Mostrando entradas con la etiqueta Cristina Peri Rossi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cristina Peri Rossi. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de noviembre de 2021

Acerca de la escritura

Bora Tarhan. Hotel 65.

La primera vez que surge la figura del escritor tal como la conocemos es entre los egipcios. La función del escriba, situado del lado de los magos, era dejar constancia del presente. Ser la memoria de la especie, sin la cual no habría futuro ni civilización. Dejar memoria del presente y adivinar el futuro, funciones que tienen también que ver con la magia, que convocando el futuro trata de preservarnos de él. Muchas veces el escritor ha sido, como decía Kafka, un reloj que adelanta. Ha leído, en los signos de la realidad, el futuro. Creo que seguimos, mal que bien, sosteniendo esa función. Tratamos de consignar el presente, lo que es fugitivo. Es una lucha contra la muerte: todo está condenado a desaparecer y la escritura es un intento de fijar, para los demás, lo efímero. Intento vano, por supuesto, porque se leerá otra cosa. Esta tarea de la escritura es la tarea de todos nosotros. Cuando se llama a la escritura creación suena un poco ampuloso, grandilocuente, porque, en cierto sentido, la cuota de creación es muy poca. Balzac, por ejemplo, decía: «Soy el secretario de la realidad». Se atribuía sólo el rol de amanuense de lo real. 
El momento en que se escribe, es un momento de plenitud, que tiene relación con las instancias de la sensualidad. Las palabras tiene densidad, color, al juntarse con otras cobran nuevos sentidos, toman parte. Es, asimismo, un acto transcendente; se es parte de la especie humana, contribuyendo al acervo común.

Acerca de la escritura (1991)
Cristina Peri Rossi

Acerca de la escritura

Bora Tarhan. Hotel 65.

La primera vez que surge la figura del escritor tal como la conocemos es entre los egipcios. La función del escriba, situado del lado de los magos, era dejar constancia del presente. Ser la memoria de la especie, sin la cual no habría futuro ni civilización. Dejar memoria del presente y adivinar el futuro, funciones que tienen también que ver con la magia, que convocando el futuro trata de preservarnos de él. Muchas veces el escritor ha sido, como decía Kafka, un reloj que adelanta. Ha leído, en los signos de la realidad, el futuro. Creo que seguimos, mal que bien, sosteniendo esa función. Tratamos de consignar el presente, lo que es fugitivo. Es una lucha contra la muerte: todo está condenado a desaparecer y la escritura es un intento de fijar, para los demás, lo efímero. Intento vano, por supuesto, porque se leerá otra cosa. Esta tarea de la escritura es la tarea de todos nosotros. Cuando se llama a la escritura creación suena un poco ampuloso, grandilocuente, porque, en cierto sentido, la cuota de creación es muy poca. Balzac, por ejemplo, decía: «Soy el secretario de la realidad». Se atribuía sólo el rol de amanuense de lo real. 
El momento en que se escribe, es un momento de plenitud, que tiene relación con las instancias de la sensualidad. Las palabras tiene densidad, color, al juntarse con otras cobran nuevos sentidos, toman parte. Es, asimismo, un acto transcendente; se es parte de la especie humana, contribuyendo al acervo común.

Acerca de la escritura (1991)
Cristina Peri Rossi

martes, 18 de mayo de 2021

El combate II

François Miville-Deschênes. Combate.

En el sueño
quise preguntarle
a la bella gladiadora
cuál era el sentido del combate
porqué la lucha
cuál era el trofeo.

Sonrió y me dijo:
Se lucha
sólo
porque se vive.

Inmovilidad de los barcos (1997)
Cristina Peri Rossi 

El combate II

François Miville-Deschênes. Combate.

En el sueño
quise preguntarle
a la bella gladiadora
cuál era el sentido del combate
porqué la lucha
cuál era el trofeo.

Sonrió y me dijo:
Se lucha
sólo
porque se vive.

Inmovilidad de los barcos (1997)
Cristina Peri Rossi 

viernes, 1 de mayo de 2020

El Club de los Indecisos

Cristina Peri Rossi. Cosmoagonías.

Los indecisos saben que cualquier decisión es parcialmente equivocada, no por el sentido de la misma, sino por el mero hecho de elegir. Es tan impertinente, en todo caso, salir o no salir a la calle, de modo que el hombre que opta por abrir la puerta, cruzar el umbral e integrarse a la muchedumbre anónima que circula por la ciudad no se equivoca menos que el otro, cerrador de puertas, que decide instalarse en un sillón y no abandonar la casa. Una u otra decisión, aparentemente opuestas, coinciden en un punto: intervienen sobre la realidad, desencadenan una serie de hechos imprevisibles y determinan otros, en un proceso incontrolable acerca del cual una sola responsabilidad es excesiva, y ninguna, cobardía.

Cosmoagonías (1988)
Cristina Peri Rossi 

El Club de los Indecisos

Cristina Peri Rossi. Cosmoagonías.

Los indecisos saben que cualquier decisión es parcialmente equivocada, no por el sentido de la misma, sino por el mero hecho de elegir. Es tan impertinente, en todo caso, salir o no salir a la calle, de modo que el hombre que opta por abrir la puerta, cruzar el umbral e integrarse a la muchedumbre anónima que circula por la ciudad no se equivoca menos que el otro, cerrador de puertas, que decide instalarse en un sillón y no abandonar la casa. Una u otra decisión, aparentemente opuestas, coinciden en un punto: intervienen sobre la realidad, desencadenan una serie de hechos imprevisibles y determinan otros, en un proceso incontrolable acerca del cual una sola responsabilidad es excesiva, y ninguna, cobardía.

Cosmoagonías (1988)
Cristina Peri Rossi 

sábado, 1 de abril de 2017

Estrategias del deseo

Cristina Peri Rossi. Estrategias del deseo.

Contra la identidad

La pregunta que me atormentaba a los seis años
«¿por qué soy yo y no cualquier otro u otra?»
sigue sin respuesta
muchos años después.

Sólo que en ese tiempo
a menudo he sido otro
otra
sin necesidad de ir a Casablanca
a cambiar de sexo
ni a una clínica de cirugía estética
a cambiar de aspecto.


Contra lo ordinario

Nadie ha podido demostrar hasta ahora
       de manera fehaciente
que los pequeños deseos
son más fáciles de conseguir que los grandes.
Sólo se ha podido demostrar
        de manera fehaciente
que son más numerosos.

Estrategias del deseo (2004)
Cristina Peri Rossi

jueves, 15 de octubre de 2015

Niñas

Wang Shuquin. Niña y gato.

En la rue de L'Épinal
hay tres niñas
que tú miras jugar
y hay un gato que también las mira
codicioso
y tú llegas a albergar
pavorosos celos de ese gato
cada vez que ellas lo invitan
a participar en sus juegos.
Te gustaría tener su pelambre
y esa indiferencia
que lo hace mirarlas con desdén
y preferir un salmón.

Diáspora (1976)
Cristina Peri Rossi

jueves, 16 de abril de 2015

Mensajes

Cristina Peri Rossi, en 1986. Foto: Elisa Cabot.

Se escribe
como se lanza botella al mar:
soñando con una playa
un lector, una lectora.
Pero cuando por azar de los vientos
y la conjunción errática de las mareas
la botella navegante llega a la orilla
y alguien la recoge
-lee el mensaje-
hay que confesar: quien envió el mensaje
está ya en otra cosa.

Inmovilidad de los barcos (1997)
Cristina Peri Rossi

viernes, 10 de octubre de 2014

Acerca de la escritura

Annick Bouvattier. En la ciudad.

La literatura es una referencia especular, a veces doblemente: siento algo y luego busco la manera adecuada para que el lector sienta lo mismo. Hace años estaba enamorada y me encontraba con el objeto de mis amores en una cafetería de Barcelona llamada Berlín. Hace unos meses volví a pasar por ese lugar y la cafetería ya no estaba: construyeron la sucursal de un banco. Al volver a casa escribí un poema:

El auge de la edificación

Berlín, el café de nuestras citas
ya no existe.
En su lugar se eleva un Barclays Bank.
Tu antigua casa fue derruida,
en su lugar han construido un rascacielos.
Por eso escribo este poema:
para que exista en la página blanca,
en los huecos de las letras,
contra el viento devastador
que destruye la memoria.

Acerca de la escritura (1991)
Cristina Peri Rossi

lunes, 17 de marzo de 2014

Religiones

Cristina Peri Rossi, fotografiada por Inés Marful.

No me gusta el monoteísmo
ni me gusta la monogamia
Entre dioses diversos
es posible encontrar uno benevolente
y entre varios amores
es posible encontrar uno verdadero.

Inmovilidad de los barcos (1997)
Cristina Peri Rossi 

miércoles, 9 de enero de 2013

Atlas

Atlas. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Sostiene el universo sobre sus hombros. No debe asombrar a nadie, pues éste ha dado múltiples pruebas de su desequilibrio. Sostener el universo sobre los hombros es una tarea absorbente y delicada, que exige toda su concentración; no puede permitirse distracciones, ni pausas, ni paseos por los lagos, ni viajes de placer. Tampoco puede desempeñar otra tarea (no puede tener un interesante empleo en la administración pública); no ha buscado esposa ni tiene hijos. Es, también, una tarea silenciosa y poco brillante, por la cual no recibe tarjetas de felicitación a fin de año, ni aguinaldo, ni premios especiales. Nadie parece prestar demasiada atención al hecho de que sostiene el universo sobre sus hombros, como no se presta atención al empleado de los retretes públicos; ambos saben que son tareas silenciosas pero imprescindibles.
No siempre sostuvo el universo sobre sus hombres; los primeros años de su niñez transcurrieron sin esa responsabilidad, pero no fueron muchos; tiene una imagen desvaída de esa época, quizás porque el peso de sostener el universo le ha arruinado la memoria.
No discute el hecho de que sea él y no otro quien sostiene el universo; lo acepta de una manera visceral, quizás porque se trata de un fatalista que no cree en la posibilidad de modificar sustancialmente las cosas. Hace su trabajo con concentración, aunque a veces siente el deseo de pasear, de tomarse unas vacaciones.
No discute con nadie la índole de su trabajo y le gustaría que alguien, al verlo sostener el pesado universo sobre sus hombros, le sonriera. Pero si esto no ocurre (y de hecho: no ocurre), tampoco se deprime. Ha conseguido instalar en sí mismo una sabia indiferencia ante los placeres mundanos (que de todos modos le estarían vedados por la índole de su trabajo), la comodidad, el lujo y las aficiones de la carne. Carece de cualquier clase de religión y no atribuye a su tarea ningún sentido místico: detestaría ser el origen de una corriente religiosa o política.
Ahora que su salud declina (es un ser mortal como cualquier otro), se pregunta quién será el llamado a sustituirle.No tiene descendencia y no cree que, de todos modos, se trate de un cargo hereditario. Tampoco piensa que la elección dependa de alguna clase de mérito social, intelectual o político. Sabe que es una tarea pesada, ingrata, mal remunerada, pero la única frente a la cual no existe opción. No conoce quiénes fueron sus antepasados en el cargo, y posiblemente le esté vedado conocer al sucesor. Pero quizás por efectos de la vejez, recuerda con especial ternura al niño que un día comenzó a sostener el universo sobre sus hombros. No juzga de ninguna manera a los hombres y mujeres que exonerados de esa tarea, se dedican a otras ocupaciones.
Lo que más le molesta es no ir al cine.

Una pasión prohibida (1987)
Cristina Peri Rossi

lunes, 9 de abril de 2012

Grandes almacenes

Cristina Peri Rossi. Imagen tomada de El País.

En las grandes tiendas
me mareo
ando exiliada
confundo los pisos
tantos objetos me saturan
Sólo quiero comprar un bolígrafo
o un rotulador
Estoy en el centro de la Civilización Occidental:
que alguien me dé un mapa
Y además, toda esa gente feliz,
inmensamente satisfecha
de diponer
de poco dinero
para tantas cosas.

Inmovilidad de los barcos (1997)
Cristina Peri Rossi

viernes, 5 de noviembre de 2010

Adán y Eva

Adriaen van der Werff. Adán y Eva, en el Paraíso.

Graciela propuso a cuarenta escolares, comprendidos entre los siete y los doce años, que describieran a Adán y a Eva, en el Paraíso. Luego, recogió las respuestas:

Adán vivía muy felis entre los arboles y las plantas asta que llegó la Eva y le hiso comer la manzana porque quería matarlo y reinar ella sola.

Dios sacó a Eva de una costilla de Adán porque el se aburría un poco y tenia ganas de tener a quien mandar.

Mi padre dise que Eva era como todas las mujeres que se pasan el día conversando con las vecinas y viven fastidiando a los hombres para que les compren cosas, ropas y eso.

La historia esa es un poco confusa, porque nadie entiende porqué a Dios se le ocurrió ponerle a Eva de compañera. Si en vez de ponerle una mujer le hubiera puesto a otro, a un hombre, como él, Adán la habría pasado mucho mejor. Pescarían juntos, se irían de paseo a cazar fieras y los sábados a la noche de farra.

Dios como era muy machista lo primero que hiso dise mi mamá fue inventar al hombre y después ensima dise que Eva le nasió de un costado que dise mi mamá que ojalá todos los partos del mundo fueran ashí las mujeres lo pasaríamos más aliviadas.

La nave de los locos
Cristina Peri Rossi

jueves, 5 de febrero de 2009

La ciudad de Luzbel

Paul Delvaux. La entrada a la ciudad
De luzbel no se puede salir, pero en cambio, se puede entrar, aunque nadie parece haberlo hecho deliberadamente. Se arriba por casualidad, se llega porque no se pudo ir a otra parte. Son muchos los viajeros que se detuvieron en la ciudad de Luzbel sólo en tránsito, como etapa de un viaje más largo, y no volvieron a salir de ella. Iban por un día, por una noche, pero algo -imperceptible- los detuvo y ya no salieron más. "Lo que los retuvo es el tiempo -me comentó el viajero-, la inmovilidad de un tiempo estancado, siempre el mismo, para el cual no existe el mañana, ni el después". No dan explicaciones, ni arguyen pretextos para quedarse, porque nadie les pregunta nada, y porque, somnolientos, como hipnotizados, tampoco saben que se están quedando...

Cosmoagonías
Cristina Peri Rossi