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lunes, 22 de mayo de 2023

Bestiario

Javier Tomeo. Ilustración de Pablo Gallo.

El gusano

¿Y tú? ¿Quién eres tú? —pregunto a la minúscula criatura que descubro a mis pies.
—Yo soy el gusano —me responde—. Un animalito estúpido y lento. Respiro a través de la piel y mi tubo digestivo se prolonga de un extremo a otro de mi cuerpo. Mi madre, poco después de nacer, me dijo: «No te preocupes, Federico. No eres ni inteligente, ni hermoso. No tienes alas. Ni siquiera tienes pies. Pero arrastrándote, podrás llegar a cualquier parte».


El pulpo

Soy capaz de orientarme gracias al olfato, tengo un par de ojos muy perfeccionados y utilizo el sentido del tacto para cortejar a las hembras. Cambio de colores según mi estado de ánimo: blanco cuando estoy muy asustado, y rojo cuando me pongo de mal genio. Además, cuando me amenaza un peligro, suelto a mi alrededor una nube de tinta, del mismo modo que algunos hombres, en circunstancias parecidas, tratan de ocultarse tras las palabras más adecuadas. Yo creo, sinceramente (yo no es que quiera presumir de ello) que no somos tan distintos. La diferencia más grande que me distingue de esos hombres es que yo tengo ocho brazos. 

Bestiario (1988)
Javier Tomeo 

sábado, 4 de mayo de 2019

La libélula

Biho Takahashi. Libélula y lotos. 

Mi madre tras envolverme en una plateada capa de aire, se sumergió en el estanque y depositó mi huevo a más de treinta centímetros de profundidad.
Tras la eclosión me convertí en una ninfa grotesca. Mi labio inferior, por ejemplo. es muy largo, y cunado no lo utilizo, me cubre el rostro como una careta antigás.
Me complace, sin embargo, saberme monstruosa, porque sé que, con el tiempo, me convertiré en uno de los insectos más hermosos del bosque. Cuando se haya completado mi desarrollo, me arrastraré fuera del agua y posada sobre el tallo de un junco, se iniciará la metamorfosis. Los latidos de mi corazón, obedeciendo una orden dictada hace millones de años, empezarán entonces a impulsar el plasma sanguíneo hacia el ancho y corto abdomen, y hacia las alas, todavía arrugadas y en forma de saco.
Y surgirá sin fin, como un milagro, la libélula adulta. Un doble juego de alas, plenas de fuerza, me permitirá ascender hacia el sol, y mis ojos, policromados como una vidriera gótica, se extenderán por encima de mi cabeza, ferozmente proyectados hacia cualquier forma de vida que se agite a mi lado.
Sí, sí, amigo mío; me complace saberme una ninfa monstruosa porque los que ahora se burlan de mí, se morderán luego los labios. En mi precaria realidad del momento, vivo yo gozosamente futuras venganzas.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

La libélula

Biho Takahashi. Libélula y lotos. 

Mi madre tras envolverme en una plateada capa de aire, se sumergió en el estanque y depositó mi huevo a más de treinta centímetros de profundidad.
Tras la eclosión me convertí en una ninfa grotesca. Mi labio inferior, por ejemplo. es muy largo, y cunado no lo utilizo, me cubre el rostro como una careta antigás.
Me complace, sin embargo, saberme monstruosa, porque sé que, con el tiempo, me convertiré en uno de los insectos más hermosos del bosque. Cuando se haya completado mi desarrollo, me arrastraré fuera del agua y posada sobre el tallo de un junco, se iniciará la metamorfosis. Los latidos de mi corazón, obedeciendo una orden dictada hace millones de años, empezarán entonces a impulsar el plasma sanguíneo hacia el ancho y corto abdomen, y hacia las alas, todavía arrugadas y en forma de saco.
Y surgirá sin fin, como un milagro, la libélula adulta. Un doble juego de alas, plenas de fuerza, me permitirá ascender hacia el sol, y mis ojos, policromados como una vidriera gótica, se extenderán por encima de mi cabeza, ferozmente proyectados hacia cualquier forma de vida que se agite a mi lado.
Sí, sí, amigo mío; me complace saberme una ninfa monstruosa porque los que ahora se burlan de mí, se morderán luego los labios. En mi precaria realidad del momento, vivo yo gozosamente futuras venganzas.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

jueves, 12 de julio de 2018

El escarabajo pelotero

Marina Novikova. Escarabajo.

Los hombres de este siglo, cuando se encuentran conmigo, tuercen el gesto. Hace mucho tiempo que perdieron la imaginación y hoy sólo ven en mí una criatura corpulenta y de torpes movimientos que, a pesar de su brillantez e iridiscente armadura, se pasa la vida haciendo rodar por los caminos bolas hechas con las materias más repugnantes.
Para los viejos hombres de perfil, que vivieron hace milenios, fui la representación terrena del Astro-Rey, el símbolo de la vida que no muere y que se expande en ondas infinitas, la fuerza luminosa que cada mañana se engendra a sí misma y se renueva en el sol naciente. Fui, dicho de otro modo, el que hace avanzar la bola de modo fecundo, a través de un interminable proceso de purificación y perfeccionamiento.
Es evidente, sin embargo, que yo sigo siendo el mismo que siempre fue: un insecto que vive al margen de las veleidades y de las modas de los hombres.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

El escarabajo pelotero

Marina Novikova. Escarabajo.

Los hombres de este siglo, cuando se encuentran conmigo, tuercen el gesto. Hace mucho tiempo que perdieron la imaginación y hoy sólo ven en mí una criatura corpulenta y de torpes movimientos que, a pesar de su brillantez e iridiscente armadura, se pasa la vida haciendo rodar por los caminos bolas hechas con las materias más repugnantes.
Para los viejos hombres de perfil, que vivieron hace milenios, fui la representación terrena del Astro-Rey, el símbolo de la vida que no muere y que se expande en ondas infinitas, la fuerza luminosa que cada mañana se engendra a sí misma y se renueva en el sol naciente. Fui, dicho de otro modo, el que hace avanzar la bola de modo fecundo, a través de un interminable proceso de purificación y perfeccionamiento.
Es evidente, sin embargo, que yo sigo siendo el mismo que siempre fue: un insecto que vive al margen de las veleidades y de las modas de los hombres.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

lunes, 29 de mayo de 2017

El escorpión

Samuel Howitt. Escorpión africano.

Soy la expresión perfecta de las oscuras fuerzas telúricas, relacionadas con las tinieblas y las viejas piedras. Los hombres me temen. En otros tiempos fui protector de la diadema real y di forma a uno de los más antiguos jeroglíficos. Evocar ahora mi pasada grandeza, sin embargo, no me sirve de consuelo, porque vivir de recuerdos es como vivir entre muertos.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

El escorpión

Samuel Howitt. Escorpión africano.

Soy la expresión perfecta de las oscuras fuerzas telúricas, relacionadas con las tinieblas y las viejas piedras. Los hombres me temen. En otros tiempos fui protector de la diadema real y di forma a uno de los más antiguos jeroglíficos. Evocar ahora mi pasada grandeza, sin embargo, no me sirve de consuelo, porque vivir de recuerdos es como vivir entre muertos.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

jueves, 16 de junio de 2016

Escarabajo Hércules

Escarabajo Hércules. Foto: Wikipedia.

Soy un insecto magnífico, nadie puede negarlo. Tengo un cuerpo macizo, de color gris perla espolvoreado con manchitas negras, y un cuerno impresionante, proyectado al frente como el espolón de una galera.
Poseo, además, otro segundo cuerno, aunque no sea tan grande como el primero, y un par de alas membranosas, protegidas por un caparazón quitinoso. De un extremo al otro de mi cuerpo puedo llegar a medir treinta centímetros y avanzo contoneándome sobre seis robustas patas como un barco de guerra sacudido por vientos de través.
Lo malo, señores, es que a pesar de mi terrible aspecto, soy una criatura inofensiva, que odia la violencia y que cada mañana, en el rincón más apacible del bosque, se emborracha de savia azucarada y sueña mundos mejores.
Dirán ustedes que eso no es grave y que puedo sentirme orgulloso de ser un insecto pacífico.
Yo, sin embargo, vivo con el alma pendiente de un hilo, temiendo que llegue el día en que alguien descubra que, con mis dos cuernos, ni siquiera soy capaz de partir el pétalo de una rosa.
Cuando eso ocurra, no tendré más remedio que renunciar a mi máscara y aceptar el desafío de los que hoy, al verme aparecer, huyen aterrorizados.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

martes, 23 de febrero de 2016

La ballena azul

Bernard Long. Ballenas azules.

Pertenezco a la mayor especie de ballenas. Puedo llegar a medir más de treinta metros de longitud y pesar ciento treinta toneladas. Para que se hagan mejor una idea, igual que treinta y cinco elefantes. Mi cabeza es corta y triangular, tengo la mandíbula inferior mayor que la superior y, a pesar de que me llaman azul, soy de color gris oscuro en el dorso y más pálido o blanco en la zona ventral.
Pese a mi gran tamaño puedo emitir dulces sonidos parecidos a los maullidos de un gato o a los dulces balidos de un corderillo. Algunos pescadores solitarios aseguran incluso que somos capaces de cantar a coro largas melodías que pueden prolongarse durante media hora. Dicen también que las estrofas nunca son iguales y que es como si entonces el mar se poblase de oboes, trompetas y órganos.
No se rían ustedes de esos pescadores solitarios. Al fin y al cabo, la soledad les permite muchas veces escuchar la verdad. Nosotras, realmente, cantamos a coro. Es la única forma de soportar nuestra propia grandeza.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

domingo, 16 de agosto de 2015

El pez volador

Peces voladores. Litografía coloreada. Foto: Wikipedia.

Somos peces pequeños y robustos, con grandes ojos que se afanan por verlo todo. Vivimos en aguas profundas lejos de las costas.
Un día, hace miles de años, uno de mis antepasados asomó la cabeza por encima del mar y descubrió las estrellas. Desde entonces nos esforzamos por saltar. Tenemos unas aletas pectorales muy desarrolladas, que mantenemos pegadas al cuerpo mientras nadamos, pero que desplegamos a la manera de alas cuando pretendemos volar.
El aprendizaje, sin embargo, es largo y penoso. Nuestros saltos, de cuarenta o cincuenta metros de longitud, apenas alcanzan, como máximo, los ocho metros de altura. Las estrellas continúan pues estando muy lejos, pero no renunciamos a nuestro sueño.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo 

viernes, 22 de mayo de 2015

La mantis religiosa

Konrad Wothe. Mantis religiosa.

—Voy a contarte algo de lo que tú te sentirás orgullosa —le digo a la mantis religiosa—. ¿Sabes tú, amiga mía, que los romanos colocaban junto a los ídolos de sus dioses la imagen tallada en bronce de una de tus antepasadas? ¿Sabes que, por esos mundos de Dios, quedan todavía campesinos que, al encontraros en el bosque, os preguntan cuál es el mejor camino a seguir?
—No me sorprende lo que cuentas —responde ella—. 
Nuestro aspecto es como para impresionar a cualquiera: ojos tranquilos e inocentes y las patas anteriores en actitud de súplica. Piensan que somos unos insectos piadosos y nos admiran por eso.
—Te equivocas —replico—. Te equivocas, porque lo que más admiran de vosotras es vuestro canibalismo sin remordimientos.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo (1932-2013)

lunes, 8 de julio de 2013

Mariposas monarca

Derek Ramsey. Mariposa monarca. Danaus Plexippus. (Wikipedia)

Para todos aquellos que sientan alguna curiosidad por saber quiénes somos, apunto, a continuación, los siguientes datos:
a) Nuestras antepasadas, hace millones de años, nacieron en el calor, cuando la Tierra todavía humeaba y los animales de sangre caliente aún no habían nacido. Pasaron los siglos, el mundo se fue enfriando y se extinguieron otros insectos gigantes. Nosotras, sin embargo, conseguimos reducir nuestro tamaño y sobrevivir en las regiones templadas.
b) Cada año cuando los árboles enrojecen, sentimos la llamada del Trópico. Remontamos entonces el vuelo, y dejándonos conducir por el instinto, abandonamos las zonas templadas y enfilamos el rumbo que habrá de conducirnos a las tierras calientes de nuestros antepasados. 
c) Somos, en efecto, las mariposas migratorias más famosas, las únicas que tienen una migración regular estacional, con el consiguiente vuelo de regreso a las regiones que abandonaron. Nos reunimos a millones y nuestro enjambre llega a oscurecer el sol. Sobrevolamos las mayores ciudades e incluso los mares y no tememos a las aves rapaces, porque ellas saben bien que nuestro cuerpo, correoso y duro, tiene un sabor nauseabundo.
d) Cuando establecemos un alto en el camino, elegimos para descansar los mismos lugares que el año anterior utilizaron otros enjambres de hermanas. Nos posamos sobre una rama y somos tantas que algunas veces sucede que la rama se quiebra bajo nuestro peso.
e) Los hombres, ellos sabrán por qué, nos dieron el nombre de Mariposas Monarca, pero lo cierto es que cuando nos reunimos a millones sobre la rama de un árbol y la rama acaba desgajándose del tronco, simbolizamos, más que monarquías aristocratizantes, la inmensa fuerza del pueblo que permanece unido y que, con el poder del número, consigue abatir verdes bastillas tropicales.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

sábado, 9 de mayo de 2009

Amado monstruo

Lycosthenes, Prodigiorum ac ostentorum chronicon. Fuente BIUM
Amado monstruo
Capítulo I
Está sentado tras una enorme mesa y ni siquiera hace ademán de levantarse cuando entro en el despacho. Se limita a darme la mano. Tiene ojos azul porcelana que armonizan con el color de su corbata, pelo rubio de paja, mejillas sonrosadas y nariz afilada de canónigo intrigante. Su aspecto, en líneas generales, resulta afable. Veremos, sin embargo, qué sucede a partir de ahora. Me invita a tomar asiento, refuerza su sonrisa y se presenta como H.J. Krugger, Director del Departamento de Personal. Habla con un ligero acento extranjero arrastrando las erres y oscureciendo las vocales. Quiere dejar claro desde el principio que los métodos que utiliza para seleccionar a los futuros empleados del Banco son bastante heterodoxos y que nuestra entrevista va a ser bastante larga. Deberé responder a todas las preguntas que me haga, incluso aquellas que puedan parecerme excesivamente íntimas, sin omitir ningún detalle (tampoco los más insignificantes) porque en cualquiera de esos detalles puede esconderse el dato revelador. Tiene mi expediente sobre la mesa, pero me pide que le repita algunos datos personales.
Llegó, pués, el gran momento. Le digo que me llamo Juan D., que he cumplido ya los treinta años, que perdí a mi padre cuando yo era todavía un niño y que vivo con una madre que me idolatra, pero que me hace la vida imposible.
Krugger consulta brevemente el expediente y pregunta cómo es posible que ni siquiera terminase mis estudios primarios. Le digo que mi madre me sacó de la escuela antes de que cumpliese los ocho años, para librarme de los otros niños, que se complacían rompiéndome los cuadernos y pinchándome con los compases. A partir de entonces, fué ella la que cuidó personalmente de mi educación, siguiendo los mismos libros de texto que hubiese utilizado en la escuela, pero dándoles tal vez una interpretación bastante personal.
Se interesa por mi último empleo. Una pregunta de rigor. Le confieso que no he trabajado nunca y se maravilla de que, en estos tiempos que corren, pueda existir un hombre que haya sobrevivido treinta años sin necesidad de trabajar. Replico diciéndole que no se sorprendería tanto si conociese la obsesión de mi madre por tenerme constantemente pegado a sus faldas. En cierto modo (le digo) ella es la culpable de que no haya trabajado antes.
Empieza a comprender que mi madre juega un importante papel en mi vida. Carraspea, arquea las cejas y enciende un cigarrillo. Quiere conocer las razones que me impulsaron a escribirles. Las páginas de los diarios están llenas de ofertas de empleo. ¿Por qué les elegí precisamente a ellos?
Amado monstruo
Javier Tomeo

lunes, 23 de febrero de 2009

Prólogo a "Juegos de parejas" de Javier Tomeo

Portada de "Juegos de parejas"
Prólogo
No sé hasta que punto puede ser válido lo que un novelista opine sobre la obra de un compañero.No resulta nada fácil, ciertamente, admitir que otro colega, madurado en el mismo solar por soles y vientos comunes, pueda internarse por los grandes paisajes literarios del país siguiendo caminos distintos a los que él emprende y, además, lo haga provisto de otras alforjas.
-Mi camino es el más directo y mi alforja la mejor provista-se suele pensar. Los caminos que recorren los demás no son más que discutibles circunvalaciones.
Cuidado, sin embargo, con nuestras opiniones. Lo dijo ya hace muchos años Oscar Wilde: los artistas reconocen a sus admiradores, pero no se reconocen entre sí porque el polvo que levantan las carrozas en las que viajan les oculta los unos de los otros.
Algo parecido, supongo yo, me habrá ocurrido a mí con las novelas de ciertos colegas que pueden vanagloriarse de haber logrado entusiastas comentarios de los más famosos críticos de este país y que, además, han conseguido un notable índice de penetración en el mercado.
¿Y si la opinión adversa que nos merece tal o cual novela que la crítica aclama puede estar viciada por motivaciones extraliterarias? ¿Y si las ramas de tus árboles no me dejasen ver el bosque de los demás?
Ésa es, a mi juicio, la regla general, pero de vez en cuando se producen pequeños milagros que acaban con nuestros desasosiegos y nos devuelven la confianza en la validez de otras fórmulas literarias que poco o nada tienen que ver con las que utilizamos nosotros.
Sucede, en efecto, que algunas veces llega a nuestras manos una nueva novela recién aparecida en el mercado, o incluso un original todavía no publicado, y advertimos entonces que los dioses de las letras no han dejado tan abandonados a los escritores como para que en el universo del quehacer literario sólo exista una opción válida para alcanzar los objetivos propuestos.
Eso es, poco más o menos, lo que me ha ocurrido con "Juegos de parejas", un volumen de relatos que firma Asdrúbal Hernández y que con toda seguridad habrá de constituir una grata sorpresa para muchos lectores.
El libro está constituido por dieciocho historias.Entre todas ellas, hay, a mi juicio, una que merece especial mención. Me refiero a la titulada "Gramática convencional", que es precisamente la que inicia la serie. Pocas palabras para decir muchas cosas. Eso es lo más debería importar a los escritores de raza, conseguir lo que algunos llaman la "ecuación de las margaritas".
En apenas tres páginas, "Gramática convencional" nos traslada a la entrañable codidianidad de una familia de clase media. Una mañana al salir de casa, la madre constata el misterio de un bosque vecino que, antes de que llegue el otoño, en el transcurso de una sola noche, ha perdido todas sus hojas. Frente a la madre, un marido excesivamente preocupado por el gélido mundo de la informática, que no siente el menor interés por descifrar el maravilloso enigma que le propone su mujer. También están los niños, inventando palabras imposibles. Todos ellos instalados en mundos distintos, entre los que apenas existe comunicación posible. ¿No nos ofrece acaso esta breve historia una certera instantánea sobre el aburrimiento, la rutina e incluso el desamor conyugal?
Sin desmerecer a los demás relatos, nos parece también soberbio "Lejos de todo", que nos habla brevemente de otra familia, constituida por padre, madre y dos hijos, que deciden comprar en el mercado semanal, además de una caja de frutas y un saco de patatas, una cría de boa que después olvidan incomprensiblemente en el jardín de la casa.
Misterio, pues en "Gramática convencional", el de las hojas que desaparecen de los árboles de la noche a la mañana.
Misterio, también, en "Lejos de todo", con esa pequeña boa abandonada por todos en el jardín familiar. Ambos enigmas, enmarcados en la vida cotidiana y absolutamente creíble de dos familias absolutamente normales.
Descifrar los enigmas que plantean las hojas tan repentinamente desaparecidas y la cría de la boa podría significar, a fin de cuentas, tanto como descubrir cuáles son los problemas más profundos que esas dos familias, con mejor o peor fortuna, procuran ocultar.
Estamos convencidos de que esta antología de relatos que firma Asdrúbal Hernández merecerá la atención de esos impenitentes lectores que, a pesar de sentirse ya muy fatigados por una oferta literaria desmedida, no quieren renunciar todavía a la nobilísima aventura que supone la lectura de unos relatos que se mueven lejos de esas coordenadas consumistas que amenazan con devorarlo todo.
Prólogo a "Juegos de parejas"
Javier Tomeo

jueves, 29 de enero de 2009

El castillo de la carta cifrada

Javier Tomeo
El castillo de la carta cifrada
Para Lore y Agustín
-No se preocupe, Bautista, y deje de temblar-me dijo aquella mañana el señor Marqués-. Lo que voy a encargarle es fácil. No soy de los que piden peras al olmo. Vea usted esta carta. En apariencia, una carta como cualquier otra. Para mí, sin embargo es de gran importancia. Debe entregársela personalmente al señor Conde. Me refiero, por supuesto, al Conde de X, Don Demetrio López del Costillar. Habrá oído hablar de él más de cuatro veces. Su castillo queda al otro lado del valle. Para ir, puede elegir entre dos caminos. Uno de ellos atraviesa el bosquecillo de álamos y, al llegar a la altura del molino, se desvía hacia el pueblo. El otro sigue recto, cruza el río por el puente de piedra y asciende serpenteando por la colina. Este último es más corto, pero preferiría que eligiese el otro. Elija, pues, el otro. Cuando entre en el pueblo, sin embargo, no permita que le entretengan sus viejos compinches. Mande al cuerno a todos los chismosos que le salgan al paso. Avance con decisión por la Calle Mayor, y después de pasar por delante de la mansión de la Baronesa de O, métase por la primera bocacalle que encuentre a mano derecha. Usted ya conoce el palacio de la Baronesa: un enorme caserón de piedra de alero descomunal. Le envié allí hace apenas un mes, para interesarse por la salud de esa excelente amiga mía, después de su último aborto. Bien, deje atrás el palacio de la Baronesa y siga adelante, hasta llegar a la cruz de piedra que santifica una encrucijada. Sitúese entonces al pie de la cruz y oriéntese hacia el Este. Recuerde que el Este es precisamente el lugar por donde, por lo menos hasta esta mañana, sale el sol.
El castillo de la carta cifrada
Javier Tomeo

lunes, 6 de octubre de 2008

Los amantes de silicona

Los amantes de silicona
Claridad, querido amigo, mucha claridad. No seas como esos escritores que oscurecen a propósito sus textos, pensando (como aquel sabio griego cuyo nombre no recuerdo en este momento) que donde reinan las tinieblas palpita una indefinible grandeza.
"Los amantes de silicona"
Javier Tomeo

domingo, 14 de septiembre de 2008

El festín de las ratas, (Cuentos perversos)

Javier Tomeo y Asdrúbal Hernández

Esta tarde los mismos contertulios que ayer llegaron a las manos se muestran especialmente apagados, como si pensasen que hoy, día de San Remigio, no valiese la pena entrar en discusiones.
"El festín de las ratas"
(Cuentos perversos)
Javier Tomeo

sábado, 14 de junio de 2008

Diálogo en re mayor

Javier Tomeo. Fuente www.Tactland.com
A las seis y dos minutos -cuando ya estaba acariciando la idea de viajar solo- irrumpe en mi departamento otro pasajero. Es un tipo gordo, de piel cetrina, embutido en un traje de dril que le viene demasiado estrecho. No soy hombre que disimule sus sentimientos. Apenas respondo a su sonoro saludo. Me cruzo de brazos y vuelvo la mirada al andén, dándole a entender que me fastidia su presencia.
Al gordo, sin embargo, no le intimida mi recibimiento. Y no tarda en encontrar una excusa para empezar a hablar. Tras el brusco arranque de la locomotora, esboza una sonrisa de circustancias, disculpando la impericia del maquinista y enseguida, como surgidas al azar, lanza las primeras palabras, los tópicos de siempre, que poco a poco,sin necesidad de que yo intervenga, va enlazando unos con otros. A juzgar por la movilidad de su expresión, el intruso debe ser una de esas personas extrovertidas, ridículamente satisfechas de sí mismas, que confían en un pretendido magnetismo personal y, sobre todo, en la buena disposición de la gente para aceptar el diálogo.
Diálogo en re mayor
Javier Tomeo

martes, 13 de mayo de 2008

Los amantes de silicona

No hay solución, esta novela promete ser tan mala que, si Ramón consiguiese editarla, podría vender cien mil ejmplares en cuestión de días.
"Los amantes de silicona"
Javier Tomeo