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martes, 29 de septiembre de 2020

Pensar / Clasificar


Georges Perec. Pensar / Clasificar.

V
Notas breves sobre el arte y el modo de ordenar libros

Toda biblioteca responde a una doble necesidad, que a menudo es también una doble manía: la de conservar ciertas cosas (libros) y la de ordenarlos según ciertos modos.

Por ende, uno de los principales problemas que encuentra el hombre que conserva los libros que leyó o se promete leer un día es el crecimiento de su biblioteca. No todos tienen la oportunidad de ser el capitán Nemo:

"... el mundo terminó para mí el día en que mi Nautilus se sumergió por primera vez bajo las aguas. Ese día compré mis últimos volúmenes, mis últimos folletos, mis últimos diarios, y desde entonces quiero creer que la humanidad no ha pensado ni escrito nada más".

Los 12.000 volúmenes del capitán Nemo, uniformemente encuadernados, están clasificados de una vez por todas y con mayor facilidad aun, puesto que esta clasificación, se nos aclara, no tiene en cuenta el idioma (precisión que no concierne en absoluto al arte de ordenar una biblioteca sino que sólo quiere enfatizar que el capitán Nemo habla por igual todas las lenguas). Pero para nosotros, que continuamos relacionados con una humanidad que se obstina en pensar, escribir, y sobre todo en publicar, el problema de crecimiento de nuestras bibliotecas tiende a convertirse en el único problema real: pues es evidente que hoy no es demasiado difícil conservar diez o veinte libros, incluso cien, pero cuando comenzamos a tener 361, o mil o tres mil, y sobre todo cuando el número empieza a aumentar casi todos los días, se presenta el problema de ordenar estos libros en alguna parte, y también de tenerlos a mano porque, por una u otra razón, un día deseamos o necesitamos leerlos al fin, e incluso releerlos.
Así el problema de las bibliotecas sería un problema doble: primero un problema de espacio, y después un problema de orden.

Traducción de Carlos Gardini

Pensar / Clasificar
Georges Perec

Pensar / Clasificar


Georges Perec. Pensar / Clasificar.

V
Notas breves sobre el arte y el modo de ordenar libros

Toda biblioteca responde a una doble necesidad, que a menudo es también una doble manía: la de conservar ciertas cosas (libros) y la de ordenarlos según ciertos modos.

Por ende, uno de los principales problemas que encuentra el hombre que conserva los libros que leyó o se promete leer un día es el crecimiento de su biblioteca. No todos tienen la oportunidad de ser el capitán Nemo:

"... el mundo terminó para mí el día en que mi Nautilus se sumergió por primera vez bajo las aguas. Ese día compré mis últimos volúmenes, mis últimos folletos, mis últimos diarios, y desde entonces quiero creer que la humanidad no ha pensado ni escrito nada más".

Los 12.000 volúmenes del capitán Nemo, uniformemente encuadernados, están clasificados de una vez por todas y con mayor facilidad aun, puesto que esta clasificación, se nos aclara, no tiene en cuenta el idioma (precisión que no concierne en absoluto al arte de ordenar una biblioteca sino que sólo quiere enfatizar que el capitán Nemo habla por igual todas las lenguas). Pero para nosotros, que continuamos relacionados con una humanidad que se obstina en pensar, escribir, y sobre todo en publicar, el problema de crecimiento de nuestras bibliotecas tiende a convertirse en el único problema real: pues es evidente que hoy no es demasiado difícil conservar diez o veinte libros, incluso cien, pero cuando comenzamos a tener 361, o mil o tres mil, y sobre todo cuando el número empieza a aumentar casi todos los días, se presenta el problema de ordenar estos libros en alguna parte, y también de tenerlos a mano porque, por una u otra razón, un día deseamos o necesitamos leerlos al fin, e incluso releerlos.
Así el problema de las bibliotecas sería un problema doble: primero un problema de espacio, y después un problema de orden.

Traducción de Carlos Gardini

Pensar / Clasificar
Georges Perec

martes, 17 de mayo de 2011

Me acuerdo

Andreas M. Wiese. El coche rojo.

Me acuerdo de cuando iba a buscar leche con un cubo de estaño todo abollado.

Me acuerdo del pan amarillo que hubo durante algún tiempo después de la guerra.

Me acuerdo solo de algunos nombres de los siete enanitos: Gruñón, mudito, sabio.

Me acuerdo de 'Sissi' con Romy Schneider.

Me acuerdo de la Nouvelle Vague.

Me acuerdo de que mi tío tenía un 11 CV con matrícula 7070 RL2.

Traducción de Yolanda Morató.

Me acuerdo
Georges Perec

viernes, 8 de abril de 2011

Especies de espacios

Georges Perec, fotografiado por Christine Lipinska.

del movimiento

Vivimos en alguna parte: en un país, en una ciudad de aquel país, en un barrio de aquella ciudad, en una calle de aquel barrio, en un inmueble de aquella calle, en un apartamento de aquel inmueble.

Hace tiempo que tendríamos que haber cogido la costumbre de desplazarnos libremente, sin que nos costara. Pero no lo hemos hecho: nos hemos quedado donde estábamos; las cosas se han quedado como estaban. No nos hemos preguntado por qué aquello estaba allí y no en otro sitio, por qué esto era así y no de otro modo. Enseguida ha sido demasiado tarde evidentemente, ya hemos adquirido unas costumbres. Empezamos a creer que estamos bien donde estamos. Después de todo se estaba tan bien aquí como enfrente.

Nos cuesta mucho cambiar, aunque sólo fuera cambiar los muebles de sitio. Mudarse supone toda una historia. Nos quedamos en el mismo barrio, y si cambiamos lo lamentamos.

Tienen que ocurrir cosas extremadamente graves para que consintamos en movernos: guerras, hambre, epidemias. Es difícil aclimatarse. Los que han llegado unos días antes nos miran por encima del hombro. Nos quedamos en nuestro rincón con los de nuestro rincón; evocamos con nostalgia nuestro pueblecito, nuestro río, el gran campo de mostaza que se descubría al dejar la carretera nacional.

Traducción de Jesús Camarero

Especies de espacios
Georges Perec

lunes, 2 de junio de 2008

La vida instrucciones de uso

Puerto de Bermeo, Vizcaya. Foto: Ulises

Los viajes de Bartlebooth, y por consiguiente los de Smautf, duraron veinte años, de mil novecientos treinta y cinco a mil novecientos cincuenta y cuatro, y los llevaron, de modo caprichoso a veces, por toda la circunferencia del globo terrestre.

La intención de Bartlebooth era ir a pintar quinientas marinas en quinientos puertos diferentes. Eligió él los puertos más o menos al azar, hojeando atlas, libros de geografía, relatos de viajes y prospectos turísticos y marcando al mismo tiempo los sitios que le gustaban. Smautf estudiaba después los medios de transporte y las posibilidades de alojamiento.

El primer puerto, en la primera quincena de enero de mil novecientos treinta y cinco, fue Gijón en el mar Cantábrico, no lejos del lugar donde el desventurado Beaumont se empeñó en buscar los vestigios de una improbable capital árabe de España. El último fue Brouwershaven, en Zelanda, en la desembocadura del Escalda, durante la segunda quincena de diciembre de mil novecientos cincuenta y cuatro. Entre ambos hubo el puertecito de Muckanaghederdauhaulia, no lejos de Costello, en la bahía de Camus en Irlanda, y el puerto más pequeño aún de U en las islas Carolinas; Hubo puertos bálticos y puertos letones, puertos chinos y puertos malgaches, puertos chilenos y puertos tejanos; puertos minúsculos con dos barcas de pesca y tres redes y puertos inmensos con escolleras de varios kilómetros; puertos hundidos en la niebla, puertos tórridos y puertos helados; puertos abandonados, puertos cegados por la arena; puertos devastados por las bombas; puertos tranquilos donde al lado de los sampanes se salpicaban chiquillas desnudas; puertos azotados por las tormentas; Puertos desiertos aplastados por el calor;

Traducción de Josep Escuer

La vida intrucciones de uso
Georges Perec