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miércoles, 14 de abril de 2021

Poemas

Alejandra Pizarnik. Foto: Sara Facio.

silencio
yo me uno al silencio
yo me he unido al silencio
y me dejo hacer
me dejo beber
me dejo decir


viajera de corazón de pájaro negro
tuya es la soledad a medianoche
tuyos los animales sabios que pueblan tu sueño
en espera de la palabra antigua
tuyo el amor y su sonido a viento roto


Yo canto.
No es invocación.
Sólo nombres que regresan.

Otros poemas (1959)
Alejandra Pizarnik 

Poemas

Alejandra Pizarnik. Foto: Sara Facio.

silencio
yo me uno al silencio
yo me he unido al silencio
y me dejo hacer
me dejo beber
me dejo decir


viajera de corazón de pájaro negro
tuya es la soledad a medianoche
tuyos los animales sabios que pueblan tu sueño
en espera de la palabra antigua
tuyo el amor y su sonido a viento roto


Yo canto.
No es invocación.
Sólo nombres que regresan.

Otros poemas (1959)
Alejandra Pizarnik 

viernes, 10 de julio de 2020

La última inocencia

Alejandra Pizarnik. La última inocencia.

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar fila para morir.

He de partir

Pero arremete, ¡viajera!

La última inocencia (1956)
Alejandra Pizarnik

La última inocencia

Alejandra Pizarnik. La última inocencia.

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar fila para morir.

He de partir

Pero arremete, ¡viajera!

La última inocencia (1956)
Alejandra Pizarnik

lunes, 8 de julio de 2019

Árbol de Diana

Alejandra Pizarnik. Árbol de Diana.

8

Memoria iluminada, galería donde vaga la sombra de lo que espero.
No es verdad que vendrá. No es verdad que no vendrá.

13

explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome

23

una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo

la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos

28

te alejas de los nombres
que hilan el silencio de las cosas

Árbol de Diana (1962)
Alejandra Pizarnik

Árbol de Diana

Alejandra Pizarnik. Árbol de Diana.

8

Memoria iluminada, galería donde vaga la sombra de lo que espero.
No es verdad que vendrá. No es verdad que no vendrá.

13

explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome

23

una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo

la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos

28

te alejas de los nombres
que hilan el silencio de las cosas

Árbol de Diana (1962)
Alejandra Pizarnik

jueves, 21 de febrero de 2019

Puerto adelante

Benito Quinquela. Labores en el puerto.

Noche tibia sensación placentera. Los sones abstractos de las vías colmaban sus oídos eufóricos. Pensaba en el puerto que veía tan seguido... puerto de colores impresionistas y hombres sucios de brazos mojados y brillosos y vello crecido y húmedo. Hombres impasibles a la lejanía maravillosa, al cielo entre los barcos, al paisaje de conjunto, al suelo atiborrado de objetos de lugares remotos como pedazos de mundo en el melancólico corazón de un mar...
Sí. Hundirse una noche en las calles del puerto. Caminar, caminar...
Sí. Sola. Siempre sola. Lenta, muy lentamente. Y el aire estará enrarecido, será un aire cosmopolita y el suelo lleno de papeles de cigarrillos que alguna vez existieron, blancos y hermosos.
Sí. Se seguirá caminando. Hundirse, oscuridad, caminar...
Sí. Y una estrella dará su color al ancla de plata que llevaba en su pecho. Tirar el ancla. Sí. Muy junto a ese barco gigante de rayas rojas y blancas y verdes... irse, y no volver.

La tierra más ajena (1955)
Alejandra Pizarnik

Puerto adelante

Benito Quinquela. Labores en el puerto.

Noche tibia sensación placentera. Los sones abstractos de las vías colmaban sus oídos eufóricos. Pensaba en el puerto que veía tan seguido... puerto de colores impresionistas y hombres sucios de brazos mojados y brillosos y vello crecido y húmedo. Hombres impasibles a la lejanía maravillosa, al cielo entre los barcos, al paisaje de conjunto, al suelo atiborrado de objetos de lugares remotos como pedazos de mundo en el melancólico corazón de un mar...
Sí. Hundirse una noche en las calles del puerto. Caminar, caminar...
Sí. Sola. Siempre sola. Lenta, muy lentamente. Y el aire estará enrarecido, será un aire cosmopolita y el suelo lleno de papeles de cigarrillos que alguna vez existieron, blancos y hermosos.
Sí. Se seguirá caminando. Hundirse, oscuridad, caminar...
Sí. Y una estrella dará su color al ancla de plata que llevaba en su pecho. Tirar el ancla. Sí. Muy junto a ese barco gigante de rayas rojas y blancas y verdes... irse, y no volver.

La tierra más ajena (1955)
Alejandra Pizarnik

domingo, 3 de febrero de 2008

La Noche

LA NOCHE

Poco sé de la noche

pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la existencia con sus estrellas.

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.

Tal vez la noche es nada

y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.

Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella debe arrojar odio a nuestras miradas
sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa delira
y grita que algo se fue para siempre.

Alguna vez volveremos a ser.
Las aventuras perdidas
Alejandra Pizarnik