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lunes, 19 de junio de 2017

Juego de villanos

Luisa Valenzuela. Juego de villanos.

Consecuente

Los nietitos vienen muy avispados hoy en día. Antes preguntaban cariñosamente, como un juego,
—Abuelita ¿qué hora son?
Ahora nos meten en camisa de once varas. Al menos el mío, que ya de pequeño complejizó el problema al preguntarme
—¿Abu, qué es el tiempo?
—Mañana te contesto, le prometí. Mañana.
Y por los años de los años me mantuve firme en mi promesa.

Juego de villanos (2008)
Luisa Valenzuela

Juego de villanos

Luisa Valenzuela. Juego de villanos.

Consecuente

Los nietitos vienen muy avispados hoy en día. Antes preguntaban cariñosamente, como un juego,
—Abuelita ¿qué hora son?
Ahora nos meten en camisa de once varas. Al menos el mío, que ya de pequeño complejizó el problema al preguntarme
—¿Abu, qué es el tiempo?
—Mañana te contesto, le prometí. Mañana.
Y por los años de los años me mantuve firme en mi promesa.

Juego de villanos (2008)
Luisa Valenzuela

domingo, 5 de febrero de 2017

Política

Luisa Valenzuela. Aquí pasan cosas raras.

Una pareja baja del tren en Retiro. Tienen las manos ocupadas: de la izquierda de él y de la derecha de ella cuelgan sendos bolsos. La izquierda de ella y la derecha de él están enlazadas. Miran a su alrededor y no entienden. Las manos enlazadas se desenlazan, él se enjuga el sudor de la frente, ella se arregla la blusa. Vuelven a tomarse de la mano y caminan varios metros hasta la calle. Recién llegados del interior. Traen la información. Nadie ha ido a recibirlos. Se pierden en la ciudad, desaparecen para siempre y nunca más serán identificables a partir del momento en que se soltaron las manos, poco después de la llegada a Retiro. Las manos no se vuelven a juntar en la ciudad —o muy esporádicamente— y la información de diluye en los gases de escape y queda flotando por ahí con la esperanza de que alguien, algún día, sepa descifrar el código

Aquí pasan cosas raras (1975)
Luisa Valenzuela

martes, 27 de septiembre de 2016

Visión de reojo

Luisa Valenzuela, fotografiada por Sara Facio y Alicia D'Amico.

La verdá, la verdá, me plantó la mano en el culo y yo estaba a punto de pegarle cuatro gritos cuando el colectivo pasó frente a una iglesia y lo vi persignarse. Buen muchacho después de todo, me dije. Quizá no lo esté haciendo a propósito o quizá su mano derecha ignora lo que su izquierda hace o. Traté de correrme al interior del coche —porque una cosa es justificar y otra muy distinta dejarse manosear— pero cada vez subían más pasajeros y no había forma. Mis esguinces sólo sirvieron para que él meta mejor la mano y hasta me acaricie. Yo me movía nerviosa. Él también. Pasamos ante otra iglesia pero ni se dio cuenta y se llevó la mano a la cara sólo para secarse el sudor. Yo lo empecé a mirar de reojo haciéndome la disimulada, no fuera a creer que me estaba gustando. Imposible correrme y eso que me sacudía. Decidí entonces tomarme la revancha y a mi vez le planté la mano en el culo a él. Pocas cuadras después una oleada de gente me sacó de su lado a empujones. Los que bajaban me arrancaron del colectivo y ahora lamento haberlo perdido así de golpe porque en su billetera sólo había 7,400 pesos de los viejos y más hubiera podido sacarle en un encuentro a solas. Parecía cariñoso. Y muy desprendido.

Aquí pasan cosas raras (1975)
Luisa Valenzuela

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Este tipo es una mina

Pedro Ruano. Viejo con bastón.

No sabemos si fue a causa de su corazón de oro, de su salud de hierro, de su temple de acero o de sus cabellos de plata. El hecho es que finalmente lo expropió el gobierno y lo está explotando. Como a todos nosotros.

Libro que no muerde (1980)
Luisa Valenzuela