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jueves, 26 de mayo de 2022

Canción de marzo

Eloy Sánchez Rosillo. La certeza.

Abrí el balcón y vi la maravilla:
estaba ahí la primavera.
¿Cómo pudo ser todo así, tan simple?
Algo raro ocurrió.
El balcón de una casa 
cualquiera, en una calle
de una ciudad cualquiera.
Abrí y miré. Eso tan sólo hice.
Y sucedió el prodigio.
Qué cosa tan extraña.
Mi casa era un palacio.
Yo era el rey de la vida.
El balcón daba a marzo,
a un día de jilgueros.

La certeza (2005)
Eloy Sánchez Rosillo 

Canción de marzo

Eloy Sánchez Rosillo. La certeza.

Abrí el balcón y vi la maravilla:
estaba ahí la primavera.
¿Cómo pudo ser todo así, tan simple?
Algo raro ocurrió.
El balcón de una casa 
cualquiera, en una calle
de una ciudad cualquiera.
Abrí y miré. Eso tan sólo hice.
Y sucedió el prodigio.
Qué cosa tan extraña.
Mi casa era un palacio.
Yo era el rey de la vida.
El balcón daba a marzo,
a un día de jilgueros.

La certeza (2005)
Eloy Sánchez Rosillo 

jueves, 7 de octubre de 2021

Oír la luz

Eloy Sánchez Rosillo. Oír la luz.

Debo decir que cuando yo era niño
y en el campo veía la densa muchedumbre
de estrellas en los cielos del verano,
además de mirar tanto fulgor,
podía oír la luz: se escuchaba allí arriba
como un rumor de enjambre laborioso.

Oír la luz (2008)
Eloy Sánchez Rosillo

Oír la luz

Eloy Sánchez Rosillo. Oír la luz.

Debo decir que cuando yo era niño
y en el campo veía la densa muchedumbre
de estrellas en los cielos del verano,
además de mirar tanto fulgor,
podía oír la luz: se escuchaba allí arriba
como un rumor de enjambre laborioso.

Oír la luz (2008)
Eloy Sánchez Rosillo

miércoles, 3 de marzo de 2021

Duración

Eloy Sánchez Rosillo. Foto: Juan Ballesteros.

Dentro de la leyenda del vivir,
que el minucioso olvido
desordena y desdice,
el sueño aquel primero
de la niñez no se ha desvanecido.
Inconsistente,
tan ligero y frágil
como vilano o pluma
de gorrión.
Y sin embargo ahí sigue.
Dónde, dónde.
¿Qué secretas cadencias 
lo traen, cuando es preciso, a mi presente?
Hebra de luz apenas,
hilo de agua.
Nunca en la vida me ha desamparado.

La rama verde (2020)
Eloy Sánchez Rosillo

Duración

Eloy Sánchez Rosillo. Foto: Juan Ballesteros.

Dentro de la leyenda del vivir,
que el minucioso olvido
desordena y desdice,
el sueño aquel primero
de la niñez no se ha desvanecido.
Inconsistente,
tan ligero y frágil
como vilano o pluma
de gorrión.
Y sin embargo ahí sigue.
Dónde, dónde.
¿Qué secretas cadencias 
lo traen, cuando es preciso, a mi presente?
Hebra de luz apenas,
hilo de agua.
Nunca en la vida me ha desamparado.

La rama verde (2020)
Eloy Sánchez Rosillo

martes, 13 de octubre de 2020

Las cigarras

Marta de la Sota. Cigarra.

Es increíble la tenacidad
que en estas tierras que ganó el verano
exhiben, incansables, las cigarras.
No dudan nunca, muestran una fe
en que su canto es lo mejor del mundo
que para sí quisieran cuantos tienen
cualquier convencimiento. Son criaturas
de laboriosidad indeclinable
(aunque no sé por qué suele decirse
precisamente todo lo contrario)
y hacen su hermoso oficio un día y otro
sin ningún mal humor, con alegría
y sin la cabizbaja seriedad
de la que las hormigas, por ejemplo,
en obedientes filas se envanecen.
Le resultan al sol imprescindibles
para forjar imperios hegemónicos.
Y cuando cesa su crepitación
se derrumba de súbito el verano.

La certeza (2005)
Eloy Sánchez Rosillo 

Las cigarras

Marta de la Sota. Cigarra.

Es increíble la tenacidad
que en estas tierras que ganó el verano
exhiben, incansables, las cigarras.
No dudan nunca, muestran una fe
en que su canto es lo mejor del mundo
que para sí quisieran cuantos tienen
cualquier convencimiento. Son criaturas
de laboriosidad indeclinable
(aunque no sé por qué suele decirse
precisamente todo lo contrario)
y hacen su hermoso oficio un día y otro
sin ningún mal humor, con alegría
y sin la cabizbaja seriedad
de la que las hormigas, por ejemplo,
en obedientes filas se envanecen.
Le resultan al sol imprescindibles
para forjar imperios hegemónicos.
Y cuando cesa su crepitación
se derrumba de súbito el verano.

La certeza (2005)
Eloy Sánchez Rosillo 

lunes, 13 de enero de 2020

Primer amor

Friedrich von Amerling. Muchacha.

Abro el balcón, y miro. En los balcones
de la casa de enfrente el sol de junio
juega con los geranios.

            Me saluda
desde allí una muchacha: alza la mano,
me hace señas, sonríe, y es más bella
que el fulgor del verano.

            Los minutos
se aquietan en el cielo y acaece
mucha luz. Se diría
que un raro sortilegio ha detenido
el tiempo esta mañana.

             Pero cierro
un instante los ojos, y al abrirlos
nada queda: ni casa, ni muchacha,
ni balcones con sol. De todo aquello
hace ya veinte años.

Hilo de oro. (Antología poética, 1974-2011)
Eloy Sánchez Rosillo

Primer amor

Friedrich von Amerling. Muchacha.

Abro el balcón, y miro. En los balcones
de la casa de enfrente el sol de junio
juega con los geranios.

            Me saluda
desde allí una muchacha: alza la mano,
me hace señas, sonríe, y es más bella
que el fulgor del verano.

            Los minutos
se aquietan en el cielo y acaece
mucha luz. Se diría
que un raro sortilegio ha detenido
el tiempo esta mañana.

             Pero cierro
un instante los ojos, y al abrirlos
nada queda: ni casa, ni muchacha,
ni balcones con sol. De todo aquello
hace ya veinte años.

Hilo de oro. (Antología poética, 1974-2011)
Eloy Sánchez Rosillo

martes, 25 de junio de 2019

Apunte de una tarde

Eloy Sánchez Rosillo. Autorretratos.

Que otros canten las armas y a los héroes,
los abismos del ser
o la complejidad del universo.

Dejadme a mí que diga la gracia irrepetible
de esta tarde de abril, la efímera hermosura
de la luz, que es mi amiga y que plácidamente
acaricia el papel en el que escribo.

Autorretratos (1989)
Eloy Sánchez Rosillo

Apunte de una tarde

Eloy Sánchez Rosillo. Autorretratos.

Que otros canten las armas y a los héroes,
los abismos del ser
o la complejidad del universo.

Dejadme a mí que diga la gracia irrepetible
de esta tarde de abril, la efímera hermosura
de la luz, que es mi amiga y que plácidamente
acaricia el papel en el que escribo.

Autorretratos (1989)
Eloy Sánchez Rosillo

martes, 14 de febrero de 2017

Una muchacha

Andrés Castellanos. Chica de la ciudad.

Ha salido, tal vez, de su casa hace un rato.
No va a ninguna parte. Da gusto, en primavera,
pasear a estas horas sin rumbo, mientras cae
la tarde lentamente y vuelan los vencejos
en la luz que declina. Ha estado en un jardín;
pasó por una plaza y por una alameda.
Tiene ganas de andar.
                                         Ahora, el azar la trae,
despacio, hasta mi calle. Yo, aburrido, me asomo
a un balcón de mi casa, y, al mirar hacia abajo,
la veo venir. Tendrá veinte años apenas.
Camina con la gracia que regala la vida
a quien es bello y joven: gloria breve del cuerpo;
milagro de lo efímero, que cifra en su relámpago
visos de eternidad.
                                   Ajena a mi mirada,
se va acercando. El oro del sol último brilla
en su piel, en sus ojos, en el dulce desorden
oscuro de su pelo. En este instante, cruza
de una acera a la otra. No sabe que la observo,
que su fugaz presencia me hace feliz. Muy pronto
pasará por la puerta de la casa en que vivo.
Ya llega. Ya ha pasado. Y sigue. Y va alejándose.
Dentro de unos momentos doblará aquella esquina.

Autorretratos (1989)
Eloy Sánchez Rosillo

viernes, 20 de enero de 2017

Aviso de caminantes

Eloy Sánchez Rosillo. Elegías.

En la suma de días indistintos
que la vida da al hombre, acaso hay uno
en que el destino, trágico y hermoso,
pasa por nuestro lado y el azar manifiesta
una insólita luz, un desusado
fulgor inconfundible.
Pero no has de dudar. Ten el coraje
cuando llegue el momento,
de abandonar las cosas con que siempre
te engañó la costumbre, y sube pronto
a ese carro de fuego.
                                    Poco dura
el milagro.
                   Después, si te negarás
a partir, sólo noche
merecerás. Y nunca, aunque quisieras,
podrás comprar la luz que despreciaste.

Elegías (1984)
Eloy Sánchez Rosillo

viernes, 10 de octubre de 2008

El viajero

Luis Romero.Encinas al atardecer
A veces me pregunto qué habría sido de mí
sin los recuerdos que tan celosamente guardo:
aquella callejuela que olía a madera y a fruta
en un húmedo barrio de París,
los árboles dormidos bajo el sol
en una plaza antigua de Florencia,
el órgano que hacía vibrar la catedral de Orvieto
en un amanecer lejano,
la lluvia golpeando en la ventana
de una habitación en la que yo sufrí,
los ojos oscuros que me miraron
en un crepúsculo de no sé dónde...
Cuando la inmediatez de los oficios cotidianos
se filtra hasta mis huesos y me impide
respirar con olor los amores espesos,
fríos, sin luz, de la costumbre,
cierro los ojos, regreso lentamente
a las tierras que en otro tiempo recorrí,
a los lugares en los que el olvido no impuso su silencio.
Acaricio los días que pasaron,
las horas que brillan en la distancia
como ciudades recostadas a la orilla de la noche.
Y pienso con tristeza que fue hermoso andar tantos caminos,
aunque sepa que ya sólo podré pisarlos
con una pobre ayuda: la memoria.
El viajero
Eloy Sánchez Rosillo