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jueves, 7 de marzo de 2013

La historia...

Gabriel García Márquez, en su casa, fotografiado por Daniel Mordzinski.

La historia que más me ha impresionado en mi vida, la más brutal y al mismo tiempo la más humana, se la contaron a Ricardo Muñoz Suay, en 1947, cuando estaba preso en la cárcel de Ocaña, provincia de Toledo, España. Es la historia real de un prisionero republicano que fue fusilado en los primeros días de la guerra civil en la prisión de Ávila. El pelotón de fusilamiento lo sacó de su celda en un amanecer glacial, y todos tuvieron que atravesar a pie un campo nevado para llegar al sitio de la ejecución. Los guardias civiles estaban bien protegidos del frío con capas, guantes y tricornios, pero aún así tiritaban a través del yermo helado. El pobre prisionero, que sólo llevaba una chaqueta de lana deshilachada, no hacía más que frotarse el cuerpo casi petrificado, mientras que se lamentaba en voz alta del frío mortal. A un cierto momento, el comandante del pelotón, exasperado con los lamentos, le gritó:
-Coño, acaba ya de hacerte el mártir con el cabrón frío. Piensa en nosotros, que tenemos que regresar.

"La historia...", Como ánimas en pena, El País (12-5-98)

La historia...
Gabriel García Márquez

miércoles, 16 de febrero de 2011

Cien años de soledad

Gabriel García Márquez, fotografiado por Colita, 1969.

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho cubierto de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

Cien años de soledad
Gabriel García Márquez

domingo, 1 de agosto de 2010

El drama del desencantado

Gabriel García Márquez. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

El drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.

El drama del desencantado
Gabriel García Márquez

martes, 13 de enero de 2009

Relato de un náufrago

Montague Dawson. Gloria de los mares

Creo que un viejo marinero que haya viajado por todo el mundo, puede saber en qué mar se encuentra por la manera de moverse el barco. La experiencia en ese mar donde hice mis primeras armas, me indicó que estábamos en el Caribe. Miré el reloj. Eran las doce y treinta minutos de la noche. Las doce y treinta y uno de la madrugada del 27 de febrero. Aunque el buque no se hubiera movido tanto, yo hubiera sabido que estábamos en el Caribe. Pero se movía. Yo, que nunca he sentido mareos, empecé a sentirme intranquilo. Sentí un extraño presentimiento. Y sin saber por qué, me acordé entonces del cabo Miguel Ortega, que estaba abajo, en su litera, echando el estómago por la boca.

Relato de un náufrago
Gabriel García Márquez

jueves, 14 de agosto de 2008

Cien años de soledad

Cien años de soledad
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades.

Cien años de soledad
Gabriel Garcia Márquez

jueves, 14 de febrero de 2008

El rastro de tu sangre sobre la nieve


..."Vio en el reloj luminoso del tablero que eran más de las tres,hizo sus cálculos mentales,y sólo entonces comprendió que habían seguido de largo por Burdeos,y también por Angulema y Poitiers,y estaban pasando por el dique del Loira inundado por la creciente.El fulgor de la luna se filtraba a través de la neblina,y las siluetas de los castillos entre los pinos parecían de cuentos de fantasmas.Nena Daconte,que conocía la región de memoria,calculó que estaban ya a unas tres horas de París,y Billy Sánchez continuaba impávido en el volante.

-Eres un salvaje -le dijo- Llevas más de once horas manejando sin comer nada...


...Nena Daconte hubiera querido ayudar a su marido en el volante,pero ni siquiera se atrevió a insinuarlo,porque él le había advertido desde la primera vez en que salieron juntos que no hay humillación más grande para un hombre que dejarse conducir por su mujer..."

Doce cuentos peregrinos
Gabriel García Márquez