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sábado, 11 de agosto de 2012

Viaje al centro de la Tierra

Édouard Riou. Viaje al centro de la Tierra. (Ilustración).

-¡Ah! ¡Ingeniero Saknussemm! -exclamó-. Es decir, ¿que habías escrito al revés tu frase?
Y cogiendo la hoja de papel, con los ojos turbados, con la voz conmovida, leyó todo el documento, subiendo de la última letra a la primera.
Estaba concebido en los siguientes términos:

In Sneffels Yoculis craterem kem dalibat
umbra Scartaris Jutti intra calenda descende,
audas vielor, et terrestre centrum altinges.
Kod fecil. Arne Saknussemm.

Lo cual traducido de tan macarrónico latín, equivale a lo siguiente:

Baja al cráter de Yoculo del Sneffels
por donde la sombra del Scartaris llega
a acariciar antes de las calendas de julio
audaz viajero, y llegarás
al centro de la tierra, como he llegado yo.
Arne Saknussemm.

Traducción: Ediciones Nauta

Viaje al centro de la Tierra
Julio Verne

sábado, 18 de junio de 2011

Miguel Strogoff

Julio Verne. Miguel Strogoff. Ilust. A. Ibarra. Edit. Vasco Americana de Bilbao, 1963.

Abre bien los ojos, mira.

Miguel Strogoff
Julio Verne

miércoles, 12 de mayo de 2010

Viaje al centro de la tierra

Viaje al centro de la tierra. Ilustración de Édouard Riou.

La palabra "caverna" no puede expresar mi pensamiento para pintar este inmenso lugar. Pero las palabras del lenguaje humano no pueden resultar suficientes para los que se aventuran en los abismos del globo.
Por otra parte, no sabía que hecho geológico podía explicar la existencia de semejante excavación. ¿Había podido producirlo el enfriamiento del globo? Yo conocía por los relatos de algunos viajeros ciertas cavernas célebres, pero ninguna tenía tales dimensiones.
Si la gruta de Guachara en Colombia, visitada por Humboldt, no había revelado el secreto de su profundidad al sabio que hizo un reconocimiento de ella por espacio de dos mil quinientos pies, verosímilmente no se extendía mucho más allá. La inmensa caverna del Mamut en Kentucky ofrecía también proporciones gigantescas, puesto que su bóveda se elevaba a quinientos pies por encima de un lago insondable y ciertos viajeros la recorrieron durante más de diez leguas sin encontrar su fin. Pero ¿qué eran esas cavidades al lado de la que yo admiraba entonces, con su cielo de vapores, sus irradiaciones eléctricas y un vasto mar encerrado entre sus flancos? Mi imaginación se sentía impotente ante aquella inmensidad.
Contemplaba todas estas maravillas en silencio. Me faltaban las palabras para expresar mis sensaciones. Creía asistir en algún lejano planeta, Urano o Neptuno, a fenómenos de los que mi naturaleza "terrestrial" no tenía consciencia. Para sensaciones nuevas hacían falta palabras nuevas, y mi imaginación no me las proporcionaba.

Viaje al centro de la tierra
Julio Verne

domingo, 19 de julio de 2009

Nicholl, Barbicane y Michel Ardan

Nicholl,Barbicane, Michel Ardan. Fuente:io9 We come from the future
De la Terre à la Lune
Chapitre XXVIII
Un nouvel astre
Cette nuit même, la palpitante nouvelle si impatiemment attendue éclata comme un coup de foudre dans les États de l’Union, et, de là, s’élançant à travers l’Océan, elle courut sur tous les fils télégraphiques du globe. Le projectile avait été aperçu, grâce au gigantesque réflecteur de Long’s-Peak.
Voici la note rédigée par le directeur de l’Observatoire de Cambridge. Elle renferme la conclusion scientifique de cette grande expérience du Gun-Club.

Longs’s-Peak, 12 décembre.
À MM. LES MEMBRES DU BUREAU DE L’OBSERVATOIRE DE CAMBRIDGE.
Le projectile lancé par la Columbiad de Stone’s-Hill a été aperçu par MM. Belfast et J.- T. Maston, le 12 décembre, à huit heures quarante-sept minutes du soir, la Lune étant entrée dans son dernier quartier.
Ce projectile n’est point arrivé à son but. Il a passé à côté, mais assez près, cependant, pour être retenu par l’attraction lunaire.
Là, son mouvement rectiligne s’est changé en un mouvement circulaire d’une rapidité vertigineuse, et il a été entraîné suivant une orbite elliptique autour de la Lune, dont il est devenu le véritable satellite.
Les éléments de ce nouvel astre n’ont pas encore pu être déterminés. On ne connaît ni sa vitesse de translation, ni sa vitesse de rotation. La distance qui le sépare de la surface de la Lune peut être évaluée à deux mille huit cent trente-trois milles environ ( — 4,500 lieues).
Maintenant, deux hypothèses peuvent se produire et amener une modification dans l’état des choses : Ou l’attraction de la Lune finira par l’emporter, et les voyageurs atteindront le but de leur voyage ; Ou, maintenu dans un ordre immutable, le projectile gravitera autour du disque lunaire jusqu’à la fin des siècles.
C’est ce que les observations apprendront un jour, mais jusqu’ici la tentative du Gun-Club n’a eu d’autre résultat que de doter d’un nouvel astre notre système solaire.
J.-M. BELFAST.

Que de questions soulevait ce dénouement inattendu ! Quelle situation grosse de mystères l’avenir réservait aux investigations de la science ! Grâce au courage et au dévouement de trois hommes, cette entreprise, assez futile en apparence, d’envoyer un boulet à la Lune, venait d’avoir un résultat immense, et dont les conséquences sont incalculables.
Les voyageurs, emprisonnés dans un nouveau satellite, s’ils n’avaient pas atteint leur but, faisaient du moins partie du monde lunaire ; ils gravitaient autour de l’astre des nuits, et, pour le première fois, l’œil pouvait en pénétrer tous les mystères. Les noms de Nicholl, de Barbicane, de Michel Ardan, devront donc être à jamais célèbres dans les fastes astronomiques, car ces hardis explorateurs, avides d’agrandir le cercle des connaissances humaines, se sont audacieusement lancés à travers l’espace, et ont joué leur vie dans la plus étrange tentative des temps modernes.

De la Tierra a la Luna
Capítulo XXVIII
Un astro nuevo
Aquella misma noche, la palpitante noticia esperada con tanta impaciencia, cayó como un rayo en los Estados de la Unión, y luego, atravesando el océano, circuló por todos los hilos telegráficos del globo. El proyectil había sido percibido gracias al gigantesco reflector de Long's Peak. He aquí la nota redactada por el director del observatorio de Cambridge, la cual contiene la conclusión científica del gran experimento del Gun-Club.

«Long's Peak,12 de diciembre
»A los señores miembros del observatorio de Cambridge
»El proyectil disparado por el columbiad de Stone's Hill ha sido percibido por los señores Belfast y J. T. Maston, el 12 de diciembre, a las 8 horas 47 minutos de la noche, habiendo entrado la Luna en su último cuarto.
»El proyectil no ha llegado a su término. Ha pasado, sin embargo, bastante cerca de él para ser retenido por la atracción lunar.
»Allí, su movimiento rectilíneo se ha convertido en un movimiento circular de una rapidez vertiginosa, y ha sido arrastrado siguiendo una órbita elíptica alrededor de la Luna, de la cual ha pasado a ser un verdadero satélite.
»Los elementos de este nuevo astro no han podido aún determinarse. No se conoce su velocidad de traslación ni su velocidad de rotación. Puede calcularse en 2.833 millas, aproximadamente, la distancia que lo separa de la superficie de la Luna.
»En la actualidad se pueden establecer dos hipótesis, y según cuál sea la que corresponde al hecho, modificar de distinta manera el estado de cosas.
»O la atracción de la Luna prevalecerá sobre todas las fuerzas, y arrastrará el proyectil, en cuyo caso los viajeros llegarán al término de su viaje.
»O, conservándose el proyectil en una órbita inmutable, gravitará alrededor del disco lunar hasta la consumación de los siglos.
»He aquí lo que las observaciones nos dirán un día u otro, pero, por ahora, el único resultado de la tentativa del Gun-Club ha sido dotar a nuestro sistema solar de un astro nuevo.
J. BELFAST.»

¡Cuántas cuestiones suscitaba un desenlace tan inesperado! ¡Qué situación preñada de misterios reserva el porvenir a las investigaciones científicas! Gracias al valor y abnegación de tres hombres, una empresa tan fútil en apariencia, cual era la de enviar una bala a la Luna, acababa de tener un resultado inmenso, cuyas consecuencias eran incalculables. Los viajeros, encarcelados en un nuevo satélite, si bien es verdad que no habían alcanzado su objetivo, formaban al menos parte del mundo lunar; gravitaban alrededor del astro de la noche, y por primera vez podía la vista penetrar todos sus misterios. Los nombres de Nicholl, de Barbicane y de Michel Ardan deberán, pues, ser siempre célebres en los fastos astronómicos, porque estos atrevidos exploradores, deseando ensanchar el círculo de los conocimientos humanos, atravesaron audazmente el espacio y se jugaron la vida en la más sorprendente tentativa de los tiempos modernos.
De la Tierra a la Luna
Julio Verne

martes, 9 de junio de 2009

El Polo Sur

Alphonse de Neuville ilustración de Vingt mille lieues sous les mers. Le capitaine Nemo prenant
la hauteur du Soleil
. Fuente:www.lesia.obspm.fr
Vingt Mille Lieues sous les mers
Deuxième partie
Chapitre XIV
Le pôle Sud
Je me précipitai vers la plate-forme. Oui ! La mer libre. A peine quelques glaçons épars, des icebergs mobiles ; au loin une mer étendue ; un monde d’oiseaux dans les airs, et des myriades de poissons sous ces eaux qui, suivant les fonds, variaient du bleu intense au vert olive. Le thermomètre marquait trois degrés centigrades au-dessus de zéro. C’était comme un printemps
relatif enfermé derrière cette banquise, dont les masses éloignées se profilaient sur l’horizon du nord.
« Sommes-nous au pôle ? demandai-je au capitaine, le coeur palpitant.
— Je l’ignore, me répondit-il. A midi nous ferons le point.
— Mais le soleil se montrera-t-il à travers ces brumes ? dis-je en regardant le ciel grisâtre.
— Si peu qu’il paraisse, il me suffira, répondit le capitaine. »
A dix milles du Nautilus, vers le sud, un îlot solitaire s’élevait à une hauteur de deux cents mètres. Nous marchions vers lui, prudemment, car cette mer pouvait être semée d’écueils.

Veinte mil leguas de viaje submarino
Segunda Parte
Capítulo XIV
El Polo Sur
Me precipité a la plataforma. ¡Sí! El mar libre. Apenas algunos témpanos dispersos y algunos icebergs móviles. A lo lejos, un mar extenso; un mundo de pájaros en el aire; miríadas de peces bajo las aguas que, según los fondos, variaban del azul intenso al verde oliva.
El termómetro marcaba tres grados bajo cero. Era casi una primavera, encerrada tras el banco de hielo cuyas masas lejanas se perfilaban en el horizonte del Norte.
-¿Estamos en el Polo? -pregunté al capitán, con el corazón palpitante.
-Lo ignoro -me respondió-. A mediodía fijaremos la posición.
-¿Cree que se mostrará el sol a través de esta bruma? -le pregunté, mirando al cielo grisáceo.
-Por poco que lo haga, me bastará -respondió el capitán.
Hacia el Sur y a unas diez millas del Nautilus un islote solitario se elevaba hasta una altura de unos doscientos metros.
Hacia ese islote nos dirigíamos, pero prudentemente, pues el mar podía estar sembrado de escollos.
Veinte mil leguas de viaje submarino
Julio Verne

sábado, 6 de junio de 2009

No existe lo imprevisto

Le Tour du monde en quatre-vingts jours
Chapître III
Où s'engage une conversation qui pourra coûter cher à Phileas Fogg.
......
Mais l'incrédule Stuart n'était pas convaincu, et, la partie achevée :
« Il faut avouer, monsieur Ralph, reprit-il, que vous avez trouvé là une manière plaisante de dire que la terre a diminué ! Ainsi parce qu'on en fait maintenant le tour en trois mois...
- En quatre-vingts jours seulement, dit Phileas Fogg.
- En effet, messieurs, ajouta John Sullivan, quatre-vingts jours, depuis que la section entre Rothal et Allahabad a été ouverte sur le « Great-Indian peninsular railway », et voici le calcul établi par le Morning Chronicle :

De Londres à Suez par le Mont-Cenis et
Brindisi, railways et paquebots............................... 7 jours
De Suez à Bombay, paquebot................................. 13 -
De Bombay à Calcutta, railway............................. 3 -
De Calcutta à Hong-Kong (Chine), paquebot....... 13 -
De Hong-Kong à Yokohama (Japon),
paquebot................................................................... 6 -
De Yokohama à San Francisco, paquebot........... 22 -
De San Francisco New York, railroad................. 7 -
De New York à Londres, paquebot et
railway...................................................................... 9 -
---------
Total......................................................................... 80 jours

- Oui, quatre-vingts jours ! s'écria, Andrew Stuart, qui par inattention, coupa une carte maîtresse, mais non compris le mauvais temps, les vents contraires, les naufrages, les déraillements, etc.
- Tout compris, répondit Phileas Fogg en continuant de jouer, car, cette fois, la discussion ne respectait plus le whist.
- Même si les Indous ou les Indiens enlèvent les rails ! s'écria Andrew Stuart, s'ils arrêtent les trains, pillent les fourgons, scalpent les voyageurs !
- Tout compris », répondit Phileas Fogg, qui, abattant son jeu, ajouta : « Deux atouts maîtres. »
Andrew Stuart, à qui c'était le tour de « faire », ramassa les cartes en disant :
« Théoriquement, vous avez raison, monsieur Fogg, mais dans la pratique...
- Dans la pratique aussi, monsieur Stuart.
- Je voudrais bien vous y voir.
- Il ne tient qu'à vous. Partons ensemble.
- Le Ciel m'en préserve ! s'écria Stuart, mais je parierais bien quatre mille livres (100 000 F) qu'un tel voyage, fait dans ces conditions, est impossible.
- Très possible, au contraire, répondit Mr. Fogg.
- Eh bien, faites-le donc !
- Le tour du monde en quatre-vingts jours ?
- Oui.
- Je le veux bien.
- Quand ?
- Tout de suite.
- C'est de la folie ! s'écria Andrew Stuart, qui commençait à se vexer de l'insistance de son partenaire. Tenez ! jouons plutôt.
- Refaites alors, répondit Phileas Fogg, car il y a maldonne. »
Andrew Stuart reprit les cartes d'une main fébrile ; puis, tout à coup, les posant sur la table :
« Eh bien, oui, monsieur Fogg, dit-il, oui, je parie quatre mille livres !...
- Mon cher Stuart, dit Fallentin, calmez-vous. Ce n'est pas sérieux.
- Quand je dis : je parie, répondit Andrew Stuart, c'est toujours sérieux.
- Soit ! » dit Mr. Fogg. Puis, se tournant vers ses collègues :
« J'ai vingt mille livres (500 000 F) déposées chez Baring frères. Je les risquerai volontiers...
- Vingt mille livres ! s'écria John Sullivan. Vingt mille livres qu'un retard imprévu peut vous faire perdre !
- L'imprévu n'existe pas, répondit simplement Phileas Fogg.

La vuelta al mundo en 80 días
Capítulo III
Donde una conversación puede salirle cara a Phileas Fogg
......
Pero el incrédulo Stuart no estaba convencido, y dijo al concluirse la partida:
-Hay que reconocer que habéis encontrado un chistoso modo de decir que la Tierra se ha empequeñecido. De modo que ahora se le da vuelta en tres meses...
-En ochenta días tan sólo -dijo Phileas Fogg.
-En efecto, señores añadió John Sullivan -, ochenta días, desde que la sección entre Rothal y Altahabad ha sido abierta en el Great Indican Peninsular Railway, y he aquí el cálculo establecido por el "Morning Chronicle".

De Londres a Suez por el Monte Cenis
y Brindisi, ferrocarril y vapores.............................7 días
De Suez a Bombay, vapores................................ 18
De Bombay a Calcuta, ferrocarril...........................8
De Calcuta a Hong Kong (China), vapores..........13
De Hong Kong a Yokohama (Japón), vapor.........6
De Yokohama a San Francisco, vapor.................22
De San Francisco a Nueva York, ferrocarril.........7
De Nueva York a Londres, vapor y ferrocarril....9
TOTAL ...................................................................80 días

-¡Sí, ochenta días! -exclamó Andrés Stuart, quien por inadvertencia cortó una carta mayor-. Pero eso sin tener en cuenta el mal tiempo, los vientos contrarios, los naufragios, los descarrilamientos, etc.
- Contando con todo- respondió Phileas Fogg siguiendo su juego, porque ya no respetaba la discusion el whist.
-¡Pero si los indios o los indostanes quitan las vías!- Exclamó Andrés Stuart ; ¡si detienen los trenes, saquean los furgones y hacen tajadas a los viajeros!
- Contando con todo- respondió Phileas Fogg, que tendiendo su juego, añadió : Dos triunfos mayores.
Andrés Stuart, a quien tocaba dar, recogió las cartas, diciendo:
-Teóricamente tenéis razón, señor Fogg; pero en la práctica...
-En la práctica también, señor Stuart.
- Quisiera verlo.
-Sólo depende de vos. Partamos juntos.
-¡Libreme Dios! Pero bien, apostaría cuatro mil libras a que semejante viaje, hecho con esas condiciones, es imposible.
-Muy posible, por el contrario- respondió Fogg.
-Pues bien, hacedlo.
-¿La vuelta al mundo en ochenta días?
-Sí.
-No hay inconveniente.
-¿Cuándo?
-En seguida. Os prevengo solamente que lo haré a vuestra costa.
-¡Es una locura!- Exclamó Andrés Stuart, que empezaba a resentirse por la insistencia de su compañero de juego-. Más vale que sigamos jugando.
-Entonces, volved a dar, porque lo habéis hecho mal.
Andrés Stuart recogió otra vez las cartas con mano febril, y de repente, dejándolas sobre la mesa, dijo:
-Pues bien, sí, mister Fogg, apuesto cuatro mil libras...
-Mi querido Stuart -dijo Fallentin-, calmaos. Esto no es formal.
-Cuando dije que apuesto- respondió Stuart : es en formalidad.
-Aceptado -dijo Fogg: y luego, volviéndose hacia sus compañeros, añadió : Tengo veinte mil libras depositadas en casa de Baring hermanos. De buena gana las arriesgaría.
-¡Veinte mil libras!- Exclamó John Suilivan-. ¡Veinte mil libras, que cualquier tardanza imprevista os puede hacer perder!
-No existe lo imprevisto- respondió sencillamente Phileas Fogg.
La vuelta al mundo en 80 días
Julio Verne

martes, 20 de enero de 2009

Alrededor de la Luna

Illustration prémonitoire : la capsule où flotte le drapeau américain est récupérée dans l'océan
Autour de la Lune
XXII
« Une bouée par le travers sous le vent à nous. »
Les officiers regardèrent dans la direction indiquée. Avec leurs lunettes, ils reconnurent que l’objet signalé avait, en effet, l’apparence de ces bouées qui servent à baliser les passes des baies ou des rivières. Mais, détail singulier, un pavillon, flottant au vent, surmontait son cône qui émergeait de cinq à six pieds. Cette bouée resplendissait sous les rayons du soleil, comme si ses parois eussent été faites de plaques d’argent.
Le commandant Blomsberry, J. -T. Maston, les délégués du Gun-Club, étaient montés sur la passerelle, et ils examinaient cet objet errant à l’aventure sur les flots.
Tous regardaient avec une anxiété fiévreuse, mais en silence. Aucun n’osait formuler la pensée qui venait à l’esprit de tous.
La corvette s’approcha à moins de deux encablures de l’objet.
Un frémissement courut dans tout son équipage.
Ce pavillon était le pavillon américain !
En ce moment, un véritable rugissement se fit entendre. C’était le brave J. -T. Maston, qui venait de tomber comme une masse. Oubliant d’une part, que son bras droit était remplacé par un crochet de fer, de l’autre, qu’une simple calotte en gutta-percha recouvrait sa boîte crânienne, il venait de se porter un coup formidable.
On se précipita vers lui. On le releva. On le rappela à la vie. Et quelles furent ses premières paroles ?
« Ah ! triples brutes ! quadruples idiots ! quintuples boobys que nous sommes !
– Qu’y a-t-il ? s’écria-t-on autour de lui.
– Ce qu’il y a ? ...
– Mais parlez donc.
– Il y a, imbéciles, hurla le terrible secrétaire, il y a que le boulet ne pèse que dix-neuf mille deux cent cinquante livres !
– Eh bien !
– Et qu’il déplace vingt-huit tonneaux, autrement dit cinquante-six mille livres, et que, par conséquent, il surnage ! »
Ah ! comme le digne homme souligna ce verbe « surnager ! » Et c’était la vérité ! Tous, oui ! tous ces savants avaient oublié cette loi fondamentale : c’est que par suite de sa légèreté spécifique, le projectile, après avoir été entraîné par sa chute jusqu’aux plus grandes profondeurs de l’Océan, avait dû naturellement revenir à la surface ! Et maintenant, il flottait tranquillement au gré des flots...
Les embarcations avaient été mises à la mer. J. -T. Maston et ses amis s’y étaient précipités. L’émotion était portée au comble. Tous les cœurs palpitaient, tandis que les canots s’avançaient vers le projectile. Que contenait-il ? Des vivants ou des morts ? Des vivants, oui ! des vivants, à moins que la mort n’eût frappé Barbicane et ses deux amis depuis qu’ils avaient arboré ce pavillon !
Un profond silence régnait sur les embarcations. Tous les cœurs haletaient. Les yeux ne voyaient plus. Un des hublots du projectile était ouvert. Quelques morceaux de vitre, restés dans l’encastrement, prouvaient qu’elle avait été cassée. Ce hublot se trouvait actuellement placé à la hauteur de cinq pieds au-dessus des flots.
Une embarcation accosta, celle de J. -T. Maston. J. -T. Maston se précipita à la vitre brisée...
En ce moment, on entendit une voix joyeuse et claire, la voix de Michel Ardan, qui s’écriait avec l’accent de la victoire :
« Blanc partout, Barbicane, blanc partout ! »
Barbicane, Michel Ardan et Nicholl jouaient aux dominos.

Alrededor de la Luna
XXII
¡Una boya a sotavento!
Los oficiales miraron el sitio indicado, y por medio de sus anteojos reconocieron el objeto señalado, que efectivamente, parecía, una de esas boyas que sirven para balizar los pasos de las bahías o de los ríos. Pero lo particular era que en su vértice, que Sobresalía del agua cinco o seis pies, flotaba un pabellón. Aquella hoja brillaba al sol, como si sus paredes fueran de plata bruñida.
El comandante Blomsberry, J. T. Maston, los delegados del “Gun-Club”, todos habían subido al puente y examinaban aquel objeto que flotaba a la ventura sobre las olas.
Todos miraban con febril ansiedad, pero en silencio, sin atreverse a formular el pensamiento que se les ocurría.
La corbeta se acercó a menos de dos cables; toda la tripulación se estremeció al reconocer el pabellón americano.
En aquel instante se oyó como un rugido. Era el bueno de J. T. Maston que acababa de caer sin sentido; porque, olvidándose de que su brazo derecho se hallaba reemplazado por un garfio de hierro, quiso darse una palmada en la cabeza, y recibió un golpe terrible que le privó del conocimiento por completo.
Lo levantaron y le prodigaron auxilios hasta que volvió en sí; y sus primeras palabras fueron:
—¡Ah! ¡Tres veces brutos! ¡Cuatro veces mentecatos! ¡Cinco veces estúpidos!
—Pero ¿qué pasa? —dijeron todos.
—¿Que qué pasa?
—¡Sí hable!
—Pues, so tontos, pasa que el proyectil no pesa más que diecinueve mil doscientas cincuenta libras.
—¿Y qué?
—Y que desaloja veintiocho toneladas, o sea cincuenta y seis mil libras; y, por consiguiente, ¡flota!
Y con qué expresión acentuó la palabra ¡flota! ¡Y era verdad! Todos aquellos sabios habían olvidado esta ley fundamental; que por efecto de la ligereza específica, el proyectil, después de ser arrastrado en su caída hasta las mayores profundidades del océano, tenía que volver naturalmente a la superficie. Y en aquel momento flotaba a merced de las olas...
Inmediatamente se echaron al mar los botes, precipitándose a ellos J. T. Maston y sus amigos. La emoción había llegado al colmo; todos los corazones palpitaban mientras las ¡anchas se acercaban al proyectil. ¿Qué contendría? ¿Vivos o muertos? ¡Vivos, sí! Vivos a no ser que la muerte hubiera venido a Barbicane y a sus dos amigos después de haber enarbolado aquel pabellón.
En los botes reinaba un profundo silencio; todos los corazones latían agitados; los ojos no veían ya. Una de las lumbreras estaba abierta. Algunos pedazos de cristal que habían quedado en el marco, probaban que se había roto. Esa lumbrera se hallaba entonces a la altura de cinco pies sobre las aguas.
Se acercó una lancha, la de J. T. Maston, y éste corrió hacia el cristal roto...
En aquel momento se oyó la voz alegre y clara de Miguel Ardán, que gritaba con acento de triunfo:
—¡Blancas, Barbicane, cerrado a blancas!
Barbicane, Miguel Ardán y Nicholl jugaban al dominó.
Alrededor de la Luna
Julio Verne

jueves, 15 de enero de 2009

Los piratas del "Halifax"

Thomas Somerscales. Alta mar
Eran poco más de las siete cuando el Alerta abandonó la bahía de Cork, dejando a babor el promontorio de Roche-Pointe. El litoral del condado de Cork quedaba algunas millas al oeste.
Antes de dirigir sus miradas sobre aquella inconmensurable extensión de mar sin límites, los pasajeros contemplaban las tierras altas, medio hundidas en la sombra, de la costa meridional de Irlanda. Instalados en la toldilla, miraban, no sin experimentar cierta emoción, natural a sus años. Apenas si habían conservado el recuerdo de las travesías anteriores cuando habían venido de las Antillas a Europa.
Sus vivas imaginaciones trabajaban pensando en aquel gran viaje que les conducía al país natal. En su pensamiento brotaban estas palabras mágicas: excursiones, exploraciones, aventuras, descubrimientos, que pertenecen al diccionario de los turistas. Los relatos que habían leído, sobre todo durante los últimos días pasados en la "Antilian School", se presentaban a su espíritu. ¡Las lecturas de viajes que habían devorado, cuando aún no conocían el sitio a que iba destinado el "Alerta"...! ¡Los atlas y mapas que habían devorado...!
Ahora , aunque ya no ignoraban el objeto de aquel viaje, muy fácil y sencillo, estaban bajo la impresión causada por sus lecturas. Ellos seguían a los grandes descubridores en sus lejanas expediciones, se posesionaban de tierras nuevas, hincando en ellas el pabellón de su país. Ellos eran Cristóbal Colón en América, Vasco de Gama en las Indias, Magallanes en la Tierra del Fuego, Cartier en Canadá, Cook en las islas del Pacífico, Dumont d'Urbille en Nueva Zelanda y en las comarcas antárticas, Livingstone y Stanley en África, Hudson, Parry y James Ross en las regiones del Polo Norte. Repetían con Chateaubriand, que el globo terrestre es demasiado pequeño, puesto que se le ha dado la vuelta, y se lamentaban de que este mundo no tuviese más que cinco partes , y no doce. Veíanse ya lejos..., muy lejos..., aunque el Alerta navegase aún por aguas inglesas.

Los piratas del "Halifax"
Julio Verne

martes, 9 de septiembre de 2008

Escribir

¡Qué bella profesión! Soy libre. Tomo un lápiz, un papel blanco. Me aíslo, y heme sentado sobre el Popocatepetl o chapoteando en el Titicaca.

Escritos
Julio Verne

miércoles, 11 de junio de 2008

Cinco semanas en globo

C
inq Semaines en ballon
L'éléphant remorqueur
C’était en vérité une promenade charmante, une véritable navigation sur cette mer si verte, presque transparente, avec de douces ondulations au souffle du vent. La nacelle justifiait bien son nom, et semblait fendre des flots, à cela près qu’une volée d’oiseaux aux splendides couleurs s’échappait parfois des hautes herbes avec mille cris joyeux; les ancres plongeaient dans ce lac de fleurs, et traçaient un sillon qui se refermait derrière elles, comme le sillage d’un vaisseau.
Tout à coup, le ballon éprouva une forte secousse; l’ancre avait mordu sans doute une fissure de roc cachée sous ce gazon gigantesque.
« Nous sommes pris, fit Joe.
—Eh bien! jette l’échelle, » répliqua le chasseur.
Ces paroles n’étaient pas achevées, qu’un cri aigu retentit dans l’air, et les phrases suivantes, entrecoupées d’exclamations, s’échappèrent de la bouche des trois voyageurs.« Qu’est cela?
—Un cri singulier!
—Tiens! nous marchons!
—L’ancre a dérapé.
—Mais non! elle tient toujours, fit Joe, qui halait sur la corde.
—C’est le rocher qui marche!
Un vaste remuement se fit dans les herbes, et bientôt une forme allongée et sinueuse s’éleva au-dessus d’elles.
« Un serpent! fit Joe.
—Un serpent! s’écria Kennedy en armant sa carabine.
—Eh non! dit le docteur, c’est une trompe d’éléphant.
—Un éléphant, Samuel! »
Et Kennedy, ce disant, épaula son arme.
« Attends, Dick, attends!
—Sans doute! L’animal nous remorque.
—Et du bon côté, Joe, du bon côté. »
L’éléphant s’avançait avec une certaine rapidité; il arriva bientôt à une clairière, où l’on put le voir tout entier; à sa taille gigantesque, le docteur reconnut un mâle d’une magnifique espèce; il portait deux défenses blanchâtres, d’une courbure admirable, et qui pouvaient avoir huit pieds de long; les pattes de l’ancre étaient fortement prises entre elles.
L’animal essayait vainement de se débarrasser avec sa trompe de la corde qui le rattachait à la nacelle.
« En avant! hardi! s’écria Joe au comble de la joie, excitant de son mieux cet étrange équipage. Voilà encore une nouvelle manière de voyager! Plus que cela de cheval! un éléphant, s’il vous plaît.
—Mais où nous mène-t-il! demanda Kennedy, agitant sa carabine qui lui brillait les mains.
—Il nous mène où nous voulons aller, mon cher Dick! Un peu de patience!
—« Wig a more! Wig a more! » comme disent les paysans d’Écosse, s’écriait le joyeux Joe. En avant! en avant! »
L’animal prit un galop fort rapide; il projetait sa trompe de droite et de gauche, et, dans ses ressauts, il donnait de violentes secousses à la nacelle. Le docteur, la hache à la main, était prêt à couper la corde s’il y avait lieu.

Cinco semanas en globo
El elefante remolcador
Verdaderamente era un paseo delicioso, un auténtico crucero por aquel mar tan verde, casi transparente, con suaves ondulaciones provocadas por el soplo del viento. La barquilla justificaba su nombre, pues parecía realmente que hendía las olas, levantando de vez en cuando bandadas de pájaros de espléndidos colores que escapaban emitiendo alegres gritos. Las anclas se sumergían en aquel lago de flores y trazaban un surco que se cerraba tras ellas, como la estela de un barco.
De pronto, el globo recibió una fuerte sacudida. Sin duda el ancla había hincado sus uñas en la hendidura de una roca oculta bajo la gigantesca alfombra de césped.
-Estamos anclados -dijo Joe.
-Pues bien, echa la escala -replicó el cazador.
No bien hubo pronunciado estas palabras, un grito agudo retumbó en el aire, y de la boca de los tres viajeros escaparon las siguientes frases, entrecortadas por exclamaciones:
-¿Qué es eso?
-¡Un grito singular!
-¡Y seguimos avanzando!
-Se habrá desprendido el ancla.
-¡No! ¡Está asegurada! -exclamó Joe, tirando de la cuerda.
-¡Sin duda con el ancla arrastramos la roca!
Las hierbas se removieron a bastante distancia, y encima de ellas apareció una forma alargada y sinuosa.
-¡Una serpiente! -exclamó Joe.
-¡Una serpiente! -repitió Kennedy, al tiempo que cargaba su carabina.
-¡No! -replicó el doctor-. Es la trompa de un elefante.
-¡Un elefante, Samuel!
Y así diciendo, Kennedy apuntó con la escopeta.
-Aguarda, Dick, aguarda.
-No, no tire, señor; el animal nos remolca.
-Y en buena dirección, Joe, en muy buena dirección.
El elefante, que avanzaba con cierta rapidez, no tardó en llegar a un raso, donde se le pudo ver entero. Por su gigantesco tamaño, el doctor reconoció a un macho de una magnífica especie. Los brazos del ancla habían quedado trabados entre sus dos blancos colmillos, admirablemente curvados, cuya longitud no bajaba de ocho pies.
El animal forcejeaba en vano para desprenderse con la trompa de la cuerda que lo sujetaba a la barquilla.
-¡Adelante, valiente! -exclamó Joe en el colmo de la alegría, animándolo con entusiasmo-. ¡He aquí una nueva manera de viajar! Mejor tira este animal que un buen caballo.
-Pero ¿adónde nos lleva? -preguntó Kennedy, que agitaba con impaciencia la carabina como si le quemase las manos.
-Nos lleva a donde queremos ir, amigo Dick. Ten un poco de paciencia.
-Wig a more! Wig a more!, como dicen los campesinos escoceses -gritaba el alegre Joe-. ¡Adelante, adelante!
El animal empezó a galopar muy deprisa. Agitaba la trompa de derecha a izquierda, y con sus bruscos movimientos sacudía violentamente la barquilla. El doctor, hacha en mano, estaba preparado para cortar la cuerda en caso necesario.


Cinco semanas en globo
Julio Verne

miércoles, 4 de junio de 2008

Miguel Strogoff, el correo del Zar

Première partie
Chapitre X
Un orage dans les monts Ourals.
Les monts Ourals se développent sur une étendue de près de trois mille verstes (3200 kilomètres) entre l’Europe et l’Asie. Qu’on les appelle de ce nom d’Ourals, qui est d’origine tartare, ou de celui de Poyas, suivant la dénomination russe. Ils sont justement nommés, puisque ces deux noms signifient «ceinture» dans les deux langues. Nés sur le littoral de la mer Arctique, ils vont mourir sur les bords de la Caspienne.
Telle était la frontière que Michel Strogoff devait franchir pour passer de Russie en Sibérie, et, on l’a dit, en prenant la route qui va de Perm à Ekaterinbourg, située sur le versant oriental des monts Ourals, il avait agi sagement. C’était la voie la plus facile et la plus sûre, celle qui sert au transit de tout le commerce de l’Asie centrale.
La nuit devait suffire à cette traversée des montagnes, si aucun accident ne survenait. Malheureusement, les premiers grondements du tonnerre annonçaient un orage que l’état particulier de l’atmosphère devait rendre redoutable. La tension électrique était telle, qu’elle ne pouvait se résoudre que par un éclat violent.
Michel Strogoff veilla à ce que sa jeune compagne fût installée aussi bien que possible. La capote, qu’une bourrasque aurait facilement arrachée, fut maintenue plus solidement au moyen de cordes qui se croisaient au-dessus et à l’arrière. On doubla les traits des chevaux, et, par surcroît de précaution, le heurtequin des moyeux fut rembourré de paille, autant pour assurer la solidité des roues que pour adoucir les chocs, difficiles à éviter dans une nuit obscure. Enfin, l’avant-train et l’arrière-train, dont les essieux étaient simplement chevillés à la caisse du tarentass, furent reliés l’un à l’autre par une traverse de bois assujettie au moyen de boulons et d’écrous. Cette traverse tenait lieu de la barre courbe qui, dans les berlines suspendues sur des cols de cygne, rattache les deux essieux l’un à l’autre.
Nadia reprit sa place au fond de la caisse, et Michel Strogoff s’assit près d’elle. Devant la capote, complètement abaissée, pendaient deux rideaux de cuir, qui, dans une certaine mesure, devaient abriter les voyageurs contre la pluie et les rafales.
Deux grosses lanternes avaient été fixées au côté gauche du siège de l’iemschik et jetaient obliquement des tueurs blafardes peu propres à éclairer la route. Mais c’étaient les feux de position du véhicule, et, s’ils dissipaient à peine l’obscurité, du moins pouvaient-ils empêcher l’abordage de quelque autre voiture courant à contre-bord.

Primera parte
Capítulo X
Una tempestad en los montes Urales
Los montes Urales se extienden sobre una longitud de más de tres mil verstas (3.200 kilómetros), entre Europa y Asia. Tanto la denominación de Urales, que es de origen tártaro, como la de Poyas, que es su nombre en ruso, ambas son correctas ya que estas dos palabras significan «cintura» en las lenguas respectivas. Naciendo en el litoral del mar Ártico, van a morir sobre las orillas del Caspio.
Tal era la frontera que Miguel Strogoff debía franquear para pasar de Rusia a Siberia y, como se ha dicho, tomando la ruta que va de Perm a Ekaterinburgo, situada en la vertiente oriental de los Urales, había elegido la más adecuada, por ser la más fácil y segura y la que se emplea para el tránsito de todo el comercio con el Asia central.
Era suficiente toda una noche para atravesar las montañas, si no sobrevenía ningún accidente. Desgraciadamente, los primeros fragores de los truenos anunciaban una tormenta que el estado de la atmósfera daba a entender que sería temible. La tensión eléctrica era tal que no podía resolverse mas que por un estallido violento de los elementos.
Miguel Strogoff procuró que su compañera se instalase lo mejor posible, por lo que la capota, que podría ser arrancada fácilmente por una borrasca, fue asegurada más sólidamente por medio de cuerdas que se cruzaban por encima y por detrás. Se reforzaron los tirantes de los caballos y, para mayor precaución, el cubo de las ruedas se rellenó de paja, tanto para asegurar su solidez como para reducir los choques, difíciles de evitar en una noche oscura. Los ejes de los dos trenes, que iban simplemente sujetos a la caja de la tarenta por medio de clavijas, fueron empalmados por medio de un travesaño de madera que aseguraron con pernos y tornillos. Este travesaño hacía el papel de la barra curva que sujeta los dos ejes de las berlinas suspendidas sobre cuellos de cisne.
Nadia ocupó su sitio en el fondo de la caja y Miguel Strogoff se sentó cerca de ella. Delante de la capota, completamente abatida, colgaban dos cortinas de cuero que, en cierta medida, debían proteger a los viajeros contra la lluvia y el viento. Dos grandes faroles lucían fijados en el lado izquierdo del asiento del yemschik, y lanzaban oblicuamente unos débiles haces de luz muy poco apropiados para iluminar la ruta. Pero eran las luces de posición del vehículo, y si no disipaban la oscuridad, al menos podían impedir el ser abordados por cualquier otro carruaje que circulara en dirección contraria.

Miguel Strogoff
Julio Verne

martes, 27 de mayo de 2008

La isla misteriosa

L'île mysterieuse
Les naufrages de l'air
Chapitre I
"Remontons-nous ?
- Non ! Au contraire ! Nous descendons !
- Pis que cela, monsieur Cyrus ! Nous tombons !
- Pour Dieu ! Jetez du lest !
- Voilà le dernier sac vidé !
- Le ballon se relève-t-il ?
- Non !
- J'entends comme un clapotement de vagues !
- La mer est sous la nacelle !
- Elle ne doit pas être à cinq cents pieds de nous !"
Alors une voix puissante déchira l'air, et ces mots retentirent :
"Dehors tout ce qui pèse !... tout ! et à la grâce de Dieu !"
Telles sont les paroles qui éclataient en l'air, au-dessus de ce vaste désert d'eau du Pacifique, vers quatre heures du soir, dans la journée du 23 mars 1865.

La isla misteriosa
1. Los náufragos del aire
1. Un globo a la deriva
-¿Remontamos?
-¡No, al contrario, descendemos!
-¡Mucho peor, señor Ciro! ¡Caemos!
-¡Vive Dios! ¡Arrojad lastre!
-Ya se ha vaciado el último saco.
-¿Se vuelve a elevar el globo?
-No.
-¡Oigo un ruido de olas!
-¡El mar está debajo de la barquilla!
-¡Y a unos quinientos pies!
Entonces una voz potente rasgó los aires y resonaron estas palabras:
-¡Fuera todo lo que pesa! ¡Todo! ¡Sea lo que Dios quiera!
Estas palabras resonaron en el aire sobre el vasto desierto de agua del Pacífico, hacia las cuatro de la tarde del día 23 de marzo de 1865.

La isla misteriosa
Julio Verne

domingo, 4 de mayo de 2008

Viaje al centro de la Tierra

Voyage au centre de la terre
Chapitre XXX
Mais en ce moment mon attention fut attirée par un spectacle inattendu. A cinq cents pas, au détour d’un haut promontoire, une forêt haute, touffue, épaisse, apparut à nos yeux. Elle était faite d’arbres de moyenne grandeur, taillés en parasols réguliers, à contours nets et géométriques ; les courants de l’atmosphère ne semblaient pas avoir prise sur leur feuillage, et, au milieu des souffles, ils demeuraient immobiles comme un massif de cèdres pétrifiés.
Je hâtai le pas. Je ne pouvais mettre un nom à ces essences singulières. Ne faisaient-elles point partie des deux cent mille espèces végétales connues jusqu’alors, et fallait-il leur accorder une place spéciale dans la flore des végétations lacustres ? Non. Quand nous arrivâmes sous leur ombrage, ma surprise ne fut plus que de l’admiration.
En effet, je me trouvais en présence de produits de la terre, mais taillés sur un patron gigantesque. Mon oncle les appela immédiatement de leur nom.
« Ce n’est qu’une forêt de champignons, » dit-il.

Viaje al centro de la Tierra
Capítulo XXX

Pero en aquel momento, solicitó mi atención un inesperado espectáculo.
A unos quinientos pasos, a la vuelta de un alto promontorio, presentóse ante nuestros ojos una selva elevada, frondosa y espesa, formada de árboles de medianas dimensiones, que afectaban la forma de perfectos quitasoles, de bordes limpios y geométricos. Las corrientes atmosféricas no parecían ejercer efecto alguno sobre su follaje, y, en medio de las ráfagas de aire, permanecían inmóviles, como un bosque de cedros petrificados.
Aceleramos el paso.
No acertaba a dar nombre a aquellas singulares especies. ¿Por ventura no formaban parte de las 200.000 especies vegetales conocidas hasta entonces, y sería preciso asignarles un lugar especial entre la flora de las vegetaciones lacustres? No. Cuando nos cobijamos debajo de su sombra, mi sorpresa se trocó en admiración.
En efecto, me hallaba en presencia de especies conocidas en la superficie de la tierra, pero vaciadas en un molde de dimensiones enormes. Mi tío les aplicó en seguida su verdadero nombre.
-Esto no es otra cosa -me dijo- que un bosque notabilísimo de hongos.


Viaje al centro de la Tierra
Julio Verne

miércoles, 23 de abril de 2008

Veinte mil leguas de viaje submarino


Vingt Mille Lieues sous les mers: Première partie
Chapitre I
Un écueil fuyant
L’année 1866 fut marquée par un événement bizarre, un phénomène inexpliqué et inexplicable que personne n’a sans doute oublié. Sans parler des rumeurs qui agitaient les populations des ports et surexcitaient l’esprit public à l’intérieur des continents les gens de mer furent particulièrement émus. Les négociants, armateurs, capitaines de navires, skippers et masters de l’Europe et de l’Amérique, officiers des marines militaires de tous pays, et, après eux, les gouvernements des divers États des deux continents, se préoccupèrent de ce fait au plus haut point.
En effet, depuis quelque temps, plusieurs navires s’étaient rencontrés sur mer avec « une chose énorme » un objet long, fusiforme, parfois phosphorescent, infiniment plus vaste et plus rapide qu’une baleine.


Veinte mil leguas de viaje submarino: Primera parte
Capítulo I
Un escollo fugaz
El año 1866 quedó caracterizado por un extraño acontecimiento, por un fenómeno inexplicable e inexplicado que nadie, sin duda, ha podido olvidar. Sin hablar de los rumores que agitaban a las poblaciones de los puertos y que sobreexcitaban a los habitantes del interior de los continentes, el misterioso fenómeno suscitó una particular emoción entre los hombres del mar. Negociantes, armadores, capitanes de barco, skippers y masters de Europa y de América, oficiales de la marina de guerra de todos los países y, tras ellos, los gobiernos de los diferentes Estados de los dos continentes, manifestaron la mayor preocupación por el hecho.
Desde hacía algún tiempo, en efecto, varios barcos se habían encontrado en sus derroteros con «una cosa enorme», con un objeto largo, fusiforme, fosforescente en ocasiones, infinitamente más grande y más rápido que una ballena.

Veinte mil leguas de viaje submarino
Julio Verne

miércoles, 6 de febrero de 2008

De la Tierra a la Luna

From the Earth to the Moon engraving from the 1872 illustrated edition.
Feu!
La lune s'avançait sur un firmament d'une pureté limpide, éteignant sur son passage les feux scintillants des étoiles; elle parcourait alors la constellation des Gémeaux et se trouvait presque à mi-chemin de l'horizon et du zénith. Chacun devait donc facilement comprendre que l'on visait en avant du but, comme le chasseur vise en avant du lièvre qu'il veut atteindre.
Un silence effrayant planait sur toute cette scène. Pas un souffle de vent sur la terre! Pas un souffle dans les poitrines! Les coeurs n'osaient plus battre. Tous les regards effarés fixaient la gueule béante de la Columbiad.
Murchison suivait de l'oeil l'aiguille de son chronomètre. Il s'en fallait à peine de quarante secondes que l'instant du départ ne sonnât, et chacune d'elles durait un siècle.
A la vingtième, il y eut un frémissement universel, et il vint à la pensée de cette foule que les audacieux voyageurs enfermés dans le projectile comptaient aussi ces terribles secondes! Des cris isolés s'échappèrent:
«Trente-cinq! -- trente-six! -- trente-sept! -- trente-huit! -- trente-neuf! -- quarante! Feu!!!»
Aussitôt Murchison, pressant du doigt l'interrupteur de l'appareil, rétablit le courant et lança l'étincelle électrique au fond de la Columbiad.
Une détonation épouvantable, inouïe, surhumaine, dont rien ne saurait donner une idée, ni les éclats de la foudre, ni le fracas des éruptions, se produisit instantanément. Une immense gerbe de feu jaillit des entrailles du sol comme d'un cratère. La terre se souleva, et c'est à peine si quelques personnes purent un instant entrevoir le projectile fendant victorieusement l'air au milieu des vapeurs flamboyantes.

¡Fuego!
La Luna avanzaba en un firmamento de límpida pureza, apagando al pasar el centelleo de las estrellas. Recorría entonces la constelación de Géminis, y se hallaba casi a la mitad del camino del horizonte y el cenit. No había, pues, quien no pudiese comprender fácilmente que se apuntaba delante del objeto, como apunta el cazador delante de la liebre que quiere matar y no a la liebre misma.
Un silencio imponente y aterrador pesaba sobre toda la escena. ¡Ni un soplo de viento en la tierra! ¡Ni un soplo en los pechos! Los corazones no se atrevían a palpitar. Todas las miradas convergían azoradas en la boca del columbiad.
Murchison seguía con la vista la manecilla de su cronómetro. Apenas faltaban cuarenta segundos para el momento de la partida, y cada uno de ellos duraba un siglo.
Hubo al vigésimo un estremecimiento universal, y no hubo uno solo en la multitud que no pensase que los audaces viajeros encerrados en el proyectil contaban también aquellos terribles segundos. Se escaparon gritos aislados.
-¡Treinta y cinco! ¡Treinta y seis! ¡Treinta y siete! ¡Treinta y ocho! ¡Treinta y nueve! ¡Cuarenta! ¡Fuego!
Inmediatamente, Murchison, apretando con el dedo el interruptor del aparato, estableció la corriente y lanzó la chispa eléctrica al fondo del columbiad.
Una detonación espantosa, inaudita, sobrehumana, de la que no hay estruendo alguno que pueda dar la más débil idea, ni los estallidos del rayo, ni el estrépito de las erupciones, se produjo instantáneamente. Un haz inmenso de fuego salió de las entrañas de la tierra como de un cráter. El suelo se levantó, y apenas hubo uno que otro espectador que pudiera entrever un instante el proyectil hendiendo victoriosamente el aire en medio de inflamados vapores.

De la Tierra a la Luna
Julio Verne

lunes, 21 de enero de 2008

Total:80 días

Mapa del viaje
"-En efecto, caballeros - añadió Jhon Sullivan-, en ochenta días desde que se ha abierto el tramo entre Rothal y Allahabad del Great Indian Peninsular Ralway. Este es el cálculo que hace el Morning Chronicle:
De Londres a Suez por el Mont Cenis y Brindisi,en railway y paquebotes:7 días
De Suez a Bombay,en paquebote:13 días
De Bombay a Calcuta,en railway:3 días
De Calcuta a Hong Kong,en paquebote:13 días
De Hong Kong a Yokohama,en paquebote:6 días
De Yokohama a San Francisco,en paquebote:22 días
De San Francisco a Nueva York,en railroad,7 días
De Nueva York a Londres,en paquebote y railway:9 días
Total: 80 días"
"La vuelta al mundo en 80 días"
Jules Verne