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jueves, 12 de enero de 2017

Dirección única

Walter Benjamin en París, 1938, fotografiado por Gisèle freund.

Material didáctico
Principios del mamotreto o el arte de fabricar libros gruesos

I. En toda la exposición deberán entreverarse continuas y prolijas referencias al plan de la obra.

II. Se introducirán términos para designar conceptos que, salvo en su definición misma, no vuelvan a aparecer en todo el libro.

III. Las distinciones conceptuales a las que con gran dificultad se llegue a lo largo del texto, deberán desdibujarse de nuevo en las notas a los pasajes correspondientes.

IV. Se darán ejemplos para ilustrar conceptos que sólo sean tratados en su acepción general: así, donde se hable de máquinas, se enumerarán todos sus tipos.

V. Todo cuanto a priori esté claro de un objeto, será corroborado por una retahíla de ejemplos.

VI. Las correlaciones representables gráficamente serán descritas con palabras. En vez de dibujar, por ejemplo, un árbol genealógico, todos los vínculos de parentesco serán pormenorizados e ilustrados.

VII. Varios adversarios que defiendan la misma argumentación, deberán ser refutados uno a uno.

Traducción de Juan J. del Solar y Mercedes Allendesalazar

Dirección única
Walter Benjamin

martes, 19 de agosto de 2014

La técnica del crítico en trece tesis

Walter Benjamin. Dirección única.

I.    El crítico es un estratega en el combate literario.
II.   Quien no puede tomar partido, debe callar.
III.  El crítico nada tiene que ver con el exégeta de épocas artisticas pasadas.
IV.  La crítica debe hablar el lenguaje de los artistas. Pues los conceptos del cénacle son consignas. Y sólo en las consignas resuena el grito de combate.
V.   La "objetividad" deberá sacrificarse siempre al epíritu de partido cuando la causa por la cual se combate merezca realmente la pena.
VI.  La crítica es una cuestión moral. Si Goethe no comprendió a Hölderlin ni a Kleist, ni a Beethoven y Jean Paul, esto no atañe a su comprensión del arte, sino a su moral.
VII.    Para el crítico, sus colegas son la instancia suprema. No el público. Y mucho menos la posteridad.
VIII.  La posteridad olvida o enaltece. Sólo el crítico juzga en presencia del autor.
IX.  Polémica significa destruir un libro citando unas cuantas de sus frases. Cuanto menos se lo haya estudiado, mejor. Sólo quien pueda destruir, podrá criticar.
X.    La verdadera polémica aborda un libro con la misma ternura que un caníbal se guisa un lactante.
XI.  El entusiasmo artístico le es ajeno al crítico. En sus manos, la obra de arte es el arma blanca en el combate de los espíritus.
XII. El arte del crítico in nuce : acuñar consignas sin traicionar las ideas. Las consignas de una crítica insuficiente malbaratan el pensamiento en aras de la moda.
XIII. El público deberá padecer siempre injusticias y, no obstante, sentirse siempre representado por el crítico.

Traducción de Juan J. del Solar y Mercedes Allendesalazar

Dirección única
Walter Benjamin

jueves, 31 de mayo de 2012

Porcelana china

Walter Benjamin. Dirección única.

La fuerza de una carretera varía según se la recorra a pie o se la sobrevuele en aeroplano. Así también, la fuerza de un texto varía según sea leído o copiado. Quien vuela, sólo ve cómo la carretera va deslizándose por el paisaje y se desdevana ante sus ojos siguiendo las mismas leyes del terreno circundante. Tan sólo quien recorre a pie una carretera advierte su dominio y descubre cómo en ese mismo terreno, que para el aviador no es más que una llanura desplegada, la carretera, en cada una de sus curvas, va ordenando el despliegue de lejanías, calveros y perspectivas como la voz de mando de un oficial hace salir a los soldados de sus filas. Del mismo modo, sólo el texto copiado puede dar órdenes al alma de quien lo está trabajando, mientras que el simple lector jamás conocerá los nuevos paisajes que, dentro de él, va convocando el texto, esa carretera que atraviesa su cada vez más densa selva interior: porque el lector obedece al movimiento de su Yo en el libre espacio aéreo del ensueño, mientras que el copista deja que el texto le dé órdenes. De ahí que la costumbre china de copiar libros fuera una garantía incomparable de cultura literaria, y la copia, una clave para penetrar en los enigmas de la China.

Traducción de Juan J. del Solar y Mercedes Allendesalazar

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Walter Benjamin

jueves, 10 de junio de 2010

Dirección única

Frank Frazetta. El verdugo.

PELUQUERO PARA SEÑORAS QUISQUILLOSAS

Detener una mañana en sus camas, sin decir nada, a tres mil damas y caballeros del Kurfürstendamm, y tenerlos veinticuatro horas en la cárcel. Distribuir a medianoche, en las celdas, un cuestionario sobre la pena de muerte, pidiendo a sus firmantes que indiquen el tipo de ejecución que, llegado el caso, elegirían a título personal. Quienes hasta entonces solían expresarse "según su leal entender" y sin que nadie se lo pidiera, tendrían que rellenar ese documento bajo estricta vigilancia y "según su leal saber". Antes del amanecer, sagrado desde siempre, pero consagrado en este país al verdugo, se habría esclarecido la cuestión de la pena de muerte.

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Walter Benjamin

viernes, 23 de abril de 2010

Artículos de escritorio y papelería

Place de la Concorde, en el centro, el obelisco de Luxor, París, 2007. Foto de Mariordo.

PISAPAPELES. Place de la Concorde. Obelisco. Lo que en él se grabó hace cuatro mil años se alza hoy en el centro de la más grande de todas las plazas. Si se lo hubieran vaticinado ¡qué triunfo para el faraón! El primer imperio cultural de Occidente llevará un día, en su centro, el monumento que conmemora su poderío. ¿Qué aspecto tiene, en realidad, esta gloria? Ni una sola de las diez mil personas que pasan por aquí se detiene; ni una sola de las diez mil personas que se detienen es capaz de leer la inscripción. Así cumple cada fama con lo prometido, y no hay oráculo que la iguale en astucia. Pues el inmortal está allí como este obelisco: dirige un tráfico espiritual que bulle a su alrededor y a nadie le sirve ya la inscripción en él grabada.

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Walter Benjamin

viernes, 25 de diciembre de 2009

Desembalando mi biblioteca

Walter Benjamin en la Biblioteca Nacional de París, 1937. Foto de Gisèle Freund.
Sí, desembalo mi biblioteca. Aún no está en las estanterías, aún no la envuelve el tedio tapizado del orden. Tampoco puedo, todavía, recorrer sus estanterías pasándoles revista ante un auditorio complaciente. No teman nada de eso. Sólo puedo rogarles que me acompañen al desorden de cajas recién desclavadas, la atmósfera en la que flota un polvillo de madera, el suelo cubierto de papeles rotos, entre pilas de volúmenes recién vueltos a la luz del día, tras dos años de tinieblas, para así compartir en parte no ya la melancolía sino la tensión que los libros despiertan en el alma de un verdadero coleccionista. Pues es un coleccionista quien les habla, y a fin de cuentas no habla más que de sí mismo.

Durante años, al menos durante el primer tercio de su existencia mi biblioteca se limitó a dos o tres estantes que aumentaban apenas unos pocos centímetros por año: su época espartana, pues ni un solo libro entraba en ella sin que yo lo hubiera leído y descifrado sus claves. Y probablemente nunca hubiera llegado a reunir algo que por su volumen mereciera la denominación de biblioteca si no hubiera sido porque la inflación, de repente, convirtió los libros en objetos valiosos, o como mínimo en objetos de difícil adquisición. Así ocurrían las cosa en Suiza, al menos. Y así hice, en el último momento, mis primeros grandes encargos de libros de cierta importancia, pudiendo conseguir productos tan insustituibles como la revista del Blaue Reiter o La leyenda de Tanaquil de Bachofen, que aún era posible procurarse del editor. Ahora, pensarán udes.. tras tantas vueltas y revueltas, deberíamos desembocar por fin en la vía real de la adquisición de libros: su compra. Ancho camino, ciertamente, pero no por ello menos tortuoso. Las compras de un coleccionista de libros no se parecen en nada a las que hace un estudiante para hacerse con uno de los manuales del curso, un mundano para regalar a su mujer, un viajante de comercio para matar el tiempo en su próximo desplazamiento, compras hechas en una librería. Mis más memorables compras, las he efectuado estando de viaje, de pasada. Bienes y propiedades se deben a la táctica. Los coleccionistas son hombres de instinto táctico: cuando están a la conquista de una ciudad, el más pequeño librero de viejo cobra para ellos dimensiones de fortaleza a asaltar, la mas remota papelería deviene posición clave. ¡Cuantas ciudades me revelaron sus secretos durante mis expediciones a la conquista de sus libros!.

Desembalando mi biblioteca
Walter Benjamin

domingo, 1 de noviembre de 2009

Cervecería


Walter Benjamin. Fotografía de Gisèle Freund.
Los marineros bajan raramente a tierra; el servicio en alta mar es un servicio dominical comparado con el trabajo en los puertos, donde a menudo hay que cargar y descargar día y noche. Luego, cuando a un grupo le llega el permiso para desembarcar por unas horas, ya ha oscurecido. En el mejor de los casos, la catedral se yergue como una mole oscura camino de la taberna. La cervecería es la llave de cualquier ciudad; saber dónde se puede beber cerveza alemana es, como conocimiento de geografía y etnología, más que suficiente.

La ciudad no se visita, se compra. En la maleta del marinero cohabitan el cinturón de cuero de Hong Kong, la vista panorámica de Palermo y la foto de una chica de Stettin. Exactamente así es su verdadero hogar. Nada sabe de esa nebulosa lejanía que, para el burgués, encierra mundos desconocidos. Lo primero que se impone en cada ciudad es el servicio a bordo; luego vienen la cerveza alemana, el jabón de afeitar inglés y el tabaco holandés. Tienen presente hasta en la médula la norma internacional de la industria; no son víctimas de las palmeras ni de los icebergs.

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Walter Benjamin

sábado, 17 de enero de 2009

Tienda de sellos

Harrison Cluse. El cisne negro de Nueva Gales del Sur (Australia)
A quien revisa atados de correspondencia vieja, un sello retirado de la circulación hace ya tiempo y pegado en algún sobre frágil, le dirá a menudo más que docenas de páginas leídas. A veces aparecen pegados en postales y uno no sabe si despegarlos o guardar tal cual la tarjeta postal, como la hoja de algún gran pintor que tuviera en la cara y al dorso dos dibujos distintos e igualmente valiosos.

¿Se quiebra tal vez en la gama cromática de las series largas la luz de algún sol exótico? ¿Capturarían acaso en los correos centrales de los Estados Pontificios o de Ecuador rayos que nosotros no conocemos?

El niño mira la remota Liberia a través de unos gemelos de teatro que sostiene al revés: allí está, tras su franjita de mar, con sus palmeras, tal como la muestran los sellos. Navega con Vasco de Gama alrededor de un triángulo que es isósceles como la esperanza y cuyos colores cambian según el tiempo. Prospecto de viaje del cabo de Buena Esperanza. El cisne que se ve en los sellos australianos será siempre, incluso en los valores azules, verdes y marrones, el cisne negro que sólo existe en Australia y aquí se desliza sobre las aguas de un estanque como sobre el más pacífico de los oceános.

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Walter Benjamin

sábado, 10 de enero de 2009

Libros y Prostitutas (13 Tesis)

Foto anónima. Amigas
I. Los libros y las prostitutas pueden llevarse a la cama.
II. Los libros y las prostitutas entrecruzan el tiempo. Dominan la noche como el día y el día como la noche.
III. Nadie anota en los libros ni en las prostitutas que los minutos les son preciosos. Sólo al intimar un poco más con ellos, se advierte cuánta prisa tienen. No dejan de calcular mientras nosotros nos adentramos en ellos.
IV. Los libros y las prostitutas se han amado desde siempre con un amor desgraciado.
V. Los libros y las prostitutas tienen cada cual su tipo de hombres que viven de ellos y los atormentan. A los libros, los críticos.
VI. Libros y prostitutas en casas públicas... para estudiantes.
VII. Libros y prostitutas: raras veces verá su final quien los haya poseído. Suelen desaparecer antes de perecer.
VIII. Qué gustosa y embusteramente cuentan los libros y las prostitutas cómo han llegado a ser lo que son. En realidad, muchas veces ni ellos mismos se dan cuenta. Durante años se cede a todo "por amor", hasta que un buen día aparece en la calle, convertido en un voluminoso "corpus" que se pone en venta, aquello que, "por amor a la causa", nunca había pasado de ser un vago proyecto.
IX. A los libros y a las prostitutas les gusta lucir el lomo cuando se exhiben.
X. Los libros y las prostitutas se multiplican mucho.
XI. Libros y prostitutas: "vieja beata -joven golfa-". ¡De cuántos libros proscritos antaño no ha de aprender hoy la juventud!
XII. Los libros y las prostitutas ventilan sus discusiones en público.
XIII. Libros y prostitutas: las notas al pie de página son para aquéllos lo que, para éstas, los billetes ocultos en la media.

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Walter Benjamin

jueves, 23 de octubre de 2008

Antiguedades

Michael Parkes.Beatriz
MAPA ANTIGUO. En un amor, la mayoría busca una patria eterna. Otros, aunque muy pocos, un eterno viajar. Estos últimos son melancólicos que tienen que rehuir el contacto con la madre tierra. Buscan a quien mantenga alejada de ellos la melancolía de la patria. Y le guardan fidelidad. Los tratados medievales sobre los humores saben de la apetencia de viajes largos de este tipo de gente.

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Walter Benjamin

miércoles, 30 de abril de 2008

Recuerdos De Viaje

MARINA. La belleza de los grandes veleros es única en su género.Pués no sólo han conservado invariable su perfil durante siglos, sino que aparecen en el más inmutable de todos los paisajes: en el mar, realzados contra el horizonte.

CATEDRAL DE FRIBURGO. Al más íntimo sentimiento de pertenencia a una ciudad se hallan unidos, para sus habitantes- y también, en el recuerdo, para el viajero que se haya detenido un tiempo en ella- el timbre y los intervalos con que los relojes de sus torres dan las primeras campanadas.
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Walter Benjamin