Ilustración de Ma Yuan.
Pasión dorada
Hace muchos, muchos años, hubo un hombre de la tierra de Ch'i que sentía una gran pasión por el oro. Cierto día, al despuntar el alba, fue al mercado y se dirigió derechamente a los puestos de los comerciantes de oro, donde cogió un puñado y salió corriendo. Los guardias del mercado no tardaron en apresarle.
—¿Cómo pensabas escapar —le preguntó un guardia— con tanta gente alrededor?
—Cuando lo cogí —replicó el hombre—, sólo vi el oro, no a la gente.
Agitando mi cola en el barro
El poeta y ermitaño Chuang Tzu estaba pescando en el río Pu. El rey de Ch'u envió a dos gentilhombres para que invitaran a Chuang a ir ante aquél.
—Nos complacería que os ocuparais de ciertos asuntos de estado —dijeron.
Sin mover la caña ni mirar a los dos hombres, Chuang Tzu dijo:
—He oído decir que en Ch'u hay una tortuga sagrada que murió hace tres mil años y que el rey la ha puesto en la hornacina de un altar en el pabellón de los antepasados. ¿No os parece que a esa tortuga le gustaría más agitar la cola en el barro que tener el caparazón recibiendo honores continuos?
—Naturalmente —replicaron los dos hidalgos.
—Entonces marchaos —dijo Chuang Tzu—. Prefiero seguir agitando mi cola en el barro.
Tomado del libro Los cuentos fantásticos de China de Moss Roberts
Traducción de Antonio-Prometeo Moya
Cuentos fantásticos de China
Lieh Tzu

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