jueves, 12 de julio de 2018

El escarabajo pelotero

Marina Novikova. Escarabajo.

Los hombres de este siglo, cuando se encuentran conmigo, tuercen el gesto. Hace mucho tiempo que perdieron la imaginación y hoy sólo ven en mí una criatura corpulenta y de torpes movimientos que, a pesar de su brillantez e iridiscente armadura, se pasa la vida haciendo rodar por los caminos bolas hechas con las materias más repugnantes.
Para los viejos hombres de perfil, que vivieron hace milenios, fui la representación terrena del Astro-Rey, el símbolo de la vida que no muere y que se expande en ondas infinitas, la fuerza luminosa que cada mañana se engendra a sí misma y se renueva en el sol naciente. Fui, dicho de otro modo, el que hace avanzar la bola de modo fecundo, a través de un interminable proceso de purificación y perfeccionamiento.
Es evidente, sin embargo, que yo sigo siendo el mismo que siempre fue: un insecto que vive al margen de las veleidades y de las modas de los hombres.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

miércoles, 11 de julio de 2018

Escalada

Caspar David Friedrich. Pico de montaña con nubes, (1835).

III
La cabaña alpina

Era una noche casi en calma, si algo incomodaba, era el silbido del viento. Pero de vez en cuando se oía un gran zumbido lejano como si procediera del mar, prolongado, de un fuelle colosal moviéndose lentamente, respiraciones, de alguien que lanza suaves suspiros en medio del sueño. Algo dormía, aunque nada tan insignificante como un animal o un ser humano: quizá era la propia montaña. Después se hacía de nuevo el silencio absoluto de la noche alpina, ese silencio tremendo cuyo fondo sin embargo constituye un continuo bramido melódico, pero tan suave que deja de oírse en cuanto se alza el mínimo ruido, y después retorna, enigmático e inalterable, como si procediera de cuencas muy remotas y gigantescas que uno no hallaría por mucho que buscase.

Traducción de Rosa Pilar Blanco

Escalada (1975)
Ludwig Hohl

Poética

Eugénio de Andrade, retratado por Mario Botas, 1980.

De Homero a San Juan de la Cruz, de Virgilio a Alexandre Block, de Li Po a William Blake, de Basho a Cavafys, la mayor ambición del quehacer poético siempre ha sido la misma: Ecce Homo, parece decir cada poema. He aquí al hombre, he aquí su efímero rostro formado por miles y millares de rostros, todos ellos alentando espléndidamente en la tierra, ninguno superior al otro, separados por mil y una diferencias, unidos por mil y una cosa comunes, semejantes y distintos, parecidos todos y, sin embargo, cada uno de ellos único, solitario, desamparado. Es a tal rostro al que el poeta está estrechamente unido. A su rebeldía y en nombre de esa fidelidad. Fidelidad al hombre y a su lúcida esperanza de serlo por completo; fidelidad a la tierra en que hunde las raíces más hondas; fidelidad a la palabra que, en el hombre, es capaz de la verdad última de la sangre, que es también verdad del alma.

Versión de Ángel Crespo

Antología poética (1940-1980)
Eugénio de Andrade

sábado, 7 de julio de 2018

Sobre algunos enamorados de los libros

Philippe Claudel. Sobre algunos enamorados de los libros.

& hubo uno en Esparta que cubrió el templo de Atenea con certeras fórmulas, que celebraban la piel de las muchachas, la sonrisa de su madre, el vientre de los chivos y el olor del tomillo, grabadas directamente en la piedra rubia con la punta de un clavo de hierro, y que una mañana fue detenido sin un motivo claro y encerrado en la mazmorra indiferente de una cárcel, y jamás se supo qué fue de él allí abajo, pero quienes saben buscar en las ruinas de altas civilizaciones pueden leer todavía entre los escombros de los emplazamientos sometidos a los vientos, a los siglos y a las lluvias suaves, algunos ecos de sus palabras, sus palabras que miran al gran cielo de las noches y los días a través de la finura sonriente de sus surcos

& Hubo también aquel que vivía en una casa con las paredes totalmente empapeladas con las páginas arrancadas de las peores novelas que le habían obligado a leer y que, al vivir en compañía constante de frases penosas —dormitorio, cocina, cuarto de baño, váter, armario, despacho, desván—, escribía novelas de gran empaque, pero que por desgracia jamás hallaron lectores.

Traducción de Lluís Maria Todó

Sobre algunos enamorados de los libros
Philippe Claudel

viernes, 6 de julio de 2018

El ojo crítico

Constantino Bértolo. El ojo crítico.

Muchos parecen opinar que la mejor forma de leer es poner la mente en blanco cuando se abre la primera página del libro. Yo estaría con esta teoría de la inocencia si esta puesta en Babia de la mente se exigiese también para los actos previos a ese momento en que se inicia la lectura, es decir, para el acto de compra del libro, porque si no se dejaría un resquicio para que los prejuicios, según los que defienden esta teoría, inoculasen su maldad. Imagínense a alguien que va a comprar un libro libre de prejuicios. ¿Qué libro comprará? ¿Con qué criterio? En mi caso no es que sea incapaz de imaginarlo es que simplemente creo que eso es imposible. No existe lectura inocente. Uno lee desde lo que es y con todo lo que es. Uno lee los libros de amor con todas sus historias de amor a cuestas; los libros de aventuras con todas sus fantasías de la propia infancia, juventud o madurez. La mente no se puede poner en blanco. Cada palabra tiene su propia biografía para cada uno de los lectores tomados de uno en uno y para cada grupo de lectores tomados por épocas, siglos o clases sociales. El conocimiento no molesta ni distorsiona la lectura, en todo caso la mejora. Quien vea una catedral gótica sin saber nada de arte verá desde su lectura ingenua —algunos confunden la ingenuidad con la ignorancia o el retraso mental— un montón de piedras unas encima de las otras. Quien sepa algo verá y reconocerá formas, es decir, sentidos, significados.

El ojo crítico
Constantino Bértolo

martes, 3 de julio de 2018

Todos los lujos

Idries Shah. Pensadores de Oriente.

Había una vez un sufí que era también un hábil hombre de negocios y acumuló mucha riqueza.
Otro hombre, al visitarlo, se horrorizó por sus obvias riquezas, y contaba: 
—Acabo de ver a tal sufí. ¿Sabéis que estaba rodeado de todo lujo?
Cuando se le informó de esto al sufí, éste dijo:
—Sabía que estaba rodeado de casi todo lujo; pero no de todos y cada uno de ellos. Ahora sé que el día en que ese hombre vino, mi colección de lujos se vio completa.
Alguien le preguntó cuál había sido el lujo final.
—El lujo final es tener a alguien que te envidie.

Traducción de J. E. R. A. D. y Francisco Martínez Dalmases

Pensadores de Oriente (1971)
Idries Shah

sábado, 30 de junio de 2018

Libro del desasosiego

Fernando Pessoa. Libro del desasosiego.

380

Algunos tienen en la vida un gran sueño y faltan a ese sueño. Otros no tienen en la vida ningún sueño, y también faltan a ése.

382

Todos los movimientos de la sensibilidad, por agradables que sean, son siempre interrupciones de un estado, que no sé en qué consiste, que es la vida íntima de esa misma sensibilidad. No son las grandes preocupaciones las que nos distraen de nosotros, sino que hasta los pequeños enfados perturban una quietud a la que todos, sin saberlo, aspiramos.
Vivimos casi siempre fuera de nosotros, y la misma vida es una perpetua dispersión. Pero es hacia nosotros hacia donde tendemos, como hacia un centro en torno al cual hacemos, como los planetas, elipses absurdas y distantes.

Traducción de Ángel Crespo

Libro del desasosiego
Frenando Pessoa (1888-1935)

miércoles, 27 de junio de 2018

Las ciudades invisibles

Italo Calvino. Las ciudades invisibles.

Las ciudades y los ojos. 3.

Después de haber marchado siete días a través de boscajes, el que va a Bauci no consigue verla y ha llegado. Los finos zancos que se alzan del suelo a gran distancia uno del otro y se pierden sobre las nubes sostienen la ciudad. Se sube por escalerillas. En tierra los habitantes rara vez se muestran; tienen ya todo lo necesario arriba y prefieren no bajar. Nada de la ciudad toca el suelo salvo las largas patas de flamenco en que se apoya, y en los días luminosos, una sombra calada y angulosa que se dibuja en el follaje.
Tres hipótesis se anuncian sobre los habitantes de Bauci; que odian la tierra; que la respetan al tiempo de evitar todo contacto; que la aman como era antes de ellos, y con largavistas y telescopios apuntando abajo no se cansan de pasarle revista, hoja por hoja, guija por guija, hormiga por hormiga, contemplando fascinados su propia ausencia.

Traducción de Aurora Bernárdez

Las ciudades invisibles (1972)
Italo Calvino

lunes, 25 de junio de 2018

Los viajes

José María Arguedas. Los ríos profundos.

Mi padre no pudo encontrar nunca dónde fijar su residencia; fue un abogado de provincias, inestable y errante. Con él conocí más de doscientos pueblos. Temía a los valles cálidos y sólo pasaba por ellos como viajero; se quedaba a vivir algún tiempo en los pueblos de clima templado. Pampas, Huaytará, Coracora, Puquio, Andahuaylas, Yauyos, Cangallo... Siempre junto a un río pequeño, sin bosques, con grandes piedras lúcidas y peces menudos. El arrayán, los lambras, el sauce, el eucalipto, el capulí, la tara, son árboles de madera limpia, cuyas ramas y hojas se recortan libremente. El hombre los contempla desde lejos; y quien busca sombra se acerca a ellos y reposa bajo un árbol que canta solo, con una voz profunda, en que los cielos, el agua y la tierra se confunden.
Las grandes piedras detienen el agua de esos ríos pequeños; y forman los remansos, las cascadas, los remolinos, los vados. Los puentes de madera o los puentes colgantes y las oroyas, se apoyan en ellas. En el sol, brillan. Es difícil escalarlas porque casi siempre son compactas y pulidas. Pero desde esas piedras se ve cómo se remonta el río, cómo aparece en los recodos, cómo en sus aguas se refleja la montaña. Los hombres nadan para alcanzar las grandes piedras, cortando el río llegan a ellas y duermen allí. Porque de ningún otro sitio se oye mejor el sonido del agua. En los ríos anchos y grandes no todos llegan hasta las piedras. Sólo los nadadores, los audaces, los héroes; los demás, los humildes y los niños se quedan; miran desde la orilla, cómo los fuertes nadan en la corriente, donde el río es hondo, cómo llegan hasta las piedras solitarias, cómo las escalan, con cuánto trabajo, y luego se yerguen para contemplar la quebrada, para aspirar la luz del río, el poder con que marcha y se interna en las regiones desconocidas.

Los ríos profundos (1958)
José María Arguedas

sábado, 23 de junio de 2018

Epigramas

Carlos Díaz Dufoo Hijo. Epigramas.

Cejijunto, solemne, con aire de continuo acierto, seguro y perfecto —tiempo de andante maestoso—, sólo le interesan las cuestiones graves: la belleza, el bien, el progreso, la ciencia.

En el mundo de las palabras ¡qué fácil es moverse! ¡Qué agradable compás! El que uno quiere, el que se elige, aun el que se inventa. Además, en un plano verbal todo es posible.

Para explicar su conducta unos invocan raros motivos intelectuales, otros pasiones complicadas, otros una sensibilidad extraña. Nadie ha caído en que el cansancio —sumisión al ritmo externo, abandono y renuncia— es la explicación.

Sabio optimista, sabio del pequeño saber, sabio de un mundo sin música, sabio de un mundo sin tormentas.

Gastó largos años para hacerse un estilo. Cuando lo tuvo, nada tuvo que decir con él. 

Epigramas (1927)
Carlos Díaz Dufoo Hijo

sábado, 16 de junio de 2018

Filosofícula

Leopoldo Lugones. Filosofícula.

La Cordura

Si quieres ser gigante,
Sé hombre. Toma ejemplo de la gota
De rocío, que espeja al firmamento
En su cristalina forma.
El firmamento está en ella,
Y ella es igual al firmamento ahora.
Haz como ella: llénate de cielo
Y sigue siendo gota.

Filosofícula (1924)
Leopoldo Lugones

viernes, 15 de junio de 2018

El libro del té

Kakuzo Okakura. El libro del té.

III
Taoísmo y Zen

Los practicantes zen vivían en comunión directa con la naturaleza íntima de las cosas, considerando accesorio lo exterior, una sombra en el camino del conocimiento de la realidad. El amor a lo abstracto ha conducido a la grafía zen hacia los trazos en blanco y negro. alejándose del exquisito refinamiento pictórico que caracteriza al budismo clásico. Por haber procurado siempre en conocer a Buda en sí mismos, y no por sus símbolos e imágenes, un grupo de monjes zen llegó a declararse iconoclasta.
Se sabe que Tanka Osho, un día de invierno, convirtió en astillas una figura en madera de Buda para hacer fuego.
—¡Qué sacrilegio! —gritó espantado alguien.
—Extraeré de sus cenizas las shali que contiene este buda —repuso tranquilamente el monje zen.
—Pero si es imposible que esa estatua contenga shalis —replicó otro. 
—Entonces significará que esta madera no era un Buda, por lo cual tampoco se habrá cometido ningún sacrilegio —adujo con absoluta serenidad Tanka. Y se fue hacia el fuego a calentarse.
Para terminar, el Zen aportó al pensamiento oriental la noción igualitaria establecida entre los asuntos temporales y espirituales. En las relaciones superiores de las cosas no existe diferencia entre lo sencillo y lo complejo, lo grande o lo pequeño: un átomo posee las mismas posibilidades que el Universo.
Quien busca la perfección debe hallar en su propia vida el reflejo de la luz interior.
Al respecto no existe nada tan significativo como la monástica zen. Cada miembro, excepto el abad, tenía una tarea asignada en la conservación del monasterio y, cosa extraña, las funciones ligeras correspondían a los novicios, reservándose las más duras y humildes a los monjes más respetables y avanzados en el camino de la perfección. Estas obligaciones formaban parte de la disciplina zen que predicaba realizar cualquier labor por insignificante que fuera con absoluta perfección.
¡Qué maravillosas discusiones debieron originarse en los conventos a la hora de regar el jardín, fregar la vajilla o preparar el té!

Shali: piedras preciosas que se forman en el cuerpo de los Budas tras su cremación. (N. del autor)

Traducción de José Javier Fuente del Pilar

El libro del té
Kakuzo Okakura

martes, 12 de junio de 2018

Ortodoxia y heterodoxia

Fernando Savater y Luis Antonio de Villena. Heterodoxias y contracultura.

En cada hombre, en cada uno de nosotros, sea cual fuere la ocupación o los intereses que le atareen, hay dos tendencias: la primera de ellas nos impulsa a adherirnos a las opiniones establecidas, a actuar como la mayoría de los que nos rodean, a venerar lo que ellos veneran, a temer lo que ellos temen y a despreciar lo que les vemos despreciar; la otra nos lleva a desmentir las convicciones vigentes, a dudar de lo más firme, a buscar otros modos de conducta, nuevos conocimientos y nuevas técnicas, a escupir sobre lo comúnmente respetado y a buscar la compañía de los réprobos y los descarriados. En todos y cada cual están presentes ambas tendencias, aunque en proporción sumamente variable y cambiante a lo largo de la vida.
La primera tendencia comentada da origen  a lo que podemos llamar ortodoxia en el más amplio sentido de la palabra; la segunda es madre de las heterodoxias, así, en plural, porque hay una sola forma de estar de acuerdo pero muchas de discrepar.

Heterodoxias y contracultura (1982)
Fernando Savater, Luis Antonio de Villena

sábado, 9 de junio de 2018

La casa de papel

Carlos María Domínguez. la casa de papel.

Uno

Me pregunté muchas veces por qué conservo libros que sólo en un futuro remoto podrían auxiliarme, títulos alejados de los recorridos más habituales, aquellos que he leído una vez y no volverán a abrir sus páginas en muchos años. ¡Tal vez nunca! Pero cómo deshacerme, por ejemplo, de El llamado de la selva sin borrar uno de los ladrillos de mi infancia, o Zorba, que selló con un llanto mi adolescencia, La hora veinticinco, y tantos otros hace años relegados a los estantes más altos, enteros, sin embargo, y mudos, en la sagrada fidelidad que nos adjudicamos.
A menudo es más difícil deshacerse de un libro que obtenerlo. Se adhieren con un pacto de necesidad y olvido, tal si fueran testigos de un momento en nuestras vidas al que no regresaremos. Pero mientras permanezcan ahí, creemos sumarlos. He visto que muchos fechan el día, el mes y el año de la lectura; trazan un discreto calendario. Otros escriben su nombre en la primera página, antes de prestarlos, anotan en una agenda al destinatario y le añaden la fecha. He visto tomos sellados, como los de las bibliotecas públicas, o con una delicada tarjeta del propietario deslizada en su interior. Nadie quiere extraviar un libro. Preferimos perder un anillo, un reloj, el paraguas, que el libro cuyas páginas ya no leeremos pero conservan, en la sonoridad de su título, una antigua y tal vez perdida emoción.

La casa de papel (2002)
Carlos María Domínguez

miércoles, 6 de junio de 2018

Por qué no he escrito ninguno de mis libros

Marcel Bénabou. Por qué no he escrito ninguno de mis libros.

El orden de las palabras
3

Más adelante, ya estudiante de bachillerato, siempre procuraba adquirir, en cantidades que excedían mis necesidades, todo tipo de agendas, ficheros, libros de registro o meros cuadernillos, que en su mayoría permanecían vírgenes: los amplios proyectos a los que yo los destinaba ya se las componían, en aquellos tiempos, la mar de bien para no superar la etapa de proyecto. Y, de este modo, a medida que pasaban los años, me encontré al cabo con una colección nada despreciable de esos valiosos complementos, cuyas tapas de cartón en efecto iban perdiendo algo de color, y cuyas páginas de cuadritos acababan considerablemente amarillas, pese a lo cual seguían listas para contener las dilucidaciones a que yo las destinaba, y que de hecho en lo esencial ya contenían. Hasta el punto de que me habría parecido sacrílego efectuar la menor alteración en su orden, impregnados como estaban, todos y cada uno, de las frases que hacía ya mucho deberían haber figurado en ellos.

Traducción de Thomas Kauf

Por qué no he escrito ninguno de mis libros (1986)
Marcel Bénabou

martes, 5 de junio de 2018

Una estatua para Nadie

Juan Manuel Roca. Las hipótesis de Nadie.

En bronce. Que sea en bronce la estatua de Nadie. Con pedestal. Que sea en mármol su pedestal. En una plaza luminosa erigiremos su monumento. Nadie tendrá las verdes charreteras que dejen en sus hombros las palomas.
A falta de héroes podríamos adoptarlo como portaestandarte de la ciudad, abanderado en las batallas de la nada. Historiadores y académicos se encargarán de los detalles necesarios a su vida. Las parejas se citarán bajo una sombra ecuestre -cómo placen a los héroes los caballos- en la gran plaza a la que daremos un toque de Chirico.
Vendrá bien adornar la estatua con flores que no son de temporada; girasoles de piedra, orquídeas de metal.
En bronce. Que sea en bronce la estatua de Nadie, homenaje al hombre justo, al señor inexistente.

Las hipótesis de Nadie (2005)
Juan Manuel Roca

sábado, 2 de junio de 2018

Masa y poder

Elias Canetti. Masa y poder.

Montones de piedra

Pero también hay montones muy distintos que no son comestibles. Se erigen montones de piedras porque es muy difícil volver a desmontarlos. Se les erige para mucho tiempo, para una especie de eternidad. No han de disminuir nunca, han de seguir siendo lo que son. No entran en ningún estómago, y no siempre se habita en ellos. En su forma más antigua cada una de las piedras estaba en lugar de un hombre que la había aportado al montón. Más tarde aumentan el tamaño y el peso de las partes constitutivas, y ya sólo se les puede construir por muchos a la vez. Representen lo que sea, contienen el esfuerzo concentrado de incontables y arduos caminos. A menudo es un enigma cómo se logró erigirlos. Cuanto menos se comprende su presencia, cuanto más lejana sea la procedencia de la piedra y cuanto más largos los caminos, tanto mayor fue el número de los hombres que uno debe imaginarse como erectores, tanto más profunda es la impresión que producen en todos los hombres posteriores. Representan el esfuerzo rítmico de muchos, del que nada queda excepto este indestructible monumento.

Traducción del alemán de Horst Vogel

Masa y poder (1960)
Elias Canetti 

jueves, 31 de mayo de 2018

El nombre en la punta de la lengua

Pascal Quignard. El nombre en la punta de la lengua.

Breve tratado sobre Medusa
Segunda parte

Uno de los pensamientos con el que más en deuda me siento es el de Kong-suen Long. Kong-suen Long vivió en la época de la dinastía Cheu, en el período llamado de los Reinos Combatientes, en el Chao. Era contemporáneo de Timeo. Los chinos de la antigüedad reprochaban a Kong-suen Long el «no ser de ninguna escuela». Este reproche puede leerse en el Lie-tseu. En 1977 traduje una aporía de Kong-suen Long. La comenté de nuevo en 1986. Por desgracia para su destino, ese «no ser de ninguna escuela» era una consecuencia de su pensamiento; pero, por suerte para su pensamiento, esta consecuencia de su pensamiento acaso sea una simple consecuencia del pensamiento, del hecho de la carencia. Dos propuestas de Kong-suen Long han sido tildadas de «sorprendentes». Son, sin duda alguna, las propuestas decisivas:
«Existen pensamientos que no provienen de ninguna parte.»
«Hay meditaciones sin conclusión.»
La lágrima que se haya entre el lenguaje y la realidad no puede agotarse, dicen los budistas. Es el Ganges.

Traducción de Fabián Chueca

El nombre en la punta de la lengua
Pascal Quignard

martes, 29 de mayo de 2018

Wanderlust. Una historia del caminar

Rebecca Solnit. Wanderlust.

1. Recorrer una colina: introducción.

El ritmo del caminar genera un tipo de ritmo del pensar y el paso a través de un paisaje resuena o estimula el paso a través de una serie de pensamientos. Ello crea una curiosa consonancia entre el pasaje interno y el externo, sugiriendo que la mente es también una especie de paisaje y que caminar es un modo de atravesarlo. En muchas ocasiones, un nuevo pensamiento parece un aspecto del paisaje que estaba siempre ahí, como si pensar fuera recorrer más que hacer. Y, de ese modo, un aspecto de la historia del caminar es la historia del pensamiento que se hace concreto, porque los movimientos de la mente no pueden ser trazados, pero sí los de los pies. Caminar también puede imaginarse como una actividad visual: cada caminata es un paseo lo suficientemente relajado como para mirar y pensar sobre las vistas, integrar lo nuevo en lo conocido. Quizá este es el origen de la singular utilidad para los pensadores. Las sorpresas, las liberaciones y los esclarecimientos propios de un viaje pueden alcanzarse tanto dando una vuelta a la manzana como alrededor del mundo, y caminar es viajar cerca y lejos a la vez. O quizás el caminar debiera considerarse movimiento, no viaje, porque uno puede caminar en círculos o viajar alrededor del mundo inmovilizado en un asiento, y una determinada ansia viajera puede ser apaciguada solo con los actos del cuerpo mismo en movimiento, no con el movimiento del automóvil, el barco o el avión. Es el movimiento junto a las vistas que se suceden lo que parece hacer que ocurran cosas en la mente, y esto es lo que vuelve el caminar ambiguo e infinitamente fértil: caminar es, a la vez, medio y fin, viaje y destino.

Traducción de Andrés Anwandter

Wanderlust. Una historia del caminar.
Rebecca Solnit

viernes, 25 de mayo de 2018

La resistencia

Ernesto Sabato. La resistencia.

PRIMERA CARTA
Lo pequeño
y lo grande

El hombre se expresa para llegar a los demás, para salir del cautiverio de su soledad. Es tal su naturaleza de peregrino que nada colma su deseo de expresarse. Es un gesto inherente a la vida que no hace a la utilidad, que trasciende toda posibilidad funcional. Los hombres a su paso, van dejando su vestigio; del mismo modo, al retornar a nuestra casa después de un día de trabajo agobiante, una mesita cualquiera, un par de zapatos gastados, una simple lámpara familiar, son conmovedores símbolos de una costa que ansiamos alcanzar, como náufragos exhaustos que lograran tocar tierra después de una larga lucha contra la tempestad.

Es noche de verano, la luna ilumina de cuando en cuando. Avanzo hacia mi casa entre las magnolias y las palmeras, entre los jazmines y las inmensas araucarias, y me detengo a observar la trama que las enredaderas han labrado sobre el frente de esta casa que es ya una ruina querida, con persianas podridas o desquiciadas; y, sin embargo, o precisamente por su vejez parecida a la mía, comprendo que no la cambiaría por ninguna mansión en el mundo.

Qué admirable es a pesar de todo el ser humano, esa cosa tan pequeña y transitoria, tan reiteradamente aplastada por terremotos y guerras, tan cruelmente puesta a prueba por los incendios y naufragios y pestes y muertes de hijos y padres.
Sí, tengo una esperanza demencial, ligada, paradójicamente, a nuestra actual pobreza existencial, y al deseo, que descubro en muchas miradas, de que algo grande pueda consagrarnos a cuidar afanosamente la tierra en la que vivimos.

Creo en los cafés, en el diálogo, creo en la dignidad de la persona, en la libertad. Siento nostalgia, casi ansiedad de un Infinito, pero humano, a nuestra medida.

La resistencia (2000)
Ernesto Sabato

miércoles, 23 de mayo de 2018

La gloria de Filitis

Frederick Goodall. Amanecer sobre las pirámides.

Nada labró Filitis, pastor egipcio.
Fue pobre.
No intuyó nueva barca
de líneas más seguras y bellas.
No imaginó jardines
ni un trazo ni una música,
no dejó nada escrito,
no movió una figura del sagrado perfil.

Sólo llevó sus bestias a pacer
al pie de las colinas
donde Quefrén y Queops,
los execrables reyes,
durante medio siglo
levantaron sus tumbas
sobre hombros de pueblos agotados.

Éstos, abominándolos,
no quisieron nombrarlos.
Justicieros decían
para hablar de esos sitios:
—Allí,
donde las pirámides de Filitis.

Reducción del infinito (2002)
Ida Vitale

sábado, 19 de mayo de 2018

Los buscadores de oro

Augusto Monterroso. Los buscadores de oro.

III

Al lado de todo esto, estoy convencido de que para quien en un momento dado, de pronto o gradualmente, decide que va a ser escritor, no existe diferencia alguna entre nacer en cualquier punto de Centroamérica, en Dublín, en París, en Florencia o en Buenos Aires. Venir a este mundo al lado de una mata de plátano o a la sombra de una encina puede resultar tan bueno o tan malo como hacerlo en medio de un prado, en la pampa o en la estepa, en una aldea perdida de provincia o en una gran capital. Enfrentar el mosquito anófeles del paludismo en una aislada población del trópico o los bacilos de Koch en Praga puede, es verdad, determinar el curso que seguirá su vida, acortar ésta o hacerla insoportable y melancólica, pero no impedirle concebir ideas originales y formularlas en frases brillantes o, para el caso, salvarlo de pensar tonterías y exponerlas en frases torpes. El pequeño mundo que uno encuentra al nacer es el mismo en cualquier parte en que se nazca; sólo se amplía si uno logra irse a tiempo de donde tiene que irse, físicamente o con la imaginación.

Los buscadores de oro (1993)
Augusto Monterroso

martes, 15 de mayo de 2018

A medias

Mercedes Escolano. No amarás.

Mi doble se sienta en los cafés del puerto
tranquilamente a esperar
que los barcos descarguen.
Observa con desdén los movimientos
de la grúa, su ir y venir entre fardos.
Ojea los titulares de la prensa,
le aburre el texto. Apura el café
y algunos cigarrillos con las piernas cruzadas.
Las horas pasan lentas para mi doble.
La observo desde el barco
con interés y hastío.
Tanta indolencia en una muchacha
podría albergar sospechas, si no fuera
porque atentamente vigila
todos y cada uno de mis gestos.

No amarás (2001)
Mercedes Escolano

domingo, 13 de mayo de 2018

Las semillas de los cuentos

José María Merino, retratado por Eloy Rubio Carro.

Diré también que, para mí, todo cuento es resultado de una misteriosa fecundación. La semilla, escondida entre los pliegues y recovecos de ciertos lugares reales, salta sobre la imaginación del narrador y allí se mantiene, hasta terminar germinando. La semilla puede tener cualquier apariencia y es capaz de generar una historia, sin que el espécimen resultante tenga por qué conservar ninguna de las características de la forma originaria. Seguramente hay en la imaginación del narrador una predisposición a dejar que tales semillas se depositen en ella, y sin duda la predisposición proviene de una actitud acechante. El narrador está siempre esperando —por no decir buscando— esas semillas de los relatos, que están presentes en el mundo real pero que sólo pueden germinar en los campos de la imaginación, para acabar elevando sus tallos y ramajes en esa otra realidad que es la literatura. En algunos de mis cuentos he intentado reflejar ese acecho del narrador, que no vive libremente, sino sujeto a esa pasión, o manía, de dejarse fecundar por las azarosas semillas del relato. También yo me reconozco escrutando la realidad, al atisbo de tales semillas, y creo que casi siempre he sido capaz de reconocer su naturaleza, aunque es cierto que permanecen dentro de mi imaginación, estériles y confusas, algunas formas que confundí algún día con semillas verdaderas. Quién sabe si algún día germinarán.

Prólogo a 50 cuentos y una fábula
José María Merino

sábado, 12 de mayo de 2018

Escasez de la vivienda en el Japón

Francisco Ayala. El jardín de las delicias.

Un pintoresco suceso ocurrido en Tokio pone de relieve la gravedad que en aquel país ha alcanzado el problema de la vivienda. La policía detuvo días atrás en un parque céntrico a una pareja que, al abrigo de un seto, estaba entregándose a las efusiones más íntimas. Conducidos a la comisaría los fogosos amantes, su identificación dio a conocer que los detenidos eran marido y mujer. Ante circunstancia tan insólita, quiso saber el comisario qué motivo  había impulsado a la pareja a ejercer en lugar público sus actividades genéticas en vez de reservarlas para el sagrado del domicilio conyugal; y entonces el esposo, no sin orientales circunloquios y embarazadas sonrisas, hubo de explicarle que dicho domicilio consistía en una sola habitación donde se alojaban, con el matrimonio y tres hijitos, su suegra y dos cuñadas, cuya presencia continua ofrecía más penoso impedimento a las naturales expansiones que el eventual paso de algún extraño por los arriates del parque.

El jardín de la delicias (1971)
Francisco Ayala

miércoles, 9 de mayo de 2018

Canción del este

Álvaro Mutis. Los trabajos perdidos.

A la vuelta de la esquina
un ángel invisible espera;
una vaga niebla, un espectro desvaído
te dirá algunas palabras del pasado.
Como agua de acequia, el tiempo
cava en ti su arduo trabajo
de días y semanas,
de años sin nombre ni recuerdo.
A la vuelta de la esquina
te seguirá esperando vanamente
ése que no fuiste, ése que murió
de tanto ser tú mismo lo que eres.
Ni la más leve sospecha,
ni la más leve sombra
te indica lo que pudiera haber sido
ese encuentro. Y, sin embargo,
allí estaba la clave
de tu breve dicha sobre la tierra.

Los trabajos perdidos (1965)
Álvaro Mutis

martes, 8 de mayo de 2018

La vida oculta

Soledad Puértolas. La vida oculta.

II. Afinidades

25. El escritor a solas

La vida de los escritores que admiramos, la personalidad y el carácter del autor de las novelas, siempre está envuelta en el misterio. ¿Qué pensaban de sí mismos, qué importancia concedían a su vocación, hasta qué punto se retrataron en sus personajes?
¿Cómo acceder al mundo interior de los escritores cuando, precisamente, quien escoge la novela como medio de expresión se propone, en buena medida, huir de sí mismo? Ciertamente, queda reflejado en sus personajes, pero a la vez, y por paradójico que pueda parecer, éstos son tanto más verdaderos cuanta más vida propia sean capaces de adquirir. La frase «Madame Bobary soy yo» es verdad. Todo lo verdad que pueda ser una mentira. Emma Bobary es Flaubert, o todo lo que Flaubert nunca hubiera podido ser. Los personajes no son mera prolongación de la personalidad del escritor sino, por el contrario, muchas veces se crean a partir de las negaciones y carencias del escritor, de sus necesidades y sueños, de sus ambiciones y obsesiones. El escritor se disfraza en la literatura, se oculta. Como decía Pavese «desaparece en su obra».
Y ésta es, indiscutiblemente, una de las grandes satisfacciones del escritor: desaparecer en la obra. La misteriosa naturaleza del acto de la creación parece facilitarle la tarea. El personaje creado cobra una vida que al propio autor asombra y, a través de él, de ese desconocido, el novelista sale de sí mismo y alcanza una extraña comunicación con el mundo. Pero el acto de crear, misterioso e íntimo, permanece en la oscuridad, detrás de la obra. Pertenece a la vida del escritor, no a su literatura.

La vida oculta (1993)
Soledad Puértolas

viernes, 4 de mayo de 2018

El libro de la almohada

Sei Shonagon. El libro de la almohada.

109. El mar es siempre aterrador...

El mar es siempre aterrador, aún más aterrador debe ser para esas pobres mujeres que, en busca de perlas, tienen que sumergirse en el abismo para ganarse la vida. Uno se pregunta qué les sucedería si la cuerda que ciñe su cintura se rompiera. Yo puedo imaginarme a hombres haciendo esta clase de trabajo que requiere un valor extraordinario en el caso de una mujer. Después que la mujer ha descendido, los hombres se quedan tranquilamente en los botes, entonando largas canciones, sin perder de vista la cuerda que flota en la superficie. La escena es asombrosa, porque no parece importarles nada el peligro que corre la mujer. Cuando quiere salir, la mujer tira de la cuerda y los hombres la izan fuera del agua con una rapidez que entiendo muy bien. Casi enseguida ella está aferrada al borde del bote, respirando jadeante. Esta vista es suficiente para que el espectador sienta esto como una experiencia propia. Me cuesta imaginar que alguien pueda desear este trabajo.

Nota 155. Es costumbre en el Japón que la pesca de perlas sea hecha por mujeres.

Selección y traducción de María Kodama y Jorge Luis Borges

El libro de la almohada
Sei Shonagon

martes, 1 de mayo de 2018

Dentro de ti está el secreto

Amado Nervo. Plenitud.

Busca dentro de ti la solución de todos los problemas, hasta de aquellos que 
creas más exteriores y materiales.

Dentro de ti está siempre el secreto: dentro de ti están todos los secretos.

Aún para abrirte camino en la selva virgen, aún para levantar un muro, aún para
tender un puente has de buscar antes, en ti, el secreto.

Dentro de ti hay tendidos ya todos los puentes.

Están cortadas dentro de ti las malezas y lianas que cierran los caminos.

Todas las arquitecturas ya están levantadas dentro de ti.

Pregunta al arquitecto escondido: él te dará sus fórmulas.

Antes de ir a buscar el hacha de más filo, la piqueta más dura, la pala
más resistente, entra en tu interior y pregunta...

Y sabrás lo esencial de todos los problemas y se te enseñará lo mejor de todas las 
fórmulas, y se te dará la más sólida de todas las herramientas.

Y acertarás constantemente, pues que dentro de ti llevas la luz misteriosa de todos
los secretos.

Plenitud (1918)
Amado Nervo

domingo, 29 de abril de 2018

Bampo

Jaime Siles. Pasos en la nieve.

Hay en el agua nubes
y hojas de cilantro.
Y, como en los veranos
de mi infancia,
el aire huele a hollín.

Bajo su lenta bóveda
rosas y tuyas forman
un trasparente
centro geométrico
y su color me llega,
más que en la vista,
con la respiración.

Aspiro el loto
de roja lava nívea
y sé que un día
de hace varios siglos
estaba, estuve
o estaré aquí.

Pasos en la nieve (2004)
Jaime Siles

Breviario de la aurora

Rafael Argullol. Breviario de la aurora.

NOTA PREVIA

El Breviario de la aurora, nacido con voluntad de concisión, es un texto paralelo a mi Enciclopedia del crepúsculo. Está formado por 360 voces o definiciones, organizadas alfabéticamente, en las cuales me he exigido el reto de la brevedad: ninguna de ellas podía superar las tres líneas, siendo preferible, en las más, un laconismo todavía mayor. Aunque escritas en cualquier momento del día, la gran mayoría de estas definiciones o voces surgieron neblinosamente tras el sueño (y demasiado a menudo tras el insomnio).

absoluto: El bloque de mármol antes de esculpir la figura.

alegría: Ver el mar siempre por primera vez.

alud: Inesperadamente los acontecimientos se precipitan sobre nuestras cabezas.

añoranza: El presente en manos del pasado.

arcadia: El tiempo sin tiempo.

armonía: Nuestra vida desde el punto de vista de las estrellas.

aurora: El regalo cotidiano que no hemos hecho nada por merecer.

avatar: Vivir una vida nueva cada día.

Azar: Lo que está escrito en el libro que nunca leeremos.

Breviario de la aurora (2006)
Rafael Argullol 

sábado, 28 de abril de 2018

Último brindis

Nicanor Parra. Canciones rusas.

Lo queramos o no
Sólo tenemos tres alternativas:
El ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
Porque como dice el filósofo
El ayer es ayer
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
A la rosa que ya se deshojó
No se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
Son solamente dos:
El presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
Porque es un hecho bien establecido
Que el presente no existe
Sino en la medida en que se hace pasado
Y ya pasó...,
                       como la juventud.

En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca

Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.

Canciones rusas (1967)
Nicanor Parra

Un presidente virtuoso

Juan Pedro Aparicio fotografiado en su despacho por Raquel P. Vieco. Diario de León.

EL ACUSADO por el Santo Tribunal aceptó los cargos de tener mando sobre demonios para evitar la tortura y de paso demostrar lo absurdo de las acusaciones. Señalando al presidente del tribunal dijo: «Yo ahora ordeno a mis demonios que se lo lleven al Averno». Hubo un momento de pánico en la sala que puso una gran palidez en los rostros, pero nada sucedió. «¿Ve, Vuecencia? —argumentó con una media sonrisa—. Nadie viene. Los demonios no me obedecen». El presidente del tribunal, recuperado el color del rostro, afirmó con aplomo: «No es su maldad la que aquí prevalece, sino mi virtud».

La mitad del diablo (2006)
Juan Pedro Aparicio

viernes, 27 de abril de 2018

Sobre los acantilados de mármol

Ernst Jünger. Sobre los acantilados de mármol.

I

Todos vosotros conocéis la profunda melancolía que nos sobrecoge al recordar los tiempos felices. Esos tiempos que se han alejado para no volver más y de los cuales estamos más implacablemente separados que por cualquier distancia. Y las imágenes de la vida son más seductoras todavía vistas en el reflejo que nos dejan, y pensamos en ellas como en el cuerpo de una amada difunta que reposara bajo tierra y que de pronto se nos apareciera, como un luminosos espejismo. Una y otra vez nos entregamos a nuestros sedientos ensueños y tratamos de revivir el pasado, deteniéndonos ante cada uno de sus pormenores y de sus detalles. Y cuando tal hacemos nos parece que nunca hemos sabido apurar las posibilidades de la vida y del amor, pero nuestro arrepentimiento no puede hacer emerger lo que en definitiva se ha hundido para siempre en la nada. ¡Ojalá que este sentimiento fuera una lección que pudiéramos tener presente en cada momento de felicidad!

Traducción del alemán por Tristán la Rosa

Sobre los acantilados de mármol (1939)
Ernst Jünger

Fábulas

Esopo. Fábulas.

94. El padre y las hijas

Un padre que tenía dos hijas, casó a una con un hortelano y a la otra con un alfarero. Pasado el tiempo, fue a visitar a la del hortelano y le preguntó cómo estaba y qué tal les iban las cosas. Ella respondió que todo les iba bien, pero que una sola cosa pedía a los dioses, que viniera el invierno y las lluvias para que se regaran las hortalizas. Poco después se fue a ver a la del alfarero y le preguntó cómo estaba. Ella dijo que nada le faltaba, pero que sólo pedía que durase el tiempo despejado y el sol brillante para que se secase la cerámica. El padre dijo: «Si tú me pides buen tiempo y tu hermana malo, ¿con cuál de las dos haré mis plegarias?». 
Del mismo modo, quienes a un tiempo acometen empresas diferentes, normalmente fracasan en las dos.

Traducción de Pedro Bádenas de la Peña

Fábulas
Esopo

martes, 24 de abril de 2018

Del honor y de la verdad

Arthur Schopenhauer, retratado por Karl Bauer.

Máxima 1

El honor es la opinión que tienen los demás acerca de nosotros, y en especial la opinión general de quienes saben algo de nosotros. Y más específicamente aún. es la opinión general de quienes están calificados para opinar acerca de nosotros, conocen nuestro valor en cualquier aspecto digno de consideración, aspecto que va a determinar la respectiva especie del honor. De ahí que se lo pueda denominar el representante de nuestro valor ante los pensamientos ajenos.

Máxima 8
e) El honor de la humanidad

Bajo honor de la humanidad se entiende la opinión que se formaría sobre la misma un observador imaginario situado fuera de ella, que la juzgase basándose en las acciones de los individuos que la componen. Tiene la única desventaja de que, mientras que las manchas de todo tipo de honor individual se borran con la muerte, las de la humanidad permanecen para siempre. Como tales hay que considerar la ejecución de Sócrates, la crucifixión de Cristo, el asesinato de Enrique IV, la inquisición y la trata de esclavos.

Traducción de Fabio Morales

El arte de hacerse respetar
Arthur Schopenhauer

miércoles, 18 de abril de 2018

El apicultor

Maxence Fermine. El apicultor.

Aurélien Rochefer se había hecho apicultor por afición. No es que estuviera ansioso de riquezas ni que, cosechando miel, tuviera la menor posibilidad de enriquecerse, sino que, en todas las cosas, buscaba lo que él llamaba, de forma muy singular, el oro de la vida.
Era un ser en busca de la belleza. en su opinión, la existencia sólo valía la pena vivirla por los pocos instantes de magia pura que la salpicaban..
En 1885, Aurélien cumplió veinte años y comenzó a soñar con las abejas. Tenía el proyecto de construir una docena de colmenas y hacer miel. Sabía que iba a convertirse en el único apicultor de Langlade, y la miel que vendería sería la mejor de toda la Provenza.
Y este proyecto, por insólito que fuera, bastaba para hacer de su vida un sueño.

Las abejas pueden morir de amor por una flor.

Las abejas pueden morir de amor.
Las abejas pueden.

En verdad, no se sabe nada del poder de las abejas.

Traducción del francés por R. M. Bassols

El apicultor (2000)
Maxence Fermine

sábado, 14 de abril de 2018

Lo obvio y lo obtuso

Roland Barthes. Lo obvio y lo obtuso.

Directo a los ojos

La ciencia interpreta la mirada de tres maneras (combinables); en términos de información (la mirada informa), en términos de relación (las miradas se intercambian), en términos de posesión (gracias a la mirada, toco, alcanzo, apreso, soy apresado): tres funciones: óptica, lingüística, háptica. Pero la mirada siempre busca : algo, a alguien. Es un signo inquieto: singular dinámica para un signo; su fuerza lo desborda.

Frente a mi casa, al otro lado de la calle, a la altura de mis ventanas, hay un piso aparentemente desocupado; no obstante, de vez en cuando, como en los mejores folletines policíacos o fantásticos, una presencia, una luz bien entrada la noche, un brazo que sale y cierra un visillo. Como no veo a nadie y yo soy el que miro (escruta) deduzco que no estoy siendo mirado, y dejo abiertas las cortinas. Pero quizás es al contrario: quizá yo soy que, sin cesar, soy intensamente mirado por alguien agazapado. La moraleja de este apólogo sería que, a fuerza de mirar, uno se olvida de que puede ser también  objeto de miradas, Es más: en el verbo mirar, la frontera entre voz activa y pasiva son inciertas.

Traducción de C. Fernández Medrano

Lo obvio y lo obtuso
Roland Barthes (1915-1980)