lunes, 24 de enero de 2022

Hora matinal

Ilustración de Cornelis Kloos.

Poco antes de despertar soñé algo extrañamente bello de lo que media hora más tarde apenas sabía nada. Al levantarme, sólo me vino a la mente la imagen de una hermosa mujer a la que adoraba rebosante de sentimiento juvenil. Me sentía maravillosamente renovado y excitado por la floreciente juventud del bonito sueño. Me vestí deprisa, todavía estaba oscuro. El aire invernal se abatió sobre mí desde la ventana abierta. Los colores era tan serios, tan nítidos... Un verdor frío y noble luchaba con el incipiente azul; el cielo estaba repleto de nubes rosáceas. El día que despertaba aún llevaba al cuello a la luna  como una joya de plata y se me antojaba de una celestial belleza. Me apresuré a salir al aire libre, a la calle, alegre, emocionado y animado por el bonito sueño y el hermoso día. Invadido por un deseo y una esperanza juvenil, había adquirido una delicada y al tiempo ilimitada confianza en mí mismo. No quería pensar en nada, en nada más, ni indagar qué me alegraba tanto. Caminé monte arriba, feliz. Qué sublime te sientes cuando estás alegre, qué feliz te sientes con una confianza renovada, y qué bien estás cuando la cabeza y el corazón rebosan de esperanzas renacidas.

Traducción de Rosa Pilar Blanco

Sueños. Prosa de la época de Biel (1913-1920)
Robert Walser

martes, 18 de enero de 2022

La simiente enterrada

Antonio Colinas. La simiente enterrada.

Esta diferencia del pensar entre Oriente y Occidente se observa también de manera muy nítida en la significación que el azar tiene en el I Ching. En este libro el azar es, sin más, el que concede el mensaje o la respuesta de lo Superior u Oculto, de lo Incontrolable. Por el contrario, en Occidente, el azar es algo ligado a la superstición o a las creencias irracionales. En las tres monedas que voltean en el aire o en la posición de las ramitas de milenrama hayamos la respuesta por excelencia. O la «herejía», para la mente occidental.

Hay en la vida, para el poeta contemplativo, un hondo sentido, pero a veces sabe que le faltan las palabras para expresarlo. Por eso, la mayoría de las veces los poetas chinos se ciñen simplemente a hacer la tarea de los pintores: copiar la realidad que sus ojos ven. Una montaña, una choza, un lago en el que se reflejan las grullas, una caña que el viento inclina, las nubes cargadas del otoño, un bosque, un prado. Y, sin embargo, todas estas cosas naturales y comunes tienen un hondo sentido. Hay en ellas algo más: unos símbolos que orientan al hombre extraviado; algo más que el pintor transmite levemente y que el poeta revela intensamente por medio de palabras que no mueren.

La simiente enterrada (2005)
Antonio Colinas

lunes, 17 de enero de 2022

Libertad de los personajes

Ernesto Sabato. Heterodoxia.

Los seres reales son libres. Si los personajes de una novela no son también libres, son falsos; y la novela se convierte en un simulacro sin valor. 
El autor se siente frente a un personaje como un espectador ineficaz frente a un ser de carne y hueso: puede ver, hasta puede prever, el acto pero no lo puede evitar. Hay algo irresistible que mana de las profundidades del ser ajeno, de su propia libertad, que ni el espectador ni el autor pueden impedir.
Lo curioso, lo ontológicamente digno de asombro, es que ese personaje es una hipóstasis del propio autor. Es como si una parte de su ser fuese esquizofrénicamente  testigo de la otra parte, y testigo ineficaz.
La vida es libertad dentro de una situación, pero la novela es una doble libertad, pues nos permite ensayar (misteriosamente) otros destinos: es a la vez una tentativa de escapar a nuestra finitud —valor ontológico— y una evasión de lo cotidiano —valor psicológico.

Heterodoxia (1951)
Ernesto Sabato 

sábado, 8 de enero de 2022

Máximas

Chamfort. Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas.

117

Un filósofo considera lo que se llama una posición en el mundo, del mismo modo que los Tártaros las ciudades, es decir, como una prisión. Se trata de un círculo donde las ideas se estrechan y se concentran, despojando al alma y al espíritu de su extensión y desarrollo. Un hombre que ostenta una gran posición en el mundo se encuentra en una prisión mayor y más adornada. El que no tiene más que una posición pequeña, se encuentra en un calabozo. El hombre sin posición es el único libre, siempre que viva con desahogo o, al menos, que no tenga ninguna dependencia de los demás.

144

Goza y haz gozar, sin dañarte a ti o a los demás; a esto se reduce, creo yo, toda la moral.

148

No estudio más que lo que me place; no ocupo mi espíritu sino en las ideas que me interesan. Éstas serán útiles o inútiles, para mí o para los demás. El tiempo propiciará o no las circunstancias que me permitirán hacer de mis adquisiciones un empleo provechoso. En todo caso, habré tenido la inestimable ventaja de no contrariarme y de haber obedecido a mi pensamiento y a mi carácter. 

Traducción de Antonio Martínez Sarrión

Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas
Nicolas Chamfort (1741-1794)

miércoles, 5 de enero de 2022

Danza de espadas

As de espadas. Naipes Heraclio Fournier

Tras blandir su espada flamígera contra Adán y Eva, el ángel del Paraíso la hundió en la roca dispuesta expresamente para que el rey Arturo, más tarde, desclave Excalibur. Esta torpeza del ángel, su imprecisión cronológica y topográfica, desencadena deplorables espectáculos: la espada Muérdago —única que puede hacerlo— no acierta a matar al gigante Balder, para regocijo del monstruo; la espada que pende sobre la cabeza de Damocles, sostenida sólo por una fina crin de caballo, se precipita fatalmente; Roldán no encuentra por ningún lado su espada Durandarte y, pese a la previsible humillación, se defiende a bofetadas del enorme ejército que lo reduce al instante en los Pirineos; a falta de la mágica y temible espada que perteneció a su padre, Sigfrido se esfuerza en atravesar al dragón Fafnir con una Tizona de plástico, lo cual le acarrea no pocas burlas del gremio de animales mitológicos; y lo que es peor, no llega a mis manos ese as de espadas que necesito desesperadamente para ganar el juego en el que, esta noche, he apostado mi vida.

La máquina de languidecer (2009)
Ángel Olgoso 

jueves, 30 de diciembre de 2021

Arco romano

Arco de Cáparra (Cáceres). Grabado de Alexandre de Laborde.

En medio de las viñas se levanta.
Testimonio de un tiempo, ya es el tiempo.
Permanece, si llueve, solitario;
y solitario cuando quema el sol.
Divide el mundo en dos, insiste y calla,
cerrado, pero abierto al hermetismo
de la interrogación que no se extingue.
Y es excesivo para explicitarlo.
¿Conclusión? Irreal planteamiento.
El arco es como yo, que no concluyo.
Porque fui contra el cielo como el arco:
de vacío a vacío en la belleza,
de la nada a la nada entre la luz.

Extravío (1991)
César Simón

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Con los ojos abiertos

Matthieu Galey. Con los ojos abiertos.

Alexis

¿Le causó una gran alegría?

Sí, sentía una oleada de satisfacción personal, por supuesto. Esto ocurrió en otoño, en el otoño de ese 1929, agitado, para mí y para todo el mundo; era un hermoso día frío, en París. Salí con la magnífica suma de cien o ciento cincuenta francos que me habían dado a cuenta —en esa época todavía significaba algo— y además era un primer libro, habían sido muy generosos al darme un adelanto. Caminé de la calle Froidevaux, si no me equivoco, hasta la plaza Vêndome, gozando de París, diciéndome: «No es más que un librito, no se sabe qué pasará con él, pero sin embargo, aquí estoy ahora entre los escritores franceses, hay una multitud conmigo». Estaba contenta. Entré en el negocio de Lalique —todavía existía— y compré, justo por ciento cincuenta francos, un jarrón azul. Tenía un azul lechoso, como el color de ese día de invierno... Aún lo conservo.

Traducción de Elena Berni

Con los ojos abiertos. Conversaciones con Marguerite Yourcenar (1980)
Matthieu Galey. Marguerite Yourcenar

sábado, 18 de diciembre de 2021

Cuentos largos

Juan Ramón Jiménez, retratado por Juan de Echevarría. 

Un poema, de vez en cuando, no se escribe

Era bueno, magnífico quizás, se escriben otros, pero ése no se escribe.
No hay razón ninguna para no escribirlo; y, sin embargo, no se escribe.
Desde entonces, sobre todo, en ciertos días de mal ser aquel poema duele, amarga, es un martirio y, sin embargo, no se escribe.
Con escribirlo, todo estaba terminado, y, sin embargo, no se escribe.
Y él quiere salir, quiere vivir, ser gozado, tener eternidad, y uno es bueno y no lo escribe.

Historias y cuentos
Juan Ramón Jiménez

lunes, 13 de diciembre de 2021

Penúltimos poemas

Gabriel Celaya. Penúltimos poemas.

Pánica

¿En dónde vivimos sin saber quiénes somos?
Azul sin medida. Tierra sin memoria.
Pájaro rojo del agua. Pájaro blanco del aire.
Fieras fulgurantes de sangre repentina
como una presencia que no estaba prevista,
nubes que, allá lejos, parecen perdidas,
perfumes secretos, madreselvas vivas,
ninfas burlonas que siempre se esconden
y ¡oh tú animalidad divina del hombre!

Gloria de lo mínimo

Solo debe aspirarse a lograr cosas pequeñas.
Las grandes estorban con sus vastas sombras
porque crecer es siempre crecer a más, y más.
¿Y para qué la prisa si aún no hemos mirado
lo que hay de misterioso en lo pequeño,
de alegría en un trino, de belleza en la espuma?
Atendamos a esta gloria. Detengámonos, amigo.

Penúltimos poemas (1982)
Gabriel Celaya

sábado, 11 de diciembre de 2021

Odas

Adalbert von Rössler. Horacio.

Libro I

XXIX

Horacio reprende con ironía en esta hora a Iccio, que había dedicado su vida a la filosofía estoica, pero que, de repente, decide enrolarse en una expedición militar a Oriente con el fin de enriquecerse.
Compuesta en estrofas alcaicas.

Iccio, ¿envidias ahora los opulentos tesoros de los árabes
y preparas una violenta campaña contra los reyes de Saba,
no vencidos hasta hoy,
y forjas cadenas para el terrible Medo?

¿Qué doncella bárbara, muerto su prometido,
habrá de servirte?

¿Qué muchacho de palacio,
hábil para disparar flechas séricas con el arco paterno,
será destinado, con los cabellos perfumados,
como copero?

¿Quién negará que puedan los rápidos ríos
volver a los agrestes montes
y refluir el Tíber,
cuando tú, habiendo prometido cosas más nobles,
pretendes cambiar los libros del noble Panecio,
comprados por doquier,
y la familia Socrática por las corazas Iberas?

Flechas séricas, es decir, de los Seras. Llamaban así los romanos a los pueblos del Tíbet, China y Manchuria, o del extremo oriente en general.

Las corazas iberas eran sumamente apreciadas, ya fueran hechas con cuero de Córdoba o con hierro.

Introducción, traducción y notas de Alfonso Cuatrecasas

Odas (65-8) a. C.)
Horacio 

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Descortesía del suicida

Carlos Vitale. Descortesía del suicida.

Sus razones tendrá

Por algo será que el espejo me devuelve la imagen.

Demasía

¿Cómo es posible que todos los años hayan sido el peor año de mi vida?

Moebius

A los once años comprendí que nunca sería un gran pintor. A los catorce, que nunca sería un gran futbolista. A partir de entonces he estado abierto a toda clase de decepciones.

El pequeño sísifo

El chico de enfrente ha consagrado toda la tarde a tirar avioncitos de papel desde el balcón. En cuanto uno se estrella, corre dentro de la casa, fabrica otro y vuelve a empezar. No consigue que sus vehículos emprendan el vuelo.

Descortesía del suicida
Carlos Vitale 

sábado, 4 de diciembre de 2021

El placer de escribir

Leonid Pasternak. El trabajo creador.

Lo más importante para un escritor es dar el golpe de gracia sin compasión a un tipo determinado de estado de ánimo. Si escribe un Sardanapalo, no sirve de nada que tenga la sensación de estar sentado entre gobelinos asirios, sino que es mejor para él tener la sensación de estar sentado ante papel. En lo que tiene que encontrar gusto es en el escribir. Un pensamiento poderoso puede producir un efecto satisfactorio con un mínimo de estado de ánimo. De una sensación se requiere simplemente que sea sentida alguna vez, y su recuerdo es la parte más importante de la técnica literaria. El deseo de quitarse peso de encima sin tener que lanzar algo de valor por la borda, ha contribuido más a que se dieran períodos de florecimiento que el deseo de ser original y de profundizar de gentes que conciben el escribir como la parte desagradable de la producción.

Traducción de J. Fontcuberta

El compromiso en literatura y arte
Bertolt Brecht

jueves, 2 de diciembre de 2021

Poemas y fragmentos

Léopold Burthe. Safo.

Fr. 16

Dicen que una tropa de carros unos,
otros que de infantes, de naves otros,
es lo más hermoso en la negra tierra;
yo que todo aquello de lo que uno mismo
          se ha enamorado.

Y es sencillo hacer que cualquiera entienda
esto, pues Helena, que aventajaba
en belleza a todos, a su marido,
          alto en honores,

lo dejó y se fue por el mar a Troya,
y ni de su hija o sus propios padres
quiso ya acordarse, pues fue llevada

y esto me recuerda que mi Anactoria
          no está presente,
de ella quisiera ver el andar amable
y la clara luz de su rostro antes
que a los carros lidios o a mil guerreros
          llenos de armas.

Traducción de Juan Manuel Rodríguez Tobal

Poemas y fragmentos
Safo 

lunes, 29 de noviembre de 2021

Rubaiyat

Omar Kheyyam. Rubaiyat.

125

Cuando nos trae el año nuevo las tan antiguas
ansias, el corazón busca las soledades
donde el rosal silvestre se ha vestido de flores,
donde exhala la tierra reconfortante aroma.

172

Debajo de la Rueda que inexorablemente,
eterna e impasible, sin cesar gira y gira,
sabrás que sólo existen dos grupos de dichosos:
los que lo saben todo, los que no saben nada.

173

¿Has contemplado el mundo? Cuanto has visto no es nada.
Nada cuanto has oído y nada cuanto has dicho.
Y nada es, asimismo, que te hayas entregado
a la meditación, solitario, en tu casa.

Traducción del árabe de José Gibert
Puestos en verso castellano por Diego Navarro

Rubaiyat
Omar Kheyyam

sábado, 27 de noviembre de 2021

La coordinación

Hebe Uhart. Un día cualquiera.

Una vez me llamaron los de la comisión organizadora de la Feria del Libro para que coordinara una mesa de escritores con tema ya fijado: Literatura urbana y rural. La invitación para coordinar venía en un papel con membrete de la «Comisión Permanente para la Organización de la Feria del Libro, del Autor al Lector». Era una gran distinción pero tenía mis dudas; no sabía nada sobre ese tema, no sé coordinar, y entre los escritores estaba uno que es cura, y que habla por radio y recorre todas las provincias en su misión evangelizadora. Él quiere destruir el estereotipo del cura retrógrado y anticuado, para ello copia el lenguaje de los chicos, dice: «Cristo te requiere» o «cuando estás en una pálida» y a veces usa el lenguaje campero, cuentos con animales, como por ejemplo el del loro que no quería compartir, y todos los cuentos son con moraleja. Arma además una ensalada con todo eso y con palabras como «paranoia», «identidad». Para mí es un camaleón barullero que vende un montón de libros, con una voz que tiene tufo a encierro y tapujos.
Ojalá que no venga, pensé.
Pero aparte, nunca pude coordinar a nadie; si dos personas que están conmigo discuten o se emperran en sus respectivas posiciones, inmediatamente invento una tercera alternativa para quedar bien con las dos: yo sé mediar, no coordinar. No soy capaz de parar a nadie, no puedo mirar el reloj para hacerle ver al otro que es tarde porque no uso reloj, y si alguien me indica algo, lo cumplo.
Estábamos reunidos en una salita de la Feria del Libro y había bastante gente. A mi derecha estaba sentada una escritora de mucha edad que leía un cuento larguísimo, hacía grandes silencios porque se perdía en el texto, su voz era como de convaleciente o más bien como de haber vivido sola en una cueva mucho tiempo, sin hablar con nadie. Yo estaba por ofrecerme para leérselo, pero tenía una letra que solo entendía ella, la hoja estaba llena de tachaduras. Por otra parte pensé: «Si le saco el papel se va a quedar más vencida de lo que está y por ahí se descompone de tristeza en la mesa redonda». El escritor que estaba a mi izquierda, un hombre con ansias de figuración, me dijo:
—Cortala, decile que lo termine oralmente.
Le dije suavemente que lo cuente en forma oral. Al minuto, el de la izquierda me tocó el hombro:
—Cortala. Es peor hablando que leyendo.
Por suerte la cortó una mujer sentada al lado de ella, que escribía cuentos camperos. Era uno de esos cuentos en que galopa el alazán, cantan las aves mañaneras y los peones toman mate en el fogón. Todo era como debía ser. En un momento ella dijo:
—Porque el campo lo siente el que lo tiene y lo ha recibido de sus abuelos.
La que se armó. Se levantó una señora del público, furiosa, y dijo:
—¿Usted cree que solo los terratenientes pueden querer el campo y escribir sobre él? Explíquese mejor.
La miraba con cara de pegarle un tiro si no se explicaba mejor.
La escritora arregló como pudo, pero ya la gente estaba agitada. No sé cómo fuimos a parar a la Campaña del Desierto, de ahí al reparto de tierras mal hecho durante el siglo pasado y a la matanza de los indios. Después alguien recordó que el gaucho y el indio son dos cosas distintas, y otro salió con que tenían mucha relación. Ya a esa altura yo había perdido toda intención de coordinar y los miraba como quien mira una película, hasta llegué a desear que viniera el cura escritor para que contara algún cuento del loro soltero o del tatú sotreta, para que unificara a toda esa gente y así yo no tenía más responsabilidad. Pensaba que nunca debí aceptar esa distinción, pero fríamente, sin echarme culpas. Desde la otra ala del público un hombre dijo:
—Hasta ahora hemos hablado del campo bonaerense, pero ¿se olvidan de las provincias? San Luis también existe (se levantaron tres para mostrar que eran de San Luis). Acá estamos los escritores de las provincias, pero la capital, ese monstruo macrocefálico, se come todo.
Por suerte a esa altura ya no peleaban, era como si cada uno quisiera expresar su ira, pero en solitario. Todo iba para cualquier lado cuando se levantó el escritor de La Pampa y habló de la sequía y de que La Pampa también existe. Para calmar los ánimos se me ocurrió decir algo amistoso y halagador. Recité:

Y la pampa es un verde pañuelo
colgado del cielo,
tendido en el sol.

Me miró con torva mirada y con voz de dómine que se dirige al más estúpido de sus alumnos me dijo:
—Pero esa es la pampa húmeda, la pampa seca tiene el cardón.
Le dije:
—Claro. Claro.
Y mientras él se explayaba sobre el cardón y su mitología, yo recordaba una poesía obscena que conocíamos a los doce años sobre la pampa y el cardón.
Desde esa vez, nunca más me llamaron de la Feria del Libro para coordinar, ni para nada.

Un día cualquiera (2013)
Hebe Uhart 

sábado, 20 de noviembre de 2021

Breviario de Santana

Ohara Koson. Garzas.

El viento

Entra por un boquerón de la cordillera trayendo todo el aliento de los llanos. A veces con fuerza, a veces suave, pero siempre constante, un soplo que no cesa, que marchita la hierba, que hace que las flores, los árboles, el pasto y las espinas crezcan inclinados hacia el occidente. Todo, todo en Santana está marcado por ese viento oblicuo, por esa corriente en diagonal que azota los surcos, que desvía el rumbo de las aves, que arrebata los sombreros.

Las garzas

Antes no las había. Fue de unos años para acá que comenzaron a llegar de los llanos calurosos a las tierras frías y pronto estuvieron también en Santana. Se divisan a lo lejos en el verde del campo, esbeltísimas y blancas, con un gracioso penacho de plumas desflecadas en la cabeza y una tenue línea habana en la nuca, en el pecho y en el lomo. Nunca dejan que nos acerquemos; están siempre merodeando cerca del ganado y de pronto se alzan en un vuelo levísimo del que no oímos ni el más mínimo aleteo.

Breviario de Santana (2008)
Fernando Herrera Gómez 

jueves, 18 de noviembre de 2021

Acerca de la escritura

Bora Tarhan. Hotel 65.

La primera vez que surge la figura del escritor tal como la conocemos es entre los egipcios. La función del escriba, situado del lado de los magos, era dejar constancia del presente. Ser la memoria de la especie, sin la cual no habría futuro ni civilización. Dejar memoria del presente y adivinar el futuro, funciones que tienen también que ver con la magia, que convocando el futuro trata de preservarnos de él. Muchas veces el escritor ha sido, como decía Kafka, un reloj que adelanta. Ha leído, en los signos de la realidad, el futuro. Creo que seguimos, mal que bien, sosteniendo esa función. Tratamos de consignar el presente, lo que es fugitivo. Es una lucha contra la muerte: todo está condenado a desaparecer y la escritura es un intento de fijar, para los demás, lo efímero. Intento vano, por supuesto, porque se leerá otra cosa. Esta tarea de la escritura es la tarea de todos nosotros. Cuando se llama a la escritura creación suena un poco ampuloso, grandilocuente, porque, en cierto sentido, la cuota de creación es muy poca. Balzac, por ejemplo, decía: «Soy el secretario de la realidad». Se atribuía sólo el rol de amanuense de lo real. 
El momento en que se escribe, es un momento de plenitud, que tiene relación con las instancias de la sensualidad. Las palabras tiene densidad, color, al juntarse con otras cobran nuevos sentidos, toman parte. Es, asimismo, un acto transcendente; se es parte de la especie humana, contribuyendo al acervo común.

Acerca de la escritura (1991)
Cristina Peri Rossi

miércoles, 17 de noviembre de 2021

La lluvia y el rinoceronte

Dan McCarthy. Lluvia.

Thoreau, sentado en su cabaña, criticaba los ferrocarriles. Yo, sentado en la mía, cavilo sobre un mundo que, bueno, ha progresado. Tengo que volver a leer Walden, a ver si Thoreau ya adivinaba que era parte de lo que creía que podría eludir. Pero no es cuestión de «escapar». Ni siquiera es cuestión de protestar de una forma muy audible. Aquí está la tecnología, hasta en la cabaña. Cierto que todavía no han llegado aquí los suministros, y tampoco la General Electric. Cuando los suministros y la General Electric entren del brazo en mi cabaña, sólo será por mi culpa. Lo reconozco. No estoy embromando a nadie, ni a mí mismo. Aguantaré en silencio sus falsas complacencias protectoras. Les dejaré creer que saben qué hago aquí.
Están convencidos de que me divierto.
Esto ya me lo ha hecho comprender, con una sacudida, mi farol Coleman. Hermosa lámpara: quema gas blanco y canta malignamente, pero lanza una espléndida luz verde, a la cual leo a Philoxenos, un ermitaño sirio del siglo VI. Philoxenos encaja con la lluvia y el festival de la noche. Sobre eso volveremos después. Mientras tanto: ¿qué me dice mi lámpara Coleman? (La doctrina Coleman está impresa en la caja de cartón que, con remordimientos, no he utilizado como debía, sino que he tirado al cobertizo, detrás de los leños de nogal). Coleman dice que la luz es buena, y tiene una razón: Prolonga el día para dar más horas de diversión. ¿No puedo estar en el bosque sin ninguna razón especia? Estar en el bosque, simplemente, de noche, en la cabaña, es algo demasiado estupendo para ser justificado o explicado. Es, simplemente. Siempre hay unas pocas personas en el bosque, de noche, bajo la lluvia (porque si no, se habría acabado el mundo) y yo soy una de ellas. No nos divertimos, no hacemos nada, no prolongamos nuestros días, y si nos divirtiéramos, nuestra diversión no se mediría por horas. Aunque en realidad, eso parece ser el divertirse: un estado de difusa excitación que se puede medir con el reloj y «prolongar» con un artilugio. 
No hay reloj que pueda medir el lenguaje de esta lluvia que cae toda la noche sobre el bosque inundado y solitario. 

Traducción de José María Valverde

La lluvia y el rinoceronte (1965)
Thomas Merton

sábado, 13 de noviembre de 2021

Poesías completas

Konstantino Kavafis. Poesías completas.

XV

Murallas

(ant. 1911)

Sin consideración, sin piedad, sin pudor
en torno mío han levantado altas y sólidas murallas.

Y ahora permanezco aquí en mi soledad.
Meditando en mi destino: la suerte roe mi espíritu;

tanto como tenía que hacer.
Cómo no advertí que levantaban esos muros.

No escuché trabajar a los obreros ni sus voces.
Silenciosamente me tapiaron el mundo.

Traducción de José María Álvarez

Poesías completas
Konstantino Kavafis 

miércoles, 10 de noviembre de 2021

El ojo y el espíritu

Vincent van Gogh. La noche estrellada.

I

El pintor está ahí, fuerte o débil en la vida pero soberano evidentemente en su modo de rumiar el mundo, sin otra "técnica" que la que sus ojos y sus manos se dan a fuerza de ver, a fuerza de pintar, empeñado en sacar de este mundo, en el que suenan los escándalos y las glorias de la historia, telas que nada agregarán a las cóleras o a las esperanzas de los hombres, y nadie murmura por ello. Entonces, ¿qué es esta ciencia secreta que tiene o que busca el pintor? ¿La dimensión conforme a la cual Van Gogh quiere ir más lejos? ¿Eso fundamental de la pintura y quizá de toda la cultura?

Traducción de Jorge Romero Brest

El ojo y el espíritu (1964)
Maurice Merleau-Ponty 

jueves, 4 de noviembre de 2021

Poema

Yoko Koyama. Gato.

El gato
se encaramó
en un remate

de la alacena y
primero la pata
delantera derecha

cautelosamente
después el trasero
desapareció

en el abismo
de la vacía
maceta

Versión de Octavio Paz

Poema
William Carlos Williams 

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Las cortesanas

Serge Marshennikov. Sueños.

«En la cima de la montaña se ven las fundaciones del templo de Afrodita... La riqueza del santuario consistía en las ofrendas de sus cortesanas, que pasaban de mil». A medida que nos acercamos a la altura, estas líneas de una guía cualquiera nos obsesionan como el estribillo de una canción... «Por aquí debe ser» —me dice Mauricio—. Y mientras los demás viajeros corren en busca de la fuente Pirene y de las huellas de Pegaso, nosotros nos detenemos alucinados ante unas cuantas piedras informes. «Sí —continúa mi amigo—, de seguro fue aquí... de seguro fue en este sitio admirable desde el cual se descubre todo el mar y todo el istmo...». Luego, reuniendo sus vagas visiones, evoca los cortejos de magníficas cortesanas que venían hasta este acrópolis erótico para interceder a favor de Grecia, pidiendo a la divina Cipris su protección. «¡Las cortesanas griegas! —exclama—. ¡Las sacerdotisas admirables que hicieron del amor un culto, de la voluptuosidad un rito, de la belleza una virtud!...». ¡Las cortesanas griegas!... Con sólo pronunciar esas palabras aquí, en Corinto, en la patria de Lais, todo su cortejo de visiones aparece entre versos de poetas y oraciones de amantes... Es Leoncia, es Glicere, es Baquis, es Gnaparkia, es Lais... Y Mauricio pronuncia esos nombres como se pronuncian las sílabas que designan las bellas islas desconocidas de los mares lejanos... Porque en este todo es misterio y todo es literatura.

La Grecia eterna (1908)
Enrique Gómez Carrillo 

sábado, 30 de octubre de 2021

Las llaves

Ricardo Renedo. Llaves.

La biblioteca

AVARO, como de caricias,
guardo, bajo doble llave,
las palabras antiguas
noblemente estampadas
—Plantin, Manucio, Ibarra—
que guardan pergaminos,
tal la concha de nácar
atesora la perla.
No perderé la llave
del tiempo, so la lámpara,
de intimidades tibias
mientras, una por una,
las páginas me hablan.

Casa de campo

ÉSTA es
—¡cómo resuena el martillo en la fragua!—
la llave, la gran llave de la casa de campo,
la ventana en el bosque
el tranquilo pinar
y, resonando al fondo, el mar.

Ésta es
la que abre la puerta
a los silencios bajo las estrellas;

al frescor matinal
que trae nubes de jazmín;

a la paz, la bien ganada paz, ya lejos
del asfalto y de los motores terribles.

Las llaves
Guillermo Díaz-Plaja 

martes, 26 de octubre de 2021

Asklepios

Zinaida Serebriakova. Katia, 1930.

Capítulo IX
Expectación

La constante expectación nos conduce a la intuición de la aventura, que puede ser definida como la llamada del acontecimiento. Sólo el que tiene fe en la llegada del acaecimiento y en la existencia de lo maravilloso, espera la aventura, es decir, la realización de lo indeterminado. Tales se llaman almas ilusionadas. La aventura se encarna, a veces, en un viaje a tierras vírgenes, en la navegación, en la visita al País de los Feacios o en posar máquinas más allá de la Tierra; a veces, en el humilde viaje en ferrocarril, en el uso de un específico, o en el libro todavía no abierto; a veces, en la mujer exótica y muda, en la autóctona, o en la muchacha pavisosa e insignificante, por cuyo consciente y subconsciente quiere navegar el aventurero, descubriendo inéditos mundos; y, a veces, finalmente, en la callada investigación que desvela la verdad, velada por la apariencia.

Asklepios (1985)
Miguel Espinosa 

lunes, 25 de octubre de 2021

Copa antigua

Copa argárica de arcilla. Museo Arqueológico Nacional de España. Wikimedia Commons.

Sigue mostrando el presente
con la misma luz de entonces,
cuando su perfección alegró al alfarero. 
Copa de arcilla roja,
sin agua, sin la antigua
felicidad del vino.
Vacía frente a mis ojos
pero llena de siglos
en su color intacto.
Los bebo sorbo a sorbo
y me mancho los labios de ceniza.

La nieve roja (2008-2011)
Juan Lamillar

miércoles, 20 de octubre de 2021

Unos soportales

Andrés Trapiello. La vida fácil.

Mi vida son ciudades sombrías, de otro tiempo.
Como se acerca una caracola
para escuchar el mar, así por ellas
vago yo muchas tardes. Ya no tienen farolas
con esa luz revuelta ni tampoco los coches
antiguos de caballos. Todavía conservan 
sus negros soportales donde se huele a gato
y donde aún se abren misteriosos comercios
iluminados siempre con penumbra de velas.
Son ciudades levíticas, sin porvenir y tristes,
con cien zapaterías y tiendas de lenceros
cada cincuenta metros. Todas tienen conventos
con los muros muy altos donde crecen las hierbas,
jaramagos y cosas así. No son modernas,
pero querrían serlo. Yo las recorro solo,
e igual que suenan olas en una caracolas,
así mis emociones me parecen eternas.

La vida fácil (1985)
Andrés Trapiello

jueves, 14 de octubre de 2021

Vendrán más años malos y nos harán más ciegos

Retrato de Rafael Sánchez Ferlosio. EFE/Heraldo.

Lo más sospechoso de las soluciones es que se las encuentra siempre que se quiere.

(Diosas) Entre dos grandes bestias, no sé cuál más feroz, Naturaleza e Historia, se agolpa, despavorida, la progenie humana.

Sin embargo..., ¡oh, sin embargo!, parecen adivinarse aquí y allá dispersas, débiles, inciertas huellas de que ha habido, de que ha podido haber, o por lo menos ha querido haber, alguna vez, un mundo.

«Casi» y «Algo», nombre de dos cadáveres que yacen en el fondo del barranco.

Si la cabeza cortada, que, como una piedra más, rueda hacia el mar por la empinada ladera pedregosa, acelerándose en rebotes cada vez más largos, pudiese, antes de ahogar su voz en el fragor y en la espuma de las olas que han de estrellarla contra el acantilado, gritar el nombre de la amada, no cabe duda de que lo gritaría, sin hacerse cuestión de la inutilidad de malgastar así su aliento postrimero.

La leal recomendación: «Ajústate a los hechos», a poco que se recalque, amaga siempre teñirse y aun virarse en el desleal y tácito mensaje: «Doblégate a lo más fuerte».

Vendrán más años malos y nos harán más ciegos (1993)
Rafael Sánchez Ferlosio 

miércoles, 13 de octubre de 2021

Hilos

Chantal Maillard. Hilos.

SIN

Llegar a otro. Sin
otro. Sin llegar a.
No apretar los dientes.
Soltar la presa. Sin. 

Hilos (2007)
Chantal Maillard 

lunes, 11 de octubre de 2021

Un sabio

María Zambrano. El pensamiento vivo de Séneca.

Séneca representa para la cultura popular la figura del sabio; así es como está dibujado en la imaginación española. Pero cuando renace, cuando viene a nuestra memoria, es también así, un sabio, es decir, algo que ya no hay.
La imagen del sabio corresponde a la Antigüedad, entendiendo por ella el mundo no cristiano, ya por no haber todavía cristianismo, o por ser perduración al lado del cristianismo, del mundo pagano. Sabio es una figura del mundo pagano, oriental en su más noble antigüedad, es en realidad una de las cosas que Grecia conservó del Oriente, de las muchas cosas, ideas, maneras de sentir la vida y la muerte orientales que Grecia clarificó en su alambique.
Todo sabio conserva esa raíz antigua, no occidental todavía, y por ello resulta un aplacamiento para la mente activa europea, moderna. Pues aunque la palabra «sabio» haga alusión y se dirija claramente al saber, no tiene su esencia en él, como el intelectual moderno. Aristóteles dice en su Metafísica, al comienzo, que de todos los saberes la filosofía es el más noble, valoración que ha permanecido, pero que no ha sido ciertamente muy verdadera. Es muy dudoso que el sabio o intelectual europeo, a partir del Renacimiento, la pasión de saber que le ha devorado no haya tenido otras raíces que algo más que el saber mismo, como lo es también en el mismo Aristóteles, al menos en la filosofía griega, dentro de la cual él estaba enclavado como su plenitud y madurez; bajo el deseo de saber hay siempre algo, un deseo, una necesidad, un amor, una voluntad.

El pensamiento vivo de Séneca (1941)
María Zambrano 

viernes, 8 de octubre de 2021

Lapidarium IV

Ryszard Kapuscinski. Lapidarium IV.

Lapidarium es un lugar (plazoleta en una ciudad, atrio en un castillo, patio en un museo) donde se depositan piedras encontradas, restos de estatuas y fragmentos de edificaciones —aquí un trozo de lo que había sido un torso o una mano, ahí un fragmento de cornisa o de columna—, en una palabra, cosas que forman parte de un todo inexistente (ya, todavía, nunca) y con las que no se sabe qué hacer.
¿Quedarán tal vez como testimonio del tiempo pasado, como huellas de búsquedas e intentos humanos, como señales? O quizá en este mundo nuestro, tan enorme, tan inmenso y a la vez cada día más caótico y difícil de abarcar, de ordenar, todo tienda hacia un gran collage, hacia un conjunto deshilvanado de fragmentos, es decir, precisamente, hacia un lapidarium.
1988

Sobre el Atlántico; nubes y más nubes; blancas, lanudas, espesas: parece que el avión se deslice por los lomos de un gran rebaño de ovejas. Pero luego las nubes ralean, se retiran, desaparecen. Al cabo de un rato, se ve en el cielo, en el aire, en el espacio tal variedad de fenómenos luminosos inusitados, tanto brillar y centellear, tantos fulgores, destellos y rayos, tantas estelas  de colores y estrellamares plateadas, que se puede acabar por creer en los platillos volantes, en los espíritus extraterrestres y en las señales enviadas desde otros planetas, desde remotas galaxias.

Brooklyn. Harway Avenue. No puedo dormir. Vista nocturna desde la ventana: edificios bajos y, al fondo, un bloque enorme de pisos. Las líneas planas de los tejados. Antenas de televisión. Chimeneas. Podría ser cualquier ciudad industrial polaca: Mielec, Pabianice, Stalowa, Wola. Solo a la llegada del día, la luz diurna aclara la situación: a pesar de todo me encuentro en Nueva York.
Una conferencia en la New School of Social Research. Después de la conferencia, una pregunta de Jonathan Schell: ¿Por qué nadie había previsto el desmoronamiento tan rápido de la Unión Soviética?
Respondo que, en mi opinión, nadie había valorado lo suficiente el poder de dos fuerzas: el nacionalismo y el dinero.

Una mujer en Harway Avenue (Brooklyn). Ayuda a cruzar la calle a los niños que se dirigen a la escuela del barrio. Su uniforme de corte impecable, su cinturón blanco, su gorra blanca con un escudo, sus guantes blancos. Consciente de la importancia de su misión, la gravedad de su semblante; está prestando un servicio. En esto se parecen a los rusos. Servidores. En Polonia, servidor es un término peyorativo. Aquí, en cambio: el orgullo de servir a una causa, a una institución, al Estado.

Tres días en Berlín. Un deambular por la ciudad sin un plan preconcebido; un poco absurdo, pero agradable. Después de años de ausencia, me alegro al descubrir que una tienda o un restaurante que conocía de antes siguen en el mismo lugar, exhiben el mismo rótulo y muestran el mismo interior. Tanto es así que al taciturno dueño de un kiosco de periódicos de la Leibnitzstrasse —que en su tiempo no había despertado mis simpatías precisamente— ahora, después de no haberlo visto durante años, ¡lo he saludado con gran alegría!

Traducción de Agata Orzeszek

Lapidarium IV
Ryszard Kapuscinski

jueves, 7 de octubre de 2021

Oír la luz

Eloy Sánchez Rosillo. Oír la luz.

Debo decir que cuando yo era niño
y en el campo veía la densa muchedumbre
de estrellas en los cielos del verano,
además de mirar tanto fulgor,
podía oír la luz: se escuchaba allí arriba
como un rumor de enjambre laborioso.

Oír la luz (2008)
Eloy Sánchez Rosillo

Falsificaciones

Marco Denevi. Obras completas. Falsificaciones.

Traducción femenina de Homero

Toda la Odisea, con sus viajes, sus naufragios, sus sirenas, sus hierbas mágicas, sus animales míticos, sus palacios misteriosos, sus aventuras y sus desastres es, para Penélope, una inútil y tediosa demora en sus amores con Ulises. Mientras tanto Andrómaca refunfuña: «Que el viejo Homero cuente la historia a su manera. Yo daré mi versión. Yo, que la he vivido. Yo, una pobre mujer desdichada. Primero, recuerdo, fue la prohibición de salir de la ciudad. Después tuve que pulir escudos, coser sandalias, fabricar flechas hasta que las manos se me llagaron. Después, vendar heridas que sangraban y supuraban y enterrar a los muertos. Después escaseaban los víveres y nos alimentábamos de ratas y de raíces. Después perdí a mi marido y a mis hijos. Después el ejército invadió la ciudad y abusó de mí y de mis hijas. Por fin el vencedor me hizo su esclava.»

Obras completas. Falsificaciones
Marco Denevi

lunes, 4 de octubre de 2021

Amor

H. G. Oesterheld. El eternauta y otros cuentos de ciencia ficción.

Desnudos, se hacen el amor delante de la chimenea.
El resplandor de las llamas les caldea la piel, los cuerpos son un solo, rítmico latido.
Un solo, rítmico latido cada vez más pujante.
Agotados, los tres cuerpos se desenroscan lentamente, las antenas se separan.
Las llamas se multiplican en las escamas triangulares.

El eternauta y otros cuentos de ciencia ficción
Héctor Germán Oesterheld

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Ocio

Luis Cernuda. Variaciones sobre tema mexicano.

Veamos. Llegaste ayer y te vas mañana. ¿Vale la pena de recapitular ahora este olvido tuyo instintivo del trabajo y ese sobresalto tuyo instintivo al recordarlo?
Veamos. El mundo sensual, marino, soleado, donde por unas horas crees vivir, ¿es real? ¿No es un sueño inconcluso de tu juventud que todavía persigues a lo largo de la vida? Aunque ese mundo fuera real, ¿sería el tuyo propio? Bien está hacer el amor, nadar, solearse, pero ¿podrías vivir así el resto del tiempo? Sé lo que vas a decir: ese mundo, sea o no real, es bastante. No hacer nada es para ti actividad bastante.
Este clima, entre otras ventajas, tiene la de indicar con más evidencia cuanto la vanidad y el aburrimiento contribuyen al exceso de actividad humana. Para vivir, ¿es necesario atarearse tanto? Si el hombre fuera capaz de estarse quieto en su habitación por un cuarto de hora. Pero no: tiene que hacer esto, y aquello, y lo otro, y lo de más allá. Entretanto, ¿quién se toma el trabajo de vivir? ¿De vivir por vivir? ¿De vivir por el gusto de estar vivo, y nada más? Bueno. Deja ahí el soliloquio y echa una mirada en torno.
Mirar. Mirar. ¿Es esto ocio? ¿Quién mira el mundo? ¿Quién lo mira con mirada desinteresada? Acaso el poeta, y nadie más. En otra ocasión has dicho que la poesía es la palabra. ¿Y la mirada? ¿No es la mirada poesía? Que la naturaleza gusta de ocultarse, y hay que sorprenderla, mirándola largamente, apasionadamente. La mirada es un ala, la palabra es otra ala del ave imposible. Al menos mirada y palabra hacen al poeta. Ahí tienes el trabajo que es tu ocio: quehacer de mirar y luego quehacer de esperar el advenimiento de la palabra.
Ahora levántate y marcha a la playa. Por esta mañana ya has trabajado casi suficientemente en tu ocio.

Variaciones sobre tema mexicano (1949-1950)
Luis Cernuda 

martes, 28 de septiembre de 2021

Ensayos y fantasías

Julio Torri. Ensayos y fantasías.

El abuelo

El abuelo —un viejecito de lustrosa y roja tez, ojos azules y barbas de plata, que quiere a toda costa ser amigo nuestro— preside la cena de innumerables nietos y nietas, amigos y amigas. (Una vieja familia que tuvo antepasados en Trafalgar).
Hablamos de Darío y Lugones y él cita a don Antonio de Solís y a Moratín; de tenis y de flirt y él desentierra sus lozanas mocedades de hijo de gobernador, en no sé qué ciudad de provincia, allá por el año de treinta.
En el comedor resuenan las risas y los gritos alegres. Todos hablamos en voz alta. Las gentiles primas sonríen llenas de benevolencia, dicen propósitos agudos, o amenazan con dengues y melindres al atrevido que respondió certeramente.
Alguien pide un cuento al viejecito. Todos aplauden y prestan atención. Y las caras se encienden por el rubor o la malicia, porque nuestro olvidadizo abuelo nos relata plácidamente un cuento picaresco de antaño, en el que todas las cosas son llamadas por su nombre, a la sana usanza antigua.

Ensayos y fantasías
Julio Torri (1889-1970)