sábado, 17 de abril de 2021

Relatos

 

Sobre una de las historias de «Relatos»:
«Dura muy poco, ¿pero acaso no fuimos eternos? El primer beso, el primer libro, el primer baño en el mar… y la inmensidad del tiempo por venir para repetirlo. ¿Cómo no llamarlo paraíso? Pero un paraíso lo es de verdad sólo cuando se ha perdido."Uno de esos días" es un breve inventario de las esperanzas de volver a él, al primer baño en el mar, al primer libro, al primer beso… sabiendo que todo esfuerzo es vano y que, ilusos, debemos engañarnos para no desfallecer.Y sin embargo…»A. H.

Asdrúbal Hernández

miércoles, 14 de abril de 2021

Poemas

Alejandra Pizarnik. Foto: Sara Facio.

silencio
yo me uno al silencio
yo me he unido al silencio
y me dejo hacer
me dejo beber
me dejo decir


viajera de corazón de pájaro negro
tuya es la soledad a medianoche
tuyos los animales sabios que pueblan tu sueño
en espera de la palabra antigua
tuyo el amor y su sonido a viento roto


Yo canto.
No es invocación.
Sólo nombres que regresan.

Otros poemas (1959)
Alejandra Pizarnik 

lunes, 12 de abril de 2021

Diario de un poeta

Vigny retratado por Pierre Daubigny. 

Mi vida tiene doscientos años

La imaginación nos envejece, y, con frecuencia, parece que vimos más mientras soñábamos que cuando vivíamos.
Imperios destruidos, mujeres deseadas o amadas, pasiones aplacadas, talentos adquiridos y perdidos, familias olvidadas... ¡Oh, cuánto he vivido...! ¿No hace doscientos años que todo era así...? Compendio de mi vida entera.

Exordio

Exento de todo fanatismo, no tengo ídolo alguno. He leído, he visto; pienso y escribo solo, independiente.

La gloria

He creído en ella durante mucho tiempo; pero al enterarme que el autor de Laocoon es desconocido, he visto la vanidad.
Hay, por otra parte, en mí algo más poderoso que me obliga a escribir: la felicidad de la inspiración, delirio que aventaja mucho al delirio físico que nos enajena en los brazos de una mujer. La voluptuosidad del alma es más larga... El éxtasis moral es superior al éxtasis físico.

1836

Poseer un cerebro serio en el que todos vienen diariamente a verter necedades por los dos oídos, ¡qué suplicio!

Poema por hacer.— El año de paz de 1699

Fue el único año en que ninguna guerra conmovió al mundo.

De los reyes

Hay dos cosas que se comprueban muy a menudo en los reyes: su nacimiento y su muerte. No se quiere que el uno sea legítimo ni que la otra sea natural. 

Diario de un poeta (1867)
Alfred de Vigny

Libro del frío

Ilustración de Rockwell Kent. 

Decisión

Toda la noche ordené mi equipaje.

Mi ruptura con el mundo
ahora es plena, irrevocable.

El silencio de Dios
extiende sus arterias blancas
a través de un cielo y desierto vastísimos.

Poco a poco se extingue
todo contacto con los hombres.

Intemperie

¿Y, ahora,
dónde me guarezco
de mí?

Libro del Frío 
Juan Pablo Rivero

martes, 6 de abril de 2021

Ensayo sobre el día logrado

Peter Handke, en el instituto Goethe de Madrid. Foto: Bernardo Pérez. 

Según esto, para ti, para que un día pueda llamarse logrado, tiene que contar cada momento, desde que te despiertas hasta que te vuelves a dormir, y esto además de tal forma que este día represente siempre una prueba superada (peligro). Pero en esto, ¿no llama la atención el hecho de que para casi todo el mundo, por regla general, un único momento cuente ya como día logrado (y que tu concepto de él, a diferencia de lo que ocurre con los que te rodean, tenga algo de despótico)? «Cuando yo, al amanecer, estaba junto a la ventana, un pajarito pasó volando a toda velocidad por delante de mí y emitió un sonido, como si estuviera destinado a mí, y este fue ya un día logrado» (narrador A). «Hoy el día fue logrado en el momento en que, al teléfono —aunque tú solo tenías el proyecto de seguir leyendo el libro—, las ganas de viajar que había en tu voz se me transmitieron a mí» (narrador B). «Para decirme a mí mismo que el día ha sido un día logrado, no he necesitado nunca un momento especial —me bastaba al despertar algo así como una simple respiración, un hálito, un souffle (un tercer narrador)». ¿Y no te llama la atención el hecho de que, en general, si un día ha sido logrado o no sea algo que parece decidido de antemano, antes de que este día haya empezado realmente?

Traducción de Eustaquio Barjau Riu

Ensayo sobre el día logrado (1990)
Peter Handke 

martes, 30 de marzo de 2021

Escriba sentado

Ilustración de Ernest Meissonier.

No sabe el corazón
qué palabras se ocultan
tras la emoción que puja
por soltarlas,
por hacerlas vivir
aquí, en los versos.
No sabe qué camino
tomarán; va la mano
deslizándose sola 
sobre el papel,
dejando negros signos
que quisieran fijar
en este instante
la plenitud que rige,
la armonía,
la música secreta
de la vida y las cosas:
esta luz sobre el mar,
esas nubes viajeras,
aquel barco a lo lejos...
y aquí mi alma,
el alma del escriba feliz
bajo la sombra
azul de la palmera.

Pasiones y penumbras (2014)
José Lupiáñez

sábado, 27 de marzo de 2021

La naturaleza del silencio

Suso Mourelo. La naturaleza del silencio.

I
Cuando acaba
el invierno

Placer: acarrear una bolsa de tela y volcar sus tesoros —una docena de libros, un cuaderno, una cafetera, un molinillo— sobre una mesa de madera. Ese ritual supone la fundación del hogar y la entrega al que será, no importa cuánto tiempo, el corazón de la rutina. Sentado a esa mesa el peregrino comerá, leerá, cerrará los ojos, escribirá y, alguna vez, recibirá a alguien que aún no conoce.
Finalizado ese acto, la creación del mundo, lo demás —guardar la comida, colocar la ropa, hacer la cama, retirar lo accesorio y callarlo en una habitación— es postergable, lleva días. Ver cada tarde el bolsón lleno prolonga el deleite de la llegada.

La naturaleza del silencio  (2019)
Suso Mourelo 

jueves, 25 de marzo de 2021

Camino nocturno

Ludwig Hohl. Camino nocturno.

La hoja

Un hombre, en su desamparo, llegó caminando hacia la salida de la ciudad, se sentó en un banco de una gran calle proletaria llamada Gürtel. Entonces le cayó encima una hoja, porque esa calle tiene árboles. Por nada del mundo se habría atrevido a tirar esa hoja, era una señal de lo alto, y la conservó.
Tenía que ir a casa, donde había puesto algo para comer; no le impulsaba el hambre, pero tenía que alimentarse, ¿o iba a quedarse allí para siempre y morir? Pero entonces se enfrentó a un dilema extraordinario. Es raro que un hombre camine por la calle con una hoja en la mano y, sin embargo, no podía separarse de la hoja, pues era una señal de lo alto. La llevó, pues, con las manos a la espalda, dándole vueltas con gesto distraído: así se libraba del ridículo. Dándole vueltas y más vueltas, hasta que de repente la hoja cayó al suelo, sucedió en la última calle antes de su casa. Y continuó andando, porque la cobardía era muy grande en su interior, y la hoja quedó tras él, en el suelo.
Dio un paso y luego otro y la hoja seguía en el suelo. Sentía crecer la cobardía, pensaba en campos enormes que crecían al caer la noche, los pensamientos sobre la hoja volvían a aparecer y morían. Pero de pronto se sintió demasiado asustado, y ocurrió: se volvió mecánicamente a recoger la hoja.
En esta última decisión por su suerte y por su vida lo había dado todo y por eso caminó alegre en cuanto comenzó a retroceder, porque no temía a nadie e iba a recoger la hoja.
Era una hoja pequeña, algo mustia, difícil de ver sobre los adoquines.

Caminó un buen trecho sin volver a ver la hoja. Y supo que se la había llevado el viento o los pies de alguna persona. Entonces le invadió una profunda tristeza. Y después, sin embargo, resonó una lejana alegría: porque la llegada de la desgracia no dependía de él. Retrocedió y se dirigió a su casa con paso más alegre.
Cuando hubo recorrido la mitad del camino, vio la hoja. La vio depositada nítida y sencillamente sobre los adoquines. Por lo pequeña y nítida, comprendió también cómo había podido pasarla por alto. La recogió regocijado sin prestar atención a las ventanas por las que miraban las mujeres que sacudían la ropa.

Traducción de Rosa Pilar Blanco
Revisión: Juan Martínez Terrones

Camino nocturno
Ludwig Hohl (1904-1980) 

martes, 23 de marzo de 2021

Zurbarán

Francisco de Zurbarán. Naturaleza muerta.


Zurbarán pintó
santos españoles
y naturalezas muertas,
los alternaba,
y por eso los objetos
que yacen en las pesadas mesas
de sus naturalezas muertas
son, también, santos.

Traducción del polaco de Xavier Farré

Antenas
Adam Zagajewski

viernes, 19 de marzo de 2021

El libro como acceso al mundo

Georg Friedrich Kersting. El lector elegante.

Del mismo modo que no somos conscientes del oxígeno que introducimos en nuestro organismo cada vez que respiramos ni de los misteriosos procesos químicos con los que nuestra sangre aprovecha este invisible alimento, tampoco advertimos la materia espiritual que absorben nuestros ojos y que nutre (o debilita) nuestro intelecto continuamente. Para nosotros, hijos y nietos de siglos de escritura, leer se ha convertido en otra función vital, una actividad automática, casi física, y el libro, que ponen en nuestras manos el primer día de escuela, se percibe como algo natural, algo que nos acompaña siempre, que forma parte de nuestro entorno, y por eso la mayoría de las veces lo abrimos con la misma indiferencia, con la misma desgana con la que cogemos nuestra chaqueta, nuestros guantes, un cigarrillo o cualquier otro objeto de consumo de los que se producen en serie para las masas. Cualquier artículo, por valioso que sea, se trata con desdén cuando puede conseguirse con facilidad, y sólo en los instantes más creativos de nuestra vida, cuando reflexionamos, cuando nos volcamos en la contemplación interior, conseguimos que lo que ha llegado a ser común y corriente vuelva a resultar asombroso. En esos raros momentos de reflexión lo miramos con respeto y somos conscientes de la magia que insufla a nuestra alma, de la fuerza que proyecta sobre nuestra vida, de la importancia que hoy, en el siglo XX, tiene el libro, hasta el punto de no poder imaginar nuestro mundo interior sin el milagro de su existencia.

Traducción de Roberto Bravo de la Varga

Encuentros con libros (1937)
Stefan Zweig 

martes, 16 de marzo de 2021

Vivir el presente

Séneca: dibujo de Lorenzo Re del herma bicípite de Sócrates y Séneca. (El Catoblepas).

IX

1. ¿Puede haber algo más estúpido que la actitud de algunos, me refiero a esos hombres que presumen de ser previsores? Andan empeñados en demasiadas tareas para poder vivir mejor, equipan la vida a base de gastar vida, sus pensamientos los dirigen a la lejanía. Pero, claro, el desperdicio mayor de vida es la dilación: ella anula cada día que se va presentando, ella escamotea lo presente en tanto promete lo de más allá. El mayor estorbo del vivir es la expectativa que depende del mañana y pierde lo de hoy. Dispones de lo que está puesto en manos de la suerte, abandonas lo que está en las tuyas. ¿Adónde miras? ¿Adónde te orientas? Todas las cosas venideras quedan en la incertidumbre: vive de inmediato.

Traducción de Francisco Socas

Sobre la brevedad de la vida
Lucio Anneo Séneca (4 a. C. - 65 d. C.)

viernes, 12 de marzo de 2021

Crónica de la lluvia

Rafael Pérez Estrada. Crónica de la lluvia.

Nunca escribas estas palabras en una misma línea: tigre y paloma, pues es fácil que la primera devore a la segunda.

En la cabeza de un alfiler, cuántos ángeles caben, y como era joven y apasionado, y odiaba las cuestiones bizantinas, respondió urgente: Uno sólo: el ángel equilibrista.

Conocí a un jesuita eminente y práctico que había inventado la goma de borrar la impureza.

Estaba un mediodía en la terraza del hotel, cuando vi cómo un cerco de nubarrones se apretaba sobre la cima de una montaña erguida frente a mí. Al poco, el tiempo se serenó, y con gran sorpresa comprobé que no sólo la tempestad había cesado, sino también que la cima había sido devorada por las nubes feroces.

Crónica de la lluvia (1990)
Rafael Pérez Estrada

jueves, 11 de marzo de 2021

Preguntas

Dan McCarthy. Lluvia.

Total misterio a cada instante la vida. 
¿Quién soy, para qué estoy aquí,
Qué va a pasar de ahora en adelante conmigo?

No so sé,
Nunca lo sabré.
Vivir
Es encarnar esta ignorancia sin fondo.

Como la lluvia (2009)
José Emilio Pacheco 

martes, 9 de marzo de 2021

En público

Ilustración de Alex Colville.

En aquella estación, anocheciendo
sentada en mi maleta y esperando,
te recuerdo mirando mis tobillos
y ascender, descarado, con los ojos
siguiendo los dibujos de mis medias.
Cuando llegó aquel tren que me llevaba
no recuerdo a qué sitio, te subiste
en mi vagón y, 
al empezar la marcha
con tres golpes enérgicos llamaste
a la puerta de mi compartimento.
Te abrí y entraste. Fue todo un asalto,
pero nunca pensé en gritar pidiendo
ayuda al revisor. Era más dulce
rendirse sin hablar, sin preguntarte,
sin intentar la fuga ni el orgullo.
Pensar en los demás me molestaba,
y más saber que, de un momento a otro,
nos iba a interrumpir el director
con sus gritos de "¡corten!" y "¡otra toma!"

Cárcel de amor (1988)
Amalia Bautista 

lunes, 8 de marzo de 2021

El cuerpo de los símbolos

Isabel Guerra. la luz.

Los libros que se me aparecieron

En los días de juventud, que son los más valiosos (y esto es así porque valen por y para sí mismos cuando están transcurriendo, pero llegaremos a la vejez y, a través del recuerdo y de otros caminos interiores más oscuros y sutiles —que los hay—, estos días aún serán activos en nuestras vidas); en los días de juventud, digo, se establece con los libros una relación que nos marca para siempre: seremos hijos de nuestros libros, si los hemos vivido y nos han vivido a tiempo, o creceremos y moriremos huérfanos de su insustituible progenitura. Es completamente torpe dejar para un mañana que suponemos sedentario, en la última madurez o la primera vejez, la tarea, aparentemente pacífica, de la lectura vitalicia, porque la pureza receptiva, el entusiasmo y la sensibilidad —orientada o desconcertada, casi de lo mismo— que un hombre joven, incluso exageradamente joven, puede poner en la apropiación de un texto, tienen más valor y marcan mucho más que la sabiduría interpretativa de un viejo.
Así es: a los viejos, incluidos los viejos prematuros, nos queda —y gracias— la pasión secundaria de la relectura, precisamente porque, debilitadas la sensualidad lectora, la capacidad de sorpresa, de amor a la novedad y, como decía antes, de entusiasmo, nos viene más fácil reavivar rescoldos que crear nuevas hogueras. Carpe diem, pues, para los libros; vívanlos hoy porque, en el mañana lejano, los libros seguirán siendo los mismos pero no lo serán las fuerzas disponibles para la posesión gozosa.

El cuerpo de los símbolos (1997)
Antonio Gamoneda 

viernes, 5 de marzo de 2021

Varado en Andrómeda

 «Varado en Andrómeda» es el primer volumen de la colección de poesía «Loto azul» de Enunlu Books. Un conjunto de haikus, que usando las palabras de Aleixandre, sería un «libro sorpresa, nuevo en el hondo sentido». Hay, además, dos originalidades a destacar en esta manifestación del haiku:el modo formal de escribir los haikus (con su sombrerete) y el tema o kigo dominante; la moribundia de un náufrago estelar, varado en un inhóspito y deshabitado planeta.

miércoles, 3 de marzo de 2021

Duración

Eloy Sánchez Rosillo. Foto: Juan Ballesteros.

Dentro de la leyenda del vivir,
que el minucioso olvido
desordena y desdice,
el sueño aquel primero
de la niñez no se ha desvanecido.
Inconsistente,
tan ligero y frágil
como vilano o pluma
de gorrión.
Y sin embargo ahí sigue.
Dónde, dónde.
¿Qué secretas cadencias 
lo traen, cuando es preciso, a mi presente?
Hebra de luz apenas,
hilo de agua.
Nunca en la vida me ha desamparado.

La rama verde (2020)
Eloy Sánchez Rosillo

jueves, 25 de febrero de 2021

Mientras despeina suave

Belarmino Miranda. Madre e hija.

Escucha por el radio, inesperados,
Los versos que encendió el amor por ella,
y mientras va llegándole la voz
Donde viven ahora esos poemas
Que ella escuchara antes que nadie, cuando
Eran tan sólo unas palabras tiernas,
Piensa en esos papeles escondidos
Que hace años guardó en una gaveta,
Piensa en la tinta que se fue borrando,
En las guardias que hacían, en las estrellas
Que miraban los dos: pero no puede
Seguir pensando, porque se le acercan,
Con nuevas músicas en la garganta,
Los hijos de sus pechos, y la pena
De algo perdido se deshace en risa
Mientras despeina suave las cabezas
De los hijos que tuvo con el otro.

Cuaderno paralelo (1970)
Roberto Fernández retamar

miércoles, 24 de febrero de 2021

Vía férrea

Fernando Sáenz Pedrosa. La estación.

I

Llevo desde el final de la guerra siguiendo el mismo itinerario: un recorrido largo y tortuoso que se extiende desde Nápoles hasta el frío norte, una línea de trenes regionales, tranvías, taxis y coches de caballos. Las estaciones del año pasan ante mis ojos como un espejismo. Estudié esta ruta sobre mi cuerpo. Ahora conozco cada fonda y cada albergue, cada restaurante y cada cantina, todos los medios de transporte que te conducen a los rincones más remotos. Ahora puedo sentarme en una cantina e imaginarme, por ejemplo, lo que pasa en la lejana Hansen, cómo cae la nieve y cubre suavemente las estrechas callejuelas, el café Antón, donde ya por la mañana temprano sirven panecillos recién hechos, café y mermelada de cereza. Precisamente en esos lugares olvidados de Dios me esperan pequeños placeres que activan mi memoria durante muchos días. Ya he aprendido que los pensamientos, sean lo nobles que sean, pasan como el viento, pero el sabor de un panecillo recién hecho y de la mermelada casera, por no hablar del de un cigarro, permanecen en ti mucho tiempo. Me basta a veces con imaginar el café Antón para apartar de mi mente los malos pensamientos. Los lugares pequeños, remotos, me agradan. Me alejo de las grandes ciudades como de la peste. Las ciudades me producen terror, o peor aún, melancolía.
La gente tiene casas confortables, tiendas y almacenes, pero yo tengo todo el continente. Me siento como en casa en todos los rincones abandonados. Conozco lugares que no se encuentran en ningún mapa, lugares de una sola casa y un solo árbol. Cuando comencé mis viajes me perdía, me confundía, me hundía y esperaba en vano. Hoy con un solo tañido soy liberado del laberinto. Conozco los medios de transporte de pueblo en todos sus entresijos. Qué conductor trabaja el lunes y cuál los días de fiesta. Quién está dispuesto a arriesgarse en una tormenta de nieve y quién es un holgazán sin remedio. En resumen: quién es amigo y quién no. 

Traducción de Raquel García Lozano

Vía férrea (1991)
Aharon Appelfeld

Los veranos

Paul Kelley. En el mar.

¡Fueron largos y ardientes los veranos!
Estábamos desnudos junto al mar,
y el mar aún más desnudo. Con los ojos,
y en unos cuerpos ágiles, hacíamos
la más dichosa posesión del mundo.

Nos sonaban las voces encendidas de luna,
y era la vida cálida y violenta,
ingratos con el sueño transcurríamos.
El ritmo tan oscuro de las olas
nos abrasaba eternos, y éramos solo tiempo.
Se borraban los astros en el amanecer
y, con la luz que fría regresaba,
furioso y delicado se iniciaba el amor.

Hoy parece un engaño que fuésemos felices
al modo inmerecido de los dioses.
¡Qué extraña y breve fue la juventud!

El otoño de las rosas (1986)
Francisco Brines 

sábado, 20 de febrero de 2021

Falsificaciones

Marco Denevi. Falsificaciones.

Post coitum non omnia animal triste

—El padre de Melibea: ¡Desdichada, te dejaste seducir por Calixto! ¿No pensaste que después sentirías rabia, vergüenza y hastío?
—Melibea: nosotras las mujeres sentimos la rabia, la vergüenza y el hastío no después sino antes.

El banquete platónico

A cierta hora de la noche o al amanecer los invitados, borrachos, se dejarán caer al suelo o se derrumbarán sobre los triclinios. Se habrán terminado las historias obscenas, las escandalosas risotadas, las disputas sin motivo, las súbitas reconciliaciones, los lloriqueos, la lascivia, la euforia y el rencor. Todos duermen. Alguno quizá ronque, otro tal vez murmure en sueños. Parecerán las víctimas de una repentina peste. Pero tú te mantendrás en vela. Uno de los borrachos finge. Y cuando crea que nadie puede oírlo se incorporará y dirá la palabra que estás esperando.

Escenarios para el crimen

Algo espantoso puede suceder en un museo de paleontología durante los carnavales, en un negocio de artículos ortopédicos en Nochebuena, dentro de la Bolsa de Comercio a la medianoche de un día de fiesta. Hay sitios que, en determinados momentos, parecen no pertenecer a la realidad y allí un hombre podría engañarse y cometer infamias y perversidades, convencido de que disfruta de la misma impunidad que la vigilia promete a los sueños más atroces.

Amor angélico

Aún sabiendo que vencerá, el ángel consiente en luchar con Jacob hasta el alba porque los ángeles ignoran el desprecio.

Falsificaciones (1966)
Marco Denevi 

martes, 16 de febrero de 2021

Piel en venta y otros relatos

Sobre «Piel en venta y otros relatos»:
Conocí a la autora en el Nilo, en un barco de vapor que había partido el día anterior de Luxor con destino a Asuán.
...A los pocos días ya había tenido el privilegio y el placer de leer algunos de sus relatos, escritos en una Moleskine en letra clara y fluida.
Desde entonces no he dejado de leer cuanto escribe. Este libro reúne diecisiete de esos relatos. Cada uno es una muestra de la condición humana. A veces, torpe y dramática; a veces patética y ridícula. Pero siempre humana.
No puedo imaginar un mundo sin libros. O quizá sí, no lo sé. Al menos no sin un libro como éste.

Asdrúbal Hernández

jueves, 11 de febrero de 2021

Corteza de abedul

Antonio Cabrera. Corteza de abedul.

COTA ALTA
(Pico Salada, Abejuela, Teruel, 1586 m.s.n.m.)

II. Interludio: la collalba

Pájaro que pasa el tiempo escrutando el canchal, posado en las aristas de las piedras. Un ser erguido en tierra solitaria, un caso de atención primitiva y arrebato. Cierta milésima de realidad lo tiene prisionero, atado como está al saltamontes y a la oruga. No obstante, cada vez que llega hasta otra piedra, con el fugaz espasmo de la cola parece que planteara una interrogación perpleja sobre lo presentido y lo ignorado. Una pregunta a los colores vagos y a las distancias ebrias.

IV. Interludio: el buitre

Me sobrevuela un buitre. Se va acercando lentamente, contra el color turquesa, al nácar uniforme de la nube. Al contrastar con ella, desvela la elocuencia de su vuelo. Ninguna mecánica lo impulsa. Se sostiene con simplicidad gracias a plumas sumisas, no opuestas a la alta circulación del aire. El buitre desplaza una paciencia que me parece ajena, pero es paciencia que acaba señalándome. Ave siempre columbrada, regala tiempo. No se aproxima si no hay muerte. Cuando vuelvo a mirar ya no la veo, aunque sigue ahí.

Corteza de abedul (2016)
Antonio Cabrera

martes, 9 de febrero de 2021

El territorio interior

Giampaolo Ghisetti. El campo.

I
A menudo, un sentimiento de inquietud me invade en las encrucijadas. Me parece que en esos momentos, que en ese lugar o casi: ahí, a dos pasos sobre el camino que no tomé y del que ya me alejo, sí, es ahí donde se abre un país de una esencia más alta, donde habría podido vivir y que ahora ya he perdido. Sin embargo nada indicaba, ni siquiera sugería, en el instante de la elección, que tuviese que tomar esa otra ruta. Pude seguirla con los ojos, con frecuencia, y verificar que no conducía a una tierra nueva. Pero eso no me tranquiliza, porque sé que el otro país no es excepcional por el aspecto inimaginable de los monumentos o del suelo. No me agrada imaginar formas o colores desconocidos, ni la superación de la belleza de este mundo. Amo la tierra, lo que veo me colma, y en ocasiones llego a creer que la línea pura de las cimas, la majestuosidad de los árboles, la vivacidad del movimiento del agua en el fondo del cauce, la gracia de la fachada de una iglesia, porque intensas, en ciertas regiones, a ciertas horas, sólo pueden haber sido deseadas, y para nuestro bien. Esta armonía tiene un sentido, estos paisajes y estas especies son, inmóviles, quizá encantados, una palabra, y basta sólo con mirar y escuchar con fuerza para que el absoluto se declare, al término de nuestro errar. Aquí, en esta promesa, está el lugar.

Traducción de Ernesto Kavi

El territorio interior (2003)
Yves Bonnefoy 

sábado, 6 de febrero de 2021

Oidor andante

Ida Vitale. Oidor andante.

Reunión

Érase un bosque de palabras,
una emboscada lluvia de palabras,
una vociferante o tácita
convención de palabras,
un musgo delicioso susurrante,
un estrépito tenue,
un oral arcoiris
de posibles oh leves leves disidencias leves,
érase el pro y el contra,
el sí y el no,
multiplicados árboles
con voz en cada una de sus hojas.

Ya nunca más, diríase,
el silencio.

Trampas

El azar, ese dios extraviado
que libra su batalla, fuego a fuego,
no está sólo escondido en la catástrofe:
a veces un gorgeo lo delata
y sobornado, entonces
admite durar un poco en la alegría.

Oidor andante (1972)
Ida Vitale 

jueves, 4 de febrero de 2021

El libro del sendero

Lao Tsé. El libro del sendero y de la línea recta.

Si la Sociedad vive en el Sendero,
              los caballos de guerra se emplean en el cultivo;
Si la Sociedad se aparta del Sendero,
              los caballos de guerra se encuentran en la frontera.
No hay mayor pecado que la pasión.
No hay mayor mal que la inmoderación.
No hay mayor defecto que la ambición.
              Quien sabe ser satisfecho, está satisfecho.

Traducción de Edmundo Montagne

El libro del sendero y de la línea recta
Lao Tsé 

martes, 2 de febrero de 2021

Descubrimientos

Clarice Lispector escribiendo. Foto: Archivo Clarice Lispector en el  Instituto Moreira Salles.

1968
7 de septiembre
Misterio

Cuando comencé a escribir, ¿qué deseaba alcanzar? Quería escribir algo que fuera tranquilo y sin modas, algo como el recuerdo de un alto monumento que parece más alto porque es recuerdo. Pero quería, de paso, haber tocado realmente el monumento. Sinceramente no sé que simbolizaba para mí la palabra monumento. Y terminé escribiendo cosas completamente diferentes.

1969
20 de diciembre
Acerca de escribir

A veces tengo la impresión de que escribo por simple curiosidad intensa. Es que, al escribir, me entrego a las sorpresas más inesperadas. Es a la hora de escribir que muchas veces me vuelvo consciente de cosas, de las cuales, siendo inconsciente, antes no sabía que sabía.

1970
14 de marzo
Sí y No

Yo soy sí. Yo soy no. Espero con paciencia la armonía de los contrarios. Seré un yo, lo que significa también vosotros.

Evolución

Con el paso del tiempo ella se iba volviendo más habituada, como si de a poco se estuviera acostumbrando a la Tierra, a la Luna, al Sol y, extrañamente, sobre todo a Marte. Estaba en una especie de plataforma de donde, por milésimas de segundos, parecía ver la suprarrealidad de lo que es verdaderamente real. Más real que la realidad.

1972
4 de marzo
Antes era perfecto

Haber nacido me arruinó la salud.

Los negociados

Después de que descubrí en mí misma cómo se piensa, haciendo negociados conmigo misma, nunca más pude creer en el pensamiento de los otros.

Traducción de Claudia Solans

Descubrimientos
Clarice Lispector 

lunes, 11 de enero de 2021

Santa simplicidad

Josef Mathauser. Juan Huss encarcelado.

Exclamación proferida supuestamente por el heresiarca checo Juan Huss (1369-1415) poco antes de morir quemado vivo en una hoguera alzada en la ciudad suiza de Constanza al ver que una campesina, imbuida del fervor fanático, arrojaba leña a la pira sobre la que era inmolado este teólogo, condenado por hereje. La frase se suele utilizar con compasión dirigida hacia los pobres de espíritu que siguen ciegamente doctrinas o predicaciones que están muy lejos de comprender.

Del hecho al dicho (1995)
Gregorio Doval

Visión de los hijos del mal

Miguel Ángel Bustos. Visión de los hijos del mal.

1

Afuera oigo la lluvia, adentro siento la lluvia. Mi cuerpo de barro se deshace.

9

Escribe mientras sea posible. Escribe cuando sea imposible. Ama el silencio.

14

¿Adónde me conducirá la locura que no sea al corazón de los hombres?

47

Quiero ser eterno como si aún no hubiera nacido.

87

Dibujo soles porque no puedo ver el día.

Visión de los hijos del mal (1967)
Miguel Ángel Bustos 

sábado, 9 de enero de 2021

El color del Egeo

Thomas Somerscales. Navegación.

Todos quisiéramos ir en ese barco
que va a Karkinagri.
Si hoy lo lleva un mar tranquilo
mañana no importa que sea tormenta.
El rostro de una mujer,
pájaro de miel,
se posa contra la borda.
Haciendo juego en el presente
un marinero desenreda las cuerdas
al ir del tiempo.
Espejo
la vieja sal en la cubierta,
la estela de espuma y gaviotas.
Nadie dijo que tenía que moverse de allí
ese barco que va a Karkinagri.
Nadie me lo va a quitar hoy
de los ojos y la memoria.
Así será, eterno, ese barco
que nos lleva a Karkinagri,
vida y silencio.

El color del Egeo (2016)
Armando Romero 

miércoles, 6 de enero de 2021

Aldea

Aldea. Acuarela de Hermann Hesse.

¡Ya lo sé! No es en Busoni en quien pienso, ni en Zurich, ni en Mahler. Estos son los habituales engaños de la memoria, cuando tropieza con algo incómodo; entonces le gusta colocar en primer plano imágenes inofensivas. ¡Ahora lo sé! En aquel restaurante se hallaba también una mujer joven, muy rubia y de mejillas muy sonrosadas, con la que yo no hablé una sola palabra. ¡Ángel mío! ¡Mirarla era goce y tormento, cuánto la amé durante aquella hora! Volví a tener dieciocho años.
De repente todo es diáfano. ¡Rubia, hermosa y alegre mujer! Ya no sé cómo te llamas. Te amé durante una hora y vuelvo a amarte hoy, durante otra hora, en la callejuela soleada de un pueblo de montaña. Nunca te ha amado nadie como yo, nunca te ha concedido nadie tanto poder como yo, tanto poder absoluto. Pero estoy condenado a la infidelidad. Soy uno de esos casquivanos que no aman a una mujer, sino al amor.
Todos los vagabundos estamos hechos así. Nuestra ansia de errar y vagabundear es en gran parte amor, erotismo. La mitad del romanticismo del viaje no es otra cosa que una espera de la aventura. Pero la otra mitad es una necesidad inconsciente de transformar y diluir lo erótico. Nosotros los caminantes estamos acostumbrados a albergar deseos amorosos precisamente a causa de su carácter irrealizable, y aquel amor que debería pertenecer a la mujer lo repartimos, jugando, entre pueblo y montaña, lago y garganta, los niños del camino, los mendigos del puente, el buey de la pradera, el pájaro, la mariposa. Separamos al amor del objeto, el amor en sí es suficiente para nosotros, del mismo modo que no buscamos el destino en el peregrinaje, sino únicamente disfrutarlo, estar de camino.

Traducción de Pilar Giralt

El caminante (1918)
Hermann Hesse  

martes, 5 de enero de 2021

Ser tomada por granito

Ursula K. Le Guin. Contar es escuchar.

A veces me toman por granito. A todos nos toman por granito alguna vez, pero no estoy de humor para ser justa con los demás. Estoy de humor para ser justa conmigo. Me toman por granito bastante a menudo, y me molesta y me aflige, porque no soy granito. No estoy segura de qué soy, pero granito sé que no. He conocido a algunas personas de granito, como todos: con un carácter de piedra, rectas, inamovibles, inmutables, con opiniones del tamaño y la forma de la Montañas Rocosas, cantera que hay que excavar durante cinco años para extraer una sola sonrisita pétrea. Eso está bien, es admirable, pero no tiene nada que ver conmigo. Lo recto está bien, pero yo soy más bien retorcida.
No soy granito, y no debería tomárseme por tal. No soy sílex ni diamante ni ninguna de esas estupendas materias duras. Si soy piedra, soy una clase de piedra de pacotilla y quebradiza como la arenisca o la serpentina, o quizá el esquisto. O ni siquiera roca sino arcilla, o ni siquiera arcilla sino barro. Y ojalá los que me toman por granito me tratasen de vez en cuando como al barro.
El barro es realmente muy distinto del granito, y debería tratarse de otro modo. El barro se queda en su sitio, húmedo y denso y pringoso y productivo. El barro está bajo los pies. La gente deja huellas en el barro. Como barro acepto los pies. Acepto el peso. Trato de dar apoyo, me gusta ser acomodaticia. Los que me toman por granito dicen que no es así, pero no han prestado atención a dónde ponían los pies. Por eso la casa está toda sucia y llena de pisadas.
El granito no acepta las huellas. Las rechaza. El granito crea pináculos, y luego la gente se ata con cuerdas y pone clavos en sus zapatos y escala los pináculos con mucho esfuerzo, costes y riesgos, y quizá sienten una gran emoción, pero el granito no. No se produce nada en absoluto, y nada en absoluto cambia.
Cosas enormes y pesadas vienen y se instalan sobre el granito y el granito simplemente se queda en su sitio sin reaccionar ni ceder ni adaptarse ni ser complaciente, y cuando las cosas enormes y pesadas se mandan mudar el granito sigue en su sitio igual que antes, exactamente igual, admirablemente. Para alterar el granito hay que hacerlo estallar.
Pero cuando la gente camina por encima de mí se ve exactamente dónde han puesto los pies, y cuando vienen y se instalan encima de mí cedo y reacciono y respondo y dejo pasar y me adapto y acepto. No se precisan explosivos. Tengo mi propia naturaleza y le soy fiel tanto como el granito o incluso el diamante lo son a la suya, pero la mía no es dura, ni recta, ni parecida a una gema. No se fragmenta. Es muy impresionable. Es blandengue.
Tal vez la gente que se ata con cuerdas y las cosas enormes y pesadas no se llevan bien con un suelo tan adapta-ble e incierto porque las hace sentirse inseguras. Tal vez tienen miedo de ser chupadas y tragadas. Pero a mí no me interesa chupar, y no tengo hambre. Solo soy barro. Cedo. Trato de acomodarme. Y así, cuando la gente y las cosas enormes y pesadas se marchan, no han cambiado, salvo porque tienen barro en los pies, pero yo sí he cambiado. Sigo aquí y sigo siendo barro, pero estoy llena de pisadas y huecos hondos y huellas y alteraciones. Me han cambiado. Tú me cambias. No me tomes por granito.

Traducción de Martin Schifino

Contar es escuchar
Ursula K. Le Guin

lunes, 28 de diciembre de 2020

El Libro de Aurora

Aurora Bernárdez. El Libro de Aurora.

La tarea de escribir y otros poemas

La tarea de escribir

Llenarás las palabras de ti mismo,
llenarás las palabras de palabras,
llenarás con las cosas las palabras:
quedan siempre vacías.

Vaciarás las palabras de ti mismo,
vaciarás las palabras de palabras,
vaciarás de las cosas las palabras:
queda siempre el vacío.

¿Dónde estarás tú mismo,
dónde las cosas, dónde las palabras?

Con humildad

Con humildad acepto lo que ignoro,
su sombra subrepticia se desliza
entre un saber y otro.

¿Es sombra el no saber?
¿O es el saber la sombra?

Perpleja me retraigo
a la cara del mundo,
me quedo entre las cosas familiares,
sombras también, mas sombras compasivas.

Tiempo

Los días me traen implacablemente el pasado.
       Aquel tiempo en que el tiempo duraba.

A medida que avanza, un muro de sombra cierra atrás el camino. No queda otra salida que seguir interminablemente para descubrir, al volverse, que atrás el camino ha desaparecido.
Seguir adelante hasta llegar a la luz que indica... ¿Qué? ¿El final del camino? ¿Otro comienzo?
Y así pasa con muchos años: desaparecen, se borran de nuestras vidas. ¿Existieron? ¿Son un hueco en el tiempo?

El Libro de Aurora
Aurora Bernárdez (1920-2014)

sábado, 26 de diciembre de 2020

Sobre la tierra no hay medida

Dr. Alt. Volcán Paricutín, 1943.

Aparato para una demostración evidente
Uno

Sea una isla con un volcán. El volcán hace erupción: rayas de lumbre, chorros ígneos, coronas de fumarolas alcalinas, penachos de humo grueso, flujos de lava disparados a trescientos kilómetros por hora, como en una pintura del Dr. Alt. La erupción del volcán reorganiza el paisaje existente. Crea islas, islas de piedra entre la vegetación, kaipukas entre la devastación del desierto de lava. La lava crea montañas, nuevas topografías, mezclas con fragmentos de paisajes. Provoca nuevas líneas de evolución donde el factor de versatilidad pesa más que la competencia, evoluciones a-paralelas, rompe las continuidades, incuba especies cuyo linaje es el aislamiento; da espacio a migraciones infinitesimales por entre las grietas de las estructuras de lava, da espacio a la fauna cavernícola, a la fauna intersticial que vive entre los granos de arena. En esas estructuras emergen islas de noche permanente, de aislamiento profundo, ecosistemas cerrados. La evolución no tiene origen pero los animales y las plantas de esas islas pueden ser descendientes de fuertes precursores o de viajeros de viajes no tripulados: la deriva de un coco por el océano, el secuestro de unos periquitos por los vientos de un huracán.

Sobre la tierra no hay medida. Una morfología de los espacios (2008)
Salvador Gallardo Cabrera

viernes, 25 de diciembre de 2020

Mapa autógrafo

José Carlos Rosales. Y el aire de los mapas.

El mapa que dibujas de ti mismo,
que cada uno hace de sí mismo,
es un mapa de niebla: está disperso,
se mueve y cambia, pero nada cambia.

Y lo miras después de dibujarlo
y revisas lugares conocidos,
espacios que no son como creías
ni serán lo que estabas esperando.

Lo que sea será mapa de bruma,
hollín que manchará la roca,
aire sin nombre, pérdida.

Y el aire de los mapas (2014)
José Carlos Rosales