchó con su amplia dimensión femenina los límites del paisaje. En los ojos de aquella turca que reflejaban la intimidad del mar Negro, en la figura de aquel Pope que hacía más intenso el bizantinismo de las iglesias de Atenas.
Si en este momento fuese ya posible ir a la Luna, yo no haría ese viaje. Un mundo sin seres humanos no me interesa. Soy un goloso de panoramas, sí, pero habitados. No deja de ser un riesgo. No siempre encuentro espíritus de excepción en mis andanzas. Pero, incluso así, prefiero mil veces la mancha oscura de su presencia en el decorado que voy descubriendo, que la blancura de su ausencia.

Traducción de Eloísa Álvarez

Diario (1932-1987)
Miguel Torga

lunes, 19 de diciembre de 2011

Carvoeiro, 4 de julio de 1973

Miriam Escofet. Olivo.

No paro. Llevo en la sangre un nomadismo ancestral, tan riguroso al menos como esos dos polos, el natal y el adoptivo, a los que regreso siempre. Es una necesidad de caminar, de devorar leguas, de conocer tierras, de obtener perspectivas del mundo desde todos los ángulos. Me siento bien cuando contemplo paisajes nuevos, cuando oigo acentos extraños, cuando visito monumentos ignorados. Me da la impresión de que soy más yo bajo mi piel, de que estoy más de acuerdo conmigo mismo, de que soy más dueño de mis certidumbres. Es como si cada uno de estos horizontes, en que soy un extraño, me devolviese entero, despojado de todas esas inevitables complicidades que la costumbre va tejiendo en nosotros, y virginalmente capaz de arriesgar juicios tan temerarios e irrefrenables como declaraciones de amor.

Traducción de Eloísa Álvarez

Diario (1932-1987)
Miguel Torga

martes, 6 de diciembre de 2011

Gerês, 17 de agosto de 1958

Miriam Escofet. Olivo.

Soy, realmente, un geófago insaciable, que necesita diariamente algunos kilómetros de alimento. Devoro planicies como quien come obleas y me tiro a las serranías como a la borona de mi infancia. Es fisiológico, esto. Comer tierra es una practica tan vieja como el hombre. Antes de que ella lo engulla, la engulle él. Lo peor, en mi caso concreto, es que exagero. Me atiborro de horizontes, de montañas, y después me siento casi una provincia suplementaria de Portugal. Una provincia aún más pobre que las otras, que únicamente produce unos estériles y tristes versos...

Traducción de Eloísa Álvarez

Diario (1932-1987)
Miguel Torga

jueves, 29 de septiembre de 2011

Coimbra, 16 de junio de 1958

M. Dubourg. El puente Salaro.

Felices los que nunca han salido de aquí, o los que regresaron tan ciegos como salieron. Un portugués que viaja por Europa y que al volver sigue creyendo que somos los mejores del mundo está en gracia de Dios.

Traducción de Eloísa Álvarez

Diario (1932-1987)
Miguel Torga