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lunes, 4 de mayo de 2020

El acto de leer

Ilustración de Christian Heuser.

Pero el lector, además de recrear, se recrea, se crea a sí mismo de nuevo, vuelve a crear su propio espíritu. Recreación es, en efecto, esa enmienda que de nosotros hace la lectura cuando aquello que se lee interviene, rectificándonos, en lo que conservamos de nuestra vida anterior: saberes, hábitos intelectuales o estimativos. Recreación hay también, aunque de otro orden, cuando la lectura pertenece a las que de modo más estricto llamamos "recreativas". Siempre que merced a un libro hemos vagado un rato por el campo del ensueño, sea ese campo el quijotesco de Montiel, el proustiano del tiempo perdido o, más modestamente, el policial de Scotland Yard, volvemos a nosotros mismos más jóvenes, más ágiles, mejor dispuestos para la vida que no es sueño; en una palabra, recreados.

La aventura de leer (1956)
Pedro Laín Entralgo

El acto de leer

Ilustración de Christian Heuser.

Pero el lector, además de recrear, se recrea, se crea a sí mismo de nuevo, vuelve a crear su propio espíritu. Recreación es, en efecto, esa enmienda que de nosotros hace la lectura cuando aquello que se lee interviene, rectificándonos, en lo que conservamos de nuestra vida anterior: saberes, hábitos intelectuales o estimativos. Recreación hay también, aunque de otro orden, cuando la lectura pertenece a las que de modo más estricto llamamos "recreativas". Siempre que merced a un libro hemos vagado un rato por el campo del ensueño, sea ese campo el quijotesco de Montiel, el proustiano del tiempo perdido o, más modestamente, el policial de Scotland Yard, volvemos a nosotros mismos más jóvenes, más ágiles, mejor dispuestos para la vida que no es sueño; en una palabra, recreados.

La aventura de leer (1956)
Pedro Laín Entralgo

lunes, 5 de febrero de 2018

Sobre la lectura

Los relatos más bellos del mundo.

Lector: procura tener siempre a mano una buena colección de cuentos, y después de tu jornada habitual, pasadas las hora en que el mundo ha sido para ti profesión, familia y país, entrégate a la aventura de realizarte a ti mismo en una tierra exótica, en una época remota, en el esclarecimiento de un crimen o en un relato de ciencia-ficción, Vive durante unos minutos del cuento, aunque esto parezca ser poco recomendable a los ojos de las personas laboriosas y serias; esos hombres a los que suelen llamar "realistas", quienes nunca han pensado en serio y laboriosamente acerca de la realidad. Hazlo así, y yo te aseguro que luego volverás a tu mundo —a tu profesión, a tu familia, a tu país— más nuevo y animoso, más joven; si me permites decirlo con la solemnidad y la ironía de los que saben usar el haz y el envés de las palabras: más eterno.

Prólogo a Los relatos más bellos del mundo (1969)
Pedro Laín Entralgo

Sobre la lectura

Los relatos más bellos del mundo.

Lector: procura tener siempre a mano una buena colección de cuentos, y después de tu jornada habitual, pasadas las hora en que el mundo ha sido para ti profesión, familia y país, entrégate a la aventura de realizarte a ti mismo en una tierra exótica, en una época remota, en el esclarecimiento de un crimen o en un relato de ciencia-ficción, Vive durante unos minutos del cuento, aunque esto parezca ser poco recomendable a los ojos de las personas laboriosas y serias; esos hombres a los que suelen llamar "realistas", quienes nunca han pensado en serio y laboriosamente acerca de la realidad. Hazlo así, y yo te aseguro que luego volverás a tu mundo —a tu profesión, a tu familia, a tu país— más nuevo y animoso, más joven; si me permites decirlo con la solemnidad y la ironía de los que saben usar el haz y el envés de las palabras: más eterno.

Prólogo a Los relatos más bellos del mundo (1969)
Pedro Laín Entralgo

miércoles, 29 de noviembre de 2017

El acto de leer

Ludwig Gloss. El sabio en su despacho.

Es, pues, la lectura —al menos cuando logra su pleno acabamiento— un silencioso coloquio del lector con el autor de lo leído. Éste da figura a una parte de lo que su espíritu contiene, idea, sentimiento, recuerdo o invención; y el lector llega a serlo plenamente cuando, puesto en contacto sensorial con lo escrito, descubre y entiende lo que con ello quiso el autor expresar. Nadie lo ha dicho más sucinta y vigorosamente que Galeno. En el primer libro de su tratado de usu partium elogia la excelencia de la mano, órgano con que el hombre "escribe sus leyes, erige a los dioses altares y estatuas, construye naves, flautas, liras, cinceles y todos los instrumentos de las artes, deja a la posteridad sus comentarios escritos a las especulaciones de los antiguos; y así —añade Galeno—, gracias a las letras y a las manos es hoy posible conversar con Platón, Aristóteles, Hipócrates y otros antiguos". El médico por antonomasia vio claramente que leer no es sino conversar, sostener un mudo coloquio con el autor de lo leído. 

La aventura de leer (1956)
Pedro Laín Entralgo

El acto de leer

Ludwig Gloss. El sabio en su despacho.

Es, pues, la lectura —al menos cuando logra su pleno acabamiento— un silencioso coloquio del lector con el autor de lo leído. Éste da figura a una parte de lo que su espíritu contiene, idea, sentimiento, recuerdo o invención; y el lector llega a serlo plenamente cuando, puesto en contacto sensorial con lo escrito, descubre y entiende lo que con ello quiso el autor expresar. Nadie lo ha dicho más sucinta y vigorosamente que Galeno. En el primer libro de su tratado de usu partium elogia la excelencia de la mano, órgano con que el hombre "escribe sus leyes, erige a los dioses altares y estatuas, construye naves, flautas, liras, cinceles y todos los instrumentos de las artes, deja a la posteridad sus comentarios escritos a las especulaciones de los antiguos; y así —añade Galeno—, gracias a las letras y a las manos es hoy posible conversar con Platón, Aristóteles, Hipócrates y otros antiguos". El médico por antonomasia vio claramente que leer no es sino conversar, sostener un mudo coloquio con el autor de lo leído. 

La aventura de leer (1956)
Pedro Laín Entralgo