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sábado, 18 de abril de 2009

Sobre los viajes

Thomas Cole. La campiña romana, 1843
Vas de acá para allá a fin de sacudir el peso que te abruma, que por el mismo ajetreo resulta más molesto, cual sucede en la nave, donde los fardos sujetos ocasionan menor desequilibrio, en cambio los amontonados en desorden hunden más pronto el lado en que se han colocado. Todo cuanto haces, lo haces contra ti, y el propio movimiento te perjudica, porque agitas a un enfermo.
Mas, cuando hubieres expulsado este mal, todo cambio de lugar te resultará grato; podrá ser que te destierren a los confines más remotos, pero en cualquier rincón de un país extranjero en que seas colocado, aquella mansión, sea la que fuere, te resultará hospitalaria. Importa, más que el sitio, la disposición con que te acerques a él; de ahí que no debamos aficionar nuestra alma a ningún lugar. Hay que vivir con esta persuasión: "No he nacido para un solo rincón; mi patria es todo el mundo visible".

Epístolas morales a Lucilio
Séneca

lunes, 16 de febrero de 2009

Sobre los viajes

Retrato antiguo del filósofo Séneca.
¿Piensas que sólo a ti te ha sucedido, y te sorprende, como un hecho insólito, que con tan largo viaje, a través de países tan diversos, no disipaste la tristeza y la ansiedad del espíritu? Debes cambiar de alma, no de clima. Por más que surques el anchuroso mar, por más que, en frase de nuestro Virgilio, "tierras y ciudades se alejen de tu vista", te seguirán, a dondequiera que llegues, los vicios.
A uno que se quejaba por este mismo motivo Sócrates le arguyó: "¿Por qué te maravillas de que tus viajes al extranjero de nada te aprovechen, cuando es a ti mismo a quien llevas de un lugar para otro? Te agobia la misma causa que te impulsó a salir". ¿En qué puede aliviarte la novedad de las tierras?, ¿en qué el conocimiento de ciudades y comarcas? A nada útil conduce ese ajetreo. ¿Quieres saber por qué esa huida no te reconforta? Huyes contigo mismo. Tienes que descargar el peso del alma; hasta entonces ningún paraje te agradará.

Epístolas morales a Lucilio
Séneca

domingo, 4 de mayo de 2008

De la brevedad de la vida

"VIII. Así, pues, porque un hombre tenga los cabellos blancos y el rostro arrugado, no ha de creerse que ha vivido mucho; no ha vivido mucho tiempo, sino que ha durado mucho. ¿Acaso crees que ha navegado mucho quien, sorprendido al principio por un cruel tempestad, se encuentra dando bandazos a uno y otro lugar, y vuelve siempre al mismo sitio impulsado por el soplo cambiante de los vientos desencadenados? No ha navegado apenas; solamente a flotado..."

"XV...Mas, cuán corta e inquieta es la existencia de aquellos que olvidan el pasado, descuidan el presente y temen el porvenir! Son los desdichados que, llegado el último momento, se dan cuenta demasiado tarde de que se han esforzado largamente en no hacer nada..."
Séneca
De la brevedad de la vida