miércoles, 4 de agosto de 2021

Mi campito me basta

Giampaolo Ghisetti. El campo.

Libro VI

XLIII

Mi campito me basta

Mientras a ti, Cástrico, te deleita la feliz Bayas y tu blanca ninfa nada en sus aguas sulfurosas, a mí me fortalece la paz de mi campo momentano y su choza, que no es una carga para sus hazas. Esto es lo que vale para mí el sol de Bayas y el voluptuoso Lucrino, esto representan para mí, Cástrico, vuestras riquezas. Antes me gustaba ir a cualquier sitio en busca de aguas famosas y no me daba miedo un largo viaje; ahora me deleitan los parajes próximos a la ciudad y los retiros cercanos, me basta con poder estar sin hacer nada.

Traducción de José Guillén
Revisión de Fidel Argudo

Epigramas
Marco Valerio Marcial 

lunes, 2 de agosto de 2021

Los seres periféricos

Santiago Kovadloff. Zonas e indagaciones.

No los habituales,
tus prójimos frecuentes,
                                   madre,
                                            mujer,
                                                 vecinos,
                                                            hijo,
sino los otros,
los de un instante apenas,
fortuitos, esporádicos mozos de café,
                                                      cajeros, seres,
                                                      de una vez al mes
                                                       de un día al mes,
brotando dócilmente del olvido,
sin emoción, puntuales,
sosteniéndose un minuto,
                                            dos,
ante tus ojos,
canjeándote cheques por recibos,
quesos por monedas,
plazos, fechas,
bastándose con monosílabos, partiendo, perdiendo
tu figura, anulándola;

diligentes protagonistas del ciclo, de lo cíclico,
prácticos,
yéndose, dejándote,
ellos a ti,
tú a ellos,
para seguir,
                 siguiendo,
                                  prosiguiendo.

Zonas e indagaciones (1978)
Santiago Kovadloff 

sábado, 31 de julio de 2021

Elogio de lo mismo

Gabriel Zaid. Reloj de sol.

¡Qué extraño es lo mismo!
Descubrir lo mismo.
Llegar a lo mismo.

¡Cielos de lo mismo!
Perderse en lo mismo.
Encontrarse en lo mismo.

¡Oh, mismo inagotable!
Danos siempre lo mismo.

Reloj de sol (1995)
Gabriez Zaid  

jueves, 29 de julio de 2021

Isla de mí

Lêdo Ivo, retratado por Arpad Szenes.

Vivir es fundar poco a poco un Egipto personal, repleto de momias.

Debemos ser indulgentes con quienes se equivocan, y más indulgentes aún con quienes no tuvieron la valentía de equivocarse.

Tenemos que estar presentes en cada línea de nuestro texto. No limitarnos a usar comas, sino ser las comas que utilizamos. No sólo describir una calle, sino ser la calle que describimos, con la gente que pasa, sus carteles, sus piedras y fachadas.

Hay un cierto tipo de talento que preferimos admirar en los otros, y que jamás desearíamos para nosotros mismos.

Una de las características fundamentales de la llamada cultura de masas (en las radios, cines, periódicos y revistas) es que se empeña en hacer que el pueblo se ría. La risa es el nuevo opio del pueblo.

La frontera no es un límite, sino una invitación a la travesía.

Soy un hombre de muchas preguntas y casi ninguna respuesta. Quizás mis preguntas sean mis respuestas. 

Día de intenso trabajo: escribo un poema. Hoy no estoy para nadie, ni siquiera para mí mismo.

Para todo escritor auténtico más de un lector es una exageración.

Traducción de Martín López-Vega

Isla de mí. Prosa escogida
Lêdo Ivo (1924-2012) 

Los trenes se van al purgatorio

Hernán Rivera Letelier. Los trenes se van al purgatorio.

La locomotora emerge a la luz del amanecer corriendo a todo vapor por las llanuras de la pampa. Recortado contra un horizonte en ciernes, el convoy semeja un negro jirón de sombras desprendiéndose de la noche. Y en tanto el diamante de la aurora termina de redondear el día, y el penacho de humo se despide de las estrellas trémulas, los vagones siguen desgranando su penitente rosario de rieles. Jadeante, sin siquiera recibir el saludo crispado de algún cactus reseco, el tren se va adentrando en lo más fiero del desierto, allí donde su paso irá alborotando de vida a esos perdidos pueblos salitreros acurrucados como momias a la orilla de la vía. Tristes escombros abandonados cuyas ánimas —vestidas de sus mejores trajes— aún siguen recibiendo su llegada como si se tratara del acontecimiento más importante del mundo.

Los trenes se van al purgatorio (2000)
Hernán Rivera Letelier 

martes, 27 de julio de 2021

El hombre de mundo

Azorín. Memorias inmemoriales.

Ante todo, el tipo de hombre de mundo supone un estado de civilización. No todos alcanzan a ser hombres de mundo. Quien lo sea habrá de levantarse por encima de las pasiones. Con esta altura mental, habrá de poseer también algo que es consustancial con el hombre de mundo: la comprensión de todo y el aceptar la contradicción. No podremos concebir un hombre de mundo que no comprenda todos los extravíos humanos; que los comprenda y que los perdone. No aceptaremos tampoco un hombre de mundo que no sepa aceptar, a su vez, la contradicción. Ha viajado mucho el hombre de mundo; ha leído bastante. Sabe, por lo tanto, que la verdad no puede estar en su mano. La verdad es cosa contingente: puede ser y puede no ser. Hablamos de las verdades humanas.

Memorias inmemoriales (1946)
Azorín 

lunes, 26 de julio de 2021

Hilo solo

Esperanza Ortega. Hilo solo

(palabras)

Ellas sí que te esperan
ellas sí que regresan si las dejas volar

con tensa mansedumbre
van diciendo sus nombres

Cobijo
Lentitud
Vaivén 
Entrega

Sometida Indeleble Guiadora

los pronuncian con miedo
—alguien ha maltratado
su humilde voz desnuda—

por eso les perdonas que callen tantas veces
que ninguna te diga cómo entraron en ti
por qué hueco insondable se abrió tu corazón

cómo burlan tu asedio
las cautivas
cuando husmeas a oscuras en sus nidos

Hilo solo (1995)
Esperanza Ortega

martes, 20 de julio de 2021

Inquietudes

Concha Méndez. Inquietudes.

Jazz-band

Ritmo cortado.
Luces vibrantes.
Campanas histéricas.
Astros fulminantes.

Erotismos.
Licores rebosantes.
Juegos de niños.
Acordes delirantes.

Jazz-band. Rascacielos.
Diáfanos cristales.
Exóticos murmullos.
Quejido de metales.

Inquietudes (1926)
Concha Méndez 

lunes, 19 de julio de 2021

Poemas

Friedrich Nietzsche, retratado por Edvard Munch.

Raspa la pluma

Raspa la pluma: ¡al diablo!
¿Estaré eternamente condenado a raspar?
Resuelto me lanzo al tintero
Y escribo con espesos ríos de tinta
¡Qué fluidez, qué plenitud, qué estilo!
¡Qué bien me sale, qué bien lo hago!
Tal vez a mi escritura le falte claridad
¿Y qué? ¿Quién lee lo que escribo?

Sils Maria

Aquí estuve sentado, esperando, esperando... nada
más allá del bien y del mal, gozando
a veces del sol, a veces de la sombra,
todo juego, todo mar, todo mediodía, todo tiempo sin meta.
Y de pronto, amiga mía, de uno se hizo dos
y Zaratustra pasó a mi lado.

Traducción de Txaro Santoro y Virginia Careaga

Poemas
Friedrich Nietzsche (1844-1900) 

viernes, 16 de julio de 2021

Al aire de tu sueño

Ilustración de Jacub Schikaneder.

Ando por una calle que serpentea entre paredes inclinadas. Altas son las fachadas, desnudas las ventanas. Ninguna iluminada. O mejor dicho, las luces se encienden cada tanto. Cada tanto, se apagan. Alguna pertenencia alude a los invisibles ocupantes, como ese muñeco de celuloide sentado sobre el alféizar o esa casa de juguete o ese obelisco minúsculo y negro. La numeración ni crece ni decrece. En ninguna esquina hallo el nombre. Busco a alguien y una oscura certeza me dice que vive por estos parajes. En mi recuerdo se parecía a un pájaro, con el pelo parado como un penacho. Deambulo por esta calle sin un alma. Preguntaré a cualquiera que entre o salga. Quizá pueda orientarme. 
¿Cuánto hace que espero sin ver a nadie?

Vicisitudes del pequeño acróbata
Saúl Yurkievich 

miércoles, 14 de julio de 2021

La mesa

Hanno Karlhuber. Muchacha frente al mar.

¿Qué puede una mesa sola
contra la redondez de la tierra?
Ya tiene bastante con que nada se caiga
cuando las sillas entran en voz baja
y en su torno a la hora se congregan.

Si el tiempo amella los cuchillos,
lleva y trae comensales,
varía los temas, las palabras,
¿qué puede el dolor de su madera?

¿Qué puede contra el costo de las cosas,
contra el ateísmos de la cena,
de la Última Cena?

Si el vino se derrama, si el pan falta
y los hombres se tornan ausentes,
¿qué puede sino estar inmóvil, fija,
entre el hambre y las horas,
con qué va a intervenir aunque desee?

Terredad (1978)
Eugenio Montejo

lunes, 12 de julio de 2021

Esperando

Francisco Valdivia León. Muchacha esperando al tren.

Puede que en realidad yo sea una mujer sumamente impúdica. Puede que el sentirme incómoda porque haya estallado la guerra y mi deseo de trabajar sin parar sean mentira. Puede que, en realidad, no esté más que esperando la oportunidad de dar rienda suelta a todos mis pensamientos obscenos y a ocultarlos bajo ingeniosas excusas. Aquí, sentada de esta manera con aire distraído, siento como algo dentro de mi corazón arde, algo indigno, oculto.
¿A quién demonios estaré esperando? No sé con certeza qué podrá ser. Solo percibo una sensación vaga. Aún así, sigo esperando. Desde que estalló la guerra, todos los días, todos, paso por la estación y me siento en este frío banco a esperar. 
¿Si alguien me sonriese y me hablase? ¡Ay, que miedo pasaría! Uf, sería un engorro. No eres tú a quien estoy esperando. Entonces, ¿a quién demonios espero? ¿A un marido? No. ¿A un amante? No. ¿A una amiga? Qué va. ¿Más dinero? No puede ser. ¿A una aparición? ¡Oh, qué miedo!
Espero a algo más tranquilo, más alegre y radiante. Aunque no sé qué podrá ser. Quizás algo parecido a la primavera. No, eso no es. ¿Hojas verdes llenas de frescor? ¿Al mes de mayo? ¿Al agua cristalina que corre por los campos de trigo? No, nada de eso. Ay, pero lo estoy esperando. ¡Lo espero con ansia!
La gente pasa frente a mí. Una persona, después otra, después otra y otra. Esto no es, aquello tampoco. ¡Lo estoy esperando con ansia, tiritando y con la cesta de la compra entre mis brazos!
Te ruego que no te olvides de mí. Por favor, acuérdate siempre, sin reírte, de aquella chica de veinte años que acudía todos los días a esperar a alguien a la estación y volvía sola a casa. Prefiero no decirte el nombre de aquella pequeña estación.
Aunque no te lo diga, sé que algún día me encontrarás.

Traducción de Ryoko Shiba y Juan Fandiño

Colegiala
Osamu Dazai (1909-1948) 

jueves, 8 de julio de 2021

Almanaque de las horas

Julio Torri. De fusilamientos.

Toda la historia de la vida de un hombre está en su actitud.

Somos más nuestras intuiciones que nuestra propia vida. Éstas y aquéllas están en planos lejanos. Mi vida no es mía sino en una pequeña medida; a los demás pertenece el resto, a las gentes que me rodean, a los dioses o fuerzas locos y misteriosos que presiden nuestros sucesos. La mayor parte de mis acciones está gobernada por exigencias e instintos biológicos que desdeño cuando medito y existo realmente.

El saludar y el despedirse son como la puntuación del trato social. Corresponden a una concepción poemática del comercio humano. Despedirse al partir de una fiesta equivale a confesar que se pone punto y final a un espacio de tiempo que tiene valor y significación en sí.

De fusilamientos (1940)
Julio Torri

miércoles, 7 de julio de 2021

Pasajera a Teherán

Ricardo Renedo. Maletas.

Rumbo a Egipto

¡Cuán sutil es la relación entre el viajero y su equipaje! El primero está al tanto, como nadie más puede estarlo, de las peculiaridades del segundo, de su contenido; puede sentir por él ternura o un desprecio absoluto, pero, para bien o para mal, está atado a él; perderlo supone desesperarse y para recuperarlo está dispuesto a renunciar a billetes de ferrocarril y a literas de barco; lo acompaña todavía cuando ya se ha encerrado en la deslucida habitación de un hotel extraño. Hay maletas amistosas, que contienen los artículos más necesarios y que se abren y se cierran una docena de veces al día; hay maletas difíciles de cerrar y que, por consiguiente, el viajero sabe que no debe abrir jamás, por mucho que necesite un objeto enterrado en sus profundidades; deshacer todas las maletas por completo es impensable, tanto como tratar de meter al genio en la botella de la que salió. Tenemos también el cajón de sastre, un bolsón con mantas de viaje y abrigos que siempre van acompañados de algún objeto engorroso que el viajero preferiría no haber llevado consigo; en realidad antes de salir ya sabía que se arrepentiría, pero de todos modos decidió cargar con él. Qué prestigio adquieren, por otro lado, aquellas posesiones que han resultado elegidas para acompañarlo; sabe que ha dejado atrás un cuarto desordenado, con cajones abiertos y armarios desvalijados, con pedazos de papel de seda  y de cordel desperdigados por el suelo; un cuarto abandonado que otra persona deberá recoger mientras el viajero, pagado de sí mismo, está ya en su compartimento, tras haber escapado ileso; y con él van, bien guardados en el oscuro batiburrillo rectangular de piel de cerdo, de fibra o de cocodrilo, los pacientes y fieles objetos imprescindibles que volverán a ver la luz del día en entornos mutados hasta lo desconcertante, pero que para él surgirán siempre vinculados a su propio tocador, a su propio lavamanos y a toda la familiaridad próxima del hogar. Han compartido la vida cotidiana de su amo y compartirán también su escapada; cuando el viajero y objetos regresen a casa, se mirarán con ojos de complicidad.

Traducción de Carlos Mayor

Pasajera a Teherán (1926)
Vita Sackville-West

miércoles, 30 de junio de 2021

Memorias inmemoriales

Gabriel Celaya. Memorias inmemoriales.

Estoy fuera del mundo, paseando. Lo más sencillo es lo más sorprendente. Yo, por ejemplo, me saludo a mí mismo como si fuera otro, no me entiendo. Me creo en cierto modo (porque soy el que soy, está claro) mas a veces yo no soy yo sino una luz que traspasa mi materia y mi conciencia. Estoy solo en el mundo. Y eso sería todo si se entendiera en verdad lo que es la soledad absoluta.

Estoy donde nada debería existir. Y. sin embargo, yo existo. Y soy absolutamente feliz por eso: Terrible y felicísimo como un dios arcaico y cruel.

Memorias inmemoriales (1980)
Gabriel Celaya   

Andando y pensando

Azorín. Andando y pensando.

Prólogo

Andando y pensando. Caminar despacio, lentamente, por la calle; caminar, como un regodeo, después del largo trabajo. Dejar correr, escurrir, explayar la vista por las fachadas de las casas, por los transeúntes, por la faz de una bella mujer, por el ancho cristal de un escaparate. No pensar en nada. Y de pronto, en la sobrehaz de la conciencia, una lucecita, un estremecimiento, una vibración: la idea, la continuación de la idea, la prosecución del trabajo mental que habíamos clausurado.

Andando y pensando (1929)
Azorín 

lunes, 28 de junio de 2021

Carta a un joven escritor

Ernesto Sabato. Carta a un joven escritor.

Querido y remoto muchacho:

Que no seas capaz, como me decís, de escribir sobre "cualquier tema" es un buen indicio, no un motivo de desaliento. No creas en los que escriben sobre cualquier cosa, las obsesiones tienen sus raíces muy profundas, y cuanto más profundas menos numerosas son. Y la más profunda de todas es quizá la más oscura pero también la única y todopoderosa raíz de las demás, la que reaparece a lo largo de todas las obras de un creador verdadero: porque no te estoy hablando de los fabricantes de historias, de los "fecundos" fabricantes de  teleteatros o de best-seller a medida, esas prostitutas del arte. Ellos sí pueden elegir el tema. Cuando se escribe en serio, es al revés: es el tema que lo elige a uno. Y no debés escribir una sola línea que no sea sobre esa obsesión que te acosa, que te persigue desde las más oscuras regiones, a veces durante años. 

Carta a un joven escritor (1975)
Ernesto Sabato

Como el agua

Miguel d'Ors. La música extremada.

Como el agua
se afana
callada
bajo el trigo,

como la tierra,
humilde,
elabora
metales
y eleva
hasta la rosa
la hermosura,

así, de esa manera,
escribirás
tus versos:
sólo en hondo
silencio
germinan
las palbras
luminosas.

La música extremada (1991)
Miguel d'Ors 

lunes, 21 de junio de 2021

Buenos días

Gabriel Celaya. Paz y concierto. 

Son las diez de la mañana.
He desayunado con jugo de naranja,
me he vestido de blanco
y me he ido a pasear y a no hacer nada,
hablando por hablar,
pensando sin pensar, feliz, salvado.

Paz y concierto (1953)
Gabriel Celaya 

jueves, 17 de junio de 2021

Noche de verano

Antonio Machado, retratado por M. C. F. Oliv.

Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo desierto,
bancos de piedra, evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la arena blanca.
En el cenit, la luna, y en la torre,
la esfera del reloj iluminada.
Yo en este viejo pueblo paseando
solo, como un fantasma.

Campos de Castilla (1907-1917)
Antonio Machado

martes, 15 de junio de 2021

El pequeño tren

Antonio Pereira. El regreso.

Alabo el tren pequeño: 
dos vagones
de tablas barnizadas, con cristales
que cuadran los viñedos, con un timbre 
de alarma que quizá no suene nunca, 

con una mesa larga de Correos
donde clasificar las novedades,
con un furgón atrás para las cestas,
sin coches camas y sin más historias;

lo manda un maquinista de Monforte,
lo atiza un fogonero de Monforte,
el revisor también es de Monforte,
Genaro es el cartero y es del Bierzo.

Dieciocho kilómetros diarios,
nueve y nueve contándole ida y vuelta,
para enlazar a tiempo con los grandes
expresos que conceden un minuto,
no es gran cosa, pero es la lanzadera
capaz de urdir la trama de los siglos,

pequeño tren de vía secundaria,
¡y a veces hasta fue considerado,
trayendo un premio gordo, o un ministro,
o el despojo de un duque recién muerto!

Te alabo, breve tren irrelevante,
pequeño tren, formado como tantos
hombres con vocación a la modestia,
y canto tu belleza subsidiaria.

El regreso (1964)
Antonio Pereira 

lunes, 14 de junio de 2021

Monjes y bandidos

Jacques Soubrier. Monjes y bandidos.

Capítulo VIII

Aventuras en el Irán

Ahora la pendiente puede descender. Marchamos sobre la vertiente iraniana.
Poco tiempo después el suelo mejora un poco. Volvemos a agruparnos.
—Nos hallamos en Persia — me dice Djemil.
La decoración apenas cambia. En el aire que respiramos flotan los mismos olores y el crepúsculo naciente nada revela, ni de los jardines de Ispahán ni de los palacios de Persépolis. Y sin embargo...
El solo nombre de Persia lleva a nuestro espíritu una hoja de historia y de leyenda. Significa Hafiz y Saadi, Roustem y Nadir-Shah y toda la serie de los Daríos o la fulgurante epopeya de los sasánidas. Hay palabras más ricas y más expresivas que todos los paisajes y que todos los monumentos de la tierra...

Traducción del Duque de Maqueda

Monjes y bandidos (1945)
Jacques Soubrier 

Librerías

Jorge Carrión. Librerías. 

2. Atenas: El comienzo posible

La Biblioteca de Alejandría, según parece, se inspiró en la biblioteca privada de Aristóteles, probablemente la primera de la historia que fue sometida a un sistema de clasificación. El diálogo entre las colecciones privadas y las colecciones públicas, entre la Librería y la Biblioteca, es por tanto tan viejo como la civilización; pero la balanza de la Historia siempre se inclina por la segunda. La Librería es ligera; la Biblioteca es pesada. La levedad del presente continuo se contrapone al peso de la tradición. No hay nada más ajeno a la idea de librería que la de patrimonio. Mientras que el Bibliotecario acumula, atesora, a lo sumo presta temporalmente la mercancía —que deja de serlo o congela su valor—, el Librero adquiere para librarse de lo adquirido, compravende, pone en circulación. Lo suyo es el tráfico, el pasaje. La Biblioteca está siempre un paso por atrás: mirando hacia el pasado. La Librería, en cambio, está atada al nervio del presente, sufre con él, pero también se excita con su adicción a los cambios. Si la Historia asegura la continuidad de la Biblioteca, el Futuro amenaza constantemente la existencia de la Librería. La Biblioteca es sólida, monumental, está atada al poder, a los gobiernos municipales, a los estados y sus ejércitos: además del expolio patrimonial de Egipto, el «ejército de Napoleón se llevó unos mil quinientos manuscritos de los Países Bajos austriacos y otros mil quinientos de Italia, principalmente de Bolonia y el Vaticano», ha escrito Peter Burke en su Historia social del conocimiento, para alimentar la voracidad de las bibliotecas francesas. La Librería, en cambio, es líquida. temporal, dura lo que su capacidad para mantener con mínimos cambios una idea en el tiempo. La Biblioteca es estabilidad. La Librería distribuye, la Biblioteca conserva.

Librerías (2013)
Jorge Carrión 

miércoles, 9 de junio de 2021

La ruda

Ruta graveolens, comúnmente llamada ruda. Ilustración de Johann Gottieb Mann, (Wikipedia).

De todos los olores de todas las hierbas, hay uno que pertenece a estas tierras. No es el del pelargonio al agitarlo, ni el del poleo en las eras, ni el del hervor del tomillo en la cocina, ni el del romero de púas como de pino, ni el del cidrón, ni el de la mejorana, ni el del toronjil que alegra el sabor del agua. Es un olor que no se confunde, que salta de pronto entre los arbustos, en los potreros, que nace silvestre a orillas del río, cerca de las tapias, en la mitad de los sembrados. A pie o a caballo, basta con rozar la ruda, con tocar levemente sus minúsculas hojas dentadas, sus flores amarillas, para que su olor se levante como un vuelo de torcazas, para que su aroma nos diga que estamos en Santana.

Breviario de Santana (2008)
Fernando Herrera Gómez 

lunes, 7 de junio de 2021

Amor verdadero

Hotel Timeo de Taormina. Postal italiana.

Un italiano, que posee una villa en Riva, a orillas del lago de Garda, y puede vivir muy bien de las rentas del capital que le dejó su padre, ha vivido los últimos doce años, según escribe La Stampa, con un maniquí de escaparate. Los habitantes de Riva cuentan que, las tardes templadas, observaban cómo el italiano, que al parecer estudió Historia del Arte, se embarcaba con ese maniquí en una embarcación de lujo cubierta con una cúpula de cristal, situada no lejos de su villa, para navegar con su maniquí por el lago. Cuando, hace años, fue calificado de inmoral en una carta de lector dirigida al periódico que se publica en Desenzano, solicitó en el registro civil competente contraer matrimonio con el maniquí, lo que, sin embargo, le fue denegado. También la iglesia rechazó su matrimonio con el maniquí. En invierno deja regularmente el lago de Garda, hacia mediados de diciembre, y se va con su amada, a la que conoció en un escaparate en París, a Sicilia, donde se aloja siempre en el famoso Hotel Timeo de Taormina, para escapar del frío que, en contra de todo lo que se dice, es también insoportable en el lago de Garda todos los años, desde mediados de diciembre.

Traducción de Miguel Sáenz

El imitador de voces (1978)
Thomas Bernhard 

jueves, 3 de junio de 2021

Casi invisible

Mark Strand. Foto: Bernardo Díaz.

Como una hoja llevada por el viento

Tras dejar el trabajo, donde es un desconocido y donde sus funciones son un misterio incluso para él, camina por calles débilmente iluminadas y callejones oscuros hasta su habitación al otro extremo de la ciudad, en la parte trasera de un ruinoso edificio de apartamentos. Es invierno y camina encorvado y con el cuello del abrigo subido. Al llegar a su habitación, se sienta a una pequeña mesa y mira el libro abierto frente a él. Sus páginas están en blanco, por lo que puede observarlas fijamente durante horas.

Traducción de Julio Trujillo

Casi invisible (2012)
Mark Strand 

lunes, 31 de mayo de 2021

Vuelo

Joseph Kouelka. Gaviota.

Por el aire de estío
La gaviota ascendiendo
Domina la extensión, el mar, el mundo
Bajo azul, bajo nubes
En vellones muy blancos,
Y suprema reinante,
Se cierne.

Todo el espacio es onda traspasada.

Plumajes blanquinegros
Detienen la ascensión,
De pronto resbalando sobre el aire,
Sobre la luz vastísima.

Sostiene la blancura del vacío.

Y, suspensas, las alas se abandonan
A claridad, a fondo trasparente
Por donde el vuelo, sin acción las alas,
Subsiste,
Se entrega a su placer, a su caer,
Se sume en su pasar,
Puro instante de vida.

Clamor. Tiempo de historia
Jorge Guillén (1893-1984) 

viernes, 28 de mayo de 2021

Notas

Fernando Botero. Bodegón con libros.

Cuando somos jóvenes aspiramos ansiosamente a que la moral y la historia ratifiquen nuestras ideas; más tarde aspiramos solamente a que no las refuten.

El que no sabe expresarse no solamente es ignorado del mundo, sino también a sí mismo oscuro.

Las palabras limpian el espíritu de su confusión y de su niebla.

Aspirar a lo más alto es la ambición que más seguramente impide toda empresa.

No sé concebir una filosofía que no tenga por base la noción de individuo. 
Pero no es tanto en la noción vulgar de individuo que pienso, suma de realidades sociales o concepto taxonómico, como en el individuo centro de fuerzas autónomas, realidad creadora y rica en densas penumbras.

La mediocridad no consiste en aceptar el lugar común como punto de llegada, sino en tomarlo como punto de partida. No es mediocre el que desemboca allí por sus propios caminos, sino el que se instala allí, vive allí y allí mora. 

No debemos admitir que lo que dura un día desprecie lo que dura un instante.
Carentes de una escala para medir la absoluta importancia de las cosas, declaremos que todo lo que procure belleza, o solamente interés, a la existencia es digno, si no de nuestro respeto, por lo menos de nuestro agradecimiento.

Todo objeto encierra insospechados esplendores. En todos duerme un dios que nuestro amor despierta.

Notas (1954)
Nicolás Gómez Dávila 

lunes, 24 de mayo de 2021

Filosofía del viaje

Alexei Butirskiy. Ensueño de los viajeros.

El último tipo de viajero, y el más notorio, es el turista. Lo he sido a menudo, y por ello no le arrojaré piedras. Desde el excursionista en vacaciones hasta el peregrino sediento de hechos o bellezas, todos los turistas son bien amados de Hermes, el dios de los viajes, que es también patrón de la curiosidad amable y de la mente abierta. Es sabio trasladarse lo más frecuentemente posible desde lo acostumbrado a lo extraño: conserva ágil la mente, destruye los prejuicios y fomenta la jocundia. No creo que la frivolidad, la disipación de la mente y el disgusto por el propio lugar de nacimiento, o la imitación de los modales y las artes extranjeros sean enfermedades graves: matan, pero no matan a nadie que merezca la salvación. Quizá haya algunas veces en ellos como un suspiro de añoranza de lo imposible, un como homenaje a un ideal que está uno condenado a no alcanzar; pero por lo general no nacen de una excesiva familiaridad con cosas extranjeras, sino de escasez de ella; lo último que desea un hombre que verdaderamente aprecia el sabor de algo y comprende su raigambre es generalizarlo o transplantarlo; y cuantas más costumbres y artes haya asimilado el viajero, más profundidad y deleite hallará en las costumbres y las artes de su propia tierra. Ulises recordaba Ítaca. Hubiera admitido de buen talante y con mente clara que ni la grandeza de Troya, ni el encanto de Focea, ni la delicia de Calipso, tenían rival; más eso no podría hacer menos deleitoso para sus oídos el ruido de las olas rompiendo sobre las costas de su tierra natal. Sólo pudiera aumentar la sabiduría y la premura de su preferencia de lo que era naturalmente suyo. El corazón humano es local y finito y tiene raíces: y si la inteligencia irradia de él, según su vigor, a distancias mayores y mayores, lo aprendido, de ser conservado, ha de ir a parar a ese centro. Un hombre conocedor del mundo no puede desearlo; y si no estuviese satisfecho de lo que de él le ha correspondido (que, después de todo, incluye ese conocimiento salvador), poco respecto mostraría por todas esas perfecciones extranjeras que dice admirar. Todas son locales, todas finitas, y ninguna puede ser sino lo que le acontece ser; y si tal limitación y semejante arbitrariedad fueren allí bellas, el viajero no tendrá sino que buscar en lo hondo el principio de su propia vida, y eliminar toda confusión y toda indecisión para conseguir que logre asimismo una expresión perfecta a su manera: y entonces los viajeros sabios también vendrán a su ciudad y ensalzarán su nombre.

Este artículo apareció publicado en España en Revista de Occidente año II 2ªep: 21, Diciembre 1964

Filosofía del viaje
George Santayana (1863-1952)

miércoles, 19 de mayo de 2021

Cartas literarias a una mujer

Jean Baptiste Santerre. Muchacha leyendo una carta.

II

Si hemos de dar crédito a los que de ella participan, es una verdad tan innegable que se puede elevar a la categoría de axioma el que nunca se vierte la idea con tanta vida y precisión como en el momento que ésta se levanta semejante a un gas desprendido y enardece la fantasía y hace vibrar todas las fibras sensibles cual si las tocase una chispa eléctrica.
Yo no niego que suceda así. Yo no niego nada, pero por lo que a mí toca, puedo asegurarte que cuando siento no escribo. Guardo, sí, en mi cerebro, escritas como en un libro misterioso las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas ligeras y ardientes hijas de la sensación duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria hasta el instante en que, puro, tranquilo, sereno, y revestido, por decirlo así, de un poder sobrenatural, mi espíritu las evoca, y tienden sus alas trasparentes que bullen con un zumbido extraño, y cruzan otra vez a mis ojos como en una visión luminosa y magnífica.
Entonces no siento ya con los nervios que se agitan, con el pecho que se oprime, con la parte orgánica y material que se conmueve al rudo choque de las sensaciones producidas por la pasión y los afectos; siento, sí, pero de una manera que puede llamarse artificial; escribo como el que copia de una página ya escrita: dibujo como el pintor que reproduce el paisaje que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes.
Todo el mundo siente.
Sólo a algunos seres les es dado el guardar; como un tesoro, la memoria viva de lo que han sentido.
Yo creo que éstos son los poetas. Es más, creo que únicamente por esto lo son.

Cartas literarias a una mujer (1860-1861)
Gustavo Adolfo Bécquer 

martes, 18 de mayo de 2021

Divagación ante la Esfinge

Elihu Vedder. La Esfinge.

Y he aquí que, igual que tantos otros viajeros desde hace miles de años, nos encontramos al pie de la Esfinge. Hombres de todos los climas y latitudes: nubios y caldeos, persas y abisinios, cartagineses y romanos, griegos e israelitas, hicsos e hititas, las falanges de Alejandro y las legiones de César, los batallones de Napoleón y los camelleros de la reina Zenobia, sabios y artistas, guerreros y mercaderes, príncipes y plebeyos, han venido a este Valle de las Gacelas para contemplar la Esfinge.

El Egipto de los Faraones (1955)
Juan Marín 

El combate II

François Miville-Deschênes. Combate.

En el sueño
quise preguntarle
a la bella gladiadora
cuál era el sentido del combate
porqué la lucha
cuál era el trofeo.

Sonrió y me dijo:
Se lucha
sólo
porque se vive.

Inmovilidad de los barcos (1997)
Cristina Peri Rossi 

lunes, 17 de mayo de 2021

Vamos a tomar el tren

Francisco Valdivia León. Muchacha esperando al tren.

«Deja ya de mirar la arquitectura»
del barrio Blanco, piedra y ciprés,
deja el ladrillo, el humo, los semáforos.
           Vamos a tomar el tren.

Dejemos la ciudad, sus calles locas,
sus muchedumbres de árida piel,
dejemos los periódicos usados.
          Vamos a tomar el tren.

La vía directamente al campo:
cimas azules, flores de papel,
aldeas con un triste campanario.
         Vamos a tomar el tren.

Seguiremos el río suavemente,
cruzaremos un puente de través,
atravesando campos de violeta.
        Vamos a tomar el tren.

llegaremos al filo de la noche,
la estación terminal tiene un andén
alegre y bullicioso y reluciente.
       Vamos a tomar el tren.

Hojas de Madrid
Blas de Otero (1916-1979) 

miércoles, 12 de mayo de 2021

Travesía peligrosa

Ricardo Sanz. En el café.

Iré más allá:
más allá de América
y más allá de la acera de enfrente.
Más allá del mar
y más allá de los libros.
Más allá de mi propio corazón
y más allá de la música.
Iré más allá de las estrellas
y más allá de las lágrimas.
Más allá de la sabiduría
y más allá de la inocencia.
Más allá de la fe
y más allá del amor.
Y cuando el más allá se convierta en el acá cercano,
regresaré,
y como en los buenos tiempos
haré la peligrosa travesía
de tomar una taza de café.

Los trescientos escalones (1973-1976)
Francisca Aguirre 

Maleta

Eduardo Úrculo. El viajero, 1992.

Cracovia nublada por la mañana, las colinas humeaban.
En Múnich llovía, los Alpes, invisibles
y pesados, descansaban en los valles como piedras.

Hasta Atenas no vimos el sol que
provocó que el aire, todo el aire,
toda una inmensa flota de aire
se transformara en oro tembloroso.

Como dicen los escritores religiosos: de repente
me convertí en otra persona.

Soy tan sólo un turista en el mundo visible,
una de entre esas miles de sombras que
deambulan por las salas inmensas de los aeropuertos,

y detrás de mí como un perro fiel con sus pequeñas ruedas
tengo a mi maleta verde.

Soy tan sólo un turista distraído,
pero amo la luz.

Traducción de Xavier Farré

Asimetría
Adam Zagajewski