domingo, 8 de marzo de 2020

Las sábanas

Ilustración de César Santos.

Meterse entre las sábanas y cerrar los ojos, y convocar el calor de un cuerpo junto a un cuerpo, y sentir deslizarse una mano, percibir su delicado roce hasta que se posa en ti. Y saber que un torso se vuelve y sobre ti se inclina, pues se alza la sábana y tú te zambulles en la cálida cueva donde su pecho es el límite. Y tu destino.
Las noches que son vísperas. Las noches en que se acecha en el menor rumor el ruido de su llavín despertando tu casa. La noche en que se cancelan los lentos almanaques de la ausencia, porque ya ha regresado.
La noche de sospechas donde los celos afilan sus navajas.
Las noches en que las horas suenan una y otra vez, una y otra vez, y él no viene.
Las noches que, entre sábanas, se preparan venganzas y estrategias. Llorar de cólera o de despecho. Murmurar maldiciones. Ensayar las palabras que mañana no te han de traicionar y comprobarlas y medirlas cuidadosamente como un tejido valioso. Soltar el freno de las súplicas prohibidas y de las amenazas y hasta del arrepentimiento, porque sólo las sábanas te oyen. Y no te delatarán aunque planees un crimen. Aunque estés planeando tu propia muerte.
Las sábanas son el recinto de la noche. Y es en la noche cuando se recuperan los fantasmas, donde se encarnan los sueños y los deseos se avivan. Donde, a la vez, asaltan los temores y la esperanza engaña nuevamente. Donde todo puede ser tan posible como inútil. Todo. Salvo el olvido.

Prendas íntimas (1989)
Ana Rossetti 

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