martes, 31 de mayo de 2011

Los últimos días de Pompeya

Edward G. Bulwer-Lytton. Los últimos días de Pompeya.

¡Ante él, qué serenamente dormía la ciudad! ¡Con qué seguridad reposaban las columnas de las calles! ¡Qué tranquilidad tenía el mar! ¡Y qué hermoso era el azul del cielo de Campania. Sin embargo, aquella noche era la última para la alegre Pompeya! ¡La última para la colonia de Caldeo, el del blanco cabello! ¡La fabuloa ciudad de Hércules! ¡La delicia de los voluptuosos romanos! ¡Los siglos había pasado sobre ella sin destruirla, sin gastarla! ¡Y ahora iba a ver la última gota en la clepsidra! El gladiador oyó unos pasos detrás de sí; se trataba de un grupo de mujeres que volvía del anfiteatro. Se volvió y vio una extraña y repentina aparición. De la cumbre del Vesubio, que era difícilmente visible a distancia, surgió una luz pálida, meteórica, lívida; tembló un instante y desapareció.

Traducción de Francisco Álvarez

Los últimos días de Pompeya
Edward G. Bulwer-Lytton