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martes, 10 de marzo de 2020

Cuentos

Ilustración de Ma Yuan.

Pasión dorada

Hace muchos, muchos años, hubo un hombre de la tierra de Ch'i que sentía una gran pasión por el oro. Cierto día, al despuntar el alba, fue al mercado y se dirigió derechamente a los puestos de los comerciantes de oro, donde cogió un puñado y salió corriendo. Los guardias del mercado no tardaron en apresarle.
—¿Cómo pensabas escapar —le preguntó un guardia— con tanta gente alrededor?
—Cuando lo cogí —replicó el hombre—, sólo vi el oro, no a la gente.

Agitando mi cola en el barro

El poeta y ermitaño Chuang Tzu estaba pescando en el río Pu. El rey de Ch'u envió a dos gentilhombres para que invitaran a Chuang a ir ante aquél.
—Nos complacería que os ocuparais de ciertos asuntos de estado —dijeron.
Sin mover la caña ni mirar a los dos hombres, Chuang Tzu dijo:
—He oído decir que en Ch'u hay una tortuga sagrada que murió hace tres mil años y que el rey la ha puesto en la hornacina de un altar en el pabellón de los antepasados. ¿No os parece que a esa tortuga le gustaría más agitar la cola en el barro que tener el caparazón recibiendo honores continuos?
—Naturalmente —replicaron los dos hidalgos.
—Entonces marchaos —dijo Chuang Tzu—. Prefiero seguir agitando mi cola en el barro.

Tomado del libro Los cuentos fantásticos de China de Moss Roberts

Traducción de Antonio-Prometeo Moya

Cuentos fantásticos de China
Lieh Tzu

Cuentos

Ilustración de Ma Yuan.

Pasión dorada

Hace muchos, muchos años, hubo un hombre de la tierra de Ch'i que sentía una gran pasión por el oro. Cierto día, al despuntar el alba, fue al mercado y se dirigió derechamente a los puestos de los comerciantes de oro, donde cogió un puñado y salió corriendo. Los guardias del mercado no tardaron en apresarle.
—¿Cómo pensabas escapar —le preguntó un guardia— con tanta gente alrededor?
—Cuando lo cogí —replicó el hombre—, sólo vi el oro, no a la gente.

Agitando mi cola en el barro

El poeta y ermitaño Chuang Tzu estaba pescando en el río Pu. El rey de Ch'u envió a dos gentilhombres para que invitaran a Chuang a ir ante aquél.
—Nos complacería que os ocuparais de ciertos asuntos de estado —dijeron.
Sin mover la caña ni mirar a los dos hombres, Chuang Tzu dijo:
—He oído decir que en Ch'u hay una tortuga sagrada que murió hace tres mil años y que el rey la ha puesto en la hornacina de un altar en el pabellón de los antepasados. ¿No os parece que a esa tortuga le gustaría más agitar la cola en el barro que tener el caparazón recibiendo honores continuos?
—Naturalmente —replicaron los dos hidalgos.
—Entonces marchaos —dijo Chuang Tzu—. Prefiero seguir agitando mi cola en el barro.

Tomado del libro Los cuentos fantásticos de China de Moss Roberts

Traducción de Antonio-Prometeo Moya

Cuentos fantásticos de China
Lieh Tzu

domingo, 25 de agosto de 2019

El rumor

Ilustración de Wang Weidong.

Lieh Tzu era pobre y parecía muy mal alimentado. Alguien lo comentó al primer ministro, Cheng Tzu-yang. 
—Lieh Tzu es un entendido en el Tao muy conocido, si sufre indigencia mientras está en el estado de vuestra señoría, ¿no se pensará que vuestra señoría es reacia a los sabios?
A Tzu-yang le faltó tiempo para enviar un funcionario con provisiones para Lieh Tzu. Lieh Tzu se adelantó para recibir al enviado del ministro y le hizo una gran reverencia, pero rechazó el regalo. El mensajero se fue. Lieh Tzu volvió a entrar en su casa, donde la esposa se golpeaba el pecho y miraba a su marido llena de desesperación.
—Vuestra humilde esposa ha creído siempre que la familia de los entendidos en el Tao gozaría de buena posición —dijo—. Ahora que estamos en la indigencia, el primer ministro nos ha enviado a un hombre para honrarnos con provisiones, ¡y vos os habéis negado! ¡Qué suerte la mía!
Lieh Tzu sonrió y dijo a su mujer:
—El primer ministro no sabe nada de mí directamente. Nos ha enviado comida apoyándose en las hablillas de un tercero. Si me hubiera condenado, es muy probable que también lo hubiera hecho basándose en rumores de terceros. Por eso he rechazado el regalo.
Con el tiempo, el pueblo derrocó a Tzu-yang.

Tomado del libro Los cuentos fantásticos de China de Moss Roberts

Traducción de Antonio-Prometeo Moya

El rumor
Lieh Tzu

El rumor

Ilustración de Wang Weidong.

Lieh Tzu era pobre y parecía muy mal alimentado. Alguien lo comentó al primer ministro, Cheng Tzu-yang. 
—Lieh Tzu es un entendido en el Tao muy conocido, si sufre indigencia mientras está en el estado de vuestra señoría, ¿no se pensará que vuestra señoría es reacia a los sabios?
A Tzu-yang le faltó tiempo para enviar un funcionario con provisiones para Lieh Tzu. Lieh Tzu se adelantó para recibir al enviado del ministro y le hizo una gran reverencia, pero rechazó el regalo. El mensajero se fue. Lieh Tzu volvió a entrar en su casa, donde la esposa se golpeaba el pecho y miraba a su marido llena de desesperación.
—Vuestra humilde esposa ha creído siempre que la familia de los entendidos en el Tao gozaría de buena posición —dijo—. Ahora que estamos en la indigencia, el primer ministro nos ha enviado a un hombre para honrarnos con provisiones, ¡y vos os habéis negado! ¡Qué suerte la mía!
Lieh Tzu sonrió y dijo a su mujer:
—El primer ministro no sabe nada de mí directamente. Nos ha enviado comida apoyándose en las hablillas de un tercero. Si me hubiera condenado, es muy probable que también lo hubiera hecho basándose en rumores de terceros. Por eso he rechazado el regalo.
Con el tiempo, el pueblo derrocó a Tzu-yang.

Tomado del libro Los cuentos fantásticos de China de Moss Roberts

Traducción de Antonio-Prometeo Moya

El rumor
Lieh Tzu

jueves, 14 de septiembre de 2017

La civilización

Ilustración de Dongfang Tenghong.

En el confín meridional del extremo occidente se encuentra la gran pradera primitiva rodeada de tierras desconocidas. Allí, las fuerzas vitales del universo, el yin y el yang, no entran en contacto y en consecuencia no existe el contraste entre el frío y el calor. Ningún rayo de sol o de luna cae sobre ella y por consiguiente no hay ni día ni noche. Sus habitantes no comen ni llevan ropa, están durmiendo casi siempre y dan un paseo una vez cada cincuenta días. Creen que lo que hacen en sueños es real y que la irrealidad es su vigilia.
El punto central de los cuatro mares es nuestro reino de China. Abarcado por el río Amarillo por el norte y el sur y recorrido al este y al oeste por los montes Tai, tiene muchos miles de kilómetros cuadrados. Su proporción de yin y yang se determinó con todo cuidado y en consecuencia goza de equilibradas estaciones de frío y calor. La división de la luz y de la oscuridad se hizo asimismo con buen criterio y por tanto sus días y sus noches son iguales. Su población es de inteligencia varia. Todo crece y se multiplica. Allí puede encontrarse toda suerte de genio y habilidad. El gobierno lo componen el rey y sus ministros. Les apoyan la ley y la tradición. Su mundo está lleno de múltiples cosas. Duermen y viven la vigilia ordenadamente. Consideran real lo que hacen cuando están despiertos e irreal lo que ven en sueños.
En el confín septentrional del extremo oriente hay una tierra que se tiene por la base de los montes, donde el clima es normalmente nocivo. El sol y la luna apenas se alejan del horizonte y su luz es muy débil. El suelo es estéril para la mayor parte de cultivos. Sus habitantes viven de raíces y legumbres y no saben cocinar. Son violentos y despiadados por naturaleza y el más fuerte explota al más débil. Veneran la fuerza, no la ética social. Casi siempre están de viaje y apenas descansan. Y siempre están despiertos, no duermen jamás.

Tomado del libro Los cuentos fantásticos de China de Moss Roberts

Traducción de Antonio-Prometeo Moya

La civilización
Lieh Tzu

La civilización

Ilustración de Dongfang Tenghong.

En el confín meridional del extremo occidente se encuentra la gran pradera primitiva rodeada de tierras desconocidas. Allí, las fuerzas vitales del universo, el yin y el yang, no entran en contacto y en consecuencia no existe el contraste entre el frío y el calor. Ningún rayo de sol o de luna cae sobre ella y por consiguiente no hay ni día ni noche. Sus habitantes no comen ni llevan ropa, están durmiendo casi siempre y dan un paseo una vez cada cincuenta días. Creen que lo que hacen en sueños es real y que la irrealidad es su vigilia.
El punto central de los cuatro mares es nuestro reino de China. Abarcado por el río Amarillo por el norte y el sur y recorrido al este y al oeste por los montes Tai, tiene muchos miles de kilómetros cuadrados. Su proporción de yin y yang se determinó con todo cuidado y en consecuencia goza de equilibradas estaciones de frío y calor. La división de la luz y de la oscuridad se hizo asimismo con buen criterio y por tanto sus días y sus noches son iguales. Su población es de inteligencia varia. Todo crece y se multiplica. Allí puede encontrarse toda suerte de genio y habilidad. El gobierno lo componen el rey y sus ministros. Les apoyan la ley y la tradición. Su mundo está lleno de múltiples cosas. Duermen y viven la vigilia ordenadamente. Consideran real lo que hacen cuando están despiertos e irreal lo que ven en sueños.
En el confín septentrional del extremo oriente hay una tierra que se tiene por la base de los montes, donde el clima es normalmente nocivo. El sol y la luna apenas se alejan del horizonte y su luz es muy débil. El suelo es estéril para la mayor parte de cultivos. Sus habitantes viven de raíces y legumbres y no saben cocinar. Son violentos y despiadados por naturaleza y el más fuerte explota al más débil. Veneran la fuerza, no la ética social. Casi siempre están de viaje y apenas descansan. Y siempre están despiertos, no duermen jamás.

Tomado del libro Los cuentos fantásticos de China de Moss Roberts

Traducción de Antonio-Prometeo Moya

La civilización
Lieh Tzu