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viernes, 4 de enero de 2019

Historia antigua

Víctor Botas. Historia antigua.

Cárcel

Te pongo a caminar por esta página
en blanco. (No hace falta
decir que para siempre; no habrá modo
de que puedas salir: ninguna cárcel
es comparable a ésta, que no tiene
referencia cabal en que orientarse).

No ser en modo alguno

Qué bueno
no ser en modo alguno
imprescindible
como lo son tantísimos
                                          Sin duda
ha de ser agobiante ese saberse
necesario
como el insomne dios de los teólogos.

Historia antigua (1987)
Víctor Botas

Historia antigua

Víctor Botas. Historia antigua.

Cárcel

Te pongo a caminar por esta página
en blanco. (No hace falta
decir que para siempre; no habrá modo
de que puedas salir: ninguna cárcel
es comparable a ésta, que no tiene
referencia cabal en que orientarse).

No ser en modo alguno

Qué bueno
no ser en modo alguno
imprescindible
como lo son tantísimos
                                          Sin duda
ha de ser agobiante ese saberse
necesario
como el insomne dios de los teólogos.

Historia antigua (1987)
Víctor Botas

jueves, 27 de abril de 2017

Insomnio

Alexei Butirskiy. Insomnio.

La noche y sus perfiles.
Crecen formas sin forma.
Largos dedos de frío.
Caras que se resuelven en sonrisas
que emergen de lo oscuro,
hasta desvanecerse en multitudes.

Con el alba,
la espera de esa tarde
en que acaso he de verte
me traerá sosiego.

Las cosas que me acechan (1979)
Víctor Botas

Insomnio

Alexei Butirskiy. Insomnio.

La noche y sus perfiles.
Crecen formas sin forma.
Largos dedos de frío.
Caras que se resuelven en sonrisas
que emergen de lo oscuro,
hasta desvanecerse en multitudes.

Con el alba,
la espera de esa tarde
en que acaso he de verte
me traerá sosiego.

Las cosas que me acechan (1979)
Víctor Botas

miércoles, 23 de octubre de 2013

Veterano de Actium

Lorenzo A. Castro. La batalla de Actium.

No seas insensato. Guarda
tu corazón de esas pupilas
verdes, y no hagas locuras.
                                            Eres
ya viejo y será mucho
mejor que ahora dediques
tu tiempo a recordar: sobre las olas
las oscuras corazas de las naves
listas al abordaje, y esos gritos
de la tripulación, arrebatados
por las manos azules
de la brisa.
                      Entonces
las águilas de Roma dieron cuenta
de la doble corona
milenaria.
                      Poco tiempo hizo falta
para que profanasen
la antigua biblioteca y los secretos
palacios faraónicos
los pasos victoriosos de Octaviano.

Pero de aquella noche
tú no conservas más que la alta luna,
y el calor y las risas
borrachas del burdel,
y unos muslos violentos
y fugaces.

Historia antigua (1987)
Víctor Botas

lunes, 30 de julio de 2012

Con indecisa pluma voy poniendo

Dave L. Ryan. Tintero y pluma.

Con indecisa pluma voy poniendo
indecisas palabras. (Quiero darte
un poco de mi espíritu). Es difícil
llenar tanto papel con unas líneas
capaces de emoción. A cada paso
se bifurca el camino y aparecen
otros nunca pensados; sólo uno,
que no sabré encontrar, es el preciso.
Escribo, pues, errando las ideas
y sus vanas palabras. (Se parece
bastante este oficio a esa otra busca
más rica, que es la vida. La ventaja
de la ficción consiste en que, si quiero
rompo la hoja. Puedo repetirme).

Las cosas que me acechan (1979)
Víctor Botas

martes, 30 de agosto de 2011

Venus de Cnido


Jodie Foster, en Taxi Driver. Fotografiada por Steve Schapiro.

Las manos de la diosa
no prodigan
calor.
Vale mil veces
más la humilde ternura de esas otras,
comunes y encontradas
en la noche del puerto,
que toda la destreza de Praxíteles.

La venus de Cnido
Víctor Botas

sábado, 4 de diciembre de 2010

Ahora

Andrea Alfani. Il veliero.

Una mujer de ojos verdes irá en estos momentos
por Tottenham Court Road, hacia Oxford Street.
Otra, de negra cabellera, estará ahora mismo cruzando
la Via dei Fori Imperiali, el Coliseo al fondo.
Una tercera, sale seguramente de la boca
del "metro" de París, justo frente a l'Etoile.
En Madrid, habrá una jovencita que ligue emocionada
mientras toma una caña en algún bar de Rosales,
cerca del templo egipcio:
¿Y tú, my rose, my rose?:
a lo mejor
miras en este instante
el mar y no comprendes
que te lo llevas todo en las pupilas.
Mientras,
yo mato el tiempo tercamente
en este cuarto gris y ante esta hoja.

Las rosas de Babilonia
Víctor Botas

lunes, 28 de junio de 2010

ANALES

Victor Botas. Fotografía propiedad del autor.

El 2 de septiembre del año 31 antes de Cristo
Octavio (aún no era Augusto
-lo sería
en enero del 27)
borra del mar de Actium,
bajo un sol impasible,
el gran sueño imperial de Cleopatra.

En Mühlberg, Carlos V, el 25
de abril de 1547,
desde el lecho doliente de un ataque de gota,
humilla al luterano
Juan Federico de Sajonia,
y Witemberg
-patria de la reforma-
vuelve a poder católico.

El 21
de octubre de 1805, Nelson
herido ya de muerte,
derrota en Trafalgar y simultánea-
mente a las dos armadas
enemigas.

El 5 de junio de 1942, el almirante
japonés Yamamoto, ante el desastre
inevitable, ordena
cambiar rumbo a sus naves
de Midway, entre golpes
de mar y espuma y viento.
El miércoles 6 de abril de 1994,
en un lugar tan trivial como lo es una cafetería,
una mujer y un hombre se enredaron
en tácito combate de miradas.
Quién me diera
no haber sido aquél hombre.

Las rosas de Babilonia
Víctor Botas

viernes, 23 de enero de 2009

El humo del Vesubio

Archivo Life. Vista de la bahía de Nápoles
Todavía aquella misma mañana, en la piscina, pensando que veinticuatro horas después pondría al fin pie en la alegre ciudad de Parténope, se le había puesto un nudo de emoción en la garganta. ¡Volver a Nápoles! ¡Volver al divino golfo de Nápoles: Capri, Herculano, Miseno, qué se yo! Tanto currículum, tanta oposición le había impedido pisar estas tierras privilegiadas en su juventud, y luego, un poco por pereza -siempre había sido muy dado a la rutina. ¿De qué otro modo, si no, habría podido pasarse tanto tiempo con el culo pegado a una silla y ante un montón de apuntes?-, un poco también por temporal olvido -tan ocupado anduvo al principio, tratando de escalar cada vez más altos puestos- había ido dejándolo para más tarde. Y así año tras año, de modo que tan sólo en una ocasión había estado en estos lugares. Sólo en una ocasión, y de esto hacía ya..., ¿cuánto hacía que había estado en Nápoles? Ni se acordaba.
Aquel golfo encantado, su sueño desde casi la infancia, desde aquellas primeras lecturas -Munthe sobre todo- de los quince, dieciseis abriles. Y el caso es que no se explicaba muy bien el porqué de esta especie de obsesión, de esta íntima manía que se le había ido a posar en esta parte de Italia. Únicamente allí. Había, como no, otros lugares mágicos que también le subyugaron siempre. Lugares por los que su encendida imaginación adolescente había revoloteado más de una vez, ¡y más de dos! Podía recordar con fruición Bagdag, Bristol, el Lilliput de Gulliver..., pero todos pertenecían al pasado. No eran otra cosa que el recuerdo de un sueño muy lejano que había ido muriéndosele ante los sucesivos tribunales de oposiciones. Con Nápoles era distinto: Nápoles seguía ahí quieto, preso en alguna entretela de su mente, como un pájaro que uno contempla durante un buen rato y que tan sólo emprende el vuelo cuando por fin damos con la máquina de fotos y no nos falta más que apretar el disparador.

El humo del Vesubio
Víctor Botas

lunes, 18 de agosto de 2008

Asturcón

Caballo Asturcón
Este caballo de pequeña alzada, que ciñe, como puede, el torpe casco a un trote acompasado, vino a ti desde Asturias. -Comprendo que los hay en la Bética más dóciles, con más escuela, vamos, y capaces de recorrer la vía Hercúlea meneando las cachas casi casi igual que Telezusa (si, la chica aquella, gaditana por más señas, que de sobra podría levantársela a un muerto con sus danzas). Pero éste, éste que vino a ti desde las brumas sigilosas del Norte, atravesando a trancas y barrancas las alturas de los montes astures, tan huraño, tan modestito él, tan poca cosa y, por si no bastara, cojitranco, contento se daría en los dientes con un canto, si acertara a traerte, para adornar tu sien, no el oro, no las rituales ínfulas, tampoco insensatas guirnaldas ( a la postre no se trata, supongo, de inmolar una cerda preñada a la pródiga Ceres), sino algo (imagina un instante que ahora mismo emprendes, yo qué sé, un largo viaje a las míticas fuentes del somnoliento Nilo con tu amor imposible, romántico y secreto), sino algo, decía, muy parecido en todo a una emoción inquieta y - ¿por qué no? ¿por qué no, a ver , por qué?- unas gotas de sonriente coña beatífica.
Historia antigua
Víctor Botas