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lunes, 21 de febrero de 2011

Sinuhé, el egipcio

Mika Waltari. Sinuhé el egipcio.

Porque yo, Sinuhé, soy un hombre y como tal he vivido en todos los que han existido antes que yo y viviré en todos los que existan después de mí. Viviré en las risas y en las lágrimas de los hombres, en sus pesares y sus temores, en su bondad y su maldad, en su debilidad y su fuerza. Como hombre, viviré eternamente en el hombre y por esta razón no necesisto ofrendas sobre mi tumba ni inmortalidad para mi nombre. He aquí lo que ha escrito, Sinuhé, el egipcio, que vivió solitario todos los días de su vida.

Traducción de Manuel Bosch Barrett

Sinuhé el egipcio
Mika Waltari

lunes, 8 de febrero de 2010

Sinuhé el egipcio


Yo, Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro. No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos. Escribo para mí solo. No para alagar a los dioses, no para halagar a los reyes, ni por miedo del porvenir ni por esperanza. Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad, como lo estoy de los dioses y los reyes. Es, pues, para mí sólo para quien escribo, y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores pasados o futuros.

Sinuhé el egipcio
Mika Waltari

jueves, 30 de octubre de 2008

Sinuhé, el egipcio

Sinuhé, el egipcio
Así fue como llegué a ser hombre y no era ya ningún muchacho cuando llegué a Simyra después de tres años de ausencia. El viento marino disìpó los vapores de la embriaguez, dio claridad a mis ojos y restauró la fuerza de mis miembros, de manera que comía y bebía y me comportaba como los demás, aunque no hablase tanto, porque era más solitario todavía que antes. Y, no obstante, la soledad es el patrimonio de la edad adulta, si así ha sido siempre establecido, pero yo había sido siempre solitario desde mi infancia y extraño al mundo desde que abordé a las riberas del Nilo y no tuve que acostumbrarme a la soledad como tantos otros, sino que la soledad era para mí un hogar y un refugio en las tinieblas.
De pie, a proa, frente a las olas verdes y azotado por un viento que alejaba todos los vanos pensamientos, veía a lo lejos unos ojos que parecían el claro de luna sobre el mar y oía la risa caprichosa de Minea y la veía bailar sobre las eras arcillosas de Babilonia, con una túnica ligera, joven y flexible como un junco.

Sinuhé, el egipcio
Mika Waltari