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lunes, 13 de diciembre de 2021

Penúltimos poemas

Gabriel Celaya. Penúltimos poemas.

Pánica

¿En dónde vivimos sin saber quiénes somos?
Azul sin medida. Tierra sin memoria.
Pájaro rojo del agua. Pájaro blanco del aire.
Fieras fulgurantes de sangre repentina
como una presencia que no estaba prevista,
nubes que, allá lejos, parecen perdidas,
perfumes secretos, madreselvas vivas,
ninfas burlonas que siempre se esconden
y ¡oh tú animalidad divina del hombre!

Gloria de lo mínimo

Solo debe aspirarse a lograr cosas pequeñas.
Las grandes estorban con sus vastas sombras
porque crecer es siempre crecer a más, y más.
¿Y para qué la prisa si aún no hemos mirado
lo que hay de misterioso en lo pequeño,
de alegría en un trino, de belleza en la espuma?
Atendamos a esta gloria. Detengámonos, amigo.

Penúltimos poemas (1982)
Gabriel Celaya

Penúltimos poemas

Gabriel Celaya. Penúltimos poemas.

Pánica

¿En dónde vivimos sin saber quiénes somos?
Azul sin medida. Tierra sin memoria.
Pájaro rojo del agua. Pájaro blanco del aire.
Fieras fulgurantes de sangre repentina
como una presencia que no estaba prevista,
nubes que, allá lejos, parecen perdidas,
perfumes secretos, madreselvas vivas,
ninfas burlonas que siempre se esconden
y ¡oh tú animalidad divina del hombre!

Gloria de lo mínimo

Solo debe aspirarse a lograr cosas pequeñas.
Las grandes estorban con sus vastas sombras
porque crecer es siempre crecer a más, y más.
¿Y para qué la prisa si aún no hemos mirado
lo que hay de misterioso en lo pequeño,
de alegría en un trino, de belleza en la espuma?
Atendamos a esta gloria. Detengámonos, amigo.

Penúltimos poemas (1982)
Gabriel Celaya

miércoles, 30 de junio de 2021

Memorias inmemoriales

Gabriel Celaya. Memorias inmemoriales.

Estoy fuera del mundo, paseando. Lo más sencillo es lo más sorprendente. Yo, por ejemplo, me saludo a mí mismo como si fuera otro, no me entiendo. Me creo en cierto modo (porque soy el que soy, está claro) mas a veces yo no soy yo sino una luz que traspasa mi materia y mi conciencia. Estoy solo en el mundo. Y eso sería todo si se entendiera en verdad lo que es la soledad absoluta.

Estoy donde nada debería existir. Y. sin embargo, yo existo. Y soy absolutamente feliz por eso: Terrible y felicísimo como un dios arcaico y cruel.

Memorias inmemoriales (1980)
Gabriel Celaya   

Memorias inmemoriales

Gabriel Celaya. Memorias inmemoriales.

Estoy fuera del mundo, paseando. Lo más sencillo es lo más sorprendente. Yo, por ejemplo, me saludo a mí mismo como si fuera otro, no me entiendo. Me creo en cierto modo (porque soy el que soy, está claro) mas a veces yo no soy yo sino una luz que traspasa mi materia y mi conciencia. Estoy solo en el mundo. Y eso sería todo si se entendiera en verdad lo que es la soledad absoluta.

Estoy donde nada debería existir. Y. sin embargo, yo existo. Y soy absolutamente feliz por eso: Terrible y felicísimo como un dios arcaico y cruel.

Memorias inmemoriales (1980)
Gabriel Celaya   

lunes, 21 de junio de 2021

Buenos días

Gabriel Celaya. Paz y concierto. 

Son las diez de la mañana.
He desayunado con jugo de naranja,
me he vestido de blanco
y me he ido a pasear y a no hacer nada,
hablando por hablar,
pensando sin pensar, feliz, salvado.

Paz y concierto (1953)
Gabriel Celaya 

Buenos días

Gabriel Celaya. Paz y concierto. 

Son las diez de la mañana.
He desayunado con jugo de naranja,
me he vestido de blanco
y me he ido a pasear y a no hacer nada,
hablando por hablar,
pensando sin pensar, feliz, salvado.

Paz y concierto (1953)
Gabriel Celaya 

viernes, 19 de abril de 2019

Satori

Gabriel Celaya. Buenos días Buenas noches.

Los hombres hormiguean. Se cuentan de uno en uno.
Se imaginan distintos pero son siempre el mismo.
Por eso se matan.

Los hombres pululan. Mienten y se disfrazan.
Son seres indistintos en un campo conjunto.
Por eso se aman.

Los hombres enloquecen sumidos en un sueño.
Imaginan y atacan. Son tontos y agresivos.
Por eso tienen miedo.

Los hombres, ciertos días, viendo pasar las nubes
se olvidan de sí mismos, y se dicen: "¿quién vive?".
Entonces, son felices.

Buenos días Buenas noches (1976)
Gabriel Celaya

Satori

Gabriel Celaya. Buenos días Buenas noches.

Los hombres hormiguean. Se cuentan de uno en uno.
Se imaginan distintos pero son siempre el mismo.
Por eso se matan.

Los hombres pululan. Mienten y se disfrazan.
Son seres indistintos en un campo conjunto.
Por eso se aman.

Los hombres enloquecen sumidos en un sueño.
Imaginan y atacan. Son tontos y agresivos.
Por eso tienen miedo.

Los hombres, ciertos días, viendo pasar las nubes
se olvidan de sí mismos, y se dicen: "¿quién vive?".
Entonces, son felices.

Buenos días Buenas noches (1976)
Gabriel Celaya

viernes, 18 de septiembre de 2015

Todo vale la pena

Gabriel Celaya, fotografiado por Alberto Schommer.

Todo vale la pena.
Espero ansiosamente telegramas que digan
por ejemplo: «Llegué bien. Abrazos».
Pago cualquier precio por un coñac decente;
pierdo noches enteras con cualquier muchacha.

Todo vale la pena.
Todo me arrebata y esto es lo terrible;
todo me apasiona y es sin embargo tonto,
todo debería parecerme nada,
mas las naderías son mi vida, mi todo.

Todo vale la pena.
Llevo el capital social de mi negocio
como un piel-roja lleva su pluma arrogante.
Es una miseria; no significa nada;
mas mi sangre suena: vivo, soy dichoso.

Tranquilamente hablando (1947)
Gabriel Celaya 

martes, 4 de marzo de 2014

Debo ser algo tonto

Gabriel Celaya, en 1990. Foto: Agencia EFE.

Debo ser algo tonto
porque a veces me ocurre que me pongo a hablar solo,
y digo cosas locas,
digo nombres bonitos de muchachas y barcos
o títulos de libros que nadie ha escrito nunca.
Debo ser algo tonto.

Babeo, grito y lloro.
Los verbos absolutos me llenan de ternura
y esas vocales sueltas, inútiles, redondas,
que vuelan para nada,
me elevan boquiabierto hacia no sé qué gozos.

Soy feliz y, por eso, también un poco tonto.

Tranquilamente hablando (1945-1946)
Gabriel Celaya (1911-1991)

viernes, 24 de junio de 2011

A veces me figuro que estoy enamorado

Johannes Wessmark. Emmy.

A veces me figuro que estoy enamorado,
y es dulce, y es extraño,
aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo.

Las canciones de moda me parecen bonitas,
y me siento tan solo
que por las noches bebo más que de costumbre.

Me ha enamorado Adela, me ha enamorado Marta,
y, alternativamente, Susanita y Carmen,
y, alternativamente, soy feliz y lloro.

No soy muy inteligente, como se comprende,
pero me complace saberme uno de tantos
y en ser vulgarcillo hayo cierto descanso.

Tranquilamente hablando (1947)
Gabriel Celaya

domingo, 11 de enero de 2009

Bécquer

Julio Cobo. Torre del monasterio de Veruela, Zaragoza

En Bécquer, lo fantasmal y lo tradicional, lo visional y lo acomodaticio, se funden en una transcendencia romántica. De ahí sus constantes peregrinaciones al pasado o a los lugares en que el tiempo ha parecido detenerse. "En cuanto tenía un puñado de duros -decía Eusebio Blasco- se iba a Toledo o al monasterio de Veruela...; no vivía a gusto sino en lugares melancólicos y aislados; había algo de trapense en aquel hombre". Y como si quisiera confirmar esta opinión, Bécquer en Desde mi celda (carta cuarta) escribe: "Sea cuestión de poesía, sea que es inherente a la naturaleza frágil del hombre simpatizar con lo que perece y volver los ojos con cierta triste complacencia hacia lo que ya no existe, ello es que en el fondo de mi alma consagro como una especie de culto, una veneración profunda a todo lo que pertenece al pasado, y las poéticas tradiciones, las derruidas fortalezas, los antiguos usos de nuestra vieja España tienen para mí todo ese indefinible encanto, esa vaguedad misteriosa de la puesta del sol en un día espléndido". Y en la "Carta tercera" del mismo texto (Desde mi celda) nos muestra cuánto visionarismo había en su conservadurismo: "Cuántas veces, después de haber discurrido por las anchurosas naves de alguna de nuestras inmensas catedrales góticas o de haberme sorprendido la noche en uno de esos imponentes y severos claustros de nuestras históricas abadías, he vuelto a sentir inflamada mi alma con la idea de la gloria, pero una gloria más ruidosa y ardiente que la del poeta! Yo hubiera querido ser un rayo de la guerra, haber influido poderosamente en los destinos de mi patria, haber dejado en sus leyes y sus costumbres la profunda huella de mi paso".

Bécquer
Gabriel Celaya